La sangre, las prácticas y el proyecto de seguir siendo bolivianos en Argentina. Familias, generaciones e identificaciones en contextos de migración

SP.60: Migración y parentesco en Latinoamérica

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Gabriela Novaro Universidad de Buenos Aires - CONICET

Introducción 

Desde hace años  trabajo sobre los procesos de formación de las jóvenes generaciones en contextos de diversidad y desigualdad; desde allí  me pregunto por el lugar de las familias en estos procesos, en especial por la relación entre antecesores y sucesores en la población migrante andina que vive en Buenos Aires.

Desde una visión de la educación como algo mucho más abarcativo que la escolarización  las investigaciones antropológicas invitan a poner en relación las experiencias formativas que suceden en espacios familiares, comunitarios y escolares.

En la población con la que trabajo la familia además, se presenta como una  instancia central para pensar las identificaciones, en particular, los procesos de  identificación nacional y étnica de los llamados bolivianos de segunda generación.

Hace mas de 10 años comencé mi investigación entre la población boliviana migrante que habita en la localidad de Escobar, provincia de Buenos Aires.

Desde el inicio llamó mi atención la centralidad de la organización y los alineamientos familiares en el proyecto migratorio, en los viajes recurrentes entre Bolivia y Argentina,  en el manejo de las organizaciones, en los emprendimientos productivos en quintas y mercados, en las festividades y los grupos de música y baile.  También me llamo la atención la recurrencia de algunas expresiones con que se alude a los niños y jóvenes de familias bolivianas: bolivianos de segunda generación, sucesores, descendientes, ellos  llevan a Bolivia en la sangre.

Para  abordar estos temas, ciertas cuestiones del contexto general y local deben ser consideradas.

La tendencia en Argentina  y sobre todo en la zona porteña a desvalorizar a la población proveniente de otros países de Latinoamérica, las condiciones de subordinación de gran parte de esta población en el acceso a la vivienda y el trabajo. Suman como condicionantes generales y las transformaciones en la situación socioeconómica de Bolivia y Argentina en los últimos años: los cambios en los patrones de intercambio, los periodos de estabilidad-inestabilidad política en ambos países.  Debemos tener también en cuenta los cambios en la normativa migratoria en Argentina. En el tema que nos ocupa un aspecto fundamental a considerar es que tanto el Estado argentino como el boliviano se rigen por el ius soli y asocian la nacionalidad al territorio de nacimiento.

Todo esto, por supuesto atraviesa y condiciona la situación de la población boliviana de Escobar, pero la misma esta también condicionada por otras particularidades.

La procedencia mayoritaria de Potosí, sobre todo de pequeños pueblos rurales de este departamento de Bolivia, el fuerte nucleamiento en un barrio llamado Lambertuchi ubicado a 3 km del centro de Escobar, la vinculación de las lealtades nacionales y étnicas a mayores posibilidades para la vivienda y el trabajo. Un aspecto fundamental es el importante peso la Colectividad Boliviana de Escobar (en adelante CBE o Colectividad), una de las organizaciones de migrantes más grandes de Argentina. La misma mantiene constantes relaciones con distintos organismos del estado argentino y del estado boliviano. También deben considerarse los vínculos que se establecen con las instituciones de la sociedad argentina, alternando situaciones de distancia y proximidad, aprensión y colaboración con el municipio, los centros de salud, las escuelas.

 

Desde el año 2010 trabajo en este barrio tanto en  espacios familiares, como comunitarios y escolares; desde 2015 se suman las investigaciones en la localidad de colegas que integran proyectos de investigación colectivo bajo mi dirección (nota 1).

El relevamiento se realiza complementando herramientas típicas de la etnografía (observación, observación participante, charlas informales, entrevistas), con la reconstrucción de trayectorias biográficas (en esta ponencia recupero testimonios de miembros de la Colectividad de distintas generaciones). Incluyo también información y reflexiones a partir de actividades colaborativas con las organizaciones de migrantes y las escuelas (apoyo a proyectos educativos, participación en una radio comunitaria). Se suma además la información de cuatro estancias realizadas a las localidades de origen de la población en el departamento de Potosí (realizadas en colaboración con María Laura Diez).

El recorrido, como decía,  me ha permitido registrar la centralidad de las familias bolivianas en la organización del proyecto migratorio en Bolivia,  en el sostén de los sujetos durante el periodo de asentamiento, en la definición de emprendimientos productivos asociados a lo que se denomina (dentro de muchos debates)  formas de la economía popular (quintas, ferias, mercados); asimismo, en diversas instancias de socialización de los niños y jóvenes (festividades, actividades recreativas).  Me ha permitido también registrar la centralidad de la lógica familiar en la organización comunitaria y, lo que me interesa particularmente, en la definición identitaria de los sucesores.

Parto del supuesto de que es necesario seguir pensando en el sentido de categorías sociales como sangre, hijo, descendiente. En la situación local  la sangre  parece tener un lugar fundamental en el proyecto de continuidad colectiva, lo que se expresa sobre todo en las identificaciones proyectadas en los descendientes. Entiendo que esto puede al mismo tiempo leerse como un reforzamiento de los lazos comunitarios, de las relaciones asimétricas entre distintas generaciones y de discusión con los proyectos asimilacionistas del estado argentino.  Supongo además que estas concepciones y prácticas, si bien  representan continuidades y quiebres con las perspectivas de herencia y descendencia en los territorios de origen (cuestión que he comenzado a abordar, pero que debe seguir siendo profundizada), no puede ser leído solo en términos de “replica” en destino; esto nos invita a atender a las transformaciones y cambios en esta dimensión asociadas a los procesos de movilidad, desplazamiento y arraigo en un nuevo territorio.

Una última aclaración de esta introducción. En la población migrante andina resulta sumamente arbitrario distinguir los espacios familiares de los comunitarios, ambos se imbrican en forma evidente: cuando se habla de antecesores y sucesores se alude a los distintos grupos generacionales al interior de la familia, pero también a los fundadores de la organización y a los que hoy, más de 30 años después, continúan participando en ella.  Sin embargo, hay ciertas prácticas que parecieran suceder más claramente en espacios familiares (los viajes, la crianza), y otras que se definen en forma más explícita en espacios comunitarios: la integración y acción política en la organización,  finalmente algunas prácticas se concretan en una lógica profundamente imbricada  por lo familiar y lo comunitario: el trabajo, las festividades, las practicas recreativas.

 

Familia y parentesco en contextos de migración: algunos antecedentes

 

Entre los numerosos aportes que la antropología ha hecho a los estudios sobre la familia me interesa en particular destacar los argumentos, ya presentes en los clásicos, para desnaturalizar los parámetros occidentales de vida familiar, ampliar las concepciones sobre paternidad, maternidad, filiación y, en general, construir una categoría de familia que incluya diversidad de modelos y formas de trazar el parentesco. Asimismo para reconocer la centralidad de la familia en los procesos de formación de sujetos, identificación y conformación de grupos.

No obstante se ha señalado a los clásicos,  entre otras limitaciones, las dificultades para tomar distancia de los sentidos que aspectos como la consanguinidad y la afinidad, la reproducción y, en general, lo biológico tienen en las relaciones de parentesco en occidente cuando analizan otras sociedades; también la tendencia a ver el parentesco, en todas las sociedades, como un ámbito diferenciado (Schneider, 2007).

La recurrencia con que la alusión a “la sangre” se explicita entre la población con la que trabajo me plantea la pregunta sobre cómo lo sentidos de la sangre articulan distintos aspectos: las representaciones andinas sobre la identidad de los sujetos y los grupos, el peso de los discursos familiaristas en la evangelización,  el impacto de los proyectos de desarrollo en las familias campesinas de los Andes, el reforzamiento de las llamadas “lealtades primordiales” en un contexto de movilidad y cambio, los impactos de la migración en las pautas de residencia de los grupos domésticos.  

En ese sentido resultan interesantes los trabajos  ya clásicos sobre el ayllu como unidad productiva familiar regulada por el parentesco la relación en las poblaciones indígenas campesinas entre los lazos de parentesco y el territorio. La organización de los ayllus, explícitamente aludidos por muchos de los residentes de Escobar, sin duda debe ser considerada. Las posiciones como sabemos son diversas. Cuestionando la idealización de la que esta forma organizativa ha sido objeto Arnold advierte contra la tendencia a omitir la jerarquía y división interna que la caracterizan (Arnold, 2009).

Considerando la definición de los cargos y lugares de responsabilidad en la CBE resulta interesante la relación que distintos autores señalan entre la identidad política y el lugar en la estructura segmentaria en los Andes. Esta cuestión tal vez también aplica para pensar la lógica de los emprendimientos familiares en Escobar.

En los estudios sobre el sistema familiar andino, recuperamos el modo en que el mismo aparece atravesado por la disponibilidad de tierras e incluso por procesos como la migración. Veremos en el texto como la migración a la vez está condicionada y condiciona  los vínculos familiares en el caso analizado.

Volviendo a Arnold, la autora señala la combinación de tendencias a reforzar el grupo local en los Andes (afianzando la relación ancestros-vivos) y a articularlo con otros grupos, cuestión aplicable (creemos) para pensar la situación de las familias,  organizaciones y sobre todo la relación entre antecesores y sucesores en la población andina que vive en Escobar.

Resulta también importante considerar las transformaciones de las últimas décadas  del siglo XX en la zona andina. Un dispositivo particularmente interesante es la promoción de los organismos internacionales y las iglesias de los llamados centros de madres. Los discursos familiaristas de los mismos, según algunos especialistas tienden a instalar  imágenes occidentales sobre el género que horadan el sistema andino de complementación de roles y tareas (Rivera Cusicanqui, 2004). Es posible suponer que cuestiones similares se hayan producido con las relaciones generacionales que estos dispositivos promueven.

 Considerando las particularidades de la población con la que trabajo, resulta fundamental tener en cuenta el modo en que la movilidad y arraigo en el nuevo territorio, y la situación de vida transnacional que caracteriza al barrio Lambertuchi de Escobar fortalecen u horadan los vínculos familiares.

En ese sentido resultan antecedentes interesantes trabajos como el de Levitt con familias migrantes pakistaníes, hindúes e irlandesas en EEUU. La autora  atiende el modo en que “las normas de género, autoridad y moralidad son reescritas a través del espacio”. Registra los diversos usos de las redes de parentesco, que van del apoyo a la explotación. También las presiones sobre las segundas generaciones para seguir siendo auténticos integrantes de los colectivos a los que pertenecen sus padres, al tiempo que interactúan con una variedad de puntos de referencia.  (Levitt, 2010: 29).

El trabajo de Sayad resulta un antecedente fundamental para abordar los procesos de identificación de los y las jóvenes de familias migrantes.  Su investigación con familias argelinas en Francia aporta numerosos elementos para pensar la situación de los jóvenes de familias bolivianas en Escobar.  La recuperación de las voces de las familias y jóvenes argelinos le permite advertir la tensión entre la nacionalidad francesa atribuida por el Estado y el sentimiento de pertenencia al colectivo, las situaciones de doble conciencia, la escisión entre vivir en un lugar y pertenecer a otro (Sayad, 2010). Retomando desarrollos de este último autor, diversas investigaciones europeas advierten el contenido extranjerizante de la utilización de la categoría segunda generación,  en tanto define a los hijos por una acción de los padres (migrar) (García Borrego, 2003). Borrego asocia estas categorías a una forma de clasificación estigmatizante que refuerza su condición fronteriza, «a medio camino» entre migrantes y nativos y tiende a naturalizar la herencia cultural de una generación a otra (García Borrego, 2003, p. 12). En otros textos diferencio los sentidos de la categoría “migrante de segunda generación” de la de “boliviano de segunda generación” de uso frecuente entra la población boliviana de Argentina y en particular en Escobar (Novaro, 2022).

En textos anteriores argumento la importancia de distinguir los sentidos de la atribución externa a los descendientes de la categoría boliviano, de lo que implica la transmisión de la pertenencia dentro del mismo colectivo migrante. Esta última, afirmo, no puede ser pensada  (o claramente no solo puede ser pensada) como una estrategia de reproducción de la desigualdad y el prejuicio hacia las jóvenes generaciones. Advierto que la misma representa también una forma de reforzamiento colectivo y de asegurar la continuidad del mismo a través de las generaciones. Me pregunto ahora, en particular, por el lugar de las familias migrantes en estos procesos  

 

Viajes, trabajo, matrimonios y festividades “en familia”

 

Entre la  población migrante de Escobar la familia ha funcionado y funciona como una unidad fundamental para organizar el proyecto migratorio. Frente a la pregunta de por qué vinieron a Escobar la respuesta suele aludir a que tenían familiares viviendo aquí.

Los lazos familiares son reiteradamente mencionados para pedir a los residentes en Escobar que no se olviden de sus pueblos de origen. Así aparece en las palabras de un hombre mayor invitando a “no olvidarse de Pancochi”  (pequeño pueblo rural del departamento de Potosí de donde ha venido gran parte de la población boliviana de Escobar). Las palabras también aluden a legados de los padres y expectativas hacia los hijos:

“Todos somos familia, carnalmente y espiritualmente, nos hemos criado juntos de chicos, quizás hoy estamos un poco distanciados por motivos de trabajo… es triste,  pero esto tenía que pasar porque no tenemos allá como sobrevivir. Todo quedo chico, nuestros terrenitos, nuestras huertas, si o si teníamos que salir a donde dios nos ha llevado… pero no nos olvidamos de nuestro querido Pancochi. Nuestros hijos no conocen, no van a creer algunos ese sufrimiento. Nuestros nietos ni hablar… porque nuestros hijos no han visto ese sufrimiento, ese sacrificio de nuestros padres por nosotros…, aquí nuestros hijos se están criando bien…., ellos no están más en ese sufrimiento…… vale la pena recordar… cuando hay una asamblea intercomunal quisiera que ustedes estén presentes en esa asamblea…. les ruego que estemos en esas reuniones cuando nuestro curaca nos convoque” (audio difundido entre los pancocheños del barrio, 2023)

Numerosos jóvenes relataron como siendo niños fueron y vinieron con sus padres  hasta que definieron como asentarse, o quedaron en Bolivia al cuidado de tíos o abuelos.

Comenta un hombre joven también proveniente de Pancochi que vino  a Argentina en el año 1986 siendo niño.

“Nos tuvimos que venir… porque había fallecido mi mamá, y mi papá … para no tener muchos recuerdos allá, decidió que nos vengamos todos para acá …También él pensaba que era mejor la educación o que era un país más desarrollado. (Testimonio a enviado a la radio de la CBE, 4 de julio de 2020).

Recientemente expresó su interés en recopilar la historia de la localidad de donde viene su familia:

“Guardar un poco archivos, seguramente para generaciones futuras… escribir algo de nuestra comunidad, tantas familias que vinimos… porque la mayoría de los que estamos aquí en el barrio, somos habitantes de ese lugar”.

Una joven hija de padres bolivianos cuenta que su familia fue y vino de Bolivia varias veces mientras definían el proyecto migratorio.

“Yo nací acá, sí, pero…digamos que también me crie en Bolivia. (ante la pregunta por la decisión de sus padres de venir a Argentina responde) … … en Bolivia no había mucho trabajo o te pagaban poco pero no alcanzaba …para todos… mis papas decidieron de nuevo migrar acá a Buenos Aires, y ahí empezaron a trabajar precisamente acá en el mercado, y ahí se generaba un poquito más de plata, entonces se vinieron con mis hermanos, … también vinieron con mis tíos y bueno, ya estaban todos y yo me quede sola porque tenía que terminar el año, … vine para Argentina con mi abuela, mi abuela se regresó, básicamente a Bolivia porque no aguantaba el clima”.

Cuando el proyecto migratorio se define y se proyecta la permanencia en Argentina los viajes de ida y vuelta, responden muchas veces a cuestiones familiares y a mantener relaciones entre distintas generaciones: para el parto,  para presentar a los niños nacidos en Argentina,  para que los niños conozcan a sus parientes de “allá”, para cuidar a los padres cuando enferman o envejecen. También las muertes allá y acá son motivo para viajar: la compañía de los familiares, la recomposición de vínculos, el arreglo de los papeles, el homenaje al muerto en su primer santo.

Ya  asentados en Escobar el trabajo (aspecto profundizado por María Laura Diez en la misma localidad) resulta otra instancia donde el grupo familiar es fundamental.  Es posible identificar la centralidad de la familia en la historia laboral de cada grupo domestico, la profusión de pequeñas explotaciones familiares en quintas y viveros, el carácter familiar del trabajo en los mercados y ferias, en definitiva,  y la expectativa colectiva de que se asuman múltiples cargas de trabajo. (Diez, 2022). Esto incluye también, con tareas de apoyo y colaboración, a los niños  y jóvenes.

Otra situación a considerar son los matrimonios. A lo largo de todos estos años, todos aquellos a los que pregunté cómo estaban compuestas sus parejas, salvo en un caso (que además estaban divorciados), me dijeron que se habían casado “entre paisanos”, con bolivianos o con hijos de bolivianos. El comentario de una referente de la Colectividad  permite pensar la articulación de esta pauta matrimonial con la preocupación por la adscripción de la descendencia: cuando le preguntamos hasta que generación se consideran bolivianos nos contesto:

“ En realidad rige lo mismo que para la  nacionalidad, hasta la 3º generación,  la nacionalidad corre hasta los nietos…. Lo que pasa es que si se va a Bolivia, se casa con una boliviana, y empieza de vuelta… (Volvimos a preguntarle sobre esto en un encuentro posterior y contesto):” se renueva siempre, porque se buscan entre ellos, se casan entre ellos”. Nos habla luego de conocidos que noviaron con argentinos, pero se casaron con bolivianos. (Entrevistas en Diez- Novaro a autoridades de la Colectividad, 2017).

En el terreno de la sociabilidad “la sangre” y los vínculos con la “familia biológica” tienen un lugar destacado. En textos previos me he detenido en como la familia funciona como convocante de grupos de danza  (en la conformación de los llamados en la localidad “bailes de comunidad”) y la definición de formas de participación en las festividades, cuestión que,  entre la población boliviana tiene una importancia central: jóvenes que recuerdan con detalle su integración, de niños, de los grupos de baile de sus familias. Estos en general recrean expresiones de zonas rurales de Bolivia de donde proceden los adultos, en ocasiones bailan por devoción a una virgen o un santo. Una vez que esos niños crecen, muchos siguen acompañando a sus familias, pero también se integran a fraternidades de pares de bailes como el caporal, el tinku y el salai. Estas danzas,  a pesar de diferenciarse claramente de los bailes de comunidad, son identificados como “bailes bolivianos” (Novaro, 2020).

 

La sangre, la pertenencia  y los cargos en la Colectividad


Nos encontramos con un colectivo donde la descendencia biológica de padre y/o madre boliviana determina posibilidad o no de acceso a espacios de socialización, de trabajo, define pertenencia, ubica a los sujetos. Esto, que se define en gran medida en las familias y se refuerza en disposiciones institucionales de la CBE.

Ser parte de esta organización implica dar testimonio de ser boliviano o descendiente, y poder probarlo. También es condición para participar de diversos eventos.

Los cargos políticos en la CBE también aparecen cruzados `por cuestiones familiares. Ser descendiente de un socio fundador,  de aquellos que entre el 80 y el 90 organizaron la CBE, establece de alguna manera el derecho y el deber de participar activamente de la institución, legitima el acceso a los cargos y la organización familiar para asumir tareas.

“…siempre… fue mi idea esa de… trabajar con mi papa y eso porque…  mi papa es el fundador de la colectividad… el líder… esa primera comisión fue armada por un primo mío, eh Benjamin Villafuerte… una herencia, por eso yo digo siempre…  si tengo que trabajar, voy a trabajar, y si después más adelante trabajaran mis… mis hijos. Como dijimos siempre la colectividad está hecho para los hijos, para los nietos y para los bisnietos y para los que vendrán, entonces ahora… nosotros ya desde la tercera generación que estoy trabajando… Lo que le mando mi papa, se está cayendo, entonces yo voy a seguir levantando, voy a seguir, que suba esto, que siga esto” (mujer adulta, entrevista 2019).

En otros terrenos de la vida el probar ascendencia boliviana también es fundamental.

El reglamento de elección de reina de la belleza (y también de la niña capullito) afirmaba en  2019: Las aspirantes deberán ser ciudadanas o descendientes de bolivianos. En el 2023 ya no se hablaba de reinas y capullitos, sino de embajador-embajadora. El primer requisito fue Las y los postulantes deben ser bolivianos o descendientes directos.

Francisco Fariña, en la misma localidad, releva como  las relaciones familiares son también fundamentales en la definición de los equipos de futbol. Registra al mismo tiempo los cambios que en este sentido se producen en los últimos años y el cruce de los alineamientos por otras lógicas.

 

Antecesores y sucesores 

 

Los discursos de las autoridades de la CBE en los actos, las intervenciones en la radio de la organización son ocasión para explicitar discursos que enlazan de modo recurrente el reconocimiento de la obra de los antecesores (aquellos que llegaron a fines del siglo XX al barrio y fueron consolidando la institución) y los sucesores (sus hijos y nietos que siguen viviendo aquí y vinculados a la CBE). Sobrevuela permanentemente, la noción de regeneración.  

En el año 2021 se inauguro en terrenos de la Colectividad un monumento a los fundadores. En el acto se descubrió una placa recordatoria.

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El acto de inauguración destacó la  experiencia migratoria de los adultos mayores y  su protagonismo en la construcción de la organización; posiblemente se buscó también consolidar el lugar de ciertas familias en la institución; en el mismo además se transmitieron permanentes mensajes a los niños y jóvenes.

Las palabras en el acto resaltaron  la voluntad colectiva de sostener  “el camino que iniciaron”. Sus sacrificios, tesón, voluntad y trabajo se aludieron permanentemente como ejemplo, sus acciones se constituyen una “gesta” (termino también utilizado) que se traduce en los logros de la CBE y que marcan un legado que no debe perderse en las generaciones que siguen.

“Un minuto de silencio en honor a socios fundadores que nos han dejado este legado

Hombres… y mujeres, dejaron aquí  su impronta, y su huella…sostener  el camino que iniciaron…Es la ocasión propicia, para observar con sabiduría, su historia, y reconocer en nuestra institución, lo que es perdurable,… y debe conservarse…  Desde mi cargo de presidente, quiero invitarles a reconocer, en este pasado forjado por nuestros antecesores, y solo así podremos proyectarnos, hacia el futuro…tenemos una visión optimista sobre el destino de la institución, y grandes esperanzas en el potencial de nuestros jóvenes, y serán los continuadores de la senda iniciada… somos ante todo trabajadores incansables, y no podemos perder de vista nuestra esencia” (presidente de la CBE en el acto de inauguración, enero 2021)

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Similares términos se publicaron en el facebook de la institución los años siguientes ante la muerte de varios socios notables

 

Conclusión

 La idea de que sangre no es necesariamente más espesa que el agua con  el que se cuestiono el lugar de lo biológico en los estudios clásicos del parentesco nos plantea, pensando en el caso analizado, múltiples preguntas. Si en muchas situaciones la sangre no es espesa, este no parece el caso entre la población andina de Escobar. Nos encontramos con una situación donde la sangre, el ser hijo biológico de bolivianos, determina adscripción al colectivo.  Vuelvo  a señalar la importancia de tener presente que estas representaciones y prácticas implican la explícita o explicita tensión con los discursos estatales en origen y en destino: la sangre parece aquí, suficientemente espesa como para definir nacionalidad, es más, resulta más espesa que haber nacido de uno u otro lado de la frontera para definir la adscripción colectiva.

Como decíamos, tanto el Estado argentino como el boliviano se rigen ´por el ius soli y asocian la nacionalidad al territorio de nacimiento. En los sentidos locales parecería más bien circular la concepción correspondiente al  ius sanguis (de acuerdo al cual la nacionalidad se adquiere por filiación). La relación entre normas jurídicas y concepciones sociales en este punto debe seguir siendo profundizada. También los sentidos ´étnicos que adquiere la adscripción a Bolivia en muchas situaciones.

La familia y el parentesco resultan así aspectos fundamentales, en principio para definir la adscripción nacional, pero también condicionan expectativas, lugares potenciales y trayectorias posibles, todas cuestiones que, en alguna medida, se heredan, si bien también se debe asumir ciertas prácticas y demostrar el compromiso con la organización.

Estos distintos usos y sentidos de la sangre resultan sumamente sugerentes. Hablan de la importancia de registrar y analizar estas categorías nativas (antecesores, sucesores, descendientes), lo que no implica darles fuerza explicativa absoluta. También de cruzar este uso  por el contexto y los procesos generales que sin duda enmarcan y condicionan los sentidos de esos términos y prácticas.

 

 

Notas de la ponencia:

(1)     Proyecto Ubacyt “Relaciones generacionales, conocimientos e identificaciones étnico-nacionales. Experiencias formativas en contextos familiares, comunitarios y escolares; Proyecto PIP “Migración y educación en contextos de reconfiguración de la movilidad: relaciones generacionales, procesos de identificación y experiencias formativas”;  Proyecto PICT “Migración, identificaciones y educación: jóvenes de Bolivia y descendientes de migrantes en Argentina”.

 

Bibliografía de la ponencia

Arnold, D. (2009). Discursos, subjetividades e identidades. En Arnold (Comp.), Indígenas u obreros. La construcción política de identidades en el Altiplano Boliviano (pp. 47- 93). Bolivia: Fundación UNIR.

García Borrego, I. (2003). Los hijos de inmigrantes extranjeros como objeto de estudio de la sociología. Anduli: Revista andaluza de ciencias sociales, (3). 27-46.

Levitt, P  (2010) Los desafíos de la vida familiar transnacional. En Grupo Interdisciplinario de Investigador@s migrantes (coord.) Familias, niños, niñas y jóvenes migrantes. Rompiendo estereotipos (pp  17-30). IEPALA.

Novaro, G. (2022).  Entre seguir siendo y ser alguien en la vida. Bolivianos y bolivianos de segunda generación en Argentina. Migraciones  (54), 1-20. 

Rivera Cusicanqui, S. (2004). La noción de derecho o las paradojas de la modernidad poscolonial: indígenas y mujeres en Bolivia. Revista Aportes Andinos, (11). Recuperado de http://hdl.handle.net/10644/678

Sayad, A. (1998/2010). La doble ausencia. De las ilusiones del emigrado a los padecimientos del inmigrado. Anthropos.

Schneider, D. (2007) “¿De qué va el parentesco?” En: R. Parkin y L. Stone (eds): op. cit. ntsty, 2007.

Imagenes Adjuntas