El rol de la experiencia del “Taller de Memoria Étnica” en la constitución del proyecto político-comunicacional de una radio indígena del norte de Argentina

SP.28: Memorias y comunicación indígenas: construcción de espacios de organización y visibilización de luchas en contextos de subalternización

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Mariana de los Angeles Ortega Universidad Nacional de Salta-Facultad Regional Multidisciplinar Tartagal-CONICET

Creditos Adicionales

Nombre Pertenencia institucional Pais
Mariana de los angeles Ortega Universidad Nacional de Salta-Facultad Regional Multidisciplinar Tartagal-CONICET Argentina

Introducción[1]

El objetivo de esta ponencia es analizar las implicancias de la articulación entre memoria y comunicación a partir del trabajo de campo etnográfico realizado en la radio comunitaria La Voz Indígena (LVI) de la localidad de Tartagal, provincia de Salta. Pretendemos reflexionar sobre la implementación de un mecanismo metodológico interdisciplinario que puso en diálogo a la comunicación social y a la antropología en el marco de las ciencias sociales. Es por ello que, además, esta ponencia procura introducir algunas perspectivas preliminares sobre las posibilidades analíticas que el nexo entre comunicación y etnografía habilita hacia el interior de los estudios de comunicación indígena en Argentina.

Expresamente, nos interesa presentar indagaciones que surgen de la puesta en marcha de un proceso etnográfico entendido como método, enfoque y texto (Guber, 2011) combinado con el desarrollo de una etnografía sobre los archivos (Stoler, 2010) que hacen parte del repositorio de la radio y la organización de mujeres indígenas ARETEDE. Así, buscamos exponer el proceso de construcción del sistema metodológico que sustentó este trabajo para dar cuenta de los aportes que la etnografía incorporó al entendimiento y comprensión del fenómeno comunicacional amplio desde lo que Ginsburg, Abu-Lughod y Larkin (2002) llaman “antropología de los medios”.

A lo largo del trabajo de campo pudimos reconocer que era necesario reconstruir los acontecimientos, significados y prácticas que habían posibilitado la constitución del grupo de personas que lleva adelante la radio y no ocuparnos exclusivamente de los mensajes producidos por la FM, pues si bien los productos comunicacionales son resultados de dicho trayecto su análisis no era suficiente para dimensionar la experiencia de la radio. En concreto, esta etnografía se ocupó de identificar qué había movilizado a estos sujetos a luchar por el acceso a los medios de comunicación y cómo esta posibilidad impactaba en sus condiciones de vida y en las demandas de los pueblos originarios de la zona.

La elección metodológica de la etnografía amplió el foco de nuestra observación para relevar, además de los significados asociados al andamiaje de recursos radiales y audiovisuales, las prácticas de los sujetos en torno a la distinción entre lo que dicen que hacen y lo que efectivamente hacen. En este punto, nos basamos también en los aportes de la genealogía como perspectiva orientada al reconocimiento de los mecanismos de procedencia y emergencia de los fenómenos (Foucault, 1979) y de descripción de aquellos eventos, continuidades y fugas (Foucault, 1982) que se despliegan a lo largo de las temporalidades que configuran a cada experiencia. Esta combinación se materializó en nuestro intento de poner en marcha un ejercicio genealógico y etnográfico (Rufer, 2016) sobre los archivos y las prácticas de los sujetos ya no para extraer datos sino más bien para mirar lo que esta imbricación produce como interacción.

Por todo ello, de fondo, este texto se ocupa de analizar de qué trabaja la memoria en este grupo de comunicación con la intención de mostrar cómo el movimiento de despliegue de memorias orales permeó la constitución tanto del proyecto radial como de su archivo.  Tomamos a la memoria oral como categoría social (Jelin, 2002), evidencia de construcción de historia (Prins, 1994, p. 152) y también como proceso colectivo de construcción o “entretejido de tradiciones y memorias individuales” (Jelin, 2002, p. 22) resultado de indagaciones y revisiones grupales sobre diferentes tiempos y espacios.

En primer lugar, presentamos las condiciones de emergencia de la experiencia radial, es decir, cuáles han sido los fundamentos y acciones que hicieron posible la puesta en marcha de la radio; en segundo lugar, analizamos la influencia de las reflexiones sobre las memorias orales en la definición del proyecto político comunicacional de la emisora; y, por último, indagamos en cómo la interacción entre memoria y comunicación incorpora una nueva dimensión de abordaje de los medios indígenas en el campo de estudios sobre esta modalidad de comunicación mediática en Argentina.

Coordenadas: el porqué de la radio

La FM comunitaria La Voz Indígena está ubicada geográficamente en el extremo norte de la provincia de Salta, en el departamento San Martín, región también conocida por ubicarse en el atravesamiento de fronteras políticas entre Argentina, Bolivia y Paraguay, zona que comprende el centro del Gran Chaco Sudamericano. Puntualmente, Tartagal es caracterizada como el “umbral al Chaco” pues se trata de una localidad que interconecta a las yungas pedemontanas con el chaco semi-árido adonde se asientan diferentes pueblos originarios también llamados de las “tierras bajas”: Wichís, Weenhayek, Toba Qom, Chorote, Nivaclé, Tapiete, Guaraní y Chané.

La emergencia de este proyecto comunicacional no puede entenderse sin mencionar las afecciones que marcan la vida, en especial, de las poblaciones indígenas de esta región. Como consecuencia de los procesos de exterminio militar y/o de la llamada “pacificación” de los pueblos originarios dentro del contexto de formación de la república argentina, con mayor intensidad desde mediados del siglo XIX y principios del XX, estas poblaciones enfrentan los efectos nocivos sobre sus posibilidades de acceso al territorio, generadas: primero, por la instalación de emprendimientos azucareros (Rutledge, 1987; Iñigo Carreras, 2010; Montani, 2015; Weinberg y Mercolli, 2015), luego, por la extracción de petróleo (Benclowicz, 2011) y madera, y, por último, por la expansión de la frontera agropecuaria (Leake, 2008; Naharro, Álvarez y Flores Klaric, 2015). En suma, las problemáticas que afectan a los pueblos originarios chaquenses provienen directamente de la larga historia de intentos de borramiento tanto simbólicos como materiales de los pueblos indígenas de la configuración política de la Argentina. Así, actualmente, ven menguadas y amenazadas sus condiciones de acceso a los territorios y con ello a sus fuentes de alimentación, a la vez que sus comunidades son cercadas por emprendimientos agro-forestales y/o inmobiliarios. El nacimiento de la radio comunitaria se produjo en este contexto.

La organización de nombre ARETEDE (Asociación Regional de Trabajadores en Desarrollo) se formó a finales de 1990, entre las localidades de Aguaray y Tartagal, en el contexto nacional de impulso de la emergencia indígena en América Latina (Bengoa, 2000) y también de crecimiento de la participación y organización política de grupos de mujeres indígenas en diferentes iniciativas a lo largo de la Argentina (Gómez, 2014; Sciortino, 2013).

Para ordenar la presentación: ARETEDE es la organización jurídica –una fundación- dentro de la cual se gestaron tanto el proyecto de la radio comunitaria como del Taller de Memoria. La Voz Indígena nació como iniciativa de comunicación en el año 2002, desde allí durante seis años se desarrolló un proceso intenso de formación de comunicadores indígenas y de búsqueda de recursos para concretar la radio propia, hecho que sucedió en 2008. Paralelamente, se gestaron los Talleres de Memoria Étnica (TME) bajo la coordinación de la antropóloga Leda Kantor.

En el seno de ARETEDE, la formalización del medio de comunicación estuvo antecedida por un intenso proceso de capacitaciones y discusiones alrededor de los fundamentos del proyecto radial, es decir, por qué era necesaria una radio, y a su vez, por los modos de gestión y organización que debían poner en marcha para conducir y sostener la emisora. En primer lugar, la demanda –de la radio- se justificaba por dos hechos, tal como lo reflejan los proyectos elaborados por ARETEDE:

“1. La sistemática exclusión del pueblo indígena de la sociedad. Esta exclusión se ve reflejada, también, en la ausencia de análisis de sus problemáticas en los medios de comunicación locales; se evidencia, además, en las programaciones de los medios locales en las que el único idioma de emisión es el español cuando existen los idiomas de los pueblos originarios.

2. La ausencia de comunicadores indígenas que puedan convertirse en emisores de mensajes, teniendo en cuenta que son conocedores de la problemática específica y de los códigos comunes”. (Proyecto de radio La Voz del Pueblo Indígena, colección de archivos ARETEDE, 2006)

En segundo lugar, y de forma subyacente, la radio ya era concebida como un espacio para la construcción de la “historia común” de los pueblos originarios, esto se puede apreciar, por ejemplo, en el material de folletos de presentación del proyecto de la radio, y se complementa con las evidencias encontradas en las cartillas con que se capacitaron los asistentes a los talleres de formación, las cuales expresan que el medio serviría para:

“conocer la realidad de nuestros hermanos, para que podamos tomar la palabra que tantas veces fue silenciada, para que el reclamo por las tierras pueda ser escuchado por muchas personas, para que nuestras lenguas puedan ser escuchadas y para todas aquellas actividades en las que los intereses sean de un grupo y tengan que ver con los intereses del colectivo del que formamos parte”. (Cartilla de capacitación de comunicadores indígenas, Colección de Archivos ARETEDE, 2006)

En síntesis, contar con un medio de comunicación de pueblos indígenas no solo revertía la ausencia de comunicadores originarios en los medios de comunicación locales, sino que, principalmente, colocaba la palabra de estos pueblos en la escena mediática pública y con ello contribuía a forjar la representación y expresión de una voz propia: la voz indígena.

Ahora bien, ¿cómo aparece la memoria en este proceso? Para responder esta inquietud debemos reconstruir el camino que posibilitó la emergencia de la radio, ya no centrados en el medio de comunicación en sí, sino en la trascendencia política del colectivo por la memoria. Justamente, porque la radio es resultado de un recorrido previo de problematización y reflexión sistemática sobre la posición histórica de los pueblos originarios en una trama de temporalidades y espacialidades específicas, y porque en un movimiento paralelo a la recopilación de las memorias orales este colectivo fue produciendo su propio archivo.

La influencia de la memoria en la constitución del proyecto radial

Los Talleres de Memoria Étnica eran momentos de encuentro a los que asistían mujeres pertenecientes a diferentes pueblos originarios de la zona con la intención de poner en común sus experiencias cotidianas desde su visión como mujeres e indígenas. Comenzaron a funcionar en el año 2002, en paralelo a la formación del proyecto de comunicación.

Se dividieron en dos instancias: la primera se centró en la expresión de “la voz de las mujeres indígenas”. Conjuntamente con el desarrollo de otras actividades impulsadas por ARETEDE, como los Encuentros Departamentales de Mujeres Indígenas[2], el espacio de la memoria funcionó como una instancia de expresión de relatos sobre sus vidas y quehaceres cotidianos: “actividades productivas tradicionales, la vida en el monte, sus conocimientos, creencias y valores”, como también sobre aquellas “esperanzas y (…) luchas diarias por el reconocimiento de la sociedad como mujeres y como indígenas” (ARETEDE, 2003, p. 6). Este primer momento de trabajo se abocó a la revisión de la vida íntima de las mujeres, como se expresa en la frase: “hablar de sus cosas” (Proyecto del Taller de Memoria Étnica, colección de archivos ARETEDE, 2003, p. 6) buscando retratar sus experiencias cotidianas en las esferas de lo doméstico y lo público.

Las memorias recopiladas en esta etapa inicial se plasmaron en la publicación del libro titulado “Lunas, tigres y eclipses. De olvidos y memorias. La voz de las mujeres indígenas” (2003) que reúne un conjunto de relatos sobre temas como la construcción socio-cultural del género en cada pueblo desde la narración de episodios mitológicos que asignan valores a los fluidos, el encierro, animales y seres espirituales; el rol de las mujeres como productoras y reproductoras de cultura; la presentación de los modos de organización sexo-genérica de las actividades de cuidado, recolección, salud, educación y demás responsabilidades de la vida comunitaria, como así también las luchas cotidianas que llevan adelante para sostener sus hogares y aportar a la resistencia de sus pueblos.

Con la segunda parte de los TME las indagaciones se volcaron hacia la reflexión sobre la “resistencia indígena” como acontecimiento vertebrador de la continuidad histórica de los pueblos originarios. A partir de este momento los encuentros se dedicaron al registro y sistematización de memorias orales de los procesos de resistencia de los pueblos chaquenses, en especial, de los pueblos Toba Qom, Guaraní y Weenhayek-Wichí en la frontera que actualmente divide a la Argentina de Bolivia. Además de la publicación de los libros “El anuncio de los pájaros. Voces de la resistencia indígena” (2005) y “Un peyak danzando en el viento. Voces del cacique Taikolic. Luchas del pueblo toba del Pilcomayo (1843-1917) (2020) también se produjeron los radio-teatros “Gritos del destierro: voces del cacique Cambá” (2011) y “Woho Tenek”. Ocasos del pasado. Historias de la conquista del pueblo Wichi” (2015), entre otras piezas comunicacionales.

Aunque los talleres continuaron siendo exclusivamente para mujeres, con el tiempo incorporaron los aportes de varones. Esta decisión se tomó con la intención de ampliar las fuentes de consulta para la re-construcción de la historia de la resistencia indígena, así fue que desde 2005 en adelante, a partir de la publicación del segundo libro, este grupo de memoria se ocupó de sistematizar las historias de numerosas comunidades de la zona, entre ellas: Historia comunitaria de Yariguarenda (2021); Historia comunitaria de Taperigua (2021); Historia comunitaria de Peña Morada (2022); Tewook la lees. Hijos de los ríos. Historia del pueblo Weenhayek (2022).

El proceso reflexivo de los talleres consiguió poner de relieve las formas de acción política que estas mujeres desempeñaban en sus comunidades. Apelar a la memoria oral desató la apertura de un trayecto de meditación y análisis con el foco puesto en visualizar a las mujeres indígenas como sujetos políticos relevantes para el devenir de lucha de sus pueblos, tanto antes de la conquista en el llamado “tiempo de los antiguos” como en el presente. Este movimiento, articulado desde la conversación, escucha atenta e interés reflexivo en conocer quiénes eran estas mujeres, qué hacían, cuáles eran sus horizontes, expectativas y problemáticas fue el primer paso para la formación de una consciencia histórica e identidad colectiva forjada desde el reconocimiento étnico, de género y clase.

El desarrollo de los talleres y la metodología empleada (entrevistas, técnicas grupales y conversaciones) alentó la formación de un sentido compartido de vivencias y recuerdos sobre el pasado. Con la puesta en común de las memorias orales se fue moldeando la experiencia grupal a la vez que armando la narrativa y el proyecto político de la radio comunitaria. En efecto, la emisora está precedida por una instancia de reflexión sobre la memoria en tanto factor, primero, forjador de identidad y cohesión de un nosotros basado en el reconocimiento de episodios, sufrimientos, dolores y vivencias comunes y, luego, de afirmación de una convicción política.

De modo que podemos entender a los TME como la inicial fuente de modelación -en un sentido pedagógico- de los pilares con que este grupo saltó al escenario público mediático, o, en otros términos, los talleres sobre memoria fueron la usina de preparación de los fundamentos de la emisora donde se definieron las metas del proyecto de comunicación, tal como consta en uno de los textos de presentación de la radio:

“[la iniciativa de comunicación] surge por la demanda indígena de crear espacios de comunicación alternativos, que respondan al pueblo indígena y sirvan no solo a los fines informativos sino también a la organización y apoyo a las luchas y reclamos indígenas, promoviendo la difusión de los idiomas e impactando en el fortalecimiento de la identidad”. (Formulario de la Secretaría de Cultura de la Nación, Colección de archivos ARETEDE, 2007)

Durante los seis años de trabajo intenso en la tarea de “hacer memoria” y articular relatos para hilvanar una historia común de la resistencia indígena, la salida al aire de la radio fue la modalidad elegida para ampliar el impacto político y dar continuidad a la decisión anteriormente tomada de “hablar” del pasado y enfrentar el silencio. El impacto de la memoria en la definición del rumbo político del proyecto de comunicación puede verse en la decisión de proclamar a la radio como las “voces de la resistencia indígena”, enunciado desde donde el perfil discursivo de la emisora se abocó definitivamente a la visibilización y denuncia de los atropellos y violencias territoriales y de otro tipo cometidas sobre los pueblos indígenas de la zona, a la vez que a la puesta en relieve de la figura activa de los indígenas como luchadores a contramano de las representaciones construidas por otros medios en las que son proyectados como derrotados y/o pasivos.

La memoria, entonces, parece afirmarse como sitio de inscripción de esos episodios y modalidades de existencia que recuerdan y organizan el pasado, y al mismo tiempo, se convierte en un sitio de hilado y proyección del futuro deseado por estos pueblos. El nexo entre memoria y radio incorporó una posibilidad de acción de cara a la temporalidad futura, de creación de nuevos lenguajes con los que enfrentar y construir una alternativa de vida en el presente. En términos discursivos, la emisora parece ser una práctica de interferencia, una forma de interrupción del flujo discursivo dominante, una especie de arma con la que contrarrestar o batallar la dominación que ejercen los medios de los no indígenas.

Hemos visto de qué forma los talleres de memoria impregnaron la constitución del proyecto radial de la FM LVI. A continuación, nos interesa reflexionar sobre qué es lo que la memoria produce en los medios de comunicación indígenas y qué perspectivas podemos visualizar a partir de este vínculo.

Medios de comunicación indígenas: qué y para qué

En el contexto latinoamericano, los pueblos originarios han sido parte – aunque de forma solapada- de los procesos constitutivos de la oleada de medios llamados populares, alternativos y/o comunitarios surgidos a partir de la década de 1940. No obstante, la emergencia de iniciativas mediáticas de comunicación auto-nominadas como indígenas tuvo lugar recién durante las décadas de 1980 y 1990 (Doyle, 2013). Por su parte, en Argentina, en la década de 1990 se encuentran las primeras experiencias de medios de comunicación gestionados por pueblos originarios (Lizondo, Ortega y Doyle, 2022) y en la segunda década de los 2000, con la sanción de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (SCA) en 2009, se acrecienta sustancialmente la cantidad de experiencias mediáticas auto-reconocidas como “indígenas” y/o de pueblos originarios.

La aprobación de la ley N° 26.522 que regula los servicios de comunicación audiovisual en Argentina vino a responder un reclamo histórico de numerosos actores de la sociedad civil: trabajadores de medios, cooperativas, organizaciones sociales, gremios, activistas, investigadores, universidades y pueblos originarios que demandaban el reconocimiento democrático del derecho a la comunicación. A lo largo del proceso de presentación, debate y movilización en las calles a favor de la sanción del proyecto de ley y en los foros y reuniones de análisis y negociación, diferentes representantes indígenas lograron incorporar al texto del proyecto el reconocimiento del derecho a la comunicación con identidad para los pueblos indígenas en los términos de su estatus constitucional de pueblos pre-existentes a la formación del estado nacional garantizado por el artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional.

Este hecho representa un hito en la historia de lucha de los pueblos indígenas por el acceso democrático a los medios de comunicación en este país. A partir de allí, no sólo crecieron las experiencias de medios gestionados por pueblos originarios sino también los estudios de investigadores interesados en el análisis de las características, usos y particularidades de este tipo de iniciativas de comunicación.

Es posible identificar abordajes pioneros que se centraron en analizar las primeras experiencias de medios de comunicación indígena en la Argentina (Huergo, Morawicki y Ferreyra, 2005; Kantor, Ruiz, Lizondo y Pleguezuelos; Lizondo, 2008; Doyle, 2013) previo a la sanción de la LSCA. Estas investigaciones pusieron el foco en describir los procesos de apropiación de las tecnologías radiales por parte de las comunidades o colectivos a cargo de su gestión, y, asimismo, se propusieron re-construir las genealogías que posibilitaron la emergencia histórica de los medios indígenas en el escenario de Latinoamérica y Argentina.

Posterior a la aprobación de la ley 26.522 fueron integrantes de los propios pueblos indígenas quienes elaboraron investigaciones enfocadas en describir en qué consiste el concepto de “comunicación indígena”. Un texto pilar es el elaborado por la Coordinadora de Comunicación Audiovisual Indígena de Argentina (CCAIA) titulado “Aportes para la construcción del modelo de comunicación Indígena en Argentina” (2011) el cual considera que la comunicación que hacen los pueblos originarios está definida inexorablemente por el componente de la identidad étnica, y, en efecto, proponen llamar “Comunicación con Identidad” (CCI) al modelo comunicacional propuesto.

Específicamente, afirman:

“Los Pueblos Indígenas poseemos propios modos y formas de comunicación que son una expresión de cosmovisiones diferentes a la occidental, y que tienen características singulares: son horizontales, no lucrativas, democráticas y explícitamente colectivas. Y esa comunicación se sustenta necesariamente en la identidad indígena, lo que la hace única e irrepetible”. (CCAIA, 2011, p. 9)

Además de clarificar el concepto de CCI, se despegan de otros modelos no lucrativos de comunicación, como los medios comunitarios, alternativos y/o populares. Reclaman para sí la utilización de la categoría CCI en respeto al derecho a nombrarse de acuerdo a su propio reconocimiento. Este texto encaminó los fundamentos que permitieron no sólo la incorporación de los pueblos originarios como sujetos prestadores de SCA, sino que principalmente habilitó la puesta en marcha de un plan de políticas de fomento para la instalación de medios indígenas en todo el país.

El campo de estudios sobre comunicación indígena en la Argentina se fue articulando a medida que ganaban lugar investigaciones centradas en referencias empíricas como radios u otras iniciativas de comunicación lideradas por pueblos originarios. Hoy es posible esbozar un mapa que organiza tales textos: buena parte de los trabajos se abocó al discernimiento del impacto de la ley de SCA y el reconocimiento del derecho a la comunicación indígena en los procesos organizativos tanto de pueblos como de organizaciones originarias (Manasanch, 2010; Lizondo, 2015; Doyle, 2017, 2018a; Doyle y Siares, 2018; Siares y Belloti, 2018; Villagra y Milana, 2021; Ortega, 2021;) otros optaron por dimensionar a la comunicación indígena como una práctica de lucha ligada indisociablemente a los procesos históricos de resistencia (Doyle, 2018b; Ortega, 2020ab) y, finalmente, se encuentran investigaciones específicamente enfocadas en el componente discursivo de los proyectos comunicacionales indígenas que ponen en evidencia cómo este tipo de medios disputa los sentidos hegemónicos que se construyen sobre los indígenas y/o las problemáticas que los afectan (Lizondo, 2020).

En esa dirección, el libro titulado “Pueblos originarios y territorios mediáticos: estudios sobre comunicación indígena en Argentina” (Lizondo y Doyle, 2023) publicado a finales de 2023 es una compilación que se propone aportar a la institucionalización de dicho campo. Para ello reúne un amplio abanico de investigaciones realizadas por investigadores integrantes de pueblos originarios, de universidades nacionales y comunicadores indígenas de este país. Se trata de una publicación que  da cuenta de las genealogías conceptos, categorías, métodos y epistemologías con que se estudia la comunicación indígena en Argentina; al mismo tiempo que presenta la heterogeneidad de lenguajes, formatos y modalidades que caracterizan a las prácticas de comunicación de los pueblos indígenas y expone la estrecha relación entre los procesos organizativos amplios de los pueblos originarios y la centralidad que la comunicación adquiere para sus luchas y agendas políticas.

Emprendiendo un ejercicio de mirada crítica sobre lo que se ha generado en este campo, podemos decir que hasta el momento estos estudios y otros en Argentina han aportado a la resolución de preguntas tales como: ¿cuál es la propuesta conceptual de comunicación de los pueblos originarios?, que en otros términos podría ser ¿de qué se trata eso a lo que llaman “comunicación con identidad” y cuáles son sus implicancias?, y, siguiendo la pregunta formulada por Doyle (2022) ¿para qué quieren medios los pueblos indígenas?. Muchas de las investigaciones anteriormente nombradas han aportado a la respuesta de estos interrogantes.

Este incipiente campo de estudios se viene configurando en esa perspectiva, mostrando cómo las luchas de los pueblos indígenas por el acceso a sus propios medios valieron la irrupción de estos actores en las arenas públicas adonde se disputan los sentidos sociales, afirmarse como sujetos políticos de demanda y acción en los contextos públicos de cada provincia y jurisdicción y fortalecer sus procesos organizativos amplios. Podríamos decir que, con sus medios de comunicación: radios, televisión, redes sociales, etc., los indígenas han acrecentado su presencia y ocupación de los territorios simbólicos públicos pretendidamente “blancos”, o, en otras palabras, han vuelto cada vez más presente su imaginada ausencia.   

Así, en resumen, los medios de comunicación indígenas vienen siendo tematizados como recursos de amplificación, de fortalecimiento de las luchas históricas, de disputa simbólica; también como prácticas significantes de impugnación y/o reversión de estigmas sociales o como plataformas de proyección de capacidades políticas de transformación de las condiciones opresivas en que vive la gran mayoría de los indígenas de la Argentina.

Me gustaría introducir en esta ponencia, al respecto de la temática del eje, la hipótesis que algunas investigaciones ya vienen perfilando (Doyle, 2023; Magallanes, 2023), a propósito de considerar que persiste cierta mirada instrumental sobre la comunicación en tanto herramienta técnica de rango meramente reproductor o de fortalecimiento y apoyo dentro de procesos organizativos. Por el contrario, creo que justamente las etnografías de medios indígenas aportan evidencias para afirmar que los medios gestionados por pueblos originarios son mucho más que canales de amplificación.

Durante nuestro trabajo de campo y convivencia cercana con el colectivo de LVI pudimos notar y/o acercarnos al entendimiento de la dimensión que adquiere la radio para estos comunicadores. Desde allí, entendimos que la radio no es concebida prioritariamente como una herramienta de difusión, o en otras palabras, que la radio no es valorada tanto como un recurso para amplificar voces, volver visible lo invisible o disputar los sentidos dominantes con que los medios locales tradicionales suelen referir a los indígenas, algo que indudablemente hace, sino que más bien, la radio parece perfilarse, además, como el territorio donde estos sujetos analizan, examinan y plantean sus devenires políticos.

En ese sentido, la etnografía en tanto enfoque y método deja ver que las radios, como en este caso, son ámbitos sumamente politizados y problematizados por las dinámicas cotidianas de cada pueblo y comunidad; son espacios de negociación y referencia para la organización colectiva interna adonde se producen interacciones que desbordan el esquema tradicional con que se piensa y entiende a los medios de comunicación entendidos desde la formación de opinión pública y/o la búsqueda de transformación social. Son, como expresa Doyle (2023) “actores políticos colectivos que participan e inciden en las arenas políticas locales (…) también instituciones legitimantes de voces y temas silenciados en otros ámbitos” (p. 27).

Propusimos este recorrido para introducir, por último, algunas reflexiones al respecto de la memoria. Entendemos que este componente, en especial en el caso de LVI, incorpora perspectivas que complejizan el lugar de la comunicación mediática en los pueblos originarios.

Reflexiones finales: medios indígenas y memoria

El interés de esta ponencia ha sido reflexionar sobre la imbricación entre memorias y comunicación en la experiencia de LVI. Mostramos cómo se fue gestando esta relación a lo largo de la historia del colectivo de comunicadores, afirmamos que a través de la memoria oral en los TME se delinearon y constituyeron los objetivos políticos del proyecto de la emisora, apelando a la memoria como fuerza significante. Seguidamente, repasamos la situación del campo de estudios de la comunicación indígena en la Argentina con la intención de abonar a la hipótesis que sostiene la necesidad de desterrar perspectivas instrumentales al momento de analizar a los medios de comunicación gestionados por pueblos indígenas.

Como ya hemos comentado, el trabajo de recopilación de memorias orales se plasmó en la publicación de diferentes libros y producciones radiales que ensamblan un relato histórico sobre los procesos de resistencia de los pueblos indígenas del centro del Gran Chaco a las iniciativas militares y/o civiles de exterminio y usurpación territorial. Parte de estas iniciativas de recopilación se han ordenado en torno a la colección de archivos ARETEDE.

Durante el proceso de investigación pudimos acceder a tal archivo y colaborar en su organización y valoración como tal. Como parte de la indagación etnográfica archivística y de nuestra participación observante dentro del colectivo nos propusimos reconocer qué miradas y conductas se ponían en juego y qué contrastes se manifestaban entre los enunciados del archivo y las prácticas de los sujetos.

En ese ejercicio, nos centramos en identificar qué había en la voluntad de guardar la memoria oral en un conjunto de elementos materiales como videos, audios, afiches, panfletos, etc.  Así, entendimos que en los dos movimientos desplegados: tanto en la recopilación de la memoria oral como en la práctica de archivar, lo que hacían estos sujetos era crear un repositorio de evidencias o, en otros términos, configurar un corpus de saberes, una modalidad de conocimiento o una tecnología de saber/poder (Foucault, 2000, p. 24). En efecto, el archivo se constituía como una usina de pruebas con las que fundamentar sus luchas contemporáneas.

Pudimos ver que el proyecto radial se inscribe en un complejo proceso organizativo articulado desde dos dimensiones: el análisis y revisión de las circunstancias históricas de los sujetos indígenas en el norte de la provincia de Salta y la reflexión sobre el carácter transformador de las mujeres indígenas en el marco de sus comunidades y pueblos. En esa dirección, la emisora se fue afirmando como una modalidad para fortalecer la consciencia histórica de estos pueblos y comunidades en diferentes planos: en el colectivo de comunicadores y en el seno de sus comunidades. 

El proceso organizativo en el que se sitúa la emergencia y continuidad del proyecto comunicacional se expande por fuera de los límites del medio, esto se observa en el hecho de que la radio no solo permite hacer sentido sobre temas ausentes en las agendas mediáticas. En añadidura, la radio es la fuente de sustento económico para la mayoría de sus comunicadores, es el centro de convocatoria para la organización de comunidades que integran el colectivo frente a situaciones o problemáticas como atropellos territoriales, consumo problemático de drogas, violencias de género, violencia familiar, problemas de salud, entre otras.  

Por tanto, abonando a la idea de que los medios indígenas son más que simples herramientas, consideramos que este caso muestra de qué manera y en qué medida la memoria oral se pliega con la comunicación dentro de un proyecto político comunicacional para moldear una experiencia de lucha que trasciende la instrumentalidad y va por más: apunta a la generación de una tecnología de saber/poder que penetre de lleno en las contiendas jurídicas, políticas, estatales adonde se dirimen institucionalmente y también adonde no, las demandas territoriales.

Martín-Barbero (2000) reflexionaba sobre el rol de los medios de comunicación en la fabricación exacerbada de tiempo presente y en el debilitamiento del pasado. Con lo que hemos visto hasta aquí, en el caso de LVI, a contramano, la radio se constituyó como un modo de producción de memoria, y, a su vez, también de pasado. Lo que hemos mostrado en este análisis nos deja ver que este medio de comunicación plantea a la memoria oral como el eslabón inicial de su proceso de lucha, proyección y re-construcción de lo que se considera roto o perdido a consecuencia de los atropellos territoriales.

La memoria es inscripción de las marcas del pasado, es un insumo de conservación de lo que fue y se perdió al que apelar para recuperar horizontes colectivos, y es, especialmente, un repositorio de evidencias con las que disputar la razón de las causas indígenas. La memoria es fuente de producción de un tipo de saber que en el punto de conexión con la comunicación se perfila como un componente sinérgico que moviliza prácticas de significación y adopción de corporalidades con las que escenificar las demandas indígenas A primera vista, la memoria en la radio conforma un artefacto de producción de tiempos y espacios, de narrativas y antídotos contra el olvido y las perdidas.

La memoria ha demostrado ser algo más que inscripción de sucesos temporales, parece asemejarse a una urdimbre conflictiva y dinámica en torno a la cual los sujetos dirimen qué recordar y qué guardar en secreto. Sobre esto quisiera recordar un episodio que presenciamos en ocasión de una reunión del TME en la que se decidía sobre la continuidad o no de la publicación de libros: Teresa, una de las mujeres wichí ancianas planteaba la dificultad de encontrar personas dispuestas a testificar sobre el pasado puesto que los integrantes de su comunidad “ya no querían recordar” (sic). La memoria expone, explicita, revela y, en el ecosistema de lo público, despliega un camino de desprendimiento sobre el que quizás no haya retorno.

Para finalizar, consideramos que en la memoria se encuentra un componente decisivo para comprender los procesos de comunicación que llevan adelante los pueblos originarios. El acoplamiento de la memoria con las prácticas mediáticas distingue a la comunicación indígena como una modalidad para desplegar y construir su propia historia. Podemos visualizar a los medios indígenas como instancias de construcción de memorias colectivas, de conservación de saberes, territorios que comprometen sabidurías, espiritualidades, agencias humanas y no humanas que se inscriben en universos de comunicación de mayor amplitud.



[1] Normas APA sexta edición.

[2] Eventos realizados en el período 2000-2007 en diferentes localidades y comunidades del departamento San Martín. Reunían a mujeres indígenas de una gran cantidad de pueblos y comunidades para reflexionar sobre su situación y plantear estrategias de intervención social. 

Notas de la ponencia:

[1] Normas APA sexta edición.

[2] Eventos realizados en el período 2000-2007 en diferentes localidades y comunidades del departamento San Martín. Reunían a mujeres indígenas de una gran cantidad de pueblos y comunidades para reflexionar sobre su situación y plantear estrategias de intervención social. 


Bibliografía de la ponencia

ARETEDE (2003). Lunas, tigres y eclipses. De olvidos y memorias: la voz de las mujeres indígenas. Salta, Argentina: Organización de los Pueblos Indígenas en Argentina.

Martin-Barbero, J. (septiembre de 2000). Medios: olvidos y desmemorias. Debilitan el pasado y diluyen la necesidad de futuro. Conferencia llevada a cabo en el congreso de la Asociación Medios para la Paz, Bogotá, Colombia.

Bengoa, J. (2000). La emergencia indígena en América Latina. Santiago de Chile, Chile: FCE.

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