Alteración y fluidez de corporalidades en las interacciones humanos-dueños en comunidades mayas de la frontera México-Guatemala

SP.65: Corporalidades, ontologías relacionales y metodologías colaborativas

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Fernando Guerrero Martínez CIMSUR-UNAM (México)

Introducción

Esta ponencia aborda las alteraciones y fluidez corporales que se suscitan en las interacciones que se llevan a cabo entre las personas y los personajes conocidos genéricamente como Dueños, en comunidades mayas tojolabales ubicadas en la región fronteriza entre México y Guatemala. En ese sentido, el objetivo es analizar estas dinámicas de las corporalidades de dueños y humanos, a fin de mostrar la importancia de ciertos aspectos ontológicos relacionales en la cosmología tojolabal. El trabajo está basado en el propio trabajo de campo efectuado en comunidades del municipio de Las Margaritas, Chiapas, complementado con el análisis de narrativas de tradición oral tojolabal registradas y publicadas por otros autores.

La distribución geográfica actual del pueblo tojolabal tiene lugar en el sureste del estado de Chiapas, en México. La mayor parte de los habitantes tojolabales se localizan en los municipios de Las Margaritas y Altamirano, pero también hay presencia tojolabal en los municipios de Comitán, Maravilla Tenejapa, Ocosingo, La Trinitaria y La Independencia (Cuadriello y Megchún, 2006). A su vez, se maneja la existencia de tres microrregiones al interior del territorio tojolabal, que son la región de los valles, ubicada al centro del municipio de Las Margaritas y hacia su extremo sureste; las cañadas o de tierras frías de Altamirano, limitada al norte por el río Tzaconejá; y la microrregión de la selva, limitada al sur por el río Euseba (Sánchez et al., 2011: 22). Filogenéticamente, el tojolabal es un idioma que pertenece a la familia lingüística maya, pero es de naturaleza mixta o mezclada, originada a través del contacto entre hablantes de chuj y tseltal (Law, 2017).

Con respecto a los nexos entre los Dueños y la fauna, es importante señalar, de entrada, que para los Dueños de los cerros, los animales silvestres son sus animales domésticos (el venado es su caballo, el pecarí su cerdo) o parte de su cultura material (el armadillo es su banco, las serpientes son sus cercas), pero también dichos personajes pueden mostrarse ante la gente como un animal silvestre con ciertas características; para los Dueños de lagos o lagunas, que son personajes femeninos, los peces son sus aves de ornato; y para los especialistas rituales, los animales pueden ser su alter ego, mensajeros de los dioses, o medios por los cuales afectar a otras personas.

En términos teóricos, se propone partir de pensar que en la cosmología tojolabal se dan asociaciones entre seres fundamentadas en una fluidez con la que los diferentes entes parecen conectarse, comunicarse y relacionarse, y que se debe a la existencia, tanto de una animacidad común (Muñoz, 2020), como de entidades anímicas compartidas, pero que dichos seres también viven historicidades distintas y se configuran de acuerdo con los lugares, con el entorno (Mannheim, 2020). En ese sentido, los dueños se presentan como pastores de los animales salvajes, a la vez que fungen como seres mediadores entre humanos y animales, mediación que es posible por la transformación y la fluidez (Bugallo, 2020). Los dueños participan y generan una circulación de fuerzas; un fluir que es un mecanismo esencial para convertir en persona “cosas materiales” y así poder delimitar las diferentes entidades que se relacionan entre sí (Arnold, 2020).

 

Los Dueños

Los Dueños son entidades trascendentales en la vida de los pueblos indoamericanos, tanto como mediadores y forjadores de las relaciones entre los humanos y el ambiente, como figuras clave que inciden activamente en la construcción de las cosmovisiones indígenas (Dapuez y Tola, 2017). La diversidad de nombres con que se les conoce en las poblaciones indígenas es sobresaliente, pluralidad que se expresa igualmente en las distintas formas con que varios autores han abordado su estudio en diferentes geografías. Sin embargo, posiblemente uno de los términos en español que es más recurrente en el ámbito mesoamericano para nombrar a estos personajes es el de “Dueños”, designación que se emplea aquí para hablar de diversos seres, tanto masculinos como femeninos, a los que se les atribuye, entre muchos otros aspectos, el hecho de poseer y proteger determinados lugares y organismos. La complejidad de sus apariencias, capacidades y funciones es de tal magnitud que resulta apropiado pensar al Dueño como “una entidad multisignificativa” (Barabas, 2017: 44), debido a que “oscila entre la unidad personal y una multiplicidad de personas que no sólo son numerosas, sino en ocasiones contradictorias. El Dueño es uno y multifacético, es dual, es un complejo de dioses o es el juego de seres divinos en lucha perpetua […] El Dueño es, además, la personificación del gran motor cósmico” (López y López, 2009: 136).

 

Dueños tojolabales

La cosmología tojolabal incluye varios tipos de entidades y personajes, ligados éstos a diferentes ámbitos del mundo. Se han intentado clasificaciones de acuerdo con los estratos del cosmos tojolabal, que a grandes rasgos incluye el “rostro del mundo” o Sat k’inal; el plano terrestre, morada del humano y otros seres, llamado lu’um k’inal; y el mundo oscuro o negro, albergue de varios personajes a los que se teme, denominado k’ik’inal. Los Dueños tojolabales se concentran primordialmente en los últimos dos ámbitos del mundo, el lu’um k’inal y el k’ik’inal, aunque algunas características de los Dueños se puedan advertir en figuras como el Sol, la Luna y algunos santos católicos de los que se dice habitan en el sat k’inal.

Entre los tojolabales es posible advertir la fusión de distintos seres que en otros pueblos mayas tienen sus propios rasgos y funciones bien diferenciadas. El personaje tojolabal conocido como el Sombrerón aglutina varias de las características que se relacionan tanto con el Dueño del Cerro o del Monte, como con el Dueño de los Animales. Este ser recibe varios nombres, entre los que se pueden mencionar Niwan jnal, que literalmente significa “gran ladino o mestizo”, o Niwan Pukuj, que significa “gran diablo/demonio”. Él es, a la vez, el Dueño del Cerro, el Dueño de los Animales, el Señor del Mundo Negro (algunos dirían del “inframundo”) y el Patrón de los brujos. Su apariencia, según la mayoría de los relatos, no es de un indígena, sino todo lo contrario. Se trata de un señor con la pinta de un hacendado, un ranchero blanco, mestizo, que porta por lo general un enorme sombrero, de donde recibe su nombre en español. Es comúnmente asociado con otro personaje, casi siempre descrito como femenino, pero no faltan opiniones de que es masculino, que se llama Pajkintaj. Normalmente se le describe como una mujer mestiza que se le aparece a los borrachos u otras personas transgresoras al punto de vista tojolabal. A ambos personajes se procura evadir en todo momento por el riesgo que representan, lo que origina que la gente trate de callar sus nombres, o por lo menos no expresarlos con frecuencia, principalmente si se encuentran en el monte o cuando cae la noche. Esto también nos habla de la existencia de momentos más o menos propicios para encontrarse con dichos entes. Cuando alguna persona lleva a cabo acciones inadecuadas, estos seres son los que toman la iniciativa de dirigirse oralmente a la persona en cuestión. Esto se ve en los abundantes y famosos relatos que cuentan los encuentros con el Sombrerón, en su aspecto de dueño del monte. Este se les aparece a los cazadores que han abusado de su oficio y han matado demasiados animales, por lo que el dueño del monte les reconviene no seguir matando a sus animales. El encuentro con estos seres conlleva varias situaciones para las personas, de las que se hablará más adelante. Antes, es preciso señalar aspectos de la corporalidad según las nociones tojolabales.

 

Corporalidades tojolabales

La noción tojolabal de lo que es el ser humano entreteje un conjunto complejo de concepciones que articula el temas de la corporalidad y lo que se ha llamado entidades anímicas (Guerrero, 2022). Hablar de corporalidades implica tocar las del ser humano como de otros seres, pues es en su comparación con el otro que es pertinente analizar a la persona, tanto su cuerpo, la proyección de éste en su entorno y sus correspondencias en el universo, al enlazarse con otras manifestaciones corporales y anímicas existentes. Estas últimas, aunque en muchas ocasiones se piensan in o extra corpóreas, “mero aire”, tienen sedes, aunque temporales, precisamente en los cuerpos, en zonas particulares, a la vez que califican la “forma de ser” de las personas, por lo que resulta no sólo viable sino oportuno tratar cuerpos y entidades anímicas en su conjunto. No podemos perder de vista que es en sus relaciones sociales, demarcadas culturalmente, que las personas se inscriben en su medio cotidiano, en cumplimiento de las expectativas y los valores manejados al interior del grupo y con respecto de los otros, formando así las experiencias que denotan a una persona como “completa”. Sin embargo, desde la perspectiva tojolabal, lo que hace kristyano (persona) a un kristyano, es lo mismo independientemente de la relación social en la que esté comprendido, por lo que un mestizo (kaxlan), un mestizo rico (jnal), un indígena (jmoj), un tojolabal (tojol-ab’alero) y un extranjero (gringo) conforman clases de kristyano, todos concebidos como seres humanos. En este sentido, el término kristyano, evidentemente préstamo del español, fue adoptado por los tojolabales para designar a las personas, a la gente, tras una fuerte imposición de la iglesia católica. Según Gómez et al. (1999: 475), esta palabra “significa ‘gente’ o ‘persona’ para los ancianos y poblaciones que aún siguen considerándose católicas, o bien continúan empleando el término sin connotación religiosa en sentido estricto”. Por su parte, tojol-ab’alero es como ellos comúnmente se llaman a sí mismos, identificándose fuertemente con las costumbres y el idioma tojol-ab’al. En ocasiones es empleado el término winik para persona, pero éste es más bien usado para designar a los hombres, al género masculino; la voz ixuk es la que se utiliza para la mujer. De manera general, se considera que una persona no está “completa” hasta que contrae matrimonio.

Con respecto a las entidades anímicas, referenciadas también como “subjetividades incorpóreas indígenas” (Martínez, 2007: 154), se ha definido a aquella entidad como “una unidad estructurada con capacidad de independencia, en ciertas condiciones, del sitio orgánico en que se ubica” (López, 1989: 127). El carácter complejo y versátil de las entidades anímicas según las concepciones indígenas ha generado no pocas veces serias confusiones en la manera de interpretar y explicar sus propiedades y funciones. No obstante, es común que entre algunos pueblos mayas se considere al ‘corazón’ de una persona como el ‘centro del ser humano’, el principal contenedor de una de las entidades anímicas más importantes, el cual se ubica generalmente en el plexo solar o boca del estómago, sin entenderlo como el órgano que palpita (Médicos Descalzos, 2007: 23). Cabe agregar que este ‘centro’ no es único para el humano, sino que otros seres, objetos o entidades en general también lo tienen. Así, la persona está configurada y se forma a partir de una multiplicidad de elementos de distinta índole que no se encuentran presentes únicamente en el individuo, sino que se conforman en una colectividad que también excede los límites humanos, más bien compartiéndose de forma dinámica en el cosmos.

La entidad anímica altsil entre los tojolabales tiene que ver en los procesos de crecimiento y desarrollo de la vida. Las características de esta ‘sustancia sutil, ligera’ (López Austin, 2016), son diferentes dependiendo del tipo de ser que la albergue, aunque para todas las criaturas es indispensable. Uno de estos rasgos es su destino después de la muerte de su contenedor. Cuando un humano fallece, su altsil se desprende del cuerpo y se mantiene en el exterior, volviendo cada año a visitar a los que dejó en vida; pero cuando una planta muere, su altsil desaparece. El altsil humano perdura, el vegetal perece. A pesar de que se entiende que el altsil es sustancia ligera e imperceptible, en ciertas circunstancias su calidad es totalmente diferente. El altsil del rayo no es invisible o sólo aire, ni se mantiene dentro de su particular contenedor. Es una pequeña ave que se encuentra en la montaña. El altsil de un ser puede existir de forma múltiple, como en el caso del maíz, en el que su altsil corresponde al embrión de cada grano, pero también son los peces que viven en los cuerpos de agua. Es pertinente pensar el altsil como una entidad que depende de las relaciones entre sus contenedores y el entorno. El k’ujol es un componente del humano –aunque no sólo de él– que define la personalidad de los individuos. Su principal rasgo entre humanos, animales y plantas es ser el principio de maduración.

 

Encuentros con los Dueños: entre la alteración y la fluidez del cuerpo

Siempre peligrosos y llamativos, los encuentros de las personas con los Dueños, ya sea el Niwan Jnal o Sombrerón, o la Pajkintaj, provocan alteraciones en la corporalidad de las personas, que incluyen cambios físicos y perceptuales que se aduce son provocados por esos personajes con el fin de capturar a las personas. Entre las alteraciones corporales es común que la gente describa una suerte de “agrandamiento”, “inflamación” o “hinchazón” de sus cabezas, mientras que las alteraciones perceptuales radican en la desorientación, caminar por los mismos espacios una y otra vez, en ver borroso, observar cosas que realmente no están ahí, o mirar paisajes que se alejan de los que comúnmente existen en la región. Además, en el caso de la Pajkintaj, se dice que tiene el poder de llamar a la persona que está acechando imitando la voz de algún familiar, su cónyuge, hermano, etc., exactamente con el tono de voz de dicha persona, por lo que quien está siendo afectado no duda en ir a buscar a su familiar, hasta que se pierde. Pero no sólo es la voz, sino que se dice que la Pajkintaj puede aparecerse con la forma de la esposa o el marido, es decir, la corporalidad de este ser es fluida entre “mero aire” y una persona, pero una persona familiar. En otras ocasiones, se dice que puede ser una serpiente u otro animal. Si en el caso del humano su corporalidad, a pesar de que cambia a lo largo de la vida de una persona, se hace una gran diferencia con la corporalidad de los Dueños, ya que la de ellos fluye entre humanos y animales. No siempre es igual. Dos estampas etnográficas ilustrarán de mejor manera el asunto.

Un día, muy temprano, mi amigo Jesús Gómez, junto con dos de sus primos, nos llevaban a un compañero y a mí a conocer la montaña que se encuentra en territorio de su lugar de origen, el ejido Saltillo, en Las Margaritas, Chiapas. Nos habían invitado a pasear al monte y a conocer una cueva en la que ‘se da de todo’, ‘que dicen que adentro se dan muchas plantas, bien grandotas’ –nos decía Jesús–. Después de caminar durante alrededor de cuatro horas por el bosque templado, llegamos al pie de una enorme oquedad, una especie de barranca de forma semicircular que se abría hacia abajo en medio del cerro. Al descender por uno de los costados, la espesa vegetación de bosque de coníferas daba paso de manera sorprendente a comunidades de plantas más bien de clima cálido, y la humedad aumentaba considerablemente cada metro que bajábamos. Ya en la parte inferior, en una especie de plano, pudimos observar el abrigo rocoso que poseía múltiples tonalidades cafés, otro tanto de coloraciones rojizas y manchas negras, todo producto de la composición mineral de aquellas rocas. Yo noté cómo algunas de esas manchas negras, en un punto, asemejaban el perfil de una persona con sombrero. En ese momento desconocía muchos de los aspectos, relatos y en general la importancia de la figura del Sombrerón para la gente tojolabal. Sin pensarlo, les comuniqué a mis amigos lo que yo veía, y me sorprendió su reacción. Mi amigo y sus primos se asombraron de la figura que en verdad se veía, y comenzaron a decir que era el Sombrerón. Entre risas nerviosas y la toma de fotografías, estuvimos un rato más en el lugar y nos fuimos. Al llegar a la casa de mi amigo, él se dispuso a contarle a su mamá lo que habíamos visto, y comenzó una plática en la que la mamá de mi amigo se mostró muy interesada, pues siempre es de especial interés saber si existe o no el Sombrerón y cómo es él. La señora nos dijo que ese lugar le pertenece al Sombrerón y que, aunque mucha gente ya no creía eso, la figura que vimos en el abrigo rocoso era la prueba de que era cierto.

Otro ejemplo, años más tarde, vino de otro amigo, que me enseño un video en donde, en plena cabecera municipal, se escuchaba el trote de un caballo en una de las calles de la ciudad de Margaritas. Me contó que ese video lo había grabado una prima suya, y que todos escucharon las espuelas del caballo al pisar el cemento de la calle. Todos dijeron que se trataba del Sombrerón, que siempre anda a caballo. Lo interesante es que una de las hijas de la prima de mi amigo, quería salir a mirar, pero se encontraba como “ida”, como “ausente”, y sus familiares obviamente no la dejaron salir de la casa, pero se dieron cuenta que ella estaba como “hechizada” por aquel sonido. La interpretación que le dieron fue que el Sombrerón quería llevársela con él.

Estas experiencias concuerdan con las narraciones que existen en torno a estos personajes, y que varios autores también han registrado (Ruz, 1983; La Chica, 2015). En dichas narraciones, se observa que, en realidad, lo que busca el Sombrerón es llevarse a gente a sus dominios. Su hogar, que es dentro de las cuevas, es como una gran hacienda, una hacienda ganadera. Pero tiene un déficit de trabajadores, por lo que constantemente tiene que salir a buscar personas que se queden con él a trabajar, ya sea en su forma humana o transformados en animales. Hay una historia muy conocida sobre una mujer que engañaba a su marido, y al morir, se fue a trabajar con el Sombrerón. Su marido va en busca de ella y efectivamente hace que el Sombrerón se lo lleve, y la encuentra convertida en mula, animal de carga que trabaja para el Sombrerón. De esas narraciones provienen las descripciones del hogar del Sombrerón, en donde prácticamente todo cambia de naturaleza. Las personas que han sido llevadas al hogar de los dueños y han logrado escapar, describen la naturaleza múltiple de cuerpos y objetos que existen ahí: la comida, los frijoles, son garrapatas; el pozol (bebida) es pus; la leña son huesos; las cercas de los corrales son serpientes; el asiento del Sombrerón es un armadillo; su caballo es un venado, etcétera. Es justamente para evitar que el dueño se apodere de la persona (ponerse la ropa al revés, orinarse, etc.), o para escapar de su dominio si ésta ya fue apresada, que el humano debe modificar algún aspecto de su corporalidad. Pero en ocasiones las personas no pueden escapar, y después se convierten en ayudantes del Sombrerón, incluso pudiendo salir de ese mundo a proteger a los animales domésticos del patrón Sombrerón, que son los animales silvestres, del monte, para los humanos.

 

Reflexión final

Los Dueños son personas de antes que quedaron con ciertos oficios en el mundo de ahora. Son uno y muchos a la vez, pero quieren apoderarse de personas que mantengan el trabajo en sus hogares, dentro de los cerros. Se pueden crear nuevos Sombrerones, ayudantes del mayor, a partir de la captura de personas humanas. Las personas mantienen los cuidados necesarios para no entrar en los dominios del Sombrerón, pues es sumamente peligroso. Los espacios del Sombrerón inducen cambios en la corporalidad de las personas, que se caracterizan por alterar su cuerpo y percepción. Para ello, las personas han encontrado las maneras de no caer en las trampas que les ponen, también modificando su corporalidad o engañando al Sombrerón verbalmente.

El Sombrerón tojolabal, a la vez que sintetiza varios aspectos de Dueños diferentes de la tradición mesoamericana, mantiene los aspectos más relevantes de la figura general del Dueño, adquiriendo también nuevos rasgos. El estudio de las relaciones humanos-Dueños debe de pasar de un acercamiento como figuras literarias, a verdaderos trabajos que los consideren existentes con historia, funciones y, sobre todo, deseos. Ellos buscan también sobrevivir, aunque mitológicamente se diga que son eternos.

La unión que tienen los animales con las deidades o los Dueños, que puede expresarse en términos de materialidad, de propiedad o de familiaridad, repercute en la sacralidad de dichos animales. Se trata, además de la conjunción de múltiples perspectivas, de la existencia de múltiples naturalezas.

Los animales, entonces, en lugar de ser seres naturales, son seres artificiales para los Dueños, ya sea como tales objetos materiales, o seres producto de una domesticación. De acuerdo con Zamora, estamos ante “un mundo perspectivista, ya que todos los seres tienen una perspectiva distintiva sobre lo que son, pero estas perspectivas están ordenadas en algún tipo de nivel, ya que los dioses siempre están en una jerarquía más alta que los hombres y los animales […] Parece entonces ser un caso de perspectivismo de múltiples niveles en lugar de uno horizontal” (Zamora, 2020: 14).

Estas son ideas que pueden abrir caminos interesantes para investigar etnográficamente en un futuro.

Bibliografía de la ponencia

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