Las recién llegadas: trayectoria de estudiantes mujeres en las universidades del conurbano bonaerense

SP.25: El derecho a la educación superior en AL: Desigualdades persistentes y prácticas alternativas

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Julia Lucas Universidad Pedagógica Nacional
Nahue Luna Universidad Nacional Arturo Jauretche

Las recién llegadas: trayectoria de estudiantes mujeres en las universidades del conurbano bonaerense


Resumen

Un alto porcentaje de las y los estudiantes que llegan a las universidades situadas en el Conurbano Bonaerense son la primera generación en sus familias en ingresar a la educación superior universitaria. Diversos estudios muestran que la mayor parte de la población que ingresa son mujeres, son quienes suelen obtener mejores calificaciones pero también son quienes menos egresan. Entre las causas que explican  este fenómeno se encuentran aquellas relacionadas con el mundo “privado”: la crianza de los hijos, el trabajo en el hogar, entre otras. 

En el presente artículo pretendemos repasar algunos hitos y escollos en el acceso de las clases populares y particularmente de las mujeres a la universidad en nuestro país y específicamente en el conurbano bonaerense. Nos interesa pensar en las particularidades de las trayectorias de las estudiantes de la carrera de Trabajo Social en la UNAJ. 

En el presente artículo revisaremos también los modos en que la universidad constituye un hito en la vida de estas estudiantes y de sus familias, modificando de diversas maneras sus trayectorias. 


La UNAJ como escenario 

Las denominadas “nuevas universidades del conurbano”(1) despiertan interés por tratarse de instituciones que vehiculizaron el acceso  a la educación superior de los sectores populares en Argentina, de manera masiva atendiendo a una demanda histórica en la región. 

 En diciembre del año 2009, se promulgan una serie de leyes que suministran el marco legal para la creación y puesta en marcha de nuevas universidades en el Conurbano Bonaerense: la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), la Universidad Nacional de José Clemente Paz (UNPAZ), entre otras (2).  

En este sentido Chiroleu (2017:71)) sostiene: “El sistema universitario se expandió especialmente a partir de 2007, durante las dos presidencias de Cristina Fernández de Kirchner, cuando se crean 18 universidades nacionales, 8 de las cuales se asientan en el conurbano de Buenos Aires, 1 instituto universitario y 5 universidades provinciales.”

Y la autora agrega: “Es de resaltar que, en poco más de dos décadas, se crean 29 de las 56 universidades nacionales que existen actualmente, lo que implica una “ampliación de la frontera universitaria” y la territorialización de muchas de estas instituciones en busca de una mayor conexión con las necesidades y reclamos del ámbito en el que se fundan”

En el proceso de creación de universidades del conurbano podemos reconocer dos periodos. El primero corresponde a la creación de universidades durante la década del ‘90 (3), y un periodo posterior, que es el que nos interesa, cuyo contexto corresponde a los últimos años de los gobiernos kirchneristas

Este periodo se caracterizó según diversos autores como un periodo de “apertura democrática” y de “ampliación de derechos” (Rinesi, 2015, Chiroleu 2017). La educación se tornó un campo privilegiado de acción y de creación de políticas públicas, no solo por el aumento creciente del presupuesto que se asignó (4), sino porque se desplegaron políticas y  una expansión del apoyo económico que marcaron una diferencia en el orden de prioridad en el que se la colocaba en épocas anteriores, generando un piso de bienestar para las clases populares que vehiculizó su acceso a la universidad.

Además de la creación del Plan de finalización de estudios primarios y secundarios (Plan FinEs) se avanzó en la implementación de programas de formación docente, de inclusión digital (Conectar igualdad), se construyeron escuelas, y se creó el Plan Nacional de Lectura, también se produjeron contenidos audiovisuales y dos canales de televisión con contenidos educativos (PAKA PAKA y Canal Encuentro). En ese período se sancionó también como un hecho inédito la Ley de creación del Programa de Educación Sexual Integral (ESI, Ley N° 26150). Otro de los aspectos relevantes del periodo es la promulgación en el año 2006 de  una nueva Ley Nacional de Educación. Sumada a estas transformaciones en materia de educación superior se crearon mediante leyes las llamadas nuevas universidades del conurbano. Estas universidades nacen entonces en un contexto histórico, social y político particular. 

El 29 de diciembre del año 2009 el Congreso de la Nación promulgó la ley N° 26.576 para la creación de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, con sede en el territorio de Florencio Varela. 

En el primer ciclo lectivo se inscribieron a la universidad 3046 ingresantes, superando ampliamente las expectativas. En el año 2012 se inauguró la sede de  los ex laboratorios YPF, sobre la Avenida Calchaquí y el número de inscriptos alcanzó los 5200. 

  Los/las estudiantes que asisten a la UNAJ residen en el conurbano bonaerense, en Florencio Varela,  Berazategui,  Quilmes,  Almirante Brown y en otros partidos vecinos, en un territorio distante de las principales ciudades como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires  o La Plata. La matrícula está compuesta en un 80% por estudiantes que son primera generación de universitarios en sus familias, siendo uno de los rasgos más característicos de estas universidades. 

Según datos oficiales del área de estadísticas de la UNAJ (5) en el año 2023, la universidad cuenta con  35.586 estudiantes regulares. Cifra que supera en más de diez veces la cantidad de inscriptos en el primer año. 

Casi el 40% reside en Florencia Varela, el 21% en Quilmes y el 20% en Berazategui. El 9% reside en Almirante Brown y el resto en otras localidades cercanas (Avellaneda, La Plata, Lomas de Zamora, Lanús). 

El 75% de las los estudiantes es primera generación de estudiantes de nivel superior en sus familias  (Sobre nivel de estudios de madre/padre). 


Las mujeres en la universidad 


El ingreso de las mujeres a la universidad como problemática, no ha sido suficientemente explorado. A pesar de ello, podemos arriesgar que existe un cierto consenso en la historiografía que coloca la asistencia masiva de las mujeres a la universidad recién en la década de 1960 (Buchbinder, 2010; Lorenzo, 2016; Palermo, 1998). Lo que constituye un ingreso masivo sumamente tardío al ejercicio del derecho a la educación superior, si lo comparamos con la ampliación del acceso a la universidad para la población en general recuperado en el capítulo anterior. 

Si bien algunas mujeres habían logrado acceder a ella, lo hicieron de forma excepcional, sorteando una serie de obstáculos, a través de artilugios legales, y vacíos normativos, que no impedían explícitamente su ingreso. Las pocas privilegiadas que lograban acceder pertenecían a clases acomodadas, a linajes patricios de la Ciudad de Buenos Aires (Barrancos, 2019).

El ingreso de las mujeres (cis) a la universidad fue el corolario de una lucha mayor por el reconocimiento de derechos civiles y políticos, que no se dioó de una vez y que constituye un camino colectivo construido a lo largo de más de un siglo de historia. Desde la lucha por el sufragio universal, al derecho a la educación, se trató de un proceso  a través del cual  los feminismos fueron empujando y disputando los límites de lo establecido e imaginado para las mujeres, y para las mujeres de clases populares en particular.  

Entendemos que el ingreso masivo de las mujeres de clases populares a las universidades del conurbano constituye un hito más dentro de ese proceso de subversión de los lugares sociales establecidos para las feminidades, entendiendo que las trayectorias de las mujeres que se tomaron para este artículo pueden ser leídas dentro de ese proceso histórico de insurrección. 

Por eso nos proponemos explorar algunos de los hechos que nos resultan fundamentales para comprender el acceso masivo de las mujeres a la universidad y la particular feminizaciòn de la matrícula que analizamos para el caso estudiado de la UNAJ.

Las mujeres que entrevistamos para el presente articulo pertenecen, como señalamos en la introducción, a la llamada primera generación de estudiantes universitarias en sus familias, además de investir trayectorias de militancia, participación política, y religiosa, y de constituirse y reconocerse como sujetas políticas. Son además protagonistas de los procesos dentro de sus territorios de pertenencia y en muchos casos dentro de la universidad. Por todo lo señalado consideramos que las trayectorias de estas mujeres y su visibilización constituyen un aporte en la construcción de universiversidades populares y  con perspectiva de género. 



La feminización de la matrícula.


Particularmente en la carrera de Trabajo Social donde nos desempeñamos como docentes, asistimos a una feminización de la matrícula. La Licenciatura en Trabajo Social se sumó a la oferta académica de la UNAJ en el año 2014, para comenzar a cursarse en el período lectivo de 2015. Proponiendo la formación de profesionales comprometidos en mejorar la calidad de vida de la comunidad a partir de la ampliación de Derechos Humanos y Sociales, según lo  propuesto en el Sitio Web Oficial de la UNAJ-. 

Como señalamos anteriormente, una de las particularidades de la carrera es que su matrícula se compone mayoritariamente por mujeres:  en el año 2016, el 91% de la matrícula era femenina, tendencia que se mantiene en la actualidad, según los últimos datos oficiales a los que hemos tenido acceso. Esto implica una serie de desafíos y particularidades:  la mayoría de estas mujeres son responsables de las tareas de cuidado en sus familias, tanto de hijos/as como de familiares, hecho que afecta a sus trayectorias académicas (Morales, 2016). En otras carreras de la universidad esta tendencia a la feminización se mantiene: es el caso de Enfermería, Kinesiología y Organización y asistencia de quirófanos.  

A partir de 2022, la universidad cuenta con la reciente creación de una Dirección de Género, Diversidad y Derechos Humanos. La misma es el resultado de un proceso recorrido en los últimos años, en los cuáles se fueron consolidando programas, acciones e iniciativas cuyo objetivo fue (y continúa siendo) transversalizar la perspectiva de género en la UNAJ, propiciar una universidad libre de violencias, y visibilizar las problemáticas, desafíos y desigualdades en la vida universitaria vinculadas al género.

 Este proceso se viene realizando desde el 2015 con el impulso del Programa de Estudios de Género (PEG) de la UNAJ, dentro del Instituto de Estudios Iniciales (Resolución CS 35/15), que nuclea acciones de investigación y vinculación territorial, así como también impulsa diversas políticas universitarias con perspectiva de género como por ejemplo: la elaboración del Protocolo de Actuación ante situaciones de violencia y/o discriminación por razones de género, la paridad de género en las listas electorales (RESOLUCIÓN CS 113/18), la licencia por violencia de género para el personal docente (RESOLUCIÓN CS 28/19), la creación de la comisión para la elaboración de una guía de lenguaje no sexista en la UNAJ (RESOLUCIÓN CS 86/19) y la implementación de las capacitaciones en el marco de la Ley Micaela. Desde el año 2017 la UNAJ cuenta con un Equipo Técnico para la aplicación del Protocolo de actuación ante situaciones de violencia y/o dioscriminación por razones de género, y en 2019 la universidad adhiere a la implementación de la Ley Micaela (RESOLUCIÓN CS 94/19).

El acceso de las mujeres a la Educación Superior constituye una conquista tardía en la historia del derecho a la educación universitaria y representa grandes desafíos para las instituciones y para las estudiantes.

Si pensamos en la inserción de las mujeres provenientes de sectores populares  en la UNAJ, se evidencia un despliegue particular de estrategias que estas mujeres autodefinidas como: madres, trabajadoras, estudiantes, militantes y en muchos casos  jefas de familia, en sus múltiples identidades han sabido construir para poder hacer frente al desafío de llegar, permanecer, avanzar y graduarse en la universidad.

Una de las mayores desigualdades sociales traducida en obstáculos para la trayectoria en la universidad es el trabajo doméstico y las tareas de cuidado, teniendo en cuenta que el trabajo doméstico está “naturalmente” equiparado a la condición de ser mujer. Es decir, en el sentido común está arraigado una construcción acrítica que enlaza al trabajo doméstico con la condición de ser mujer En este sentido, estas mujeres estudiantes se encuentran frente al desafío de sobrevivir a un tiempo de sobreexigencias en un contexto en el que las desigualdades socioeconómicas y los mandatos sociales se exacerban. Las construcciones sociales que legitiman la desigualdad y las demandas sobre los cuerpos femeninos también se hicieron evidentes en el contexto de pandemia, en el que se agrega  una vorágine de trabajo virtual o “teletrabajo” que  tiene lugar en los hogares de estas estudiantes (Morales, Albornoz, Luna, 2021). 

Estas exigencias se hacen más profundas entre las mujeres quienes son las que además se ocupan del trabajo doméstico y las múltiples tareas de cuidado, casi privativamente. En medio de esta desigualdad histórica,  otras desigualdades se suman. La vida de las mujeres estudiantes de la UNAJ  en el conurbano bonaerense tiene sus particularidades: no cuentan con un cómodo espacio para estudiar, ni con una computadora con una buena conexión a internet. En la mayoría de los casos, comparten el dispositivo móvil con el resto de las personas que conviven en el hogar, además de no disponer de conexión a internet o de datos móviles escasos. Las mujeres de la UNAJ, estudiantes, trabajadoras, madres, cuidadoras y en muchos casos militantes se encuentran frente al desafío de permanecer en la universidad en un contexto signado por múltiples desigualdades. 

Entendemos que la transversalización de la perspectiva de género que en los últimos años desde los feminismos hemos venido batallando por instalar en nuestras universidades, no se reduce a la creación de dispositivos o espacios aislados, sino que se trata de construir una nueva perspectiva y una nueva epistemología y un nuevo sentido que atraviese prácticas y discursos en los procesos de enseñanza y aprendizaje universitarios. Y también involucra la indagación , la investigación y la construcción de conocimientos específicos. 


Las estudiantes de la UNJA. Mucho más que una primera generación 


En el marco del Observatorio de Educación Superior de la UNAJ, realizamos  entrevistas a mujeres estudiantes de la universidad, en dichas entrevistas aparecen algunos puntos en común que nos interesa señalar y profundizar en futuras indagaciones.


Sus trayectorias implican otros saberes no siempre legitimados en la universidad: saber escuchar, “caminar el barrio”, organizar merenderos, comedores, medicamentos, “saber hacer” trámites por ejemplo, saber relacionarse, conocer el territorio, entre otros.

Sostenemos que estas estudiantes llegan a la universidad trayendo con ellas, trayectorias y experiencias de vida que ponen en juego y que constituyen saberes y herramientas valiosas para transitar la vida universitaria.  Creemos que el concepto de “primera generación” que aparece en los discursos que interpelan a las universidades del conurbano invisibiliza  otras potencias e identidades que portan las estudiantes que constituyen sujetos de interés de este artículo. 

El relato de Cristina nos interpela al respecto: 

“(...)cuando tenía 16 años arranqué en una capilla que está a dos cuadras de mi casa, se llama Nuestra Señora de Cacupé, arranqué ahí empecé confirmación, hice comunidad, di catequesis también, ya me alejé un poco de eso también, tuve una experiencia muy buena que es la carpa misionera que es una carpa que recorre los barrios, va por ejemplo ponele hace 15 carpas durante el año y en 15 barrios distintos, los más carenciados, durante 15 días, en el marco de recorrer el barrio, de poder llevar herramientas porque invisiblemente lleva esta herramienta de no te cerres como Iglesia, abrite que hay gente afuera que necesita de vos, si vos crees en Dios que ese Dios sea tu reflejo, que seas vos ese reflejo, la apertura, y conocí por ejemplo fui a Villa Itatí, estuve en la Isla Maciel, después Varela me lo conocí por la carpa, porque eran 15 días de experiencia, yo cuando era adolescente era la secundaria y trabajaba y a veces me quedaba, el cura en ese momento me dio la oportunidad de poder quedarme, o sea nombraba al cura de la comunidad y me quedaba a dormir, una experiencia plena de estar ahí, volvía a mi casa a pegarme un baño y después  me volvía de nuevo, compartir, y ahí vos vas reconociendo no sé si hacer un juicio de valor sobre el que entienda realmente cuál es el mensaje de salir al barrio y encontrarte con esa otra persona y el que no lo sabe, porque hay una línea fina en todo eso, pero lo que dice es espectacular desde lo más humilde desde la pobreza misma, el poder compartir a esa persona y eso es algo que no puede ser, yo a veces garroneaba cuando era pibita y a mí me marcó la adolescencia eso, desde vivir en una familia clase media que nunca nos faltó de comer, vivimos bien, todo y no sabes compartir, una familia cerrada un tanto conservadora, un viejo peronista pero era todo de la puerta para adentro y nada más, y el otro que está ahí que apenas le alcanza el mango, que no le alcanza el morfi, toma un cacho de pan y tené y se me voló la cabeza y una de esas experiencias donde hice ahora las prácticas de salud estuve con la carpa ahí e hicimos lo que es la misión y me marcó eso para toda la vida que era entrar en una casilla muy precaria, piso de tierra y una señora muy mayor, pero esas señoras mayores muy arrugaditas, toda chiquitita, y tenía el piso de tierra, la casillita muy precaria, tenía un anafe que era como una garrafa, así que estaba cocinando dentro de esa casillita con carbón y para calentar el agua de la pava, y yo como creyente en ese momento, que lo sigo siendo, tengo mi raíz de creencia, tenía en su ropero una imagen de San Cayetano y era como que eso es la fe que la sostenía durante la carencia, la ausencia de un montón de cosas que es el Estado claramente, la sostenía y decía me muero acá, ya está, me rindo, esa fe que no sé si tapa la verdad en función del Estado a veces y es como que esperanza en algo hay, uno lo encuentra desde lo humilde, desde lo sencillo, desde lo que tienen en la fe y otros que tenemos otras herramientas desde otro lugar, que tiene que ver con los derechos, con reconocer al otro y eso me marcó para toda la vida”. 

En este relato Cristina rememora sus primeros años de experiencia territorial en la iglesia, que ella menciona como una “experiencia plena” que la marcó para toda la vida.

Y al preguntarle qué aprendió ella señala: 

 “¿Qué saberes? Y el compartir fue lo primero que aprendí, vengo de cinco hermanos más, y mi familia que compartimos de la puerta para adentro pero no nos enseñaron, a luchar que no se enseña en la universidad, lo tenés que aprender en la vida y lo vas aprendiendo así, o escuchas o no escuchas y vas aprendiendo qué es bueno, callar la boca y escuchar al otro, observarlos, y esto de decir uff ¿no? esto de compartir con el otro porque el otro también me enseña, lo que aprendes día a día de compartir con ese otro que es diferente, yo cuando empecé acá dije sí, lo vivo, lo sé, lo planteo, por eso la experiencia de las relaciones con las otras personas tiene que ver con esto.”


Aprender a compartir, aprender a luchar, aprender a escuchar son saberes que aprenden en el territorio y que se llevan a la vida universitaria. 

Melani al respecto señala: 

-”¿qué pensás… qué saberes relevantes aprendiste vos en tu experiencia territorial?  ¿qué pensás…?”


-“Y… nada… como que nos metimos mucho en política, que era algo antes como impensado. De la política, como entendía nada, cómo que no hablaba, como que no… y aparte...ehhh… como que también entré cuando tenía 19 años...la vida, o sea… tuve el pibe a los 19 años en mi casa, una… o sea no… y empezamos a militar, a aprender de sindicalismo, meternos en política, ir a reuniones, fortalecer los conocimientos que tiene que ver con las leyes”


Ceci por su parte agrega, sobre su experiencia previa a la universidad que:


…”(...) no era importante mi laburo pero descubrí que me gustaba trabajar con el otro”, “(...) salíamos a caminar mucho el barrio, cuando faltaban los chicos. Salíamos a buscar a los chicos que faltaban. Así empecé a entender el territorio, la familia, cada historia diferente.”

Y agrega: “Aprendí principalmente que lo que aprendemos en los libros es una parte de la realidad porque, la verdad, la teoría es muy necesaria pero salir a caminar los barrios es algo muy importante.”


Iara tiene experiencia como militante de “La Cámpora” y sobre la reflexión acerca de sus aprendizajes previos a la universidad expresa: 


“No...considero de que...yo por lo menos considero que lo que siempre buscan los militantes es formarse políticamente y llegar a ser una especie de cuadro político para llegar a algún cargo de gestión. Pero considero también que el serlo tiene que ver también con la cuestión de conciencia social que se genera trabajando en los barrios y la formación académica. Que sin eso muchas veces no… no llegas a resolver. No entender de que...no sé… de que las vacunas en el sistema de salud funciona porque alguien lo estudió o esas cuestiones que van de la mano, en realidad. Tiene que ver con la política, pero tiene que ver con la formación profesional.”

 

Y ante la pregunta: “De toda tu experiencia militante...de tu experiencia militante, qué pensás que llevás a la universidad o que aportás en la universidad? o qué te aporta a vos tu experiencia militante?” Responde: 


“Y en realidad ahora, creo que en muchas cosas. Que tiene que ver con esto...son un montón de conocimientos que capaz tenía como, no sé...hacer una entrevista; que lo ví en psicología, hacer una entrevista o una encuesta, ya lo había hecho anteriormente pero no lo sabía enmarcar en lo que es la formación profesional. Creo que desde ese lado, era como que tenía un montón de conocimientos, saber que no...como por ejemplo, saber que no podés llevarle o solucionarle los problemas a una vecina que tuvo un temporal y se le llevó la casa. O sea, no tenés las herramientas, no tenés los materiales. Que la solución no es esa, no es llevarle los materiales de nuevo, sino que es profundizar eso. Y eso lo aprendí después, o sea… como que fue todo un proceso interesante, o sea, fue como que empecé al revés. Mi carrera la empecé al revés. Aprendí todo lo práctico...antes. Y lo teórico lo estoy aprendiendo ahora. Se me hace que fue más que nada eso. No sé… he ido a visitar un montón de barrios, estuve en la inundación de La Plata… acá en Varela hubo una inundación y se cayó un nene al arroyo, se murió un nene en el arroyo y no sabía qué hacer. Y ahí es como que decís, las problemáticas y las cuestiones a veces se solucionan de otra forma y lleva su proceso y aprendí un montón… la verdad que yo que creo que empezó todo al revés, o sea… aprendí la práctica antes que lo teórico. Es eso prácticamente. Y es lo capaz que me facilita estudiar mucho.”


En este relato aparece una cuestión clave: profesionalizar un trabajo que ya hacían en el territorio de forma no remunerada en la mayoría de los casos. Es decir que traían una experiencia, un conocimiento fragmentado y asistemático, pero no por eso menos valioso, que en la universidad se organiza,se sistematiza, se teoriza y se legitima con el título. Por eso Iara afirma “la verdad que yo que creo que empezó todo al revés, o sea… aprendí la práctica antes que lo teórico”. 


La universidad actúa como una institución  legitimadora de los saberes que traen las estudiantes. Nos interesa en este punto dejar planteada la pregunta acerca de si se valoran esos conocimientos, si son tenidos en cuenta o si el concepto de “primera generación” actúa como una marca, un velo que los invisibiliza. 


A su vez las entrevistadas señalan que llegar a la universidad implica en todos los casos:  un punto de inflexión en la vida, un evento trascendente personal y  familiar. 

Otra de las entrevistadas, Ceci dijo al respecto: 

“Después, a mí, como persona, me transformó mucho la universidad. Me hizo sentir que yo podía esperar algo diferente para mi vida. (…)”.

Por último, la universidad es o representa también una escalera para el ascenso social. Representa una oportunidad para cambiar realidades económicas sociales  socioculturales y de género: 

“Lo veo al revés y se lo explico a mis hijos cuando ellos se enojan porque yo estoy todo el día con las fotocopias leyendo o estudiando les digo “Cuando tenga trabajo van a ver que vamos a vivir mejor, nos vamos a ir de vacaciones”. A veces ya no sé cómo decirles “(…) conocer tal o cual cosa, les voy a comprar esto o aquello”. Pero me han dicho eso, he escuchado a mujeres decir que les quitábamos tiempo (a los niños, a la familia).”


A modo de cierre

El acceso de las clases populares primero y de las feminidades más tarde, constituye un proceso colmado de disputas.


Suele contar como anécdota nuestro rector emérito Ernesto Villanueva, que en los primeros años de universidad, veía cómo les estudiantes no festejaban en el egreso, sino cuando comenzaban la universidad. El hecho de haber llegado les resulta absolutamente significativo para esta población. 


En una de las cursadas de la que fuimos docentes, una de nuestras estudiantes se definió como “Negra, universitaria y feminista”. En ése momento sentimos cómo la universidad resignifica ciertos estigmas sociales y culturales, tales como “ser negra”. Ser negra en esta universidad promueve que un estigma  pueda ser rediscutido a la luz de un contexto que invita a problematizar la concepción de un estudiante de tipo hegemónico. 


Entonces ¿Quiénes son los recién llegades en esta universidad? ¿Son quienes ya habitaban este territorio? ¿O es la institución que llega con sus propias coordenadas? 


Hace tiempo ya, las miradas provenientes de las teorías decoloniales, entre otras, nos invitaron a desarmar lo que se ha dado en llamar la “colonialidad del saber”, donde el saber académico, occidental, blanco se jerarquiza por sobre los otros, y en este caso, los legitima a expensas de la obtención de un título. 

Notas de la ponencia:

1- El denominado “conurbano bonaerense” es el territorio de los partidos de la Provincia de Buenos Aires, Argentina,  que se encuentran cercanos a la Ciudad de Buenos Aires, que pueden estar contiguos o no. En orden de distancia o cercanía a ella se clasifican en 1°, 2°, 3° cordón. Según:

http://www.indec.gov.ar/nuevaweb/cuadros/4/folleto%20gba.pdf HYPERLINK "http://www.indec.gov.ar/nuevaweb/cuadros/4/folleto%20gba.pdf" 

2. También se promulgan las Leyes de creación de la Universidad Nacional de Moreno, y la Universidad Nacional del Oeste, en San Antonio de Padua.

3. En este periodo se crean: Universidad Nacional de Quilmes,  Universidad Nacional de Lanús, Universidad Nacional de la Matanza, Universidad Nacional de General Sarmiento, Universidad Nacional de San Martin y Universidad Nacional de Tres de Febrero. La creación de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, escapa a estos periodos, fue creada en la década del 70. 

4. El porcentaje del PBI destinado a educación pasó del 3,64% en 2003 al 6,02% en 2010. En términos absolutos, pasó de 14.501 millones de pesos en 2003 a 89.924 millones de pesos en 2010, un 520% más.

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-157800-2010-11-30.html

5. Fuente: Elaboración Área de Estadísticas e Información Universitaria - DGAC - UNAJ en base a información obtenida del SIU.



Bibliografía de la ponencia

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