"Territorio, vidas cotidianas y migración: Análisis de la configuración de vidas cotidianas de personas migrantes internacionales que residen en el campamento Millantú"

SP.39: Etnografías de la/en la vida urbana: territorios, espacios públicos y vulnerabilidades sociales

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Paula Madrid Marambio CeSGI, UDD

La ponencia presenta los aspectos relevantes de una tesis realizada para optar al grado de magíster en psicología mención psicología comunitaria, la cual tuvo por objetivo comprender cómo se configuran las vidas cotidianas de personas migrantes internacionales que residen en el campamento Millantú (Madrid Marambio, 2023). Ubicado en la comuna de Puente Alto en la periferia de Santiago, este campamento se caracteriza por ser habitado principalmente por comunidades migrantes provenientes de Latinoamérica y el Caribe, reflejando que los asentamientos irregulares son una opción de vivienda cada vez más común ante un fenómeno migratorio sin precedentes en Chile, causado por la crisis sociopolítica y económica que atraviesan diversos países de la región.

Según el Instituto Nacional de Estadística [INE] (2023), actualmente residen alrededor de 1.600.000 personas migrantes en el país y provienen principalmente de Venezuela (32,8%), Perú (15,4%), Colombia (11,7%), Haití (11,4 %), Bolivia (9,1%) y Argentina (4,9%). Considerando que las fronteras de Chile se mantuvieron cerradas desde el 16 de marzo de 2020 hasta el 1 de mayo de 2022 (Chile Atiende, 2022), la gran mayoría de las personas inmigrantes que ingresaron al país desde entonces lo hicieron por paso no habilitado, lo que tiene como consecuencia que miles de personas se encuentren en territorio chileno en situación irregular,  que además de generar un aumento demográfico, reduce posibilidades de acceder a servicios básicos, dejando en evidencia una problemática habitacional.

Personas inmigrantes afectadas por la crisis sanitaria/humanitaria, han recurrido a asentamientos irregulares como una forma de subsanar la necesidad habitacional, generándose así la proliferación de tomas y campamentos. Si bien ésta ha sido una opción ante la necesidad de vivienda, se obvian requisitos de regularización migratoria como sueldos mínimos, antigüedad laboral, contrato de trabajo, entre otras condiciones a las que estos sujetos no tienen posibilidad de acceder. Según el catastro nacional de campamentos 2020-2021 realizado por el Centro de Estudios Socioterritoriales (CES, 2021), sólo en la región metropolitana aumentó en un 73,52% entre 2019 y 2021 el número de familias que viven en campamentos, contando en la actualidad con 969 campamentos y 81.643 familias que ocupan terrenos de manera irregular (Vergara Cabrera et al., 2021).

 A pesar de que en estos espacios la intervención del Estado es esperada, por lo general desconoce las prácticas y la organización desencadenada e instalada en las vidas cotidianas de quienes habitan estos territorios (Figueroa & Muñoz, 2020). Por esto, resulta relevante conocer el territorio y la cotidianidad de quienes lo construyen, de tal manera que toda intervención responda a las necesidades de las y los pobladores, legitimando así las acciones que no son institucionales. Por este motivo, es imperante detenerse en ella, comprenderla, y analizar sus efectos, dado que ahí, en ese lugar y contexto, se juega la construcción del sujeto y de la sociedad.

Según De Certeau (1990), el estudio de las vidas cotidianas permite dar cuenta de prácticas que se dan dentro de los esquemas dominantes, y que, sin renegar de estos, aperturan nuevas formas de enfrentar problemáticas o necesidades de una manera alternativa. De acuerdo con esto, resulta interesante reflexionar acerca de cómo personas inmigrantes, con trayectorias migratorias de vulneración de derechos, invisibilización y discriminación racial, logran configurar sus vidas cotidianas en contextos de pobreza y segregación territorial como lo son los campamentos. Para comprender cómo se configuran las vidas cotidianas en campamentos donde residen personas inmigrantes, se retoman los conceptos de práctica, espacio/tiempo, rutina, y transgresión propuestos por Giannini (1987), los cuales, según el autor, van a ser vías de acceso a la vida cotidiana. Para su análisis se consideran coordenadas básicas tanto temporales -tiempo ferial: laboral y tiempo feriado: no laboral-, como topográficas -domicilio-calle-trabajo-, las cuales influyen de manera peculiar y distintiva en las acciones, las creencias y las actitudes de los sujetos.

Tomando estos antecedentes en consideración, resulta necesario conocer la vida cotidiana de los campamentos desde sus distintas dimensiones. De esta manera, el campamento Millantú siendo un espacio segregado territorialmente y con la particularidad de ser habitado mayoritariamente por personas migrantes internacionales, permite observar a simple vista otras formas de vida que cobran relevancia desde lo comunitario.

Se define como objetivo general de la investigación comprender cómo se configuran las vidas cotidianas de personas migrantes que residen en el Campamento Millantú, Puente Alto. Mientras que a nivel de objetivos específicos se busca:

       Identificar las prácticas cotidianas que son parte de la rutina de personas migrantes en el campamento Millantú, Puente Alto.

       Analizar los espacios y tiempos en el que se producen las prácticas cotidianas de personas migrantes en el campamento Millantú, Puente Alto.

       Analizar las tensiones y conflictos que emergen de las rutinas de personas migrantes en el campamento Millantú, Puente Alto.

 

En conocimiento de la problemática, se llevó a cabo un estudio cualitativo, optando por un diseño metodológico no experimental de tipo transversal.

Para la producción de datos se utilizaron tres técnicas etnográficas: observación participante, acompañamientos etnográficos y cartografía social, las cuales se implementaron durante los meses de enero a agosto del 2022. Se trabajó con un muestreo por conveniencia, centrado en las prácticas realizadas por quienes residen en el campamento Millantú, en el entendido que a través de estas se pueden identificar las rutinas de las personas migrantes que habitan este territorio, permitiendo así analizar multiplicidad de espacios/tiempos presentes en la vida cotidiana, como también las tensiones y conflictos que emergen en estas.

Se llevaron a cabo 4 sesiones de observación participante, en las cuales se acudió al campamento 1 vez a la semana durante un mes en el mismo horario. En estas se recorrió el campamento con el fin de captar el espacio percibido a través de prácticas cotidianas, lugares significativos, rutas, rutinas, llevando registro de los observado en un diario de campo.

Por otra parte, se realizaron 5 sesiones de acompañamientos etnográficos con personas migrantes asentadas en el campamento y que utilizan el espacio apropiado no sólo como vivienda sino que también como trabajo.  Cada sesión tuvo una duración entre 2 y 4 horas en las cuales se acompañó a una persona durante su rutina diaria con el fin de acceder a su vida cotidiana. Las participantes fueros invitadas al estudio manera individual, asistiendo directamente a sus negocio o lugar establecido dentro del campamento. Los criterios de inclusión para participar fueron: (i) ser mayor de 18 años; (ii) ser una persona inmigrante internacional o trabajar directamente con personas migrantes internacionales; (iii) residir en el campamento Millantú; (iv) ejercer un oficio o actividad dentro del campamento; (v) estar de acuerdo con participar.  Se dejó registro de los aspectos relevantes de cada sesión en un diario de campo con previa autorización de las participantes vía consentimiento informado.

Junto con esto, se realizó 1 taller de mapeo colectivo, a través del cual se buscó captar el espacio vivido por parte de los pobladores que circulan y habitan el territorio. Para esto se realizó una convocatoria en conjunto con la olla común del pasaje Wenu y el banco de ropa gestionado por Corporación Dolores Sopeña con el fin de invitar a participar en el taller de mapeo a los residentes del campamento. Se imprime una gigantografía con el mapa del campamento, la cual se cuelga el muro aledaño a la olla común, invitando a participar a todos quienes circulan por dicho pasaje para asistir a la olla común o por otros motivos. Los criterios de selección para participar del mapeo colectivo fueron: (i) ser mayor de 18 años; (ii) ser residente en el campamento Millantú; (iii) estar de acuerdo con participar. En este participaron 9 personas (8 mujeres y 1 hombre), firmando previamente un consentimiento informado. El proceso de cartografía se realizó utilizando plumones de colores para marcar rutas y recorridos, así como también se ocuparon los íconos disponibles en el Taller de mapeo colectivo: Santa María la Ribera (Iconoclasistas, 2015) tal como se observa en la imagen 1. A modo de registro el taller de mapeo colectivo fue grabado en audio con previa autorización.

Para el análisis de los datos se realizó la transcripción de cada una de las sesiones realizadas, para posteriormente categorizar el texto con la plataforma Atlas ti, generando grupos de códigos que son los temas que sientan las bases del análisis. A partir del análisis temático realizado de las observaciones en terreno, acompañamientos etnográficos y el taller de mapeo colectivo, se generaron 55 códigos que se separaron en 9 categorías, las cuales constituyen los 2 ejes analíticos que guían los resultados del estudio: el espacio y las dinámicas dentro del campamento Millantú. Se hace especial énfasis en cómo cada una de estas dimensiones aportan en la producción de la vida cotidiana de personas migrantes en el campamento Millantú.

El primero de los ejes analíticos que guía los resultados de la investigación refiere a los espacios del campamento Millantú. Respecto de este resulta importante destacar la materialidad, en el entendido que las fachadas de las casas del campamento por lo general son de material ligero, como cholguán y lata. El tamaño de las casas y los sistemas de protección de estas (como rejas, alambres de púa, etc.) varían en función de la necesidad de cada familia y de los recursos económicos disponibles. La imagen 2 muestra el tipo de construcción que se percibe desde fuera del campamento, y como están las casas apegadas una a la otra.

Considerando que la mayoría de las personas asentadas en el campamento Millantú son personas migrantes internacionales provenientes de distintos países de Latinoamérica y el Caribe, el material ligero de sus casas expresa las condiciones en las que pueden habitar el campamento. Aunque el campamento surge en 2018 como un espacio apropiado de emergencia que no estaba regulado, actualmente no hay riesgo de desalojo, lo que se ve reflejado en la infraestructura. El poner portones de madera, rejas de fierro, pavimentar, no solo va a proteger la propiedad privada, sino que da cuenta de una intención de permanecer aquí al menos en un futuro cercano, por lo que los esfuerzos se focalizan en vivir un buen presente. Al recorrer las calles del campamento, es posible observar que hay casas que fueron construidas en función de las necesidades, y también, de los deseos de cada familia. En estos casos, quienes deciden poner un cerco, es porque les ayuda a proteger la propiedad de la delincuencia, y al mismo tiempo separa el espacio individual del espacio común, permitiendo otras actividades y estéticas en ese terreno que resultan disonantes dentro del campamento como se observa en la imagen 3.

Siendo un lugar residencial relativamente permanente, resulta imperante tener acceso a servicios básicos. Esto último marcó un antes y un después en el campamento, dado que el acceso a servicios básicos como luz se logró gracias a la gestión de dirigentas comunitarias a causa de un proyecto en conjunto con Corporación Dolores Sopeña. No obstante, pobladores y pobladoras afirman respecto del alumbrado que no hay suficiente luz en los espacios públicos, que ésta es inestable. Además, para tener luz en su propiedad las conexiones directas a estos servicios son gestionados de manera individual, motivo por el cual se observan instalaciones eléctricas informales que no cuentan con medidas de protección necesarias para evitar accidentes, como conexiones a la vista, por ejemplo, lo que implica un riesgo permanente de incendio y de electrocución. Por su parte, el acceso a agua se alcanzó gracias a gestiones con la municipalidad de Puente Alto, y a que la olla común cuenta con personalidad jurídica.  Actualmente se tiene acceso a este servicio por cañería, pero en algunas casas deben instalar bombas para mejorar su presión. Junto con esto, las viviendas no cuentan con alcantarillado, sino con pozo séptico. En este sentido, las posibilidades de acceder a los servicios básicos implican costos económicos y personales.

A su vez, para satisfacer otro tipo de necesidades indispensables, como salud y educación, las personas que viven en el campamento deben salir de ese espacio. Aunque hay un liceo a pocas cuadras del campamento, este no se adapta a las necesidades educativas de todos los niños y niñas que habitan este espacio, dado la pequeña cantidad de cupos disponibles por curso, además de que admiten personas hasta 8vo básico. Junto con ello, niños y niñas pequeñas que no manejan bien el idioma por lo general asisten a escuelas de lenguaje. Por este motivo, diariamente a mediodía, pasa un furgón escolar cerca de la entrada de Millantú, llevándolos a la escuela de lenguaje más próxima. En términos de acceso a salud, el lugar más cercano formal es el Cesfam Vista Hermosa, el cual no cuenta con Servicio de Urgencias. A nivel informal, el taller de mapeo se identifica un negocio donde venden algunos medicamentos de emergencia, lo que suple en lo inmediato la ausencia de una farmacia.

Al caminar por las calles del campamento, lo sensorial cumple un rol esencial. Por una parte, los sonidos son característicos. Suele escucharse música fuerte en distintas partes del campamento. En varias ocasiones donde se realizaron observaciones o acompañamientos se escuchaba música cristiana, rancheras, kompa o reggaetón, dando cuenta que la música que se escucha proviene de los países de origen de los habitantes del campamento, existiendo así un componente identitario que se refleja a través de esta práctica, además de reflejar que hay sectores del campamento donde residen mayoritariamente personas de cierta nacionalidad.

A partir de los sonidos se logran reconocer también rutinas. Durante los días de semana es fácil notar de donde provienen conversaciones o ruidos, ya que hay menos movimiento de personas. Mientras que los fines de semana, se observa mucho más movimiento de personas, y entrecruzamiento de sonidos y de olores.

El segundo eje temático que lidera los resultados guarda relación con las dinámicas. Al observar estas últimas dentro del campamento, es posible notar prácticas directamente ligadas al uso del espacio. A simple vista se pueden identificar prácticas asociadas al comercio y a la microeconomía del campamento. Los negocios y servicios que se ofrecen por lo general son negocios familiares, atendidos por mujeres que generan ingresos a partir de las ventas realizadas dentro del campamento, mientras los hombres trabajan fuera del campamento, o están cargo de la compra de insumos además de la atención. Se pueden encontrar bastantes negocios dedicados al comercio en general, lo que permite acceder a artículos de uso diarios (por ejemplo: venta de alimentos, útiles de aseo, enseres básicos, ferreterías, restaurantes/cocinerías, comida rápida, carnicerías, verdulerías), así como también hay servicios que permiten satisfacer necesidades propias de personas migrantes internacionales (como cambio de dinero, envío de remesas), que son redes y transacciones que transgreden distancias territoriales e incluso límites fronterizos dan cuenta del concepto de relaciones supraterritoriales planteado por Giménez (2001). Esto se puede observar en la imagen 4.

Por otra parte, existe la oferta de servicios ligados a oficios, tales como talleres de costura, mueblerías, talleres mecánicos, electricistas, artesanos, los cuales son servicios que requieren un conocimiento técnico adquirido por estudios, o heredados transgeneracionalmente, tal como plantean Fardella y Carvajal (2018), son prácticas con competencia tácitas. Respecto de las prácticas de trabajo mencionadas hasta acá, resulta interesante que lo propuesto por Giannini (1986) sobre el domicilio, la calle y el trabajo como espacios aislados, en este caso se viven de manera simultánea, en tanto estos negocios en los que trabajan están abiertos al público dando a la calle, mientras que están ubicados dentro de sus mismos domicilios.

Un tema que aparece recurrentemente es el cuidado de los niños y niñas por lo que resultan evidentes prácticas de cuidados. Las niñeces están siempre presentes dentro del campamento circulando en el espacio, por lo general, son las mujeres quienes cumplen con este rol cuidador. El trabajo doméstico y los cuidados se solapan con el mundo laboral, determinando así las rutinas y tiempos de estas mujeres. Cuando circunstancialmente no pueden dedicarse a los cuidados tienden a dejar a los hijos/as con las vecinas. Esto da cuenta de que hay confianza entre quienes habitan este espacio, independiente del país de origen, permitiendo que la persona que cumple el rol cuidador comparta sus valores y creencias, que pueden coincidir o no con las propias, dejando en evidencia una lógica de apoyo mutuo subyacente.

Situaciones como la ya mencionada, en las que se recurre a un otro sin que exista un intercambio, son bastante comunes en el campamento Millantú.  Un ejemplo claro de esto es la olla común del pasaje Wenu, donde no solo se entregan almuerzos y se regalan productos que no se utilizan o que están por vencer, sino que pasó a ser un espacio significativo de encuentro y de contención, donde vecinos y vecinas solicitan otro tipo de apoyos, siendo esto una práctica comunitaria,

En contraposición a esto, se logran identificar también prácticas asistencialistas por parte de organizaciones externas que realizan intervenciones dentro del campamento. Aunque la mayoría de estas intervenciones buscan aportar a los residentes y promover una mejor calidad de vida, en ocasiones pierden credibilidad por no concretar las ayudas ofrecidas, o, al contrario, se genera una sobre intervención.

El campamento Millantú, al ser un espacio donde convergen tantas personas y culturas diferentes resulta difícil que sea un ambiente libre de conflictos. Estos se dan a nivel relacional o vincular, donde resaltan los roces entre dirigentes y dirigentas por la gestión y administración de Servicios Básicos y ayuda social, así como también se mencionan situaciones de robo por parte de vecinos que tienen identificados, lo que genera sensación de inseguridad en quienes habitan este espacio.

A su vez, hay conflictos que no se producen de manera directa entre actores identificables, sino que son prácticas que se consideran no deseadas en sí mismas, y que se atribuyen a espacios y/o comunidades determinadas. En dirección a una de las salidas del campamento por la calle Peumo se encuentra el barrio chino, donde se observan prácticas no deseadas por los participantes como lo son la prostitución, la venta de drogas, etc. Estas producen incomodad a las personas que habitan allí, además de transgredir el espacio residencial, generando que pobladores y pobladoras eviten transitar cotidianamente por ese sector.

Junto con esto,  se logran identificar ciertas tensiones ligadas a prejuicios sobre ciertas comunidades migrantes que derivan en racismo cotidiano. Un ejemplo de esto es que el ruido que se escucha en ciertos pasajes por música fuerte, fiestas hasta tarde, gritos, etc., que a la vez es consecuencia de la proximidad de las casas,  y que principalmente se atribuye a la comunidad colombiana.  También, circulan discursos sobre la comunidad haitiana ligados a la religión, lo que se ve reflejado en el espacio con múltiples iglesias presentes en el campamento, además de vestimentas asociadas a este ritual, así como también relatos asociados a que mujeres haitianas tienen muchos hijos.

Tomando en consideración lo mencionado hasta acá, al momento de repensar cómo se configuran las vidas cotidianas de personas migrantes en el campamento Millantú, resulta imposible aislar estas del territorio. Nos enfrentamos a lo que Giménez (2001) define como espacio apropiado. Este emerge de una crisis habitacional, además de haber sido golpeado por otras situaciones adversas como el estallido social y la pandemia, motivo por el cual queda susceptible a ser percibido desde la vulneración y la pobreza. A simple vista estas pueden parecer características inherentes a los asentamientos informales, causadas por un evidente abandono institucional, a lo que además se le agrega el componente migración internacional, lo que tiende asociarse a irregularidad y precariedad. Sin embargo, aunque la migración constituye Millantú, esta no aparece como una tensión central, sino que el principal objetivo es vivir mejor. Las vidas cotidianas del campamento van a estar sujetas a prácticas que buscan sobreponerse a estas condiciones poco favorables, promoviendo una mejor calidad de vida en este espacio, y logrando auto sustentarse en el marco de la irregularidad.

Se observa que las prácticas cotidianas que forman parte de las rutinas en el campamento Millantú tienden a girar en torno a la microeconomía interna. Al ser un espacio que se encuentra en la periferia de Puente Alto donde se dificulta el acceso al trabajo y a los servicios básicos, el poder cubrir necesidades materiales dentro del mismo campamento, permite la sobrevivencia y brinda seguridad. Junto con esto, considerando que los negocios y servicios están liderados mayoritariamente por mujeres, aparecen también prácticas de cuidado solapadas con el mundo laboral, dejando en evidencia roles de género muy marcados, en tanto es recurrente que los hombres salgan del campamento a trabajar y las mujeres se queden en el campamento cuidando y trabajando en la casa. Esto por una parte va a condicionar las rutinas dentro del campamento, delimitando horarios y tareas en torno al cuidado de los niños/as, así como también va a evidenciar que, según las categorías propuestas por Giannini (1987), las prácticas cotidianas no oscilan entre el espacio del domicilio, la calle y el trabajo, sino que el domicilio y el trabajo van a ser el mismo, siendo así un espacio para sí mismo y para otro de manera simultánea.

Esto va a tener un impacto también en el espacio/tiempo, en tanto la infraestructura y las modificaciones en el espacio como construir una casa, poner rejas a los pasajes, abrir un negocio, refleja una intencionalidad de permanencia al menos a mediano plazo en este espacio inicialmente en emergencia, reflejando lo que Capel (2016) propone como una tensión entre lo efímero y lo permanente. Asimismo, la temporalidad del campamento y las prácticas que lo componen van a estar situadas en el presente, buscando mejorar la calidad de vida a corto plazo.

A su vez, en esta lógica de vivir mejor, en la vida cotidiana aparecen también prácticas comunitarias ligadas a satisfacer necesidades básicas, poniendo en el centro el apoyo mutuo, como es el caso de la olla común y del apoyo entre vecinas, siendo estos espacios simbólicos en los que se busca apoyo emocional, apoyo material, u orientación. Esto evidencia que, aunque parezca contradictorio, prácticas relacionadas directamente con la producción y otras con lo comunitario, coexisten.

Por otra parte, el tema de asociar ruidos molestos a comunidades migrantes específicas como a colombianas o haitianas, podría interpretarse como un racismo estructural que se refleja en lo cotidiano, y que tiene su origen en lo sensorial. El atribuir prácticas no deseadas a cierta nacionalidad, evidencia que siempre hay poder en las relaciones, y tal como plantea Le Breton (2021), jerarquizar los sentidos también es una forma de jerarquizar a los seres humanos en un pensamiento racista. Al ser la gran mayoría de residentes del campamento personas migrantes internacionales, queda en evidencia que no están todos mezclados, y que hay sectores donde no sólo predominan ciertas nacionalidades e identificaciones respecto de sus países de origen, sino que también predominan ciertas prácticas, que son indeseadas cuando transgreden el espacio individual. No obstante, se observan también espacios de encuentro y prácticas de apoyo mutuo entre personas migrantes de distintas nacionalidades, e incluso reproducción de prácticas de otras culturas en la alimentación, música, etc., motivo por el cual es posible que estos discursos no busquen denostar al otro por su raza/cultura, sino mostrar desagrado antes prácticas que les gustaría que no estuvieran presentes en el cotidiano porque transgreden las rutinas y espacios individuales.

            Respecto de las personas migrantes que viven en el campamento, sabemos que tienen trayectorias migratorias diversas, y que en muchos casos son procesos complejos dado que ingresar de forma irregular al país implica una posibilidad real de expulsión o retorno. El hecho de vivir en un asentamiento irregular se percibe como una posibilidad que permite realizar acciones concretas que promueven su bienestar en el presente y el futuro mientras regularizan situación migratoria y de vivienda sobre la marcha.

            Tomando en consideración lo mencionado anteriormente, aunque los campamentos son percibidos como espacios de pobreza extrema con escasas posibilidades de mejora si es que no se regulariza la situación administrativa del conjunto habitacional, este estudio deja entrever que en el campamento Millantú se aperturan nuevas condiciones de posibilidad para vivir mejor. De esta forma, las vidas cotidianas van a ser una trinchera, en las que se rescatan y cimentan prácticas comunitarias que permiten de un día a la vez ir creando un futuro más digno.

Bibliografía de la ponencia

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Vergara Cabrera, F., Reyes Labbé, M., Vergara -Geógrafa, F., Bravo, S., Palacios Guajardo -Geógrafa, P., Gómez -Director Regional Tarapacá, P., José Gamboa -Directora Regional Valparaíso, M., Lazcano -Directora Regional Biobío Ñuble Teresita Ramaciotti -Directora Regional Los Ríos, I., Morales Undurraga -Director de Regiones, F., Pradenas Director Ejecutivo, J., & Bowen, S. (2021). EQUIPO ENCARGADO Coordinadora del Catastro Nacional de Campamentos 2020-2021 Valentina Mazuela-Directora Regional Los Lagos.

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