Experiencias de movilidad de jugadores de fútbol y sus tramas educativas

SP.31: Procesos educativos en contextos de migración y desigualdad. Experiencias formativas, identificaciones y relaciones generacionales

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Ana Rapi Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba
Mariano Pussetto Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba. CONICET

Introducción[1]

 

En el siguiente trabajo nos proponemos abordar las experiencias de movilidad de jugadores de fútbol que viven en pensiones deportivas desde la perspectiva de sus actores, atendiendo la relación que se construye entre la experiencia en el Club y la que se desarrolla en la Escuela.

La formación de jugadores de fútbol es un proceso que se da aproximadamente entre los seis y los veinte años de edad, y que adopta características particulares para quienes dejan sus hogares y se trasladan a vivir en las pensiones de los clubes con el objetivo de “ser futbolistas”. En ese sentido, comprendemos que la formación de estos jóvenes se produce en el cruce de dos instituciones, la escuela y el Club[2], y dentro de este último, el Centro de Formación[3] es un espacio clave para su socialización, sin perder de vista a las familias como un actor institucional clave.

A pesar de sus lógicas propias, la escuela y el Club suscitan procesos formativos con ciertas similitudes, en tanto que son procesos de larga duración que estarían construyendo sujetos con cierta mirada al futuro en un marco de relaciones sociales entre adultos/as y estudiantes/jugadores. De esta forma, en relación a las subjetividades de los jugadores, ambas instituciones participan en su formación y configuran un sujeto particular que se distingue, por un lado, de estudiantes que no son deportistas y, por otro lado, de jugadores de fútbol de la misma edad que no viven en pensión. Así, comprendemos que estas subjetividades se configuran dentro de dicho entramado institucional y los márgenes de acción que tienen los jugadores difícilmente escapen de él, así como también, es el proyecto deportivo quien determina el proceso migratorio y subsume la experiencia educativa a él. Aun así, es en el vínculo entre Club y Escuela que se construye una experiencia formativa singular para estos sujetos.

El Club envía a sus jugadores a dos escuelas secundarias públicas de la provincia de Córdoba (IPEM), también a una escuela PIT (Programa de Inclusión para la Terminalidad de la educación secundaria para jóvenes de 14 a 17 años). Asimismo ofrece, para los jugadores mayores de 18 años, la posibilidad de finalizar sus estudios en un Centro Educativo de Nivel Medio de Adultos (CENMA). Todas estas instituciones se encuentran ubicadas en la ciudad de Córdoba. Puntualmente haremos foco en una de las escuelas públicas[4], donde realizamos el trabajo de campo.

Esta ponencia se articula a un proyecto de investigación titulado “Experiencias escolares de jóvenes migrantes en escuelas secundarias de la ciudad de Córdoba”, dirigido por la Dra. M. Florencia Maggi, cuyo objetivo es comprender las experiencias escolares de jóvenes que han transitado procesos migratorios internacionales e/o internos y se encuentran escolarizados/as en escuelas secundarias de la ciudad de Córdoba, en relación a sus experiencias de movilidad. Una de las líneas que se desprenden de este proyecto tiene como objetivo específico indagar las motivaciones y sentidos del proyecto migratorio personal en relación al familiar. Es desde allí que nos interesa mirar la singularidad de las experiencias de movilidad que tienen los jugadores de fútbol y sus tramas escolares.

Este trabajo se presenta desde un enfoque socioantropológico, que se sustenta en su carácter relacional dialéctico atento a los procesos y los movimientos que se dan en las prácticas y relaciones sociales, sin perder de vista el carácter contradictorio y conflictivo de estos procesos (Achilli, 2005). Recuperando a Freidenberg, J. y Sassone, S. (2018), analizamos la movilidad poniendo como centro la experiencia del sujeto, su situación y sus posibilidades para definir sus conductas y orientar sus decisiones, retomando la noción de “jóvenes en movimiento” propuesta por Hendel y Maggi (2022). Atender las motivaciones de los sujetos no supone leerlas románticamente ni despojarlas de marcos específicos que estructuran sus experiencias, en ese sentido, siguiendo a Sheller y Urry (2018), acompañamos el cuestionamiento que el paradigma de las movilidades hace a las narrativas culturales que vinculan la movilidad con la libertad.

De esta forma, para reconstruir las experiencias de movilidad de jugadores de fútbol trabajaremos con los relatos de vida de jugadores que tienen entre dieciséis y diecinueve años de edad que habitan en la pensión del Club. Asimismo, pondremos en diálogo dichos relatos con los registros construidos a partir de la observación participante en una Escuela Pública secundaria ubicada en la zona sur de la ciudad de Córdoba. En ella se realizaron observaciones de clases y recreos, así como también entrevistas a otros/as estudiantes no deportistas, preceptoras, profesoras y directivos. 

Por último, esta ponencia se organiza en dos apartados centrales en los cuales buscamos dar cuenta de cómo son las experiencias de movilidad de estos jóvenes así como también la dinámica que toman sus trayectorias educativas en dichas experiencias. En el primero de ellos, profundizaremos sobre la capacidad de agencia de los jóvenes en las experiencias de movilidad, cómo, mediante sus relatos biográficos, los jugadores narran sus decisiones para abordar su proyecto deportivo. En el segundo apartado, nos interesa pensar cómo se tramita la escolarización y cuánto de esas trayectorias educativas quedan subsumidas al proyecto deportivo, aun cuando la sociabilidad en la escuela le otorga matices a las experiencias de los jóvenes futbolistas.   

 

 

“Se lo llevé a mi papá y le dije que me lo firme, que yo me iba”. Experiencias de movilidad y agencia

 

Los relatos biográficos de los jóvenes deportistas contienen al menos tres elementos que suelen ser comunes en sus trayectorias. El primero de ellos es que provienen de familias en las que el fútbol es sumamente significativo en el día a día, casi todos cuentan con al menos un pariente que practica o ha practicado el deporte de manera periódica con alguna participación en competencias profesionales o semi-profesionales. El segundo elemento en común es que durante su niñez el fútbol es un juego que tiene un carácter netamente lúdico y lo realizan para divertirse. En este momento de la vida, el fútbol, sea practicado en clubes, escuelas de fútbol y/o en el barrio, siempre constituye un momento de entretenimiento. Finalmente, el último elemento que se destaca es la emergencia de un sueño: “un soñar con ser futbolista”; “soñar con ser como Messi”; “soñar con jugar en la selección nacional”. La popularidad de este deporte en nuestro país hace que la idea de jugar al fútbol como “el sueño del pibe” sea una frase sumamente repetida para quienes lo practican, ahora bien, en las experiencias de estos jugadores es un sueño que no se disipa, sino que impulsa una “forma de vida”, una rutina, una movilidad. El siguiente fragmento de entrevista con Agustín[5] parece resumir el vínculo entre estos elementos comunes en sus narrativas:            

 

“Yo siempre de chico, desde que empecé a tocar la pelota, sentí que mi sueño era jugar al fútbol, pero bueno, yo era muy chiquito, en ese momento era divertirme, ir a jugar, a divertirme. Y bueno yo tengo un par…, tengo padre, abuelo, bisabuelo: son todos futboleros, y esa también es como la genética mía”. (Agustín, entrevista, marzo 2022)

En sus relatos hay una instancia clave que podría ser la que marca el paso del “fútbol como diversión” al “fútbol como profesión”. Ese momento ocurre cuando dejan el hogar familiar para irse a vivir al Centro de Formación y comienzan a jugar en el Club, instancia que representa un «punto de inflexión» (Kornblit, 2007) central en sus trayectorias. Este momento da inicio a sus experiencias de movilidad, experiencia que no se reduce al hecho de irse de sus casas, sino que implica un largo proceso en donde la determinación y la adaptación son centrales para comprender el paso de “la diversión” a “la profesionalización”. 

 

“Después pasas a la cancha grande que es jugar por los puntos, un torneo por los puntos y bueno, yo creo que ahí empecé a ver el fútbol con otros ojos, también mi viejo me decía que tenía unas condiciones muy buenas. Y bueno, yo siempre, como te digo, desde chiquito quiero ser jugador de fútbol, pero creo que cuando ya empezás a pensar y entender un poco más cómo es la cosa, las cosas de la vida y del fútbol, yo creo que le pones otros ojos. Yo le puse al fútbol, después le puedo poner al estudio, otras cosas, viste, pero bueno, yo desde que tengo memoria y sabía de mis condiciones, mi sueño fue llegar acá y más lejos, digamos”. (Agustín, entrevista, marzo 2022)

 

“Ver el fútbol con otros ojos”, como dice Agustín, nos habla del giro central en las trayectorias de los jugadores, es, precisamente, cambiar la mirada que ellos mismos tienen con respecto al fútbol, ya no es (solo) una manera de divertirse, es también un “camino de vida”, un “ir hacia”. Ponerle otros ojos implica, entonces, muchas transformaciones que comienzan con el lugar en el que viven, pero suponen otras rutinas, otros vínculos, otras experiencias.      

 

“Siempre de chiquito fui así, muy profesional, de siempre querer jugar al fútbol. Pero en el momento de venir hasta acá, o sea cuando vos te vas de tu casa para venir acá, es el momento que decís: voy para ser jugador de fútbol. Ahí en ese momento es el que decidí, o sea, o me quedo acá y estudio, o voy allá para ser jugador. Y nada, creo que en ese momento uno decide qué es lo que quiere para su vida”. (Bernardo, entrevista, abril 2022)

 

El relato de Bernardo[6] acentúa el punto de viraje, es una decisión que lo transforma todo: “o me quedo acá y estudio, o voy allá para ser jugador”. Y justamente, por lo significativa que es la decisión, todos los relatos dan cuenta de una determinación en ese momento de quiebre en el devenir. Las experiencias de movilidad de estos jóvenes están marcadas por su capacidad de agencia en su dimensión más propositiva, siguiendo a Ortner (2016), destacamos la intencionalidad en la agencia, ya que las acciones de los jugadores están dirigidas, cognitiva y emocionalmente, hacia determinados fines y objetivos. Sin perder de vista la relación dinámica que existe entre sus prácticas y las estructuras sociales, culturales e históricas que las constituyen.

Tres fragmentos de entrevistas que compartiremos a continuación, nos permiten mostrar las distintas formas en que estos jóvenes tramitan sus experiencias de movilidad y sus acciones concretas motivadas por sus intenciones, así como también nos muestran de qué manera las familias participan en este proceso. Los primeros dos fragmentos, de Tomás[7] y Gonzalo[8], señalan la determinación de sus intenciones y cómo impusieron sus intenciones por sobre las de su familia:

  

Tomás: Claro, o sea... a los doce años quedé acá [en la pensión], como en septiembre vine. Y después, ese tiempo no pude venir a vivir acá porque quería terminar séptimo allá y aparte era abanderado en la escuela y bueno, mis papás me pidieron que me quede allá. Y hablaron con el club, y dijeron que sí. Y vine con trece ya, en enero.

Mariano: y cómo fue ese proceso de venir, o sea, hiciste pruebas, alguien te ve allá y te trae, o cómo es.

Tomás: Si, me vio P. y E., que son captadores del club, en un partido que jugamos en un torneo de infantiles. Y ahí hablaron con mi papá primero, después al otro día me junté en un hotel yo con ellos, mi papá y mi mamá, y me dijeron que tenía que venir para acá. Y nada, vine.

Mariano: ¿Y tus viejos que decían? digo, siendo tan pibe

Tomás: Y mi mamá siempre quiso que yo me vaya de ahí porque, qué sé yo, por ahí la junta que yo tenía en ese momento, ya como que…, se veía que cuando sean un poco más grande iban a ser un desastre.

Mariano: ¿Y son amigos ahora?

Tomás: No, no, ya no son mis amigos. Y..., no, mi mamá siempre estuvo de acuerdo que yo me venga. Con mi papá fue más duro, lo de venir acá y que me dé el permiso porque, qué sé yo ¿viste?, soy el más chico..., y yo también lo veo por ese lado, en el momento me costó mucho a mí y me dio mucha impotencia y bronca pero bueno.

Mariano: ¿El venirte?

Tomás: No, el que él se haga el duro para dejarme venir.

Mariano: Ah, ah. O sea, ahí tuviste como un roce con tu viejo.

Tomás: Si, sí.

Mariano: ¿Duró mucho?

Tomás: No, fue un tiempo no más, unos días. Hasta que yo fui..., acá me pedían un papel firmado por mi viejo para que pueda venir. Y chau, fui yo solo, imprimí el papel, el PDF, la hice firmar a mi mamá y se lo llevé a mi papá y le dije que me lo firme, que yo me iba, que no quería estar más en Rafaela. Y me lo firmó.

Mariano: ¡Tremendo! ¿trece años tenías?

Tomás: Sí.

Mariano: ¡Qué decisión!

Tomás: Y sí, lo que pasa es que yo sabía que ahí en Rafaela, que se yo, yo quiero jugar al fútbol, y ahí iba a ser muy difícil.

Mariano: Claro, y ahí te viniste. Y cómo fue esa llegada. ¿Cómo te fue con tus compañeros?

Tomás: Ya los conocía a los chicos, de las veces que vine a prueba, y también había jugado un torneo ya con ellos. Entonces, no me costó mucho.

Mariano: ¿Y extrañabas un poco? ¿o no?

Tomás: No, no. Porque siempre estuve muy decidido. Qué se yo, por ahí, el primer tiempo me daba ganas de estar en mi casa, pero porque todavía tenía esa costumbre de estar todos los días ahí, pero no sentía esa cosa adentro que te dice: me quiero ir a mi casa, me quiero ir a mi casa.

Mariano: Claro, ¿nunca la sentiste?

Tomás: Nunca.” (Tomás, entrevista, abril 2022)

 

Ana: Gonzalo, ¿y vos? ¿Cómo fue ese paso en Villa María?

Gonzalo: Bueno, yo empecé medio de grande también, a los siete años. Yo hacía natación.

Ana: Grande a los siete…

Gonzalo: Sí, o sea. Por ejemplo, yo, mis compañeros dicen que todos empezaron a los tres, cuatro y yo a los siete, me parece como que un poco más grande. Pero bueno empecé porque… por ver el Mundial del 2014, lo vi y lo sentí y como que me gustó mucho y bueno, ahí empecé en una escuelita de mi barrio, allá en Villa María. Estuve un año, todo el 2015 digamos, yo terminé…. o sea, hacía… todo el 2015, pero también hacía natación, entonces como a mis papás no les gustaba mucho el tema de que yo entre a jugar al fútbol, siempre los encuentros me coincidían con los torneos de natación y nunca podía ir a los encuentros. Hasta que les dije “che mirá, no quiero ir más a natación, me gusta mucho el fútbol” y bueno lo entendieron. Y ahí me fui a probar un club de baby, que se llamaba Asociación Española.

(Gonzalo, entrevista, octubre 2023)

 

La determinación, si bien es común en las narrativas de los jugadores, no está exenta de dudas o temores, incluso algunos relatos cuentan instancias previas en las que optaron por volver a vivir al hogar familiar porque extrañaban mucho. De esta forma, no solo el irse del hogar familiar es lo que concretiza la experiencia de movilidad, porque, efectivamente, es una decisión susceptible de ser revertida, sino que se hace efectiva cuando las intenciones de irse a jugar al fútbol a otro lugar lejos del hogar familiar están acompañadas por la determinación de ser futbolista como forma de vida, es decir, una intencionalidad apuntada a determinados fines. Así, la capacidad de agencia en los procesos de movilidad se torna sumamente significativa para las experiencias concretas de los sujetos.

Aun así, como lo decíamos anteriormente, la agencia de los sujetos se produce en determinado marco estructurante que permite o limita sus acciones. El siguiente fragmento de la entrevista a Facundo[9] nos muestra precisamente la importancia de la familia en la toma de decisiones y al mismo tiempo refleja esa capacidad de agencia en los jugadores cuando son ellos quienes les ponen condiciones a los propios clubes:

 

Yo siempre, digamos, desde muy chiquito, al tener dos hermanos más grandes varones, y bueno mi papá que también, en su momento estaba relacionado en mi club de Chivilcoy, era profe, técnico de la escuelita. Siempre fuimos, yo desde los dos, tres años, ya arranqué a jugar al fútbol, viste, ahí en el club. Iba con mis hermanos, mis hermanos me llevan ocho y diez años, iba a jugar a la pelota con ellos, siempre ¿viste? Entonces entiendo que siempre estuvo el deseo de jugar al fútbol, pero nunca, de chico, nunca quise ser futbolista. Me preguntaban qué quería ser, y decía que no quería ser futbolista, decía que quería ser chef o actor de novelas (se ríe). Siempre decía eso, desde que iba a la escuela, desde chiquito. Después me acuerdo que, a los diez, once años, jugamos un partido contra San Lorenzo de Almagro, y a mí me había ido re bien, y se me acercó la gente de San Lorenzo, hablan con mi papá y querían que vaya, que ya me quede en la pensión, todo. Y yo obviamente que no entendía nada a esa edad, quería, tenía muchas ganas de ir ¿viste? Y mi papá y mi mamá no me dejaron, y en ese momento lloré un montón, me acuerdo, porque quería ir, pero bueno, después fui creciendo y agradezco a mis papás que en ese momento no me dejaron, porque fue lo mejor que hicieron, me parece. Y después a los quince años me surgió la oportunidad de ir a Estudiantes, y ahí mi papá me dijo, me dio la opción, si yo tenía ganas de ir o quería seguir en Chivilcoy. Y yo en ese momento no tenía ganas de ir, quería jugar al fútbol con mis amigos y ahí en mi club, en Chivilcoy, ir a la escuela con mis compañeros de siempre. Pero no sé qué me pasó en ese momento, noviembre era que me llamó el técnico de Estudiantes, y le dije que sí, que en enero iba a ir para allá a hacer la pretemporada y que iba a arrancar. Pero le dije: la única condición es que si yo, en un mes, veo que me siento mal o extraño a mi familia o a mis amigos, me vuelvo, le digo, yo voy con esa condición. Y bueno, fui en enero y se empezó a encaminar todo y desde ahí al día de hoy, es que estoy acá (Facundo, entrevista, marzo 2022)

 

De esta forma entendemos que en el caso de los jóvenes jugadores de fútbol las experiencias de movilidad están marcadas por sus propias intenciones y objetivos, lo que posibilita observar la capacidad de agencia de los propios sujetos, a diferencia de otras experiencias de movilidad en la que como jóvenes migrantes sólo pueden acompañar una decisión familiar que se les impone (Pedone, 2010; Maggi y Hendel, 2022).  Las familias, actores centrales en la vida de los jugadores, una vez hecho efectivo el proceso de movilidad, acompañan los intereses de los jóvenes, no sólo desde lo deportivo sino en amplios aspectos de sus vidas.

Uno de esos aspectos es el escolar que, producto de las diferentes trayectorias educativas que tienen cada una de las familias de los jóvenes, son también diversas la manera de acompañamiento que pueden producir en la distancia. En esas múltiples valoraciones y significaciones que los jugadores y sus familias le dan a la escuela se vislumbran algunas estrategias desplegadas para favorecer su desarrollo, tal como podemos observar en lo comentado por Luciano[10]:


“en la escuela ya estaba medio mal, estaba por repetir segundo, y ya el otro año me veía que no iba a ir a la escuela, que ya no iba querer ir más, que iba a querer solo ir a entrenar. Entonces como que mi viejo me dice, anda, dice, fijate lo que querés, dice, anda y termina la escuela allá. Ahora, por ejemplo, me queda este año para terminar la escuela, y lo termino en el CENMA. Entonces, dice, anda para allá, fijate qué querés hacer, termina la escuela, dice, vas a tener todo ahí, nosotros no vamos a tener que andar renegando acá, con que te ponen las faltas cuando faltas a entrenar, cuando faltas al colegio te ponen la falta, cuando no podés ir por algo te ponen la falta, y llegas a las quince y ya quedas libre. Entonces anda allá, me dice, allá arréglate con eso, y va a ser más fácil. Entonces le digo, bueno dale, y entonces me vine para acá, y arranqué la escuela acá, y acá ya es otra cosa. Aparte allá no es lo mismo, viajar con mi vieja... con mi mamá viajábamos todos los días, y como que ya llegaba un momento que ya mi vieja estaba cansada, o sea era ir al medio día, comer... llegaba de la escuela, comía, pasaba ponele que de la una y media, dos, ya teníamos que salir porque a las tres entrenaba, y así todos los días. Mi mamá se comía ponele de las tres de la tarde, hasta las seis y media de la tarde allá.” (Luciano, comunicación personal, 16 de marzo de 2022)

El fragmento de entrevista a Luciano nos muestra algunas de las estrategias familiares que se despliegan para favorecer las trayectorias de los jugadores, no solo en el acompañamiento sino también en la toma de decisiones con respecto a su futuro. En este caso en particular la opción de irse de su ciudad de origen y del club en el que desarrollaba su práctica deportiva tiende a ser estratégica no solo para su proyecto deportivo sino también como una manera de continuar y finalizar la escuela secundaria.

 

La movilidad y su trama educativa

 

Como marcamos en el apartado anterior, las experiencias de movilidad de los jóvenes deportistas están fuertemente signadas por sus propias decisiones y deseos. Así, una vez incorporados al Club los jugadores se insertan en rutinas deportivas de alto rendimiento las cuales van tomando un lugar central en la totalidad de la vida transformando esa idea que prima durante sus infancias de entender al fútbol como un juego, como lo plantea Agustín:

 

"Mariano: Cuando pensás en el fútbol, ¿lo podés relacionar con un trabajo o lo pensás como un juego?

Agustín: No, lo pienso de las dos formas, capaz que antes lo pensaba solamente como un juego, pero bueno, yo ahora, estando parado en donde estoy hoy en día, creo que también lo tomo como un trabajo. Antes lo tomaba como un juego nomás pero ahora… O sea, yo todavía tengo una rutina y tengo en mi cabeza que a esa rutina la tengo que cumplir todos los días. Levantarme temprano, qué sé yo, ir a entrenar, volver, dormir la siesta, me levanto, voy al gimnasio, vuelvo, meriendo. Bueno, tengo un tiempo libre: estoy con el celu, tomando unos mates. Pero sí, qué sé yo, creo que, si no lo tomara como un trabajo creo que no estaría acá, estaría en mi casa, con mis amigos, con mi familia, divirtiéndome, pero bueno, yo estoy acá por algo." (Agustín, entrevista, marzo 2022) 

 

Esa centralidad que toma el fútbol en la vida de los jóvenes se tensiona con el deber de finalizar la educación secundaria. La experiencia de movilidad, en tanto resultado de la elección de jugar al fútbol como una carrera profesional, queda encorsetada a lo que la lógica deportiva imponga, y si bien la escolarización es una obligación, ella queda subsumida a lo que el presente deportivo posibilite. Una entrevista que hicimos con Gonzalo y Valentín[11] nos permite comprender esta afirmación:


"Ana: Y ganas de volver a Villa María, ¿no?

Gonzalo: No, no. La verdad que no me… hablábamos el otro día con los chicos. Yo no me imaginaría una vida en Villa María.

Valentín: Una vida normal, así en el colegio, yo tampoco me imaginaría.

Gonzalo: No, es como que ya tres años viviendo así. Además es una vida que a todos nos gusta, digamos, como que es, estamos haciendo lo que nos gusta y no, no me imaginaría estudiando…, en realidad ahora sí estudiamos, pero estudiando más enfocados, digamos.

Valentín: Claro, cuando empezamos Novena fue como una elección entre ser un chico que va a la escuela todos los días a un colegio privado o elegir ser futbolista. Por ahí este colegio no es lo mismo que un privado, entonces…, nos dieron para elegir, por así decirlo[12].

Mariano: Y qué diferencias encuentran ahí ¿en qué sentido no es lo mismo?

Valentín: Para mí la flexibilidad que hay. Bueno, la flexibilidad, el aprendizaje, la exigencia.

Gonzalo: Es que hay aprendizajes digamos…, yo creo que la vida de futbolista tiene muchos más aprendizajes de vida, que por ejemplo un chico…, yo que tengo mis amigos allá y los veo que estudian, es como que por ahí la madurez que tenemos nosotros, que te tenés que arreglar solo, te tenés que hacer todo solo, es como que al tener la otra vida, capaz que esas cosas no las tenés.

Valentín: Claro, por ejemplo, en mi colegio salís a las tres de la tarde y desde las tres de la tarde estás en tu casa todo el día.

Gonzalo: Además tenés tus papás a disposición.

(...)

Ana: Recién Valentín decías, en el momento este que hay que tomar la decisión si era un cole privado… en Novena dijiste. Bueno, en Novena, esa decisión digamos, más allá de la decisión per se, pero, ¿ustedes sienten el fútbol como un trabajo?

Valentín: Si, en mi caso, o sea, el cambio del colegio para mí fue muy duro, la pasé muy mal, esos primeros meses la pasé muy mal. Bah, ese año lo pase mal porque además ese fui un año. Pero para mí fue muy complicado porque es como que te separas de tu grupo de amigos que ves todos los días, es muy duro, pero igual ahora ya me acostumbré y ya estoy mucho mejor, pero es complicado.

Mariano: Y luego, en términos de vivir del deporte, tomar esa elección…

Valentín: Se torna como un trabajo, sí.

Mariano: ¿Así lo viven?

Valentín: Sí o sí, o sea tenes que estar focalizado para el entrenamiento.

Gonzalo: El club también te vuelve demasiado profesional, tenemos todo a disposición, los profesores te tienen así, muy al toque las cosas para que vos seas lo más profesional posible.

Valentín: Te dan, pero también te exigen mucho."

(Gonzalo y Valentín, entrevista, octubre 2023)

El largo fragmento de entrevista nos muestra esa relación entre el deporte y la educación y las formas de tramitarla que tienen los jugadores. La ausencia en la escuela de un marco institucional que contemple sus trayectorias futbolísticas y facilite las trayectorias educativas de los jugadores hace que las formas de gestionar la escolarización de cada jugador se torne una acción individualizada en la que ocurren múltiples tensiones entre ambas instituciones. Puntualmente, es la coordinadora del Centro de Formación, quien se encarga de acompañar y administrar la escolarización de cada jugador, y debe articular entre las exigencias que pide el Club y las obligaciones que demanda la Escuela. Los viajes deportivos y las jornadas de entrenamiento en doble turno, principalmente, son motivos de disputas en relación a las faltas. Como lo venimos desarrollando, al ser el deporte el objetivo central de la movilidad, es también lo que prima en las decisiones de los jugadores sin contemplar, por ejemplo, la obligatoriedad escolar. 

Las disputas entre las instituciones, entonces, se gestionan de forma particular y los márgenes de flexibilidad que otorga la escuela tienen que ver con el rendimiento escolar, por lo que las mayores tensiones suelen ocurrir justamente cuando se trata de estudiantes que adeudan materias de años anteriores, han repetido o desaprueban las evaluaciones con alta frecuencia, mientras que cuando se trata de jugadores que tienen un buen rendimiento en la escuela los márgenes de flexibilización aumentan.

En una encuesta realizada a la totalidad de los jugadores pensionados encontramos que el 43% considera a la escuela como un obstáculo total o parcial para su desarrollo deportivo. Y ante la pregunta sobre las cosas que creen que debería hacer la escuela para acompañarlos en tu desarrollo como futbolista aparecen respuestas tales como: “entender a veces situaciones específicas del jugador de pensión”; “dar más cantidad de faltas para viajar”; “comprender nuestro cansancio”. La ausencia de una normativa que contemple estas trayectorias genera una diversidad de situaciones que colisionan el mundo del fútbol y el de la escuela, y que, como lo dijimos anteriormente es el deporte quien va a primar en las decisiones de los jugadores. 


Notas de la ponencia:

[1] Se utilizará como sistema de referencias bibliográficas, el sistema APA 7ma edición

[2] No utilizaremos el nombre propio de la entidad deportiva a fines de resguardar su anonimato. Asimismo, los nombres propios aquí utilizados han sido modificados para los mismos fines.

[3] El Centro de Formación es el lugar en donde habitan los jugadores, espacio popularmente conocido como “pensión”. En el marco de nuestro trabajo, el Club en donde realizamos nuestro trabajo de campo lo denomina de esta forma porque considera que “van más allá de un lugar en donde se come y se duerme”, buscando brindar “otro tipo de actividades que complementen su formación”. Es de vital importancia destacar que el Centro de Formación se encuentra alojado dentro de un hotel de la ciudad de Córdoba, motivo por el cual los jugadores comparten espacio físico con diversos transeúntes que se hospedan en estancias breves.

[4] Es una escuela secundaria pública de la provincia de Córdoba, ubicada en la zona sur de Córdoba Capital. Asisten aproximadamente 558 alumnos/as por la tarde, con la excepción de dos cursos que asisten por la mañana.

[5] Agustín nació en el año 2003, en El Trébol provincia de Santa Fe. Su madre es trabajadora doméstica y su padre albañil. Tiene una hermana y un hermano más chicos que él.

[6] Bernardo nació en el año 2004, en la ciudad de Mendoza. Su padre trabaja en un local de ventas de electrodomésticos y su madre es contadora y trabaja en la administración de un hospital. Tiene un hermano dos años mayor y un hermano menor de dos años.

[7] Tomás nació en el año 2004, en Rafaela, provincia de Santa Fe. Su madre no trabaja desde que él nació y su padre es empleado lácteo. Tiene una hermana y dos hermanos mayores que él. El más grande vive en España y es futbolista profesional.

[8] Gonzalo nació en el año 2007 en la ciudad de Villa María, provincia de Córdoba. Su madre trabaja en un local de repuestos y su padre es contratista agrícola. Es hijo único. Vive en Córdoba con su tía y su tío, y una prima y un primo menores que él.

[9] Facundo nació en el año 2001, en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Su padre es odontólogo y su madre mecánica dental. Tiene dos hermanos mayores. Facundo actualmente juega en un club de Buenos Aires y su paso por el Club fue de tan solo un año

[10] Luciano nació en el año 2003, en Puerto San Martín, provincia de Santa Fe. Su padre realiza montajes de carpintería y su madre trabaja atendiendo un lugar de ropa en su propia casa. Tiene un hermano menor que él.

[11] Valentín nació en el año 2007 en Córdoba Capital. Su madre es bioquímica y su padre es pediatra. Tiene una hermana mayor y una hermana menor.

[12] En el caso de Valentín, quien vivió siempre en Córdoba y no pasó por una experiencia de movilidad, sí operó una lógica similar en relación a la preponderancia del deporte sobre el resto de sus actividades. En ese sentido, pasar de una escuela privada a una escuela pública, representa para él una mayor flexibilidad y menor exigencia la cual le permite sostener la demanda deportiva y lograr un mejor desempeño escolar.  

 

Bibliografía de la ponencia

Achilli, E. (2005) Investigar en Antropología social. Los desafíos de transmitir un oficio. Laborde Editor.


Freidenberg, J. Sassone, S. (2018) Movilidad, migración y territorio: el papel del sujeto. Revista Temas de Antropología y Migración, Nº 10, Diciembre 2018, Págs. 45-50, ISSN: 1853-354


Hendel, V., & Maggi, M. F. (2022) Venir de muchos viajes. Experiencias de movilidad de jóvenes de familias bolivianas en Argentina. Migraciones. Publicación Del Instituto Universitario De Estudios Sobre Migraciones, (54), 1–23. https://doi.org/10.14422/mig.i54y2022.006 



Kornblit, Ana Lía (2007) Metodologías cualitativas: modelos y procedimientos de análisis, Biblos, Buenos Aires. 


Maggi, M. F., & Hendel, V. (2022) Relaciones intra e intergeneracionales de jóvenes en movimiento con familias migrantes (Argentina). Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 20(3), 1-24. https://dx.doi.org/10.11600/rlcsnj.20.3.4811

Ortner, S. (2016) Antropología y teoría social. Cultura, poder y agencia. Ed. Universidad Nacional de San Martín. Bs As. Argentina


Pedone, C. (2010) «Lo de migrar me lo tomaría con calma»: representaciones sociales de jóvenes en torno al proyecto migratorio familiar. En A. Pedreño-Cánovas (Coord.) Tránsitos migratorios: contextos transnacionales y proyectos familiares en las migraciones actuales (pp. 141-170). Universidad de Murcia.


Sheller, M. y Urry, J. (2018) Movilizando el nuevo paradigma de las movilidades. Revista del Área de Estudios Urbanos, (10), 333-355.