El cementerio de Chacarita en la ciudad de Buenos Aires como lugar de interés turístico: disputas en torno al necroturismo y las visitas funerarias en contexto de políticas de turistificación impulsadas desde el Estado

SP.17: Antropología del turismo y conflictividad social en Latinoamérica y el Caribe

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Antonela Alejandra Consigliere Bertoni Facultad de Filosofía y Letras - UBA

El Cementerio de la Chacarita es el más grande del país y una parada obligada dentro del barrio. Su entrada es majestuosa, formada por columnas altísimas. Al ingresar, es fácil abstraerse mirando la fila fluorescente de tipas del ancho corredor central. A continuación, se abre un amplio espacio verde con calles de cemento y estructuras de hormigón suspendidas: se trata del Sexto Panteón o Panteón Subterráneo. Sus formas se asemejan a una propiedad horizontal, pero en lugar de estar construido hacia arriba, crece hacia abajo, donde alberga alrededor de 40.000 nichos. Al asomarse, se ve un laberinto de corredores subterráneos bañados por la luz de los patios. Es obra de una de las primeras arquitectas argentinas, Itala Fulvia Villa, y también contó con la participación del renombrado arquitecto Clorindo Testa. Es la puerta de ingreso al submundo de los nichos.” Así comienza la descripción del cementerio de Chacarita (ver imagen 1) en la página turística oficial del gobiernos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Como bien lo indica el cuerpo del texto, este cementerio, fundado en la crisis de la epidemia de fiebre amarilla del año de 1871, es el cementerio de mayor tamaño de la Capital Federal y de la Argentina. Recibe durante su horario de atención al público a diversos tipos de visitantes, quienes manifiestan distintas representaciones colectivas, propias de las clasificaciones sociales, del espacio del cementerio (Durkheim & Mauss, 1971, Durkheim, 1982), y dan múltiples usos al mismo (ver imagen 2). De esta manera, es constituido como un espacio social yuxtapuesto en virtud de esa misma coexistencia entre significados, usos, y la categorización de experiencias en general vinculadas chacarita, muchas veces hasta contradictorias entre sí y las cuales promueven conflictos entre distintos actores que visitan o trabajan en el predio (Consigliere Bertoni, 2024).

Una de las arenas en las que se dirimen los mencionados conflictos solía ser el grupo de Facebook  CEMENTERIO DE LA CHACARITA: Arquitectura, Símbolos e Historia” (ver imagen 3), surgido en el año 2020 y convertido en una suerte de archivo al ser pausado por sus administrados a finales de 2022.  Durante su período de actividad, se citaba en el reglamento que este era un espacio dedicado a la discusión y divulgación la historia, costumbres funerarias y novedades del cementerio de la Chacarita. Fue en esta comunidad virtual donde, desde el año de 2021 en adelante, llevé a cabo una  etnografía digital, mediada por la tecnología y por mi presencia virtual en tanto investigadora en el que mi contacto con los sujetos podía caracterizar tanto por la inmediatez como por lo asincrónico, o del traspaso continuo de lo verbal a lo pictórico a través de la interfaz de usuario (Moya & Vázquez,2010; Guber, 2001; Rockwell, 1980, 2009). Asimismo, así como este tipo de investigación exige, al igual que las etnografías clásicas, tener presente la tensión entre la observación y la participación, las relaciones con y entre los sujetos, los procesos históricos y sociales asociados, y los vínculos del contexto local con su contexto mayor, sea a nivel nacional o global; las etnografías digitales no deben tampoco obviar la heterogeneidad en los usos, accesos, y apropiaciones de la Internet como herramienta que promueve y continua las identidades individuales, las relaciones sociales en general, y el contexto de sus usuarios, siendo parte de la cultura material humana más que un todo homogéneo gracias a la globalización (Grillo, 2008; Hall, 2011; Di Próspero, 2011; Miller & Horst, 2012)  

Dado que las prácticas cotidianas del grupo de las que fui testigo y parte (Rockwell,1980) formaban un continuum con las relaciones sociales de contexto, sean políticas, de género, o de explotación económica, y con las identidades personales de los usuarios miembro, los conflictos ocurridos hacia adentro del grupo excedían las temáticas de lo funerario, lo patrimonial, lo histórico o lo bello. En efecto, los debates que allí ocurrían, y que a veces se tornaban discursivamente agresivos, exponían el alcance de conflictos sociales propios de la vida offline, como el partidismo político, la religión, la estereotipación  de ciertos rangos etarios, y, último pero no por eso menos importante, la concepción de la muerte y el morir, y por ende distintas formas de vincularse con los muertos y el cementerio (Consigliere Bertoni, 2024). Entre las categorías y clasificaciones presentes en estos discursos se pueden apreciar las figuras contrapuestas, para algunos miembros, de visitantes y turistas, que se distinguirían uno de los otros por su falta de respeto a los fallecidos y sus familias y por su gusto morboso por “turistear”en un cementerio y llevar a cabo actividades de ocio como sacar fotografías o “hacer ruido”. Otro tanto es la situación de los empleados municipales, quienes reiteran tantas veces sea necesario los protocolos y permisos necesarios que deben seguirse y gestionarse para poder acceder a una visita guiada o tomar fotografías dentro del marco del reglamento interno de los cementerio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

De parte de los turistas, cuyas opiniones también pueden rastrearse en el grupo y en la plataforma turística TripAdvisor, se encuentran defensas a las acusaciones de “morbo” en sus prácticas y reseñas sobre el cementerio de Chacarita, incluyendo sus encantos, sus flaquezas, comparaciones con el cementerio de la Recoleta, recomendaciones para futuros turistas, la falta o presencia de señalización y otras comodidades, las opciones de transporte público disponibles, y la mención de la cercanía con los atractivos gastronómicos del barrio de Chacarita, como lo son sus famosas pizzerías

En esta ponencia me propongo profundizar en los conflictos en torno a la actividad turística en el Cementerio de Chacarita, de cara una posible continuación de la investigación que he llevado a cabo antes y durante la realización de mi etnografía de grado. O, en otras palabras, teniendo en cuenta visitas exploratorias presenciales, mis experiencias de campo digital a partir de las cuales surge mi tesis, y la revisión de fuentes como la ya mencionada TripAdvisor, busco iniciar un trabajo reflexivo a largo plazo sobre, entre otros aspectos aspectos de la cotidianeidad de este espacio,  las prácticas turísticas en el cementerio y cómo las significaciones de distintos actores sobre estas se corresponden con la aceptación o rechazo de las mismas. A continuación, una breve reseña sobre los conceptos teóricos de los que me sirvo para este análisis. He mencionado la etnografía digital realizada para mi tesis de grado y las reseñas de TripAdvisor, pero de igual modo recurro a mis registros etnográficas de etapas previas de mi investigación para las cuales realicé visitas exploratorias al cementerio y  conversé con visitantes y vecinos del barrio. Distingo ese período de mi trabajo como una actividad antropológica marcada por la multisitualidad y la prevalencia de las relaciones sociales entre sujetos, incluyéndome como investigadora, a la hora de construir el campo (Clifford, 1999; Marcus, 1995)

Philippe Ariès (1983), en base a sus estudios de diversos tipos de fuentes históricas, argumenta que en la historia Occidental tuvo lugar un proceso a partir del cual ocurrió una pasaje de una concepción de la muerte común en el Medioevo, la muerte como un fenómeno cuasi cotidiano,a otra contemporánea, la muerte invertida, que el autor caracteriza como un fenómeno atemorizante, desagradable, y objeto de ocultamiento. Esta transformación habría producido simultáneamente con un proceso de secularización y devaluación de la muerte como un fenómeno social, colectivo e individual.

Por otro lado, esta presentación, así como la investigación de la que surge, tiene como un concepto central al espacio social, entendido como el resultado de las clasificaciones que existen sobre el espacio físico (Durkheim & Mauss, 1971; Durkheim, 1982). En ese sentido, se considera a los sistemas de clasificaciones y categorías de pensamiento sobre y en torno al mundo como reflejados en las asociaciones lógicas de los miembros de cada sociedad, a la vez que son la vía por la cual se plasman en la comprensión de la categoría de espacio como una representación colectiva. Esta, a su vez, nos permite categorizar nuestras experiencias acerca de y en el mundo físico, siendo entonces de origen social (Durkheim, 1982). Rescato además, y en relación con los últimos dos autores citados, el trabajo de Mary Douglas en el cual sostiene, desde un perspectiva deudora de Durkehim y Mauss, que las clasificaciones sociales de la realidad natural en tanto criterios de categorización manifiestan y refuerzan las relaciones sociales entre los sujetos en la sociedad, siendo los individuos, animales y fenómenos cuya clasificación es ambigua o problemática entes anómalos que pueden presentar igualmente el peligro o lo sagrado (1975).

También en relación con las clasificaciones y espacios sociales se destaca el concepto de habitus en Bourdieu, el cual podemos describir como la síntesis compleja de múltiples aristas, conscientes e inconscientes,de la existencia humana mental, corporal y  social, que se conforman de las estructuras mentales con las cuales se capta el mundo social, se actúa, se piensa o se siente, y que, a la vez, son producto de la interiorización de las estructuras de ese mismo mundo social. Por lo tanto, estas son clasificables para los agentes, quienes, valga la redundancia, se autoclasifican y categorizan en base a  sus prácticas y a la vez, como agentes socializados, distinguen las relaciones entre prácticas, representaciones y posición en el espacio social (1988). Por consiguiente, el habitus reproduce, naturaliza y encarna las diferencias de clase, de género (Bourdieu, 2010), de edad, y entre cualquier otra forma de posicionarse en la sociedad. Además, al ser adquirido mediante la práctica, se puede distinguir y explicar las diferencias de hexis corporal que son propias de diferentes sectores que comparten un espacio físico y social, y, a su vez, la manera en que la adopción de un habitus específico puede implicar un intento de reducción o aumento de la distancia en ese mismo espacio social (Champagne, 2012).

También tuve en cuenta a la hora de analizar el espacio social la idea de liminalidad de van Gennep, la cual describe, en el traspaso de un estado ritual a otro, un estado o entidad intermedia entre ambos puntos (1986); y la producción de espacio social a través de la planificación del espacio capitalista de acuerdo a Lefebvre (1974).

En torno al material teórico acerca del  turismo, retomo los conceptos de turistificación y gentrificación tal cual han sido expuestos por Hiernaux y González: procesos y estrategias desplegados sobre el espacio que se focalizan en la actividad turística y promueven el desplazamiento de la población original para luego ser reemplazada por una de mayor perfil socioeconómico, respectivamente (2013); el necroturismo entendido como prácticas turísticas centradas en espacios vinculados a la muerte (Ortiz, 2018) y la noción de sitio en disputa manejada por Digance (2003, p. 144) según la cual un sitio se clasifica de tal manera cuando siendo un lugar sacro es objeto de conflictos y luchas entre distintos sectores interesados en tener libre acceso al mismo.

Algunas consideraciones sobre la actividad turística y el patrimonio

La actividad turística es tanto una práctica de ocio como una industria a la que se asocian vastedad de emprendimientos, empresas transnacionales y puestos de trabajo. Como práctica, ha sido representada social y académicamente desde lógicas político-económicas, como una herramienta de crecimiento para países en vías de desarrollo que como tal debe ser promovida por organismos internacionales agencias privadas y los Estados nacionales; desde un enfoque centrados en las significaciones, motivos, y roles de los actores, con énfasis en los turistas; y la visión del turismo como una fuente impulsora del cambio social en tanto forma de aculturación (Crick, 1989). Lo cierto es que es un proceso en el cual actores, fácilmente distinguibles unos de otros especialmente en casos de pequeña escala, de diverso origen e interés pugnan por la selección, resignificación y justificación ideo-teórica de qué vale la pena ser visto, experimentado y visitado, de misma manera que ocurre con el patrimonio (Pérez Winter, 2021).

Ciertamente el patrimonio y el turismo van de la mano en muchos sitios de interés para esta industria, señalando las distintas tipologías, que no son mutuamente exclusivas, de turismo y turistas según su foco como turismo cultural, turismo ecológico, turismo rural, turismo gastronómico, turismo urbano, entre otros. El patrimonio, que implica como ya se mencionó procesos de selección y activación que manifiestan relaciones de poder de la sociedad actual, se favorecería del turismo como una forma de difusión de aquellos objetos, saberes, bienes, recursos naturales, e historias que son patrimonializadas (Almirón, Bertoncello & Troncoso, 2006).

El cementerio de Chacarita contiene elementos arquitectónicos oficialmente patrimonializados, como su peristilo y edificios administrativos históricos (en conjunto con los cementerios de la Recoleta y Flores ) o panteones particulares, así como inhumaciones y monumentos que son considerados patrimoniales por los vecinos del barrio, visitantes recurrentes, y miembros del grupo de Facebook, a pesar de no haber pasado por procedimiento burocrático y jurídico oficial. Ejemplos de esto son las bóvedas, tumbas y nichos en los que descansan personajes célebre de la cultura popular, como los son los músicos Carlos Gardel, Gustavo Cerati o Gilda. Todos estos casos, los oficiales y los que no, son en algún punto objeto de una segunda selección y valorización por parte de la industria turística. En esta operación el patrimonio se resignifica como atractivo turístico a la vez que la propia actividad se redefine como una práctica  cultural y moralmente más elevada que otros turismos más tradicionales (Almirón, Bertoncello & Troncoso, 2006, p. 108) que llevan una carga simbólica negativa desde las representaciones colectivas creadas desde la literatura de viajes o la academia (Crick, 1989, pp. 309 a 311). En el caso de este cementerio, como en el de muchas comunidades cuyo patrimonio local se vuelve objeto de explotación turística, ocurren procesos de cambio en la población y en la organización de su espacio que buscan adecuar el sitio a las necesidades turísticas (Almirón et al, 2006, pp. 114 a 115).

Este es el caso de Chacarita y la Plaza Elcano, parque cuyos terrenos solían ser parte del predio del cementerio, ya que se inscribirían dentro de los procesos encadenados de turistificación y gentrificación, a través de la transformación y la reorganización del espacio, y dando primacía al reclamos de los vecino de CABA y del barrio de Chacarita en particular por la carencia de espacios verdes y lugares de ocio atractivos para los consumidores, sean vecinos o turistas Los testimonios de vecinos del barrio que cuentan detalles de sus vidas cotidianas ilustran algunos usos del cementerio vinculados con estos reclamos de infraestructura:

TomB: - “Yo llevo la bicicleta los fines de semana. Es lindo, mucho espacio verde. Vas un sábado y te encontrás gente, parejas, familias, viejos… todos paseando, sacando fotos. No me joden los muertos.”

Yo: - “¿No?”

TomB: - “Obviamente hay partes que están algo feas, pero el cementerio es muy grande. Hay zonas para arreglar y zonas en las que la gente hace gimnasia y cosas así.”

 

ClG: - “Yo fui al secundario en el barrio. Al mediodía íbamos con mis amigas allá a comer sanguches de miga porque no nos daba el tiempo de ir y volver [de casa al colegio]. Me gustaba mucho una parte del Cementerio Alemán que tiene… tenía, no sé… árboles con flores, plantitas y bancos para sentarse. Era muy bonito y no me acuerdo de que tuviese problemas con estar en un cementerio, pero ahora suena un poco raro.”

Yo: - “¿Iban solas? ¿había más gente?”

ClG: - [se ríe] “éramos una barra de casi diez pibas. Algunas solas, ni en pedo. Pero igual no   éramos las únicas. Había otra gente, tipos que venían del lado del ferrocarril a comer, gente que trabajaba en la avenida. Había gente.” (entrevistas a TomB y ClG telefónicas, de los día 19 y 20 de noviembre de 2020)

El emplazamiento de la plaza y la inclusión del cementerio en un recorrido a pie (o en bicicleta) de los hitos que desde el estado de la Capital consideran culturalmente notables desde lo histórico hasta expresiones de arte contemporáneo, sitios de ocio y gastronomía (ver imagen 5); los incluye dentro de una serie de reformas estético-edilicias impulsadas por el gobierno local. Siendo más específica, dentro del programa oficial “Turismo en barrios” (ver imágenes 4 y 6 ), fuente del fragmento que da inicio a este trabajo, el cual provee a los turistas, locales, nacionales e internacionales, de una guía de cada barrio de la Capital para que puedan recorrer a pie, en bicicleta, solos o con un guía certificado y perteneciente a una lista en el mismo portal turístico de profesionales aprobados por el gobierno.

Yendo un poco más lejos, podríamos pensar este espacio del cementerio en tanto sus usos no funerarios, junto con el ya mencionado parque, desde la óptica de Henri Lefebvre como una consecuencia de la planificación espacial propia del capitalismo moderno. Siguiendo esta idea, a partir de flujos económicos, en este caso los del turismo en las sociedades captalistas ocurren transformaciones funcionales del espacio. En efecto, la notable y protestada escasez de espacios verdes en la ciudad de Buenos Aires se vincula con las contradicciones que la planificación capitalista tiene como propias en la reproducción del espacio social, y, por lo tanto, en la reproducción de las relaciones sociales (Lefebvre, 1974, p. 7). Según el autor, el espacio social deviene, dentro de esta tensión entre lo público y lo privado, y entre la gran escala y lo fraccionado, en un espacio instrumental abocado casi totalmente al circuito de los flujos económicos. Esta transformación es descriptiva como un fenómeno dialéctico que sucede entre el espacio, en tanto es un espacio dominante y a la vez un espacio dominado; por el cual la dominancia está dada en determinar cuáles son las transformaciones que son posibles (¿por qué es una plaza y no un hotel, por ejemplo?), y el ser espacio dominado en el sentido de que ese mismo proceso de transformación ha ocurrido para integrarlo al mercado capitalista y a la producción industrial (Lefebvre, 1974). En el caso del cementerio de Chacarita y su zona aledaña, esta integración se hace hacia la industria del ocio. Pero como veremos en la sección final, la integración al capitalismo por la industria del ocio no ocurre de manera completa ni sin conflictos dadas las complejidades de este espacio social yuxtapuesto.

¿Qué es el necroturismo y cómo se desarrolla en Chacarita?

Como he adelantado en la introducción de esta ponencia, el cementerio de Chacarita es en sí mismo un espacio social que, para ciertos actores, está legitimado como un lugar de interés cultural, patrimonial y recreativo independientemente de la secularidad o no de sus prácticas. Estimo que este enfoque es congruente con el emerger de aparentes nuevas formas  de interés y ocio que recaen sobre este y otros predios con una fuerte vinculación en lo funcional y en lo simbólico con la muerte y lo funerario.

Me refiero a prácticas que pueden insertarse en la terminología académica y el vocabulario general bajo el término de necroturismo. Estas prácticas turísticas están basadas en las visitas a espacios relacionados con la muerte, como los cementerios, que se consideran de relevancia cultural para su sociedad, y que resultan atractivos por su patrimonio funerario tangible e intangible, su percibida y real relevancia histórica, su valor artístico, y la popularidad de sus muertos, atrayendo a turistas con intereses específicamente alineados con estas cuestiones (Ortiz, 2018). En dichos contextos, el atractivo de tales sitios tendría su génesis en los inicios y antecedentes europeos de la práctica turística tal cual la conocemos hoy en día. El romanticismo, el movimiento gótico y las rutas de viaje de las elites europeas del siglo VII, particularmente de los centros urbanos de Inglaterra, habrían sido una síntesis de prácticas e ideologías en rechazo a la vida prosaica propia de la industrialización de las ciudades, el empirismo y las carencias espirituales propias de las sociedades occidentales industrializadas de ese siglo (2003).

El necroturismo y el llamado “turismo oscuro” o dark tourism, que no siempre son intercambiables dependiendo de como se defina cada concepto y qué prácticas abarca , pueden ser categorías problemáticas para el trabajo científico a la vez que presentan dilemas éticos para quienes trabajan en esa industria (Stone, 2013). Bowman y Pezzullo añade que la misma adjetivación de dark y la asociación con lo macabro, lo conflictivo, lo preocupante, y lo perturbador, refuerzan la imagen pobre de los turistas e implica una dicotomía entre sitios patrimoniales o de herencia y los sitios “oscuros” (2010). Asimismo, el deseo de visitar tales destinos como turistas sugiere la posibilidad de matizar el argumento de Ariès con respecto a la invisibilización de la muerte: si bien este tipo de turismo no está generalizado, puede apreciarse como la muerte representada en estos espacios atrae a visitantes, quienes potencialmente reflexionarían sobre su propia mortalidad de forma ritual (Bowman y Pezzullo,2010), y que voluntariamente se acerca a estos sitios. En lugar de ocultarla y ocultarse de la muerte, deciden acercársele.

Tanto en sitios asociados a la muerte de manera similar a lo que sucede en el cementerio de Chacarita como en destinos caracterizados por el ocio o la aventura, el turismo en tanto actividad política-económica representa un medio por el que los centros históricos, valorados de distintas manera por distintos sujetos, son apropiados de cierta forma por el turismo urbano con la intención de crear puntos de interés adaptados a las necesidades económicas del rubro, a través de lo que Hiernaux y González llaman turistificación ( 2013).  Este proceso es definido  como una transformación y conjunto de estrategias que promueven políticas focalizadas y especializadas de turismo, su planificación, y su gestión en  áreas urbanas pre-seleccionadas, en menor medida por los interés políticos y sociales, y las demandas del mercado turístico. Según los autores, lo que ocurre en las ciudades de América Latina, es que la turistificación suele estar asociada con el proceso de “gentrificación” o, dicho con otras palabras, el desplazamiento de una población por parte de otra de mayor perfil socioeconómico, la que apropia y modifica para sí, en términos de prácticas de la vida cultura y social cotidiana, los usos de un espacio determinado. Por otro lado, también señalan que una característica distintiva en estos contextos sudamericanos tanto de la turistificación como de la gentrificación es que estos tienden a ocurrir y ser promovidos específicamente por parte del Estado, local o nacional, dando mayor énfasis en el capital simbólico de los centros históricos en cuestión que al desarrollo de su infraestructura (ver imagen 4). Además, a diferencia de lo que ocurre en los países occidentales centrales, la nueva población de mayor perfil económico se asienta alrededor de los centros de las ciudades antes en lugar de ubicarse en los suburbios o áreas semirrurales, expulsando hacia estas a la población que originalmente vivía en el área (Obra citada, p. 62).

 

El visitante, el vecino y el turista: clasificaciones en conflicto
Durante mis experiencias de campo en el grupo de Facebook  “CEMENTERIO DE LA CHACARITA: Arquitectura, Símbolos e Historia” tuve la oportunidad de ser testigo de un debate en torno a las prácticas que debieran ser permitidas. De los aproximadamente 3000 usuarios de este grupo ninguno de ellos es trabajador del cementerio o de la administración porteña, o por lo menos no se presentan así. Así como lo señala la descripción del foro, su interés esta la discusión y valoración de los atractivos históricos, artísticos, estéticos y patrimoniales del cementerio, pero no todos ellos ven con buenos ojos la presencia de turistas. Así se ve en los siguientes fragmentos del día 21 de noviembre:

“Hola grupo. Espero anden bien. La Chacarita fue el primer cementerio que conocí de pequeño tras la muerte de mi abuelo... Desde ese momento e ido incontables veces. Eso me hizo despertar mi amor por los cementerios... conocer su historia...recorrerlos... Si arquitectura...su parte antropológica...pero nada de morbo. Donde veo algo que tiene la paz de los que allí descansan evito la mirada. So bien estuve en cementerios de otros países Chacarita tiene un nivel enorme de historia...mitos...anécdotas...experiencias increíbles. Gracias a todos los que comparten aquí porque aprendemos juntos. Saludos!!”

E: - A mi tambien me gusta recoreer cementerios ver su magnitud de lo grande que es chacarita” /recibió dos likes/

I: - /Comentando la publicación/ “Yo también voy a visitar seres queridos pero no voy de turismo no entiendo a los que se ponen a sacar fotos ahí” 

J: - “Los cementerios tienen riqueza antropológica, histórica y arquitectónica. Si nada de esto te interesa, es lógico que no entiendas.” /Recibió cinco me gusta/

I: - “entiendo la historia y la arquitectura no el turismo y el morbo”

D: - “en mi caso yo no tengo el morbo de buscar huesos en cajones rotos... de hecho cuando veo eso me alejo. Lo del turismo es un poco más complejo porque está al límite de si tienen o no derecho a descansar en paz los muertos famosos. Es discutible como todo. Pero en mi caso es algo que disfruto porque lo hago con respeto”

K: - “morbo sería buscar restos humanos. El turismo es principalmente sobre la arquitectura, la historia de famosos.”

J: - “Es lo que le dije a [j] . No es morbo. Tu posición es como asegurar que aquellos que visitan las pirámides de Egipto, que son monumentos y tumbas, lo hicieran por morbo y no por querer saber de historia, tradición, arquitectura y antropología.”

I: - “las pirámides son una del las maravillas del mundo antiguo y centro turístico por si mismo y no es un cementerio activo en si, pero bueno entiendo tu postura, tampoco me parece bien eso se puede saber de todo eso sin fotografiar tumbas y respetar descansos” (publicación y sus comentarios del día 16 de julio de 2021)

Algunos miembros del grupo manifiestan un sistema de clasificaciones en el cual aquellos visitantes cuyo habitus, hexis corporal delatan como turistas son categorizados como entes anómalos, particularmente peligrosos e indeseables, cuya conducta de tomar fotografías, “hablar fuerte” o como lo describió una usuaria de TripAdvisor en una reseña del año 2012 “comiendo papas fritas y gaseosas (...) no participamos del ambiente de circo al lado de las tumbas ” los haría objeto de exclusión siguiendo el criterio de aquellos visitantes que reconocen que el lugar “merece respeto” y es para “visitar seres queridos” (Douglas, 1975). Por su parte, la ya citada reseña de TripAdvisor señala que “ocurre otro tanto en la Recoleta” donde describe a los turistas fotografiándose junto a las tumbas “... haciendo la V de la victoria y con una amplia sonrisa turística”. La “V de la victoria”, más allá de sus significados clásico-latinistas y la ocurrencia de Julio César frente a sus exitosas campañas militares, es en este contexto un símbolo sumamente importante para quienes simpatizan o militan en el  Partido Justicialista, de asociaciones más bien populares. A partir de este enunciado, se puede apreciar como las representaciones colectivas presentes en este caso en Internet son parte de un sistema clasificatorio y de significación mayor en el cual ocurren asociaciones y continuidades que permiten asimilar la mala prensa de los turistas con el rechazo ideológico y partidario de los militantes o simpatizantes que se perciben como un otredad maligna para el sujeto enunciante.

Efectivamente, el rechazo de la otredad anómala y “fuera de lugar”, puede entenderse desde la perspectiva de aquellos visitantes manifiestan una concepción sacra del cementerio y un posicionamiento “tradicional”, por decirle de alguna manera, ante la muerte biológica y social; se corresponde con la necesidad de excluir a los indeseables de predio.  A partir del concepto de liminalidad, que describe un estado simbólico medio en el traspaso de un territorio, estado o espacio a otro diferente,  presentado por Van Gennep (1986), es posible esquematizar las etapas simbólicas por las que se debe pasar al moverse de un territorio o espacio(como el cementerio) a otro diferente tras cumplir con determinados ritos de paso: lo preliminal, lo liminal y lo posliminal. En el mismo trabajo también identifica a los llamados tabúes de paso y a los rituales pre y posliminales que permiten y median el tránsito entre un primer estado, la zona sagrada o “neutral”, y un  estado final. En particular, el autor clasifica a los ritos mortuorios como una clase de ritos de paso.

En definitiva, para evitar la contaminación espiritual de que llevan los turistas y sus prácticas profanas, los usuarios cuyos comentarios expresan la necesidad de una separación simbólica entre el espacio de los muertos con el mundo exterior, verían en ingreso de los otros como una invasión y una falta a de valores morales. El cementerio es para ellos un lugar de descanso eterno que no puede ser ocupado de cualquier manera ni tampoco ser accedido sin seguir ciertos ritos. El proceso de travesar el peristilo, el espacio físico y simbólico que separa muerte y vida, y dejar atrás el paredón implica de igual manera un rito de separación al que se someten los vivos, que mediante esta purificación deben dejar atrás lo profano de la vida si quieren ingresar al predio y visitar a sus fallecidos. Una vez dentro, se debe actuar de acuerdo con respeto y en concordancia con el estado posliminal del muerto social, sacro, al que llegan tras cumplir con sus propias ritos de paso que los separan de los vivos, tales como el velatorio en la sociedad de los vivos; para luego ser llevados al cementerio donde, según los distintos credos, pueden continuar las ceremonias hasta el final de las exequias.

Sin embargo, en el fragmento que he presentado hay también comentarios en defensa de la prácticas turísticas y de ocio en Chacarita. Estos miembros del grupo destacan la importancia del acervo patrimonial e histórico del espacio e introducen un cuestionamiento al “morbo” como una manera de encasillar actividades en su opinión perfectamente razonables, como la fotografía o la arquitectura, con la búsqueda activa de huesos accesibles “en cajones rotos”, asociando a la primera con la expresión artística, el registro documental y el placer estético, rechazando los significados negativos que se le adjudican. También existen distintas clasificaciones, que pueden coincidir o no de manera total o parcial, en torno a la categoría de “respeto” y lo que esta implica. A través de estas diferentes perspectivas podemos entender las distintos concepciones de la muerte en juego y cómo a través de las mismas algunas prácticas se califican de apropiadas o inapropiadas para distintos sujetos. Asimismo, al ser un espacio público se puede acceder libremente, pasando por controles mínimos, las distintas clases de visitantes, deudos, vecinos y turistas, conviven en Chacarita y llevan a cabo sus actividades de forma simultánea y a veces a muy poca distancia los unos de los otros. Es entonces lícito afirmar que que el cementerio de Chacarita es un sitio turístico en disputa por cuya apropiación simbólica luchan quienes lo consideran un lugar sacro, en general más en un sentido esperitual y religioso más que por la sacralización del patrimonio (Prats, 2006), y quienes defienden la concepción de un cementerio multifuncional donde conviven las tradiciones funerarias y de culto con el ocio al aire libre.

Conclusiones

El cementerio de la Chacrita es un espacio social yuxtapuesto en el que coexisten diferentes actividades de sujetos en un contexto social más amplio con representaciones colectivas de dicho espacio y concepciones de la muerte y el morir dispares. Al mismo tiempo, vecinos, visitantes y miembros del grupo de Facebook, así como las autoridades estatales de la ciudad de Buenos Aires, se involucran con o se expresan a favor del reconocimiento patrimonial de partes del predio y algunas de sus bóvedas, nichos y panteones, elaborando selecciones de qué elementos de este acervo histórico, cultural y arquitectónico pueden ser objeto de patrimonialización. Además, el gobierno local busca insertar al cementerio a un recorrido turístico oficial en el marco de un promoción de un proceso de turistificación del área, junto con su consecuente gentrificación.

Es en esta coyuntura que vecinos y miembros del grupo de Facebook CEMENTERIO DE LA CHACARITA: Arquitectura, Símbolos e Historia” dirimen en torno a qué actividades y conductas son adecuadas, y permiten a los deudos cumplir con sus obligaciones y a los muertos descansar. Aquellos visitantes y usuarios que consideran que el cementerio es un lugar sacro de descanso para familiares muertos, denuncian los habitus del ocioso y  del turista, que ya cuentan con una “mala fama” de ser potencialmente disruptivos, como contaminantes y propias de entidades anómalas peligrosas. Entienden que una vez que se ha ingresado a través del peristilo se deben dejar atrás las venalidades de la vida cotidiana propias del mundo exterior. En contraposición, quienes priorizan los patrimonial por sobre lo espiritual sostienen que la actividad turística en un cementerio no es necesariamente inmoral y que constituye una forma d apreciación de las cualidades del espacio social.

El cementerio es entonces un sitio en disputa debido a que su carácter multifacético y de yuxtaposición, surgido parcialmente de los procesos de patrimonialización oficiales y extraoficiales,revela la gran diversidad de concepciones sobre el mismo y la muerte, habiendo entonces la ya señalada coexistencia entre quienes lo consideran un lugar sagrado y quienes no, generándose a sí conflictos que ningún actor a podido administrar o resolver ni desde lo jurídico y ni a nivel de las representaciones simbólicas.

 

Bibliografía de la ponencia

Almirón, Analía, Bertoncello Rodolfo y Troncoso, Claudia. (2006). “Turismo, patrimonio y territorio. Una discusión de sus relaciones a partir de casos de Argentina”, Estudios y Perspectivas en Turismo, vol. 15 Nº2, pp.101-124.

ARIÈS, Philippe. 1983. El hombre ante la muerte. Madrid: Taurus Ediciones

BOURDIEU, Pierre. 1988. “Espacio social y poder simbólico”. En: Cosas Dichas. Buenos Aires: Edit. Gedisa. pp.127-142

------------------------.2010. “La construcción social de los cuerpos”. En: La dominación masculina y otros ensayos. Buenos Aires: Edit. Anagrama. Pp. 8-31

CONSIGLIERE BERTONI. 2024. Se dice de mí: representaciones colectivas contrapuestas, conflictos virtuales y los diversos usos del cementerio de la Chacarita [Tesis de grado no publicada]

CLIFFORD, James. 1999.  "Prácticas espaciales: el trabajo de campo, el viaje y la disciplina de la antropología". En: CLIFFORD, J. Itinerarios transculturales. Barcelona, Gedisa, pp. 71-119

CHAMPAGNE, Patrick.  “Los campesinos van a la playa”, En: Revista del Museo de Antropología; Nº 5, 101-106

Crick, Malcolm “Representations of international tourism in the social science: sun, sex, sights, savings, and servility”. Annual Review of Anthropology 18:307-344. 1989

DI PRÓSPERO, Carollina. (2011) “Autopresentación en Facebook: Un yo para el público”. En Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad N° 6 agosto – noviembre de 2011, ISSN 1852.8759

Digance, Justine. 2003. “Pilgrimage at Contested Sites”.Annals of Tourism Research, 30(1):143-159.

Douglas, M. 1975. Sobre la naturaleza de las cosas. Barcelona. Anagrama.

DURKHEIM, Emile. 1982. Las formas elementales de la vida religiosa. Madrid: Akal.

DURKHEIM, Emile y MAUSS, Marcel. 1971. “De ciertas formas primitivas de clasificación”. En: Instituciones y culto; representaciones colectivas y diversidad de civilizaciones. Obras II. Barcelona: Ediciones Barral

GRILLO, Oscar. 2008. "Internet como un mundo aparte e Internet como parte del mundo.". En: Ciberoamérica en Red – Escotomas y fosfenos 2.0., Cárdenas, M., y Mora, M. Barcelona: Editorial UOC.

HIERNAUX, Daniel y GONZÁLEZ, Carmen Imelda. 2014. “Turismo y gentrificación: pistas teóricas sobre una articulación”. Revista de Geografía Norte Grande. 58. pp. 55-70

LEFEBVRE, Henri. 1974. “La producción del espacio”. Papers: revista de sociología. 3. pp. 219-229

MARCUS, George. 1995. Etnografía en/del sistema mundo. El surgimiento de la etnografía multilocal”. Alteridades. 11(22), pp. 111-127

MILLER, D., HORST, H. (2012) “The Digital and the Human: A Prospectus for Digital Anthropology” En: Digital Anthropology. Introducción. 50 Bedford Square, Londres: Berg. pp 3-39

ORTIZ, Melina Belén. 2018 “El necroturismo y la puesta en valor de del cementerio de la Chacarita como recurso turístico de la Ciudad de Buenos Aires”. Revista Realidad, Tendencias y Desafíos en Turismo | CONDET. Vol. 16 (No 2) pp. 118 - 137.

Pérez Winter, Cecilia. (2021). ¿Cómo el turismo y la valorización patrimonial favorecen al desarrollo rural? Estudios Rurales, vol. 11, núm. Esp. 23.

VAN GENNEP, Arnold. 1909. Los ritos de paso. España: Tauro

Fuentes de la ponencia

https://turismo.buenosaires.gob.ar/es/turismo-en-barrios/barrio-chacarita

Imagenes Adjuntas