Abordaje etnográfico del cuidado infantil en un barrio de la periferia de La Plata

S.P. 75: Experiências de maternagem, práticas de cuidado e políticas de reprodução social na América Latina

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Analía Jacob LINEA- FCNyM, UNLP-CICPBA
Carolina Remorini

Introducción

Los resultados y discusiones que desarrollamos en esta ponencia se enmarcan en la investigación de tesis doctoral de una de las autoras, la cual se propone identificar, describir y comparar las redes de apoyo para el cuidado infantil de cuidadoras que residen en el barrio El Retiro de la ciudad de La Plata (Buenos Aires, Argentina). En particular, busca comprender cómo se resuelve en lo cotidiano el cuidado de niños y niñas pequeños (de 0 a 3 años de edad), atendiendo a similitudes y diferencias de cuidadoras y niños/as que tienen diferentes conformaciones familiares, vínculos con instituciones estatales y comunitarias, ocupaciones laborales, entre otras variables. Asimismo, parte de nuestra participación en un proyecto de investigación plurianual con investigadores de diferentes universidades en torno a los cuidados, las relaciones intergeneracionales y los sentidos de futuro. Con relación a los objetivos de este proyecto, nos proponemos caracterizar y analizar las estrategias de cuidado infantil y las redes de apoyo emergentes identificando expectativas y criterios a partir de los cuales los/as cuidadores/as distribuyen las tareas de cuidado entre los miembros de su red -articulando ámbitos domésticos, espacios comunitarios e instituciones públicas y privadas-, configurando así modos concretos del “cuidar” (De Ieso, 2015).

Esta propuesta se nutre también de antecedentes de investigación vinculados a la trayectoria del equipo del Laboratorio de Investigaciones en Etnografía Aplicada (LINEA) de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de Plata, del cual ambas autoras forman parte, los cuales han estado centrados en las estrategias de subsistencia de grupos domésticos localizados en entornos geográficos diversos, tanto urbanos como rurales. Por otra parte, la ponencia dialoga con trabajos de distintas disciplinas y enfoques en relación al cuidado y crianza infantil, el rol de las mujeres en relación al trabajo doméstico y de cuidados, la visibilización y valoración de ese rol, la brecha de desigualdades entre hombres y mujeres respecto del tiempo dedicado a las tareas de cuidado, y el impacto de estas desigualdades en las trayectorias individuales y a nivel de las estrategias de subsistencia, discusiones que desarrollaremos mejor en el siguiente apartado.


Antecedentes y aportes de los estudios del cuidado

En las últimas décadas en América Latina observamos un creciente interés respecto del concepto de cuidado como categoría de análisis, desde distintas perspectivas teóricas y disciplinares, así como de su relevancia en la agenda pública (Aguilar, 2019; Batthyány, 2020a; Guimarães & Hirata, 2020). Este debate toma como antecedentes los estudios de género que se centran en la visibilización del trabajo doméstico y las actividades de cuidado como “trabajo no remunerado”, necesario para el sostenimiento y reproducción de la familia y, a una escala más amplia, de la sociedad. La reproducción fue entendida, desde esta perspectiva, como un complejo proceso que permite la perpetuación de los sistemas sociales, tanto desde su aspecto “biológico” (procreación, lactancia, crianza) como la “reproducción de la fuerza de trabajo” (cocinar, limpiar, lavar, brindar soporte para escolarización), y la “reproducción social” (mantenimiento ideológico de las relaciones de clase). Silvia Federici (2018), retoma las discusiones del feminismo de los ’70 para elaborar una crítica al marxismo, desde la cual propone que el trabajo de reproducción se constituye como el pilar fundamental de todas las formas de organización del trabajo de la sociedad capitalista. Asimismo, el concepto de “cuidado” ha dado lugar a sentidos más laxos, en los cuales se lo ha utilizado como herramienta para dar cuenta de las relaciones entre las personas y el mundo, las relaciones interpersonales, y para pensar cómo actúan las relaciones de poder (entre países, clases sociales, etc.) que atraviesan las relaciones de cuidado (Tronto, 2013).

Por otra parte, investigaciones recientes centradas en el cuidado infantil y su relación con las trayectorias de vida de sus cuidadores, ponen de relieve que en diversos países (entre los que se encuentra la Argentina) el cuidado lo realizan principalmente las familias (Borgeaud-Garciandía, 2020) y, dentro de ellas, son las mujeres quienes se ocupan principalmente de esta actividad (Borgeaud-Garciandía, 2020; De Ieso, 2015; Faur, 2014; Rodríguez Enriquez & Marzonetto, 2015). De este modo, se registra una importante brecha de desigualdad entre hombres y mujeres respecto al tiempo dedicado al trabajo no remunerado y en particular a las tareas de cuidado, lo cual reduce, entre otras posibilidades, el acceso igualitario al mercado del trabajo (Batthyány, 2011; Esquivel, 2012; Faur, 2014; Gherardi et al., 2012; Jelin, 2011; Rodríguez Enriquez & Marzonetto, 2015). 

La creciente preocupación académica respecto del tema, y la fuerza de los movimientos feministas que lograron poner en la agenda de organismos locales e internacionales como la ONU y CEPAL, dio mayor visibilidad a esta discusión ampliando el debate acerca de la “crisis de cuidados”, la importancia de pensar al cuidado como derecho (Pautassi, 2007) y el rol central del Estado como garante del mismo. En Argentina, este debate se instaló con más fuerza en la agenda pública nacional a fines de 2019, cuando la nueva gestión de gobierno instituyó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, el cual se propuso como una de sus prioridades “trabajar por una redistribución más justa de las tareas de cuidado” (Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Argentina, 2020), reconociendo las desigualdades de género existentes, la falta de regulación por parte del Estado, y la necesidad de diseñar políticas integrales que tomen en cuenta a todos los sectores vinculados a la organización social del cuidado (Estado, mercados, comunidad y familias). Desde este y otros espacios -nacionales y provinciales-, se elaboraron y pusieron en funcionamiento acciones y políticas públicas que buscaron dar visibilidad a la temática, ampliar la cobertura de infraestructura para el cuidado infantil por parte del Estado (guarderías, centros de estimulación temprana, entre otros) así como colaborar en la gestión de recursos institucionales que acompañaban principalmente a las mujeres, cuidadoras de niños y niñas a través de subsidios, licencias especiales, etc. Es importante mencionar que estas políticas no tuvieron una cobertura homogénea, ya que no alcanzaron de igual modo a las distintas zonas del país, y que estaban dirigidas principalmente para mujeres que tenían empleos registrados. También, que este organismo ha sido disuelto a nivel nacional luego del cambio de gestión de gobierno a fines de 2023.

Por otra parte, debemos mencionar que la crisis sanitaria, económica y social producida por la sindemia por COVID-19, ha evidenciado la importancia de los cuidados para la sostenibilidad de la vida y ha profundizado las desigualdades existentes, puesto que el cierre de instituciones educativas y de cuidado trasladó las actividades al contexto doméstico, produciendo una sobrecarga en las familias y en las mujeres en particular (Batthyány, 2020b; Ortale & Santos, 2021; Ramacciotti, 2020; UNICEF ARGENTINA, 2021). 


Metodología

Los datos discursivos y observacionales analizados en esta ponencia se obtuvieron en el marco de la investigación de tesis doctoral de una de las autoras, la cual mencionamos en la introducción. El trabajo de campo se desarrolló en el barrio El Retiro entre los años 2019 y 2022. Se entrevistó a 12 mujeres que residen en dicho barrio, de edades entre 19 a 44 años (30 años en promedio). Todas ellas eran madres de niños y/o niñas de diferentes edades (y al menos uno/a de 0 a 3 años de edad en el momento en que se realizó la primera entrevista con cada una de ellas), con distintas ocupaciones (en su mayoría realizaban alguna actividad remunerada, fuera de sus unidades domésticas). En cuanto al nivel de escolaridad alcanzado, la mayoría cuenta con primario completo o estudios secundarios incompletos o en curso (a través del plan FinEs, que se cursa en el barrio). Por otra parte, si bien todas residen en el barrio, sus trayectorias personales dan cuenta de distintos momentos de población de la zona y de la historia del barrio. Tres de las entrevistadas pertenecen a familias que residen en el barrio desde hace más de una generación: pertenecen a algunas de las familias “tradicionales” del barrio, que no sólo llevan varias décadas viviendo allí sino que conforman redes de parentesco extensas, las que se articulan con las de sus parejas, que en muchos casos son también vecinos del barrio. Respecto de la vivienda, en el barrio se observa una cierta heterogeneidad en las construcciones (de material o de madera, o una combinación de ambas), que varía de acuerdo al sector de residencia, pero sobre todo a los recursos disponibles de cada familia. 

Por último, el análisis de la información relevada consistió en la delimitación de actividades relativas al cuidado de niños y niñas, así como la identificación de actores relevantes y recursos disponibles o potenciales que los mismos brindan como parte de la red de apoyo de las cuidadoras. 


Área de estudio

El relevamiento del que da cuenta esta ponencia se realizó en el Barrio El Retiro, perteneciente al Centro Comunal Lisandro Olmos (Partido de La Plata), el cual se ubica a unos 4 km al sudoeste del casco urbano de la ciudad cabecera del partido. De acuerdo a la delimitación administrativa municipal, abarca un área que abarca desde calle 38 a 52, y de 155 a 167. 

De acuerdo al uso del suelo y el acceso a servicios básicos urbanos, se ubica en lo que (Andrade et al., 2016) denominan “ámbito suburbano” o, de acuerdo a Frediani (2010), espacio “periurbano”. Este espacio ha sido escenario principal de la expansión urbana de la ciudad de La Plata, que se ha desbordado de su casco original hacia la periferia. Se trata de un ámbito dinámico y heterogéneo, que responde a distintos tipos de uso y ocupación del suelo, densidad demográfica y condiciones socio económicas de sus habitantes.  

Por otra parte, es importante señalar que esta zona es parte de la cuenca hidrográfica del Gato y está atravesada en varios puntos por el arroyo Pérez, uno de los afluentes más importantes de la cuenca, cuyas márgenes están densamente habitadas. Se registra una gran deficiencia en el servicio de recolección de residuos y en el sistema cloacal, y el vertido de desechos domésticos en el arroyo por parte de las familias allí asentadas. Esta situación de precariedad se agrava con las lluvias, ya que gran parte de las viviendas queda anegada o sufren el ingreso de agua y de los desechos vertidos y arrastrados por la corriente (Ciriaco & Araneda, 2019; Teves et al., 2015). Asimismo, se registran irregularidades en el acceso al agua potable, ya que suelen realizarse conexiones precarias a través de mangueras, con contaminación del agua que llega a las viviendas, sobre todo en los nuevos asentamientos.

Respecto de la historia de la ocupación del territorio del barrio, los relatos de los vecinos dan cuenta de un espacio rural en el que se fueron instalando familias sobre las calles 160 y 161, y en las primeras manzanas cerca de la avenida 44. Los relatos refieren a que antes “era todo campo” y había pocas viviendas por manzana, y que el barrio se fue poblando a medida que las familias crecían y que llegaban nuevos vecinos a instalarse en el lugar. Estas familias “tradicionales” del barrio están presentes aún hoy, y abarcan entre tres y cuatro generaciones que han nacido y vivido toda su vida en el barrio (Ciriaco y Araneda, 2019). En la última década (en particular, durante 2011-2014 y 2019-20) se registraron otros eventos de ocupación de terrenos, que fueron expandiendo el barrio sobre el eje de la calle 52 de 160 hacia 155 y también hacia 167, con la construcción de viviendas en terrenos municipales. Esa área es denominada como “villa” por algunos vecinos, y simplemente como “barrio” por quienes habitan en ese sector. También se ha expandido el área ocupada por fuera de los límites del barrio, desde 52 hacia 60 (que corresponde a la delegación de Los Hornos).

En cuanto a su caracterización sociodemográfica, según datos del Censo Nacional de Población de 2010 el Centro Comunal de Lisandro Olmos cuenta con una población total de 18.567 habitantes, de los cuales un 49,73% son varones y un 50,26% mujeres. De acuerdo con la distribución por edad, el 28,8% son menores de 14 años, el 64,6% tiene entre 15 y 65 años, y el 6,6% es mayor de 65 años. Respecto de las necesidades básicas insatisfechas (NBI), presenta un 19,1% de hogares con NBI, más del doble que el total del partido de La Plata (8,4%) (Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial, 2017).

En cuanto a la disponibilidad de establecimientos educativos, el Partido de la Plata contaba en 2010 con 741 establecimientos educativos correspondientes a cinco niveles de enseñanza (Inicial, Primaria básica, Secundaria básica, Polimodal y TTP y Educación superior) y un total de 193.510 alumnos. Para el centro comunal de Lisandro Olmos la población mayor a 3 años es de 17.443 personas, de las cuales el 34,5% asiste a establecimientos educativos, el 61,2% asistió con anterioridad, y el 4,3% nunca asistió. El Barrio El Retiro cuenta con establecimientos educativos de distintos niveles: EPB Nro 48, EGB Nro 63, ESB Nro 77, y el Jardín de Infantes N° 958 “Otilia Aldazábal de Torino”. A este último concurren 266 niños y niñas (144 varones y 122 mujeres) de entre 3 y 5 años, en turnos mañana y tarde, de jornada simple. A ellos se suman dos Escuelas Primarias de Adultos, que funcionan en instituciones comunitarias, así como Educación Secundaria de Adultos a través del plan FinES, y una reciente Tecnicatura en Comunicación Popular, que depende de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y que funciona en el Club Corazones del Retiro desde 2019 (el cual fue, hasta 2022, el CCEU N°3, Centro Comunitario de Extensión Universitaria de la UNLP y sigue teniendo un fuerte anclaje para proyectos de extensión de la Universidad).

Respecto de la dimensión institucional, encontramos tanto instituciones estatales como comunitarias, que tal como refieren Burry et al. (2014), dan cuenta del grado de organización de la comunidad local. 

Entre las instituciones estatales, se destaca en primer lugar el Centro de Integración Comunitaria (CIC), que nuclea y articula dependencias y programas de nivel municipal y provincial. En el mismo edificio se encuentra también el Centro de Atención Primaria de la Salud Nº45, de dependencia municipal. Este establecimiento está orientado principalmente a la atención de mujeres en edad reproductiva y de niños y niñas (las otras áreas de salud suelen estar sin cubrir por largos períodos, por lo que la atención suele ser más discontinua) y articula con otros niveles de atención para la derivación de partos. Es un dispositivo importante para los controles médicos de niños y niñas, mujeres embarazadas y puérperas del barrio que no cuentan con obra social, así como para el cumplimiento del calendario de vacunación de niños y niñas.  

En cuanto a las instituciones comunitarias, podemos mencionar el Club Corazones del Retiro, el comedor El Charquito y el Colectivo La Casa, así como otros merenderos que están activos desde hace menos tiempo o que funcionan con menor regularidad. 


El cuidado infantil en el Barrio El Retiro

En el Barrio El Retiro se observa que el cuidado infantil está sostenido principalmente por las familias (sobre todo en lo que respecta a los niños y niñas más pequeños). Es decir, que se resuelve principalmente apelando a vínculos familiares, y en el contexto doméstico. En base al relevamiento realizado, sólo una de las entrevistadas hacía uso de guarderías, y los niños y niñas ingresaban a las instituciones educativas recién a partir de los 3 años de edad. Esto se debe principalmente al costo de las guarderías, ya que las instituciones públicas del barrio no cuentan con este nivel.

Las entrevistadas refieren a que, en lo cotidiano, resuelven el cuidado principalmente “entre nosotros”. Esta frase puede hacer referencia a ellas y sus parejas, o a ellas y sus hijos (cuando hay hijos adolescentes que colaboran con el cuidado de sus hermanos menores). La distribución de las tareas de cuidado entre las mujeres y sus parejas (varones en todos los casos), variaba sobre todo en relación a su ocupación. En el caso de mujeres que cuentan con empleo formal, y sus parejas también, la distribución de las horas de cuidado y de las tareas se realizaba de forma más equitativa: las mujeres refieren a que intentan organizar sus horarios para que mientras uno/a trabaja el otro/a se ocupe del cuidado de sus hijos, y viceversa. Cuando no puede concretarse esta distribución de horarios porque ambos trabajan en la misma franja horaria, recurren a sus madres y/o padres, cuñadas, suegras, entre los más referidos.

Las mujeres que no cuentan con un empleo formal, o que trabajan media jornada o algunas horas por semana, suelen ser las cuidadoras principales de sus hijos/as. Sus maridos, en cambio, trabajan fuera casi todo el día, o hacen trabajos ocasionales. 

De este modo, al preguntar a las entrevistadas acerca de los vínculos principales que les brindan apoyo para el cuidado de sus hijos/as, mencionan en primer lugar a sus parejas -en el caso de quienes organizan el cuidado de forma más equitativa- pero en todos los casos las entrevistadas refieren principalmente a vínculos familiares. Estos son tanto consanguíneos (madres y/o padres, hermanas/os, tías/os), como de la familia de la pareja y/o padre de los hijos (suegras, cuñadas/os), los cuales proveen apoyo no sólo para el cuidado directo de niños y niñas, sino que también brindan contención emocional, acompañamiento, y apoyo económico, tanto en situaciones cotidianas como ante eventos excepcionales (como problemas de salud u otros). 

Por otra parte, es relevante también el apoyo de los/as hijos/as más grandes quienes colaboran con el cuidado de sus hermanos menores, y también con tareas domésticas. En menor medida, se observan vínculos asociados a instituciones estatales y comunitarias, cuya disponibilidad dependen de las trayectorias individuales, y proveen principalmente recursos instrumentales y económicos. Las organizaciones comunitarias, principalmente comedores y merenderos, el club y centro cultural, brindan asistencia alimentaria y de actividades deportivas y de apoyo escolar, pero orientadas para niños y niñas más grandes. La participación de niños y niñas pequeños en esos espacios suele ser como acompañantes de sus madres y/o hermanos. Las instituciones educativas o espacios de cuidado para la primera infancia (públicos y/o privados) no están presentes en el barrio, y el acceso a ese tipo de servicios queda sujeto a la disponibilidad económica de las familias, o de vínculos que permitan hacerse de un lugar en ellos. Así por ejemplo, en el caso de la entrevistada que enviaba a su hijo a una guardería, había conseguido el lugar a través de la directora de la escuela a la que ella asistía, que le facilitó el contacto así como la obtención del lugar en una guardería, para que no perdiera sus estudios. 

AJ: Entonces, cuando vos tenés que ir a la escuela, quién lo cuida?/ Elisa: y, a la Mañana está en el maternal, y a la tarde noche está mi mamá./AJ: y el maternal (…) es público? Elisa: sí, municipal / AJ: y sabes si la mayoría de la gente que va es de acá del barrio?/ Elisa: no, no hay nadie /madre: no, es de Los Hornos, no abarcaba acá. La directora de ella pudo… / Elisa: sí, habló con la directora [del maternal]… él estaba en lista de espera en número veintipico, y por ley… porque como yo estoy estudiando… [lo pudo anotar]  (Elisa, entrevista mayo de 2019)

A los costos económicos (y la falta de cupo en espacios públicos), se suma la cuestión de la movilidad. Una cuestión recurrente en el relato de las entrevistadas respecto de sus rutinas cotidianas tiene que ver con cómo resuelven el transporte de sus hijos a la escuela, ya que no todos asisten a las instituciones del barrio. La cercanía física de familiares en viviendas adyacentes o próximas es un recurso que se vuelve muy potente para resolver la movilidad (desarrollaremos esta cuestión un poco más abajo)

Por último, se mencionan también vínculos de amistad, que brindan principalmente contención emocional y acompañamiento, y que a veces aparecen superpuestos con roles familiares (“primos/as que son mis amigos”), o reforzándose a través de la idea de que “son mi familia elegida”, o del establecimiento de vínculos de compadrazgo.

Se observa asimismo, que la mayor parte de los vínculos mencionados por las entrevistadas como apoyo al cuidado de sus hijos e hijas pequeños son mujeres. De los vínculos mencionados, aproximadamente un 70% son mujeres y un 30% varones. Asimismo, teniendo en cuenta la dimensión etaria/generacional, la mayoría pertenece a la misma generación que las entrevistadas (hermanas/os, cuñadas/os, amigas/os). Luego, en menor proporción, se mencionan vínculos de una generación mayor (madres/padres, tías/os, suegras) y en menor medida, una generación menor (hijos/as). De acuerdo con lo observado y de lo que refieren las entrevistadas, la cooperación de hijos/as en tareas de cuidado de sus hermanos/as más pequeños depende de sus edades y de la convivencia. Así, los hijos más grandes que ya no viven en la unidad doméstica en la que residen sus padres y hermanos/as o quienes son hijos de una pareja anterior y viven sólo algunos días de la semana en la unidad doméstica de las entrevistadas, casi no participan del cuidado de sus hermanos, o sólo lo hacen si se encuentran temporalmente viviendo allí. 

Por otra parte, observamos que las estrategias de cuidado infantil que se dan las mujeres del barrio dependen fuertemente de su situación laboral, y del tipo de empleo que tienen (si deben realizarlo fuera de su vivienda, o incluso del barrio). Las mujeres entrevistadas tienen diferentes ocupaciones: algunas tienen empleos formales (por ejemplo, en salud y seguridad); otras son empleadas domésticas (trabajadoras de casas particulares) a tiempo completo o parcial; otras trabajan en cooperativas que funcionan en el barrio (dentro del marco del Programa Potenciar Trabajo); y otras se consideran “amas de casa” y no tienen una ocupación laboral fija. Estas ocupaciones las complementan a su vez con pequeños emprendimientos de venta de ropa, accesorios, alimentos, productos de pastelería, etc. que comercializan con vecinos/as principalmente desde sus casas, pero también ocasionalmente en la feria del barrio. Este tipo de emprendimientos es valorado y elegido frente a otras posibilidades de trabajo que impliquen ausentarse de sus hogares, ya que les permite conciliar las actividades de cuidado de sus hijos con un ingreso de dinero extra. Una de las entrevistadas, que tiene un empleo formal como policía y complementa ese trabajo con un emprendimiento de venta de ropa, me comentaba:

“y decí que nosotros tenemos una casa...porque yo tengo un compañero [de trabajo] que se le va la mitad del sueldo en el alquiler, y después vivir, y después tienen que hacer [horas extra], y así se pierden un montón de cosas. Así, yo por eso prefiero vender ropa, que sé que si me voy a vender ropa estoy con mis hijos, y no los dejo, no los descuido, viste…” (Laura, entrevista noviembre de 2019)

Este tipo de emprendimientos tienen a su vez un carácter familiar, ya que si bien son las mujeres quienes llevan adelante la iniciativa, distintos miembros de la familia colaboran para su sostenimiento, ya sea en la compra de insumos, en la producción de manufacturas, en la venta, o en el cuidado de los niños más pequeños mientras las mujeres realizan otras tareas. Esta última, muchas veces tiene que ver con la colaboración de hermanos más grandes, “entreteniendo”, “mirando” o “haciendo jugar” a sus hermanos/as más pequeños, que igualmente están en supervisión de sus madres u otros parientes adultos. 

Estamos en la feria del barrio, junto a Clara y su madre que tienen un puesto ahí. Llega el hijo de Clara, vestido con el equipo de fútbol, listo para jugar en el torneo que se desarrolla a unos metros, en el Club. Saluda a su mamá, le dice que ya está listo y se va a jugar el partido. Clara nos cuenta que hace un rato lo tuvo que mandar de nuevo a su casa, porque se estaba yendo a jugar y su hija más grande (que estaba en su casa con él y su hermana más pequeña) le había mandado un mensaje de whatsapp para avisarle que su hermano no quiso desayunar. (Registro de campo, junio de 2022)

Por otra parte, una cuestión que surge del relevamiento empírico y que refuerza la cooperación familiar en el cuidado de niños y niñas, relevante para la organización del cuidado de los niños y niñas en la cotidianeidad, es la disposición y conexión de las casas de parientes en un mismo terreno o en terrenos adyacentes. Casi todas las viviendas de las mujeres entrevistadas estaban emplazadas en un terreno que compartían con otros parientes (madres/padres, hermanos/as con sus familias) o en el terreno adyacente, y, aunque habitaban en casas separadas, tenían un patio en común, que servía como espacio de conexión entre las viviendas. Muchas veces, tal disposición de las viviendas favorecía que esos parientes contribuyan al cuidado directo de niños/as, por algunas horas o por un tiempo más corto, si tenían que salir a hacer alguna diligencia y preferían dejar a sus hijos en su casa, por una cuestión de horarios o practicidad. María, al relatar acerca de su rutina diaria, y de quiénes la ayudaban a cuidar a su hijo más pequeño, refería que:

“tratamos de manejarnos entre nosotros [ella y su marido], o con los varones [hijos más grandes], viste? Por ejemplo cuando me tiene que llevar a trabajar, o cuando me tiene que ir a buscar… más que todo cuando me tiene que ir a buscar a las 12 de la noche para no sacarlo al nene, se queda con los hermanos. Y si no, con mi mamá. (...) la ventaja de vivir con mis papás al lado que prácticamente es un solo terreno” (María, entrevista mayo de 2019)

Esta disposición, que favorece el vínculo cotidiano y solidaridad mutua entre parientes, fue también motivo de preocupación durante la sindemia por COVID-19, sobre todo para quienes continuaron trabajando fuera del hogar por estar incluidos/as entre los/as trabajadores esenciales”. El riesgo de contagiarse en el espacio de trabajo y transmitir la enfermedad al grupo familiar, hizo que las mujeres limitaran la frecuencia de las visitas con sus parientes más cercanos, y resultó disruptivo de la dinámica cotidiana previa. El apoyo brindado por sus padres/madres, tíos/as, que representaba una ayuda importante en el cuidado cotidiano de niños y niñas pequeños en momentos previos a la pandemia se vio restringido, aunque no dejó de estar presente: la ayuda se limitó a estar disponibles en “casos extremos” (por ejemplo, si los niños/as quedaban solos), pero más bien como un recurso potencial. En este sentido, dos entrevistadas, refieren que:

“…tuvimos que cambiar los horarios de trabajo para que yo vaya doce horas a trabajar y mi marido se queda en casa, al otro día lo mismo, se queda él en casa con los nenes y yo voy a trabajar. Y tratamos de que mi mamá, que era la que más me podía ayudar, esté lo menos expuesta porque es una persona de riesgo, al igual que mi papá, así que tratamos de manejarnos nosotros en ese sentido.” (Laura, entrevista agosto de 2020).


“[mis papás] vienen [a mi casa] y están un rato, pero tratamos de que no, y porque encima mi mamá se trajo a mi abuela, a vivir acá con ella porque el tema de todo esto, como había quedado solita, y entonces con más razón (…). A no ser que sea algo muy extremo, pero no, tampoco, tratamos de manejarnos nosotros en mi casa”. (María, entrevista agosto de 2020)


Discusión y conclusiones 

Los resultados que presentamos dan cuenta de que el cuidado infantil en el barrio El Retiro, sobre todo en lo que atañe a la primera infancia, se condice con la tendencia familiarista y maternalista del cuidado infantil registrado en Argentina (Faur & Pereyra, 2020) así como un sesgo de género, que da cuenta de una mayor presencia femenina en este tipo de tareas (no sólo las madres, sino también respecto de los miembros de su familia y otros vínculos, que les brindan apoyo). 

Pero también, se registra la importancia de considerar al cuidado como una tarea colectiva (así sea que la pensemos en el seno de las familias). Si bien desde las políticas públicas (en lo que refiere a salud, educación, y también de derechos laborales) sigue presente una fuerte impronta maternalista, en la cotidianeidad el cuidado de niños y niñas requiere de múltiples actores que deben llegar a acuerdos para comprometer su tiempo -laboral y no laboral- y diferentes recursos como vehículos, alimentos y otros bienes materiales, conocimientos del cuidado y tratamiento de enfermedades, entre otros, para garantizar el cuidado y crianza de niñas y niños, entre otras actividades de subsistencia. En este sentido, acordamos con investigaciones que dan cuenta de que la organización del cuidado infantil no se basa en relaciones unidireccionales e individuales (en el sentido de mujer-madre como cuidadora- niño/a como sujeto de cuidado), sino que está sostenido por múltiples actores y relaciones de reciprocidad y cooperación, siendo así una actividad colectiva (Colangelo, 2009; Jacob et al., 2021; Morgante & Remorini, 2018; Ramacciotti, 2020; Remorini & Morgante, 2016). Además de la relevancia de la tarea de cuidado de las mujeres y sus parejas, observamos la participación de familiares (mujeres y varones) de distintas generaciones, amigos/as, y así como el aporte de niños, niñas y adolescentes en el cuidado de sus hermanos menores, en consonancia con lo que plantean diversas investigaciones (Leavy, 2019; Remorini, 2004, 2015; Szulc, 2015). 

Por otra parte, los resultados de la investigación dan algunos elementos para cuestionar la idea de que la “desfamiliarización” del cuidado de niños y niñas pequeños sea una situación deseada o ideal por las mujeres-madres de niños y niñas pequeños. Este concepto, propuesto desde diversas propuestas progresistas y feministas implica, según Esquivel, Faur y Jelin (2012) que una parte de las responsabilidades de cuidado se trasladen desde las familias hacia otras instituciones sociales (sean públicas, privadas o comunitarias). Esta proyección, pensada más bien para un modelo de mujeres-madres con trabajos de horario fijo, de clase clase media, no es una opción buscada o deseada para muchas de las mujeres entrevistadas. Esto tiene que ver principalmente con los costos económicos que implica, pero también con representaciones acerca de esos espacios y temores respecto de que sus hijos e hijas pequeños estén al cuidado de personas desconocidas y en las cuales no confían, en principio. Sin embargo, debemos señalar que estos criterios no son compartidos de manera homogénea, y que el recurso de vínculos familiares próximos físicamente, que brindan apoyo en el cuidado cotidiano de niños y niñas, es importante para no tener que depender de otro tipo de instituciones. 

El análisis del material empírico da cuenta también que un criterio tenido en cuenta tiene que ver con la movilidad: el acceso a los dispositivos de cuidado de primera infancia, emplazados fuera del barrio, debe contemplar también la cercanía a los espacios laborales o formativos, ya que uno de los argumentos en favor de la desfamiliarización tiene que ver con la inserción de las mujeres en el mercado laboral, o en espacios educativos. Estudios que dan cuenta de las desigualdades de género en la planificación de las ciudades y uso del espacio público, dan algunos elementos para re-pensar estrategias en el diseño de políticas públicas (Comas d’Agemir, 2017). Lo que observamos es que las mujeres resuelven esta situación con arreglos informales en espacios educativos, por ejemplo, llevando con ellas a sus hijos/as a los espacios de educación primaria y/o secundaria a los que asisten para completar sus estudios. Por otra parte, en cuanto a su inserción en el mercado laboral, observamos que una estrategia recurrente es realizar un emprendimiento que puedan desarrollar ellas mismas o en conjunto con los miembros de su familia (principalmente las mujeres e hijos/as adolescentes) en el espacio doméstico.

Siguen pendientes algunas cuestiones que vienen señalando los estudios de género hace tiempo, los cuales abogan por la profundización de la igualdad de derechos y responsabilidades en el cuidado de niños y niñas en el plano de las políticas públicas de cuidados y de derechos laborales, problematizando el sesgo maternalista aún existente. Entre ellas, podemos mencionar la necesidad de alcanzar con las políticas de cuidado a aquellas personas que trabajan en sectores informales y autónomos y en la extensión de licencias de paternidad que permitan redistribuir las tareas de cuidado desde el nacimiento. Respecto de última cuestión, vemos que en la práctica cotidiana, la distribución de las responsabilidades de cuidado termina dependiendo de acuerdos informales que pueden negociar tanto hombres como mujeres, pero que en el caso de ellos, suele haber menos receptividad por parte de sus jefes, por lo que los permisos que tienen que ver por ejemplo, con la flexibilidad horaria, no están aseguradas de antemano. También es importante pensar la oferta de espacios de cuidado tomando en cuenta los circuitos por donde se mueven las y los cuidadores de esos niños y niñas pequeños, como medida para facilitar el acceso a dichos servicios.  

Las reflexiones que presentamos hasta aquí no pretenden cerrar discusiones respecto del cuidado infantil, sino aportar algunos elementos que, desde la etnografía, permiten visibilizar la heterogeneidad de contextos a microescala donde transcurren las tareas de cuidado infantil, poniendo como ejemplo las familias del barrio El Retiro. Creemos que el estudio de este tipo de contextos brinda nuevas perspectivas en vistas a seguir pensando maneras de alcanzar más equidad en la distribución de las tareas de cuidado.


Notas de la ponencia:

1. En esta ponencia utilizaremos el sistema de referencias bibliográficas APA 7ma edición.

2. Plan de tesis “Redes de apoyo para el cuidado infantil. Una aplicación de métodos mixtos para el análisis del capital social en un barrio de la periferia de La Plata” (Aprobado por Res.139/19 del CD de la FCNyM), tesista: Analía Jacob. Directoras: Carolina Remorini y Laura Teves. Investigación financiada a través de una Beca doctoral UNLP (2018-2023) Res.508/18 y 4565/19 de la Presidencia de la UNLP.

3. Proyecto: “Infancias, juventudes y familias: transformaciones sociales, crisis del cuidado y proyectos de futuro en escenarios pos-pandemia” (PIP 11220200102968CO 2021-2023- PICT 2020 SERIEA 01544).

4. Plan de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios. Es un plan educativo impulsado por el Ministerio de Educación de la Nación para la finalización de estudios primarios y secundarios, destinado a jóvenes y adultos que no han terminado sus estudios primarios y/o secundarios https://www.argentina.gob.ar/educacion/fines, vigente desde 2008. 

5. Los nombres de las entrevistadas son ficticios, para mantener el anonimato.


Bibliografía de la ponencia


Bibliografía

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