Claves para una gestión cultural situada en el ámbito de la pequeña ciudad no metropolitana

SP.7: Antropologías de las políticas culturales en nuestra América diversa

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Valeria Ré UNDAV-CONICET
Belén Saralegui
Emilia Cecchet Universidad Nacional de Avellaneda ( UNDAV)
Sofía Franco

Creditos Adicionales

Nombre Pertenencia institucional Pais
Santiago Reich UNDAV Argentina

La investigación en curso: culturas locales en una ciudad no metropolitana y periférica

Nuestra investigación se centra en la ciudad pequeña no metropolitana y periférica (Blanc, 2017, 2016, 2015; Capel, 2009, Gravano, Silva, Boggi, 2016; Greene y de Abrantes, 2021, 2018; Noel, 2017, 2016, Trimano, 2016), y sus principales aportes tienen que ver con este objeto, ya que refiere a un territorio poco explorado en su especificidad. Indaga las articulaciones entre lo social y lo simbólico, principalmente aquellas relaciones que dan sentido y movilizan las prácticas culturales y artísticas en el ámbito de la pequeña urbe. Propone conocer posiciones, representaciones, relaciones y procesos que hacen e inciden en la vida cotidiana de los hacedores culturales en este tipo de contextos. En específico, se propuso conocer los procesos que articulan el orden social y simbólico dentro del sector cultural, explorando las conexiones de sentido con lo local, entendido en tanto límite y oportunidad. 

A lo largo de nuestro trabajo en distintas ciudades bonaerenses (Chacabuco, Chivilcoy, Baradero) y del litoral argentino (Curuzu Cuatia), venimos observando que el espacio social local en la pequeña urbe está marcado por un alto grado de proximidad que configura un entramado afianzado de vínculos que hacen a la identificación y el (re)conocimiento de las personas según su posición social, sobre la que se gestan relatos y trayectos basados en información no siempre verificable (Ré, 2021, 2020). Estas relaciones se prolongan en el tiempo promoviendo la sostenibilidad de esas tramas y posiciones de pertenencia al espacio, y han de ser acumuladas en la figura de trayectorias. A partir de esto, hemos constatando la idea de un espacio -en la práctica, efectivamente estrecho y heterogéneo- que vuelve finita la diversificación de las relaciones sociales, las cuales terminan reproduciéndose en una base estabilizada, sostenida por un trayecto delineado en el espacio social local y remarcado por las amistades, las filiaciones parentales y el ámbito laboral y/o barrial. 

La investigación se desarrolla en base a una perspectiva procesual. Eso significa que parte de la observación y la reconstrucción de situaciones (Gluckman, 2003), para desde allí analizar asociaciones, trayectorias y escenarios. Esta estrategia metodológica busca abarcar el territorio sin caer en enfoques totalizantes, dualistas (rural/urbano, comunidad/sociedad) o insulares (aldea). En línea a lo que plantea Noel (2016:71), se trató de mirar a partir de “una geometría variable” que permitiera identificar articulaciones en múltiples niveles: individuos, colectivos, instituciones y redes. El proyecto rastrea particularmente los intercambios que promueven actores culturales y artísticos, y se enfoca en las significaciones que rodean a sus proyectos, objetivos y posicionamientos. El plan busca conocer en retrospectiva y a futuro, a través de la identificación y la sistematización de prácticas culturales y artísticas, los motivos, las necesidades y los problemas que promueven (o no) los circuitos y/o redes en el ámbito público o privado, hacia adentro y hacia afuera de la localidad. Desde ese punto de vista,  explora los límites de sentido que definen lo local y el impacto que las movilidades tienen sobre los procesos de diferenciación social e identificación cultural en y con la localidad.

En particular, en la ciudad bonaerense de Chacabuco (aproximadamente 48.000 habitantes [INDEC, 2021]) se indagaron las prácticas culturales y artísticas, atendiendo a las peculiaridades de su contexto social y geográfico. Esta ciudad agroindustrial de la llanura pampeana, se encuentra en promedio a tres horas de viaje de centros metropolitanos como Buenos Aires, Rosario o La Plata, ciudades con las mantienen un frecuente intercambio cotidiano pero con las que resulta difícil sostener una relación cotidiana. Esta distancia relativa pondera el entorno cercano, con el que requiere establecer una serie de redes complejas ya que, en general, este tipo de ciudades no son autosuficientes (por ejemplo, en lo que respecta a servicios de salud, educativos, culturales o profesionales). A nivel regional, se ubica entre las ciudades de Chivilcoy y Junín, ambas cuentan con mayor población y han mostrado un crecimiento significativo en las últimas décadas. Respecto de estas, Chacabuco ha quedado relegada, con un crecimiento institucional más lento y precario, lo que la ubica en una posición más dependiente. Todo este entramado geográfico incide en las condiciones en las que se produce, circula y consume la cultura a nivel local. Si bien en este caso no profundizaremos en las relaciones hacia afuera, si es una línea de trabajo que atraviesa nuestra investigación. 

Desde un primer momento, la recepción de nuestra investigación fue muy buena entre los artistas, gestores, funcionarios, periodistas a los que nos habíamos acercado. Se generaron muchas expectativas, ya que causaba sorpresa que tuviéramos interés sobre sus prácticas culturales en la localidad. Esto nos dio algunos indicios sobre los niveles de invisibilización y lo poco valorados o reconocidos que se auto-percibían en ese hacer con la cultura en la localidad. Elaboramos un diagnóstico que sostenía que la producción cultural en una ciudad no metropolitana y periférica como Chacabuco, que mira permanentemente al centro, lidia con el sometimiento a las lógicas hegemónicas que alimentan asimetrías y desigualdades, volviéndolas intrínsecas a la gestión cultural local por su condición marginal. Esto nos advertía que los circuitos culturales de este tipo, que tradicionalmente habían quedado fuera de las prioridades, requieren políticas que activen procesos de descentralización de la cultura que puedan facilitar la participación cultural de las personas que habitan en estos lugares (Beirak, 2022:144-5). Y que para generar una descentralización real y efectiva, se necesita conocer, conectar e impulsar el desarrollo de las prácticas, escenas culturales y núcleos autónomos de actividad cultural más allá de los centros convencionales. El problema aquí es cómo se procesan las modalidades y dinámicas sociales sobre las que se desarrolla la experiencia de lo cultural y lo artístico en estos ámbitos “alejados”, atravesados por lógicas asimétricas y sumidos en procesos que tienden a la reproducción del statu quo. En efecto, nuestro trabajo apunta a producir conocimiento sobre cómo se articulan orden social y simbólico en el ámbito de lo pequeño urbano, ya que supone una complejidad particular, asociada a los vaivenes de la conflictividad local propia de una sociabilidad de proximidad. 

Por todo lo anterior, nuestra lectura pondera las condiciones que impone la escala urbana pequeña en la producción y circulación de la cultura. Se pregunta acerca de cómo la cercanía y la ausencia de anonimato inciden en las fronteras simbólicas que en lo cotidiano afectan la producción y circulación del arte y la cultura a nivel local. En este sentido, por ejemplo, hemos notado entre estos efectos una deriva en la que lo social se impone a la producción artística. En consecuencia, en este tipo de contexto de altos niveles de exposición social o de rivalidades entre los actores culturales enmarcadas en un espacio estrecho, el trabajo artístico se repliega volviéndose sigiloso y solitario, o en su defecto se institucionaliza sobre segmentos sociales que se diferencian entre sí con dificultades de construir lugares en común que tengan impacto en la comunidad en general. 

En una síntesis de resultados de investigación muy apretada, en Chacabuco encontramos prácticas culturales y artísticas institucionalizadas, que se sostienen en el tiempo y en el espacio en base a acciones sucesivas y repetitivas que se afirman en un trayecto que en su huella busca asegurar su continuidad. Todo, organizado en base a una práctica artística voluntariosa, dependiente y no profesionalizada, que, suspendida en la queja, produce en relación directa a la proyección que realiza el gobierno municipal de turno. En base a esta información, diseñamos el Encuentro que vamos a describir, el cual fue incorporado como una herramienta metodológica más, que nos permitió poner en común, jerarquizar y seguir pensando sobre otros elementos identificados de la cultura local. 

Producir el encuentro: de cercanías y distancias

Un sábado de fines de noviembre del año 2023, bien temprano a la mañana, cuando empezamos a llegar con parte del equipo del Observatorio de Ciudadanía Cultural de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) a la sede de Universidad Tecnológica Nacional (UTN) en Chacabuco (provincia de Buenos Aires) para reconocer el espacio e instalar nuestro banner al lado del de la universidad anfitriona, uno de los docentes de esta casa de estudios, también referente del sector cultural local dentro de la rama del teatro y la murga, mencionó que suele ser muy difícil movilizar a la gente de esta ciudad y más complicado a los que están vinculados a la cultura cuando es muy temprano. Ya desde la etapa de producción de la Jornada que estábamos por inaugurar y que denominamos “Conversatorio: Escala urbana y gestión cultural: desafíos y estrategias”, habíamos pensado mucho en cómo sobrellevar esa tan mentada frase en la localidad. Confiábamos que el dispositivo que habíamos elaborado podía ser una potente herramienta de vinculación y movilización en el territorio.

La realización de una jornada de transferencia en la ciudad de Chacabuco había surgido del interés de establecer un puente entre los hallazgos de la investigación, las inquietudes recopiladas en el campo y las observaciones de la comunidad con la que se había trabajado. Estos elementos constituyeron las premisas a la hora de tomar decisiones de acción desde una perspectiva situada y orientada a la pequeña urbe. En este caso, vamos a profundizar sobre el territorio investigado a través de una descripción de las cuestiones sobre las que nos detuvimos en la etapa de producción. La inquietud que atravesó todo este proceso fue cómo crear un espacio de trabajo en el que desde una mirada académica pudiéramos aportar herramientas de gestión en un campo no profesionalizado, que aparentemente tampoco cuestiona esta situación. No fue fácil, fueron muchas reuniones en las que principalmente se movilizaban dos conceptos que siempre interpretamos en una irremediable tensión a lo largo de toda la investigación: cercanía/distancia.

Pensamos el encuentro en clave de gestión cultural. La definición de las actividades consistió en un proceso creativo y complejo en el cual debíamos definir qué hacer, cómo hacerlo y qué referentes convocar para su realización. En la co-presencialidad con los diversos actores vinculados a la cultura de Chacabuco, propusimos continuar un diálogo donde se movilizaran valoraciones, problemáticas, necesidades y en el que pudieran surgir herramientas de gestión cultural útiles para su implementación en el territorio. Buscamos intervenir en la distancia que implicaba venir desde afuera del campo, fomentando una postura activa y comprometida con la comunidad y al mismo tiempo promoviendo la participación de las personas que asistieron a la jornada. Trabajamos a partir de sistematizar prácticas culturales del territorio y propusimos una devolución en espejo para habilitar intervenciones críticas que favorezcan la construcción colaborativa de herramientas para fortalecer e impulsar desde la ciudadanía el campo cultural local. 

En la ciudad de pequeña escala, el afuera y el adentro son fronteras muy significativas. En este sentido, el hecho de que la directora de la investigación fuera oriunda de esta ciudad - aunque ya no vive allí desde hace 30 años- facilitó muchas de las relaciones establecidas en/con el campo. La existencia de esta sociabilidad previa, personalizada y reconocible, sostenida en relaciones cercanas, sin dudas redujo distancias facilitando el acceso al campo. Pero al mismo tiempo, ese pasado que se inmiscuía en este presente a través de su trayectoria familiar (hija de, hermana de), provocaba movimientos que consideramos típicos dentro del marco de la pequeña ciudad, en la que las referencias temporales suelen quedar ancladas en estas dos orientaciones que favorecen el principio de continuidad, afirmando un mecanismo de reproducción sin cambio aparente. La apuesta epistemológica que organizaba la construcción de esa presencia, debía apropiarse y distanciarse permanentemente de ese mecanismo temporal, que se volvió por momentos un importante recurso en la investigación. 

Elaborar nuestra propia presencia tenía que ver con modelar las distancias y las cercanías. Este problema también surgió en el momento de decidir sobre el lugar donde se realizaría el encuentro. Elegimos la sede Aula Chacabuco de la Universidad Tecnológica Nacional de San Nicolás -principal referencia universitaria pública a nivel local-. Consideramos muy necesario pensar cuidadosamente el lugar, sobre todo porque nos encontrábamos en un año de elecciones presidenciales que había profundizado las grietas entre los proyectos partidarios. Pero también, porque habíamos recuperado en la investigación indicios de una marcada diferenciación y rivalidades entre distintos grupos característicos del sector cultural local. En este sentido, era importante para ampliar la convergencia de públicos, evitar que la jornada se asociara a un partido, agrupación u organización local. Por otra parte, necesitábamos un puente con legitimidad en la localidad. De allí que, a través de contactos personales, establecimos una alianza estratégica con la UTN que hasta este momento no participaba activamente del escenario cultural chacabuquense, si bien habían desarrollado algunas actividades de extensión orientadas al sector durante la pandemia COVID-19. Esta institución nos facilitó recursos físicos y humanos, así como también tuvo a cargo el diseño de una comunicación que se creó en forma colaborativa respetando la estética institucional de la universidad anfitriona, dándole una impronta “familiar” entre los locales. Nos acercaba venir de la universidad pública y gratuita, en un contexto electoral donde eso estaba siendo criticado y desvalorizado. Aunque las disciplinas que ofrece el Aula UTN eran diferentes a las de nuestro trabajo, durante la jornada se produjeron cruces y proyecciones que las volvieron más cercanas. Así, el lugar cobró otro protagonismo inesperado. 

Por último, y quizás lo principal, quedaba construir nuestro posicionamiento como interlocutores. Esto derivó en una problematización quizás más compleja de describir. Tuvimos como premisa la horizontalidad, en contraposición a toda idea de verticalidad que pudiera representar algún tipo de jerarquía en torno a las díadas “universidad-comunidad” o “centros-periferias”. Nos preocupaba que el hecho de venir de ‘afuera’ a explicar el ‘adentro’, provocara una distancia que afectara o distorsionara el diálogo y la interlocución. Toda nuestra atención estaba puesta en encontrar el tono y dar con los núcleos temáticos centrales entre los resultados de investigación, aquellos que serían más significativos para quienes participaran. Tomando en cuenta esto, organizamos la exposición de resultados de investigación primero problematizando la escala -en términos generales y más conceptuales- y luego, en lo que atañe al campo cultural local, se presento alrededor de una serie de preguntas como: ¿qué rol se espera del gobierno local? ¿Qué institucionalidad se requiere para propiciar la producción y circulación de la cultura en la ciudad y hacia afuera? ¿Cómo sustentarse desde los márgenes? ¿Qué infraestructura cultural soñamos en la ciudad? 

La segunda etapa de la jornada, consistió en dos módulos que tomaron como base tres problemáticas identificadas en la localidad de Chacabuco: 1) problemas en la comunicación de la producción cultural local en general (baja convocatoria y desinformación); 2) dificultades para generar instancias de asociación o cooperativas y 3) falta de profesionalización en la gestión de la producción cultural local. La falta de información disponible y centralizada de la oferta cultural local se sintetizaba en dos frases nativas: “la gente no se entera” y “somos siempre los mismos”. Estas ideas se acoplaban a la identificación de una producción cultural y artística principalmente individualizante y sobre la que no se integraban nociones de identidad o identificación con aspectos de lo local (sea como problema o como oportunidad). Entendimos en este trabajo, que esto impactaba en la sostenibilidad de las propuestas culturales y cancelaba la promoción de redes o asociaciones. A estas dificultades, se agregaron otras que tienen que ver con la falta de tiempo, las afinidades ideológicas o político partidarias que funcionan como barreras, la ausencia de políticas públicas, la ausencia de espacios físicos para la cultura, entre otras. 

La jornada se completó con la incorporación de dos docentes de la Universidad Nacional de Avellaneda, quienes fueron convocados para generar estímulos incómodos que permitieran desestabilizar lo dado: formación de audiencias y nuevos horizontes para la gestión cultural local. Por otro lado, dos miembros del equipo compartieron sus experiencias como gestores de proyectos culturales desarrollados en redes o colectivos a fin de compartir dinámicas y resultados. Al final, se propuso un espacio de reflexión donde volcar lo compartido durante el día. Una proyección de futuro, de creación colectiva de una idea, que pudiera ser viable para la ciudad. Esta instancia, se pensó para la propensión de otras posibles acciones y vínculos, a partir de los puntos en común, diferencias y afinidades entre los participantes. 

El día del encuentro, si bien no conseguimos la convocatoria esperada, logramos una asistencia de alrededor de 17 personas que se habían hecho eco de las invitaciones, movilizadas por distintos intereses. Se armó un grupo variado de chacabuquenses que provenían de distintas vertientes artísticas (teatro, música, artes visuales, murga), dentro de las cuales ejercen diversos roles: director, actor, dramaturgos, productores, músicos, muralistas, coordinadores de talleres, ex y futuros funcionarios públicos del gobierno municipal. Las expectativas sobre el encuentro se orientaron a ideas de “intercambio”, “fortalecimiento”, “estrategias”, “conocimiento” y “diagnóstico”, una síntesis de lo expresado en el formulario de inscripción que funcionó como un indicio de las necesidades del sector. 

El devenir de la jornada estuvo marcado por distintos climas, entre los que se destacó el despertar fervoroso de la queja, a partir del reflejo en la descripción desarrollada sobre el campo cultural local producido desde la investigación. La presentación de los resultados del trabajo produjo un espejo para el reconocimiento de los problemas que aquejan al sector y activó interrupciones y la necesidad de seguir profundizando las propias posturas de los presentes. Por el contrario, en la segunda etapa, ante la serie de herramientas concretas en respuesta a sus necesidades y deberes, se percibió un notable silencio y atención. En el susurro, por detrás de la conversación principal, durante toda la grabación de la jornada, se podía escuchar cómo los participantes asentían y confirmaban todo lo conversado: “tal cual”, “eso es así”, “totalmente”, “ qué interesante”. 


La puesta en común y los bordes de la pequeña escala: la centralidad municipal

                                                                        acá realmente hay un abismo entre las autoridades políticas y los artistas.                                                                                  Los artistas nos matamos. Hacemos lo máximo. 

[Rosa - Artista Plástica]

La pequeña escala urbana es nuestro objeto y buscamos conocerlo a través de los procesos culturales que allí se gestan, atendiendo a su carácter y especificidad. Pensar las lógicas de producción y circulación cultural a nivel local desde la escala, implica asumir las asimetrías que la atraviesan, asociadas a su condición periférica. Moguillansky y Fischer (2017) en un estudio sobre consumos culturales que toma la variable territorial, señalaban que los habitantes de las ciudades no metropolitanas suelen remarcar las limitaciones en la oferta cultural y, muchas veces tienden a invisibilizarlas, ya sea porque no saben que existen o porque no se las considera atractivas. Sumado a esto, lo que observamos en Chacabuco, es que hay una tendencia a mirar, imitar o reproducir aquello que sucede en las ciudades centro y en ese mismo gesto se desencadena un proceso de debilitamiento de la producción cultural local, que tiene efectos sobre el reconocimiento y la valoración entre propios y ajenos al campo cultural de la ciudad. También encontramos una serie de dispositivos dentro del sector que tienden a reproducir el statu quo cultural y social. Ante esto, nos preguntamos: ¿En base a qué relaciones, representaciones y condiciones se (re)produce lo cotidiano del sector cultural en el espacio social local de esta pequeña urbe? 

A continuación, mostramos algunos rasgos de los tipos de dependencia y escasas estrategias de posicionamiento colectivo e independiente que caracterizan al sector cultural de Chacabuco. En primer lugar, se podría decir que su falta de autonomía se explica principalmente por cuestiones que son estructurales y que tienen que ver, por un lado, con el hecho de que en su mayoría los espacios de exhibición (salas de teatro, galerías, otros escenarios) son de gestión municipal. Esto conlleva que las alternativas de circulación de la producción cultural local sean dependientes de la política que cada gobierno determine en el uso de esos espacios. Y, por otro lado, debería considerarse la escala de la ciudad, ya que esta limita la posibilidad de dar a la actividad cultural un carácter comercial (dificultades para cobrar entrada en los eventos culturales) lo que impacta en la falta de inversión que pueda desarrollarla. En efecto, la centralidad del municipio en la dinamización del sector se vuelve muy significativa y hasta ahora vemos que, durante el periodo estudiado en el caso de Chacabuco, no han surgido dispositivos creativos que asuman la relevancia de ese lugar.

Dentro de la bibliografia sobre la gestión de gobierno locales en el area de cultura, suele encontrarse un sentido comun compartido que como sintetiza bien Mendes Calado (2023:30), en general plantea agendas culturales alrededor de las demandas de conservación de algún patrimonio por parte de grupos de interés, por las demandas de los sectores artísticos y/u otros productores culturales de apoyo a su actividad, por cierta necesidad de imitación de sus pares (otros gobiernos locales) y hasta por impulso de los niveles gubernamentales superiores (provincia y/o nación). Como menciona este autor, la agenda suele estar conformada por acciones amparadas en la idea restringida de cultura, que básicamente consiste en talleres artísticos, apoyo a los productores, conservación del patrimonio, organización de eventos, entre otros. Observamos que Chacabuco también se ajusta a esta descripción. Pero nuestra pregunta excede la cuestión institucional o presupuestaria (Rebón, 2014, Tasat, 2014) y se orienta a analizar la gestión cultural desde las articulaciones entre el orden cultural y social en el marco de la sociabilidad típica de lo pequeño urbano. De allí que nos interesan estas instancias de conversación, de puesta en común, como espacios de pesquisa para conocer de qué manera se producen y representan las prácticas culturales en estos territorios desde la propia perspectiva del sector en su conjunto.   

Entre toda la serie de diagnósticos y situaciones que fueron expresadas durante la jornada que venimos describiendo, se visualiza una tensión muy clara en la escena cultural de Chacabuco. Principalmente, en cuanto a las referencias sobre el rol del gobierno municipal. El debate generado en el ámbito del encuentro dejó de manifiesto, en tono de queja y de reclamo, la ausencia de políticas culturales que organicen las relaciones y que favorezcan la actividad del sector a nivel local. Esto, era potenciado con la denuncia sobre el desinterés y la falta de profesionalismo de quienes venían ocupando sucesivamente los cargos de Dirección/Secretaría o Subsecretaría de Cultura en la localidad, según el periodo, en los últimos 15 años. Si bien entre los asistentes se encontraba quien fuera Secretaria de Cultura y Educación durante 2012-2013 y sería semanas después nombrada nuevamente por la flamante nueva gestión, en ningún momento los presentes se dirigieron a ella en forma personal. Más bien los reclamos se hicieron de manera generalizada e institucionalizada, y atados a la última gestión que había perdido las elecciones locales. 

A modo de paréntesis, como contrapunto a lo que surge de aquella conversación, nos parece interesante reponer aquí la visión de alguien que ha gestionado el área municipal en varios periodos en los últimos veinte años. Por ejemplo, desde el punto de vista de esta ex-funcionaria del área de cultura, la queja de los hacedores era efecto de personalidades individuales conflictivas [“es una persona muy difícil”] o de rivalidades entre asociaciones [“Es muy difícil, todo el mundo tiene problemas con el otro y quieren que yo se lo solucione o la mirada de ellos es que yo me haga cargo”]. En este tipo de ejemplos, aparecía con claridad el municipio como espacio integrador y legitimador, lugar de reparación frente a la falta de reconocimiento o de valoración que los hacedores culturales encontraban en la comunidad en general o entre sus propios pares. A esto debemos agregar la condición de proximidad de lo pequeño urbano, donde los niveles de confianza atados a relaciones anteriores o familiares, convierten al área municipal en un espacio de disputas que se vuelven “familiares”, donde lo personal y lo político se interseccionan permanentemente, dejando entrampada la posibilidad de gestionar habilitando cierta distancia crítica sobre los asuntos que competen al sector. 

yo tengo agrupaciones enfrentadas entre sí, que si le doy lugar a una viene la otra. X me mandó un audio porque vio en la página de la municipalidad que el intendente recibió a la asociación Y. Dice,  "Reconocimiento, ¿cómo?’ Me llamó por teléfono. Y vos tenés que explicarle… "a ver X son dos cosas distintas: reconocimiento como entidad de bien público, o sea se conformaron por eso la recibe el Intendente con el Director de Relaciones Institucionales". X toma como que le reconocieron el trabajo y hace 4 años que están trabajando y ellos están hace 20 trabajando por la cultura del pueblo y no los reconocieron... Entonces, yo le dije que no le reconoce el trabajo el Intendente, es reconocimiento como entidad de bien público, es un papel, una burocracia, un decreto que ahora les va a permitir… Por eso te digo el ego individual, el ego colectivo de la asociación contra el ego individual y asociación de otros. Es muy difícil. Creo que a nivel relaciones humanas el área más difícil para trabajar es la del arte y la cultura. (Ex Funcionaria de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Chacabuco, entrevista 2021)

Como se viene mencionando, nuestro trabajo se propone pensar la especificidad de la gestión cultural en un marco de proximidad y de relaciones que perduran en el tiempo, condicionada por toda la serie de entrecruzamientos sociales que caracterizan la cotidianidad en la pequeña ciudad. En este sentido, notamos que la definición y configuración de los roles dentro del sector es un tema relevante. En la jornada quedaron planteadas dos cuestiones muy interesantes en relación a esto, por un lado, se expresó el desconocimiento sobre la forma de trabajo de los otros. Una especie de paradoja, que en un espacio definido por sus relaciones próximas prime la falta de información de lo que el otro está haciendo en materia de producción artística o en estrategias de circulación. En relación a esto, se desprendía otro asunto que quedó plasmado en la conversación: el desdibujamiento de los roles que los mismos actores podían proyectar para mejorar la calidad de sus creaciones o los de la comunidad en general. Esta elocuente particularidad quedó de pleno manifiesto en el encuentro:

Nosotros hacemos las obras, ellos hacen teatro, el que escribe escribe, y nos lleva una energía hermosa, terrible. Entonces, ¿qué más quieren que hagamos? El problema es político, porque no saben lo que es el hecho cultural y ponen a personas que creen que es una gestión. No es una gestión y nada más, es involucrarte y amar lo cultural (Rosa, Artista Plástica, jornada noviembre 2023)

La confusión al momento de la definición de roles y el lugar de la política en su relación con el sector, fueron los señalamientos compartidos por quienes participaron de la jornada. En el mismo sentido, se advertía el énfasis en el compromiso “personal” con la cultura. Este punto era significativo, teniendo en cuenta que en este tipo de escala urbana el conocimiento del otro se da de una manera más cercana/próxima. Es decir, cuando se moviliza lo personal lo hace involucrando toda su trayectoria a nivel local, sobre la que se tiene un conocimiento a nivel social que va más allá de la construcción de su presencia pública:

Yo soy artista y el otro que haga su gestión cultural y sino que se vaya porque, lamentablemente, todo el dinero que podría ir para la comunidad artística se va en política. Yo he tenido una experiencia muy buena, donde se involucraban muchísimo a nivel personal con los artistas, con los proyectos y hacían lo máximo que podían. Pero después cambió de nuevo la línea de cómo dirigir una ciudad. [Rosa, artista plástica, jornada noviembre 2023]

Hubo un solo intendente en Chacabuco que ponía plata del bolsillo de él para mantener una sala de teatro, un solo intendente que fue en la época de La Mueca… (Sandro, Actor, jornada noviembre 2023) 

Siguiendo en esta línea, en una entrevista fuera del marco del encuentro, una importante funcionaria municipal del área de cultura había mencionado que frecuentemente ella ponía “dinero de su bolsillo” para dar curso a algunas solicitudes. Si bien esos gestos sí parecían ser valorados y quedar en la memoria de los presentes, el problema de esta modalidad es que son acciones irregulares y sin transparencia que no tienen ningún efecto en la activación del sector cultural. Además, conforma una práctica que solo pueden llevar adelante quienes cuentan con facilidades económicas previas a su gestión en el ámbito de lo público.

Durante la conversación se ensayan definiciones del rol del municipio. Una de las asistentes trae una posición que podríamos considerar de sentido común, pero de la que no se encuentran referencias en Chacabuco. Propone que el área municipal construya una posición de ‘mediación’. Sin poner dinero de su bolsillo ni en base al amor que pueda prodigar en lo artístico, quien dirija el área de cultura podría ocupar un rol ‘de servicio’, así el municipio podría ser vehículo de las alternativas vigentes o crear otras que promuevan un sector más activo, profesionalizado y organizado. Pero, los participantes se alertan de que para que el municipio pueda mediar de esta manera, quienes forman parte del sector cultural deberían tener claro su rumbo. Asimismo, el municipio debería tener una política abierta con las áreas de cultura provincial o nacional, más allá de lo partidario. 

Sí, yo creo que las políticas que ofrece de acompañamiento al trabajo de los artistas desde el Instituto Cultural no se promocionan a nivel local. Eso es algo que puede hacer un director de cultura, por ejemplo. [Romina, actriz y productora teatral, jornada noviembre 2023] 

Otra arista de esta problemática relación al interior del sector cultural con el agente municipal, analizada desde las condiciones que se traman en la ciudad de pequeña escala, es el hecho de que la localidad suele concebirse y representarse como una totalidad. Esto puede verse reflejado en algunas acciones implementadas desde distintas posiciones del sector cultural. Por ejemplo, está el supuesto de que el municipio debe ayudar a todos sus artistas cuando llevan sus producciones hacia afuera, porque ‘hacen conocer la ciudad’. Es muy común, que los artistas se acerquen en forma individualizada a solicitar dinero para transporte o algún gasto ocasional en el marco de una acción fuera de la ciudad, algo que desde la propia representación del afuera otorga prestigio al evento o al artista. Esta idea del artista embajador/a de una ciudad que es más diversa de lo que ese trabajo pueda referir o contar, se presenta como acontecimiento total en algunos referentes del sector. A nivel local, este tipo de prácticas funcionan de manera informal y constituyen la salvaguarda de la única posibilidad de ampliar la circulación: 

si, pero si no tenes apoyo del Municipio cómo vas [...] Hubo una época en que había intercambio entre ciudades, pienso que ese gasto lo necesitan o lo quieren invertir en otra cosa. Por eso desapareció. Yo me quiero comunicar con el arte de Chivilcoy, y que todos los gastos corran por la Municipalidad de Chacabuco, porque voy a estar representando a la ciudad…el dichoso presupuesto de cultura que es muy pobre, entonces piensan que llevar a las pintoras a Chivilcoy es un gasto extra y por eso que más que nada es político… (Carmen, actriz y directora de teatro, jornada 2023)

Por otro lado, esta figura de totalidad también se configura alrededor de las formas o dispositivos en los que la producción artística local circula. Algo que observamos durante la investigación, y que fue confirmado en sus efectos por quienes estaban participando del encuentro, fue la mención de que aquello que “degrada” la actividad cultural local es que se presenta siempre todo “mezclado”, “pegoteado” o como una “mera reproducción de cosas”. Las exhibiciones se organizan como un todo indiferenciado en el que se pierde el impacto que la obra o el artista puedan generar en el espacio de lo local, un claro ejemplo en este caso son los festivales de músicos locales o las muestras de artes visuales colectivas. 

O sea, también, ponen todo en una bolsa, todos juntos, todo mezclado, pegoteado espantoso y realmente nos degrada. (Rosa, artista plástica, jornada noviembre 2023)

Lo que pasa mucho acá en Chacabuco, que es solo una mera reproducción de cosas, una cosa atrás de la otra y no hay una planificación, no hay un proyecto, no hay un promover algo, generar intercambios, proyectos a largo plazo. Entonces, me parece que hay que trabajar entre todos en cuanto a eso. Y que no sea solo estar peleando el lugar para hacer una obra… (Claudio, actor, jornada noviembre 2023)

Lo que se observa hasta acá es que, en general, predomina la lógica de la reproducción y que en el marco de la pequeña escala romper esas sinergias requiere de una acción política que derive de crear una nueva posición, que intervenga sobre las condiciones estructurales en las que se produce y circula lo cultural a nivel local. Algo de esto lo viene planteando desde hace varios años un activista cultural chacabuquense y en el encuentro lo describe de la siguiente manera: 

Verdaderamente los directores de Cultura negocian con lo que cae y gestionan mas o menos, a veces para quedar bien más o menos con todos los sectores, pero falta el sector de la crítica que no ordena. (Gabriel, murguero y docente, jornada noviembre 2023)

Hay allí una apuesta que excede el rol del área de cultura municipal y que se ubica en la sociedad en general. Esto implica rupturas, cambios y producción de distancias que en el marco de la proximidad característica de este tipo de territorios se puede volver problemática, a tal punto, de tener efectos de cancelación en la vida cotidiana. Como derivación de esto último, notamos que está aún lejos la gestión cultural en Chacabuco de integrarse en la construcción, identificación y fortalecimiento de la cultura como una forma de conocimiento de lo común. Hemos encontrado dispositivos de reproducción social y cultural, muy arraigados, que tienden a reducir la potencialidad del sector. Como plantea Vich (2014:92), la posibilidad de des-identificarse con lo establecido y promover nuevas situaciones requiere actores que cuenten con la capacidad de deconstruir, desnaturalizar, observar aquello que se ha afianzado en el mundo social, en lo cotidiano, en el sentido común y proponer nuevas identificaciones políticas. Si bien en Chacabuco empiezan a gestarse algunos movimientos en este sentido, aún se presenta lejana la posibilidad de esa ruptura que revele una nueva posición.  

Comentarios finales

Nuestra investigación apunta a territorios de pequeña escala, fragmentados y heterogéneos, que se encuentran en crecimiento y alojan una gran diversidad. Son pocos los trabajos que indagan las dinámicas sociales que sostienen las prácticas de producción y circulación de la cultura a nivel local en ciudades no metropolitanas y periféricas. En este caso partimos de la reconstrucción de una jornada de transferencia de resultados de una investigación desarrollada en el periodo 2020-2023 en Chacabuco (Buenos Aires-Argentina), para mostrar algunos aspectos de las tramas sociales y la producción cultural en este tipo de ámbitos. De todo lo presentado, hemos sintetizado una serie de preguntas que pueden organizar nuestras próximas indagaciones y abrir al debate: ¿Cómo incide la escala en la relación entre sector cultural y municipio? ¿Cuáles son las complejidades particulares del sector cultural en el marco de la pequeña escala? ¿Cómo distribuir los roles en la promoción y circulación de la producción cultural local? ¿Qué prácticas podrían promover nuevas situaciones?¿Es la autonomía del sector una alternativa? ¿Hay espacio para la crítica cultural? 

En Chacabuco hemos identificado una serie de relaciones que profundizan procesos que encadenan la dinámica cultural a una profunda relación de dependencia con el municipio. Los artistas producen pero reniegan de gestionar y se abandonan a los circuitos municipales. Y la gestión municipal, siguiendo la lógica de lo social, se queda en la intención de poner en la vidriera, propiciando espacios donde todo se presenta mezclado y vaciado de proyecto o contenido. Entonces, cómo conceptualizar este tipo de praxis de la gestión cultural que se configura en un campo desorganizado, que orienta su mirada hacia los centros hegemónicos y que no logra gestar una impronta que desde sus propias bases genere la condiciones de fomento y fortalecimiento del sector. Sostenemos que para ello se requieren una serie de movimientos críticos al interior de lo local, para que las políticas de descentralización de la cultura realmente se conviertan en acciones claves para multiplicar los núcleos de vitalidad cultural existentes y así garantizar la participación cultural de la ciudadanía. Deberán resolverse primero las fuentes de legitimidad e instancias de reconocimiento en las que se juega su activación, y estas tendrán que venir de la creación de una nueva posición, un nuevo rol, en el que las personas y la política recuperen toda su imaginación.  


Notas de la ponencia:

1. Como señala Mendes Calado (2023), a partir de una investigación comparativa desarrollaron una clasificación sobre la experticia relevada en cargos públicos en áreas de cultura locales. Alli encontraron: 1) aquellos que conocen en un sentido amplio o en algún ámbito específico del campo cultural (el artista, el historiador, el intelectual, el director de escuela); 2) quienes poseen un capital y/o capacidad política, capital construido en la militancia, fundamentalmente político partidaria, pero también puede ser social o sindical; 3) quienes poseen formación específica, trayectos formativos como la bibliotecología y la museología se suman desde fines del siglo pasado una pluralidad de opciones en gestión y políticas de la cultura, que van desde cursos breves hasta carreras de posgrado; y 4) quienes arribaron a las agencias gubernamentales de cultura por ser beneficiarios de programas de seguridad social con contraprestación laboral. Aclara el autor que estas categorías no serían excluyentes, sino que pueden aparecer integradas en una misma trayectoria.

Bibliografía de la ponencia

Beirak, J. (2022) Cultura ingobernable. De la cultura como escenario de radicalización democrática. Editorial Ariel

​​Blanc, M. V. (2017). “Os famosos todos nós: uma proposta de análise da experiência citadina na aldeia urbana”. Dilemas. Revista de estudos de conflito e controle social. V. 10, n. 1. Brasil. Disponible en https://revistas.ufrj.br/index.php/dilemas/article/view/7746

​​Blanc, M. V. (2016). “Para além das suas fronteiras”: pessoalidade, conduta pública e trajetórias pequeno-urbanas. Revista Brasileira de Sociologia da Emoção, v.15, n. 45, p. 78-88. Disponible en: http://www.cchla.ufpb.br/rbse/

​​Blanc, M. V. (2015). “Efeito “pequena cidade”: ensaio por uma sociologia da vida cotidiana”. In: XI Reunião de Antropologia do Mercosul, 2015, Montevideo. Anais da XI Reunião de Antropologia do Mercosul. Disponible en: http://xiram.com.uy/actas-del-congreso/grupos-de-trabajo/resumen-grupo-de-trabajo-121

CAPEL, H. (2009) “Las pequeñas ciudades en la urbanización generalizada y ante la crisis global”. en Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía,v. 70,p. 7-32.

Gluckman, M. (2003) Análisis de una situación social en Zululandia moderna. Bricolage.

Revista de estudiantes de antropología social 1(1) 1-24

Gravano, A., Silva, A. y Boggi, S. (2016) Ciudades vividas. Sistemas e imaginarios de ciudades medias bonaerenses. Buenos Aires: Café de las ciudades

Greene, R., & de Abrantes, L. (2021). Ni urbano ni rural: lo “citadino” como tipología para pensar la ciudad no metropolitana. Revista EURE - Revista De Estudios Urbano Regionales, 47(141). https://doi.org/10.7764/EURE.47.141.11

Greene, R. y De Abrantes, L. (2018) El modo de vida en ciudades no-metropolitanas: disolviendo el binarismo urbano/rural. En Conocer la Ciudad Colección Cuervos en Casa. Editor: Ricardo Greene. Chile. Pp: 207 a 238. 

Mendes Calado P. y Morales C. (comp.) (2023) Sentarse A La Mesa Chica: Cultura Y Gobiernos Locales. Buenos Aires: Serie Praxis Editorial Rgc

Moguillansky, M. y Fischer, M. (2017) ¿La cultura está en otra parte? Acerca de prácticas y consumos culturales en ciudades pequeñas y grandes de la Argentina; Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales. Centro de Estudios de Ciudad; Cuestión Urbana; 2; 9-2017; 63-75 Disponible en: https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/75052

Noel, G. (2017) “Ni lo Uno ni lo Otro, sino Todo lo Contrario. Las Limitaciones del Dualismo Rural-Urbano en el Abordaje de la Región Costera del Río de la Plata y Algunas Propuestas de Reconceptualización”; Universidade Federal de Pelotas. Programa de Pós-Graduação em Antropologia; Tessituras: Revista de Antropologia e Arqueologia; 5; 1; 12-2017; 129-170

Noel, G. (2016) “Las ciudades visibles. Algunas lecciones teóricas y metodológicas surgidas del abordaje de aglomeraciones medianas y pequeñas en el límite de un hinterland metropolitano”. Revista Brasileira de Sociologia da Emoção, Vol.15, No 45, pp. 66-77.

Rebón, M. (2014). El estudio de la institucionalidad de las políticas culturales de los Gobiernos locales. En J. Tasat (Comp.), Políticas culturales públicas. Culturas locales y diversidad cultural desde un enfoque geocultural. Caseros: EDUNTREF. 

Ré, V. (2021). “Acá hay que hacerse el muerto para poder vivir”. La producción de la presencia en el espacio social local de una pequeña ciudad correntina. Territorios (44). https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/territorios/a.8270

Ré, V. (2019) “Espacio social local: una herramienta para explorar la pequeña ciudad de Curuzú Cuatiá como una configuración social y cultural de intersecciones”. Revista QUID16 No11 – Jun.-Nov. 2019 – (175-200). Disponible en: https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/quid16/article/view/3136

Tasat, J. (Comp.) (2014). Políticas Culturales Públicas. Culturas locales y diversidad cultural desde un enfoque geocultural. Argentina: Eduntref. 

Trimano, L. (2016) Habitar, percibir y narrar el territorio. La construcción subjetiva de una tensión rural/urbana Cuadernos de Vivienda y Urbanismo; Lugar: Bogotá; Año: 2016 vol. 09 p. 212 - 231

Vich, V. (2014). Desculturizar la cultura. La gestión cultural como forma de acción política. Argentina: Siglo XXI.