“No tengo tiempo para sentir”: emprendedurismo, (auto)explotación y emociones en la inserción laboral de migrantes venezolanos en Argentina

SP.38: Antropologías Latinoamericanas del trabajo: pendientes, agenda de trabajo y desafíos

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Maryoly Ibarra IICSAL

Creditos Adicionales

Nombre Pertenencia institucional Pais
Maryoly Ibarra Instituto de Investigaciones Sociales de América Latina (IICSAL; FLACSO-CONICET) Argentina

Resumen: 

La migración venezolana en Argentina se caracteriza por su elevado nivel educativo y una predominante composición juvenil (Penchaszadeh, Nicolao y Debandi, 2021). Sin embargo, su incorporación al mercado laboral argentino se ve marcada por la informalidad y condiciones de trabajo poco favorables (Pacecca y Liguori, 2019; Pedone y Mallimaci, 2019). Ante estos retos, los migrantes venezolanos han adoptado diversas estrategias para integrarse laboralmente en el país, resaltando la tendencia hacia el emprendimiento individual (Linares, 2021) y la iniciativa de establecer negocios propios (Melella, 2021). Aunque los estudios iniciales ofrecen hallazgos sobre las dinámicas de acceso y los desafíos, la normativa y las tácticas para conseguir trabajo en condiciones favorables, aún se requiere explorar el impacto emocional en el debate sobre la integración laboral de las comunidades migrantes. Por lo tanto, esta ponencia busca examinar el papel de las emociones en un contexto marcado por la flexibilización laboral, la fragmentación de horarios, la informalidad en el empleo y la ascensión del self emprendedor (Bröckling, 2015) en la migración venezolana. A través de un estudio etnográfico realizado en espacios de atención psicosocial para migrantes y entrevistas en profundidad, se exploran las narrativas que rodean la inserción en el ámbito laboral argentino y el auge del ethos emprendedor, en relación con conceptos vinculados a la “autoexplotación”. 

Este análisis se enfoca en las trayectorias profesionales anteriores a la migración, las expectativas respecto al mercado laboral, los desafíos para obtener empleo y, específicamente, en la proliferación del discurso del trabajador independiente y emprendedor, dando lugar a una sociedad marcada por nuevos paradigmas afectivos como la ansiedad, la incertidumbre y la precariedad (Zafra, 2021). 

Introducción 

Durante mi trabajo etnográfico en espacios virtuales de apoyo psicosocial dirigidos a mujeres migrantes venezolanas en Argentina, tuve la oportunidad de participar en una sesión denominada "Lo bello de lo inútil". El encuentro inició planteando una reflexión que parecía haber sido naturalizada por las asistentes: "¿qué es útil?". Ante el silencio inicial de las participantes frente a la pregunta, las organizadoras cambiaron la diapositiva y proyectaron en pantalla la frase "La migración y la utilidad". 

El objetivo de este segmento era discutir la existencia de un "imaginario colectivo" que asocia la migración con "oportunidades", aunque frecuentemente, la experiencia migratoria nos sitúa en un contexto donde prevalece la “obligación de producir”, impulsada por la urgencia de obtener ingresos económicos. La participación de las asistentes se intensificó cuando las psicólogas presentaron una diapositiva titulada "Empujados hacia la utilidad", que incluía afirmaciones como: "Estudia algo que te dé dinero o tenga futuro", "Si eliges eso te vas a morir de hambre", "Tienes que pensar con la cabeza y no con el corazón", "Estudia inglés porque te va a servir para tu futuro", "Me siento culpable porque hoy no hice nada", "Soy una inútil, no valgo nada". 

En este punto, por medio del chat de Zoom, las participantes comenzaron a compartir sus propias experiencias: "¿De qué me sirvió estudiar y prepararme tanto?", "Siento que hago mucho, pero al final no hago nada productivo para avanzar en este país", "Siempre he querido hacer arte, pero pienso que no ganaré el dinero necesario para vivir aquí", fueron algunas de las reflexiones compartidas durante el encuentro. Para cerrar esta parte del taller, una de las organizadoras comentó cómo habían pasado de poder dedicarse en Venezuela a lo que se consideraba "inútil", a enfrentarse, debido a la migración, a una constante presión por producir. Este ejercicio de "elogio" a la inutilidad, más que un suceso anecdótico, fue un hallazgo relevante, especialmente al evidenciar la antinomia con ciertos aspectos característicos de la migración venezolana en Argentina. A pesar del nivel académico que distingue a este grupo, su inserción laboral en el país sudamericano se ve dificultada por diversos escollos relacionados con la obtención de documentos de identidad y la convalidación de sus títulos universitarios. 

Estos obstáculos dificultan su inserción a empleos registrados (Pacecca y Liguori, 2019; Pedone y Barral, 2019; Penchaszadeh et al., 2021). Ante estas adversidades, las/os migrantes venezolanas/os han desarrollado estrategias para su inserción laboral en Argentina, destacándose la tendencia hacia el "cuentapropismo pujante" (Linares, 2021) y la creación de sus propios negocios (Melella, 2021). Esta modalidad de autoempleo, promovida en ocasiones por un incremento en las iniciativas de fomento al emprendimiento por parte de entidades internacionales, nacionales y organizaciones sociales, se inscribe en un marco de gobernanza migratoria. En este contexto, el desarrollo ocupa un lugar preponderante en la agenda de diversas instituciones internacionales y gobiernos, considerando a los migrantes como vectores de "oportunidad" para el avance socioeconómico y cultural de las naciones receptoras (Ramírez, 2022). De esta manera, propongo una reflexión teórica y empírica sobre el rol de las emociones en la inserción laboral de las personas migrantes venezolanas, considerando categorías relacionadas con la producción, el desarrollo, el emprendimiento y la (auto) explotación. La importancia de abordar estas categorías se fundamenta en varias dimensiones. 

A nivel macro, algunos aspectos constitutivos de la época actual están vinculados con sentimientos de inseguridad, desprotección, inestabilidad y precariedad, especialmente en el ámbito laboral (Abramowski, 2010; Zafra, 2021), debido a las condiciones materiales creadas por la mercantilización y la modernidad líquida (Bauman, 2015). A nivel meso, resulta pertinente analizar los discursos predominantes sobre la migración, en particular a nivel regional, que conciben a la migración como un detonante de desarrollo para los países receptores, bajo un modelo de migration management o gestión internacional de las migraciones (GIM) (Ramírez, 2022). Esto lleva a una construcción de las personas migrantes no como sujetos de derecho, sino como mano de obra o fuerza de trabajo para las economías de los países de recepción. A nivel micro, es esencial tener en cuenta la perspectiva de los sujetos que experimentan la migración. 

En este sentido, discutiré la pertinencia del término "autoexplotación" y, especialmente, la utilización del prefijo "auto" para describir al self que se explota a sí mismo. Por lo tanto, basándome en estas tres dimensiones de estudio, propongo un cruce temático que se enmarca en los estudios migratorios y los enfoques relacionados con la inserción laboral, con el objetivo de problematizarlos con los estudios de afectos y emociones desde una perspectiva antropológica. Es relevante destacar que este trabajo forma parte de mi tesis doctoral, que se centra en investigar cómo las emociones operan en los procesos de integración laboral de profesionales venezolanos en el Área Metropolitana de Buenos Aires entre 2017 y 2023. Siguiendo los postulados de Ahmed (2021), el interés de mi investigación y, por lo tanto, de este estudio, se centra en comprender qué hacen las emociones y cómo funcionan, para así aproximarnos a conocer cómo las personas migrantes se movilizan afectivamente en relación con las dinámicas de acceso, inserción e integración en el mercado laboral argentino. 

Estrategia metodológica 

Con el fin de explorar el papel de las emociones en los procesos de integración laboral de los migrantes venezolanos en Argentina, realicé un trabajo de campo etnográfico para abordar este proceso desde la perspectiva de los actores involucrados, a través de la participación observante (Guber, 2004), dando lugar a mi posicionamiento como investigadora nativa y a la recolección de las experiencias e impresiones de los sujetos. Principalmente, llevé a cabo un trabajo de participación observante en el taller “Mujeres Migrantes” desde mayo de 2022 hasta la actualidad en el marco del Programa de Bienestar Migrante organizado por la agrupación de psicólogas/os venezolanas/os (PSI-AR)2. Este programa fue creado en 2020 y cuenta con el apoyo de organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil venezolana en Argentina. Su principal objetivo es brindar apoyo psicosocial a la población migrante y ofrecer capacitaciones a través de talleres gratuitos. 

Simultáneamente a mi participación en dicho espacio, realicé diez entrevistas en profundidad a mujeres y varones migrantes venezolanos de entre 20 y 65 años, residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), con diferentes profesiones como psicólogas/os, periodistas, ingenieras/os y diseñadoras/es gráficos, entre otros. En este trabajo, seleccioné tres historias que están fuertemente influenciadas por el discurso del emprendimiento y una clara preferencia por el trabajo independiente. La pertinencia de analizar las trayectorias laborales radica en la "desestandarización" que en el último tiempo éstas presentan, debido a los cambios drásticos en las formas de trabajo, en las dinámicas de estudio, en el desempleo, en las variaciones en la estructura familiar, entre otros aspectos. Estos elementos hacen evidente en los relatos biográficos, las formas de desigualdad y su impacto en las subjetividades (Galland cp. Dubet, 2020, p. 29). 

Trayectorias laborales: Desde la experiencia de trabajo previa hasta el proceso migratorio 

Marimar. Es una mujer de 33 años originaria de Mérida, Venezuela. Inicialmente, se graduó en sistemas administrativos de mantenimiento y desempeñó roles administrativos, supervisando plantas y gestionando tiendas de telecomunicaciones. Tras esta etapa, optó por estudiar Comunicación Social y trabajó como corresponsal para un periódico, locutora en una radio comunitaria y profesora de inglés. En 2019, migró a Argentina, donde encontró rápidamente un empleo no registrado en una tienda de ropa y, posteriormente, trabajó como cuidadora "cama adentro" de mujeres adultas mayores. Sin embargo, el maltrato laboral y la llegada de la pandemia la motivaron a iniciar un emprendimiento de gastronomía venezolana. Actualmente, se dedica a la elaboración de arepas, pastelitos y tequeños, comercializándolos por encargo. Los fines de semana recorre las zonas cercanas al Parque Centenario y al Parque Lezama, cantando y vendiendo sus productos con una mochila de la plataforma Rappi. 

Sebastián. Es un hombre de 29 años originario de Mérida, occidente de Venezuela, se especializó en Hotelería y Servicios de Hospitalidad. Durante sus años de formación, trabajó en el sector de telecomunicaciones instalando antenas de televisión satelital. Al graduarse, adquirió experiencia laboral en reconocidos hoteles de Caracas, las Islas de Margarita y Mérida. Sin embargo, debido a la situación socioeconómica de Venezuela, el sector turístico se vio afectado, llevándolo a desempeñarse, junto a un grupo de compañeros, en la atención de eventos como mesonero y personal de protocolo. En 2017, migró a Argentina, donde inicialmente trabajó en una heladería. Con el tiempo, obtuvo empleo en la recepción de un hotel, pero la pandemia provocó el cierre del establecimiento. En este contexto, utilizando los ahorros familiares y un préstamo bancario, decidió comprar un auto y comenzar a trabajar en una plataforma digital de movilidad y transporte. 

Cristina. Es una mujer de 30 años originaria de Zulia donde estudió Diseño Gráfico. Desempeñó el rol de diseñadora en un Centro de Bellas Artes, donde era responsable de la creación de piezas para eventos y actividades. En 2022, en busca de mejores oportunidades laborales, migró a Argentina. Su primer empleo en el país fue en tareas operativas en un centro de copiado de una papelería. Durante este período, recibió una oferta de trabajo remoto de una agencia de marketing venezolana para desempeñarse como community manager de diversas cuentas en redes sociales. A pesar de su experiencia en una agencia de marketing en Buenos Aires, Cristina optó por renunciar debido a su discrepancia con la "estructura laboral" establecida. En la actualidad, trabaja como freelance para clientes internacionales y se dedica a la creación de artesanías y piezas de crochet. Su objetivo es formar un emprendimiento basado en su visión "idealista" y su deseo de elaborar productos alineados con sus propias creencias y discurso. 

“Empujados hacia la utilidad”. Crítica a los discursos sobre el aporte de la migración al desarrollo 

Históricamente, los Estados han implementado diversas estrategias para gestionar los desafíos asociados a la migración. En el contexto latinoamericano, el término "Gobernabilidad migratoria" se ha adoptado como la traducción más adecuada de migration management (Domenech, 2018). 

En esta línea, Lelio Mármora (2010) fue uno de los primeros en abordar este concepto, definiéndolo como "el ajuste entre las percepciones y demandas sociales respecto a las causas, características y consecuencias de los movimientos migratorios, y las capacidades e intenciones de los Estados para responder a estas demandas de manera legítima y efectiva" (Mármora, 2010, p. 71). En este ámbito, existen enfoques que priorizan medidas securitistas, mientras que otros optan por una perspectiva basada en los derechos humanos, subrayando el derecho a la libre circulación. Sin embargo, en décadas recientes, ha surgido el paradigma de la "Gestión Internacional de Migraciones". Este enfoque sugiere que, mediante una gestión adecuada de los flujos migratorios, la migración puede transformarse de un desafío a una oportunidad que beneficia, en primer lugar, a los países receptores a través de la incorporación de mano de obra migrante; en segundo lugar, a los países de origen a través de la recepción de remesas; y, finalmente, a los propios migrantes, quienes pueden acceder a ingresos superiores a los que conseguirían en sus países de procedencia (Ramírez, 2022). 

Para entender la importancia actual de este modelo, es esencial referirse a los argumentos de Geiger y Pécoud (2010), quienes señalan que ha sido impulsado principalmente por organismos internacionales vinculados a la migración. El enfoque ha cobrado notoriedad en la agenda global mediante su promoción en diversos foros mundiales, vinculando la migración al desarrollo económico y social. Estas prácticas están sustentadas por discursos que alientan el empoderamiento y el "desarrollo humano" de los migrantes y ofrecen guías para su adecuada gestión (Estupiñán, 2014). 

Entre las principales críticas a este enfoque, se destacan las que apuntan a la selección de migrantes "deseables" frente a "no deseables", favoreciendo a aquellos que se alinean con la lógica de desarrollo del país receptor (Ramírez, 2022). Este discurso promueve una migración organizada, considerando la irregularidad como un problema global que se gestiona mediante prácticas de control. Aunque se mencionan los derechos de los migrantes, estos quedan subordinados a la administración de los flujos migratorios (Domenech, 2018), y en ocasiones, las acciones estatales no reflejan las propuestas del modelo, revelando el predominio de "intereses particulares" (Estupiñán, 2014). Bajo este criterio, se hace imperativo reconsiderar el modelo de “gobernabilidad migratoria”, el cual busca posicionarse en una intersección entre políticas enfocadas en la seguridad y enfoques orientados a los derechos humanos. No obstante, la realización de estos derechos se encuentra limitada por una gestión estatal que prioriza la regulación de los flujos migratorios bajo el lema de una “migración segura, regular y ordenada” (Domenech, 2021; Ramírez, 2022). 

En lugar de enfocarse únicamente en el aporte productivo de las migraciones internacionales a los sistemas socioeconómicos de los países de destino, resulta fundamental analizar las condiciones laborales en las que los migrantes se insertan a los mercados de trabajo locales, así como sus experiencias personales. Al observar la situación en Argentina, los datos muestran una alta incidencia en la informalidad laboral. Los migrantes enfrentan una mayor probabilidad de ocupar empleos no registrados con bajos salarios (Falcón y Paz, 2009), situación en la cual las mujeres migrantes son particularmente invisibilizadas (Magliano, 2017). En el marco de la migración venezolana, nos encontramos ante un complejo panorama caracterizado por la desregulación y la segmentación de los mercados laborales, tanto en los países de origen como en los de destino. Estos factores, junto a las trabas burocráticas para la obtención de la documentación necesaria para la regularización del estatus migratorio, conforman obstáculos significativos. Además se suman a los escollos las diferencias en los sistemas educativos entre Venezuela y Argentina (Ibarra y Fischman, 2023), las brechas de género y la exclusión por edad (Sala, 2019), junto con las dificultades en la convalidación de las credenciales académicas (Mercer, 2019). 

Estas barreras no solo impiden el acceso al empleo registrado, sino que también movilizan un flujo de afectos ambivalentes y ejercen una influencia determinante en la configuración de las subjetividades de las personas migrantes venezolanas y en su proceso de integración en el país de recepción. Ante la premura de acceder al mercado laboral argentino para asegurar su sustento económico, y en muchos casos, para enviar remesas que sostengan a sus familiares en Venezuela (Ibarra, 2022), los migrantes venezolanos en Argentina a menudo experimentan un proceso de desprofesionalización (Ibarra y Fischman, en prensa). Este fenómeno se caracteriza por un desajuste entre la formación académica y disciplinar del sujeto y su ocupación laboral actual. Un ejemplo ilustrativo de esta situación es Sebastián, quien, tras haber trabajado en el sector de Hotelería y Servicios en Venezuela, encontró su primer empleo en Argentina en una heladería, desempeñándose en condiciones informales, sin registro laboral. 

"No sé si le pasa a todo el mundo, pero a mí me pasó, que yo sentía como que…a ver… estuve estudiando un montón de tiempo, como que invertí un montón de tiempo y de esfuerzo en mi carrera, en mi cuestión, y si bien esto tenía que ver con mi carrera de alguna forma, porque era servicio, era alimentos y bebidas, sentía que era como desaprovechar todo eso que estaba haciendo" (Sebastián, comunicación personal, 12 de octubre de 2023). 

Además, aunque el modelo de desarrollo se centra en las oportunidades de crecimiento generadas por las migraciones y las remesas, se pasa por alto las implicancias subjetivas y emocionales que experimentan las personas migrantes al generar sus ingresos económicos. En el caso de Sebastián, comenta que constantemente buscaba hacer horas extras en su trabajo para “producir más”, lo que lo llevaba a trabajar extensas jornadas laborales que estaban fuera de los límites legales y de sus derechos laborales. Entre los migrantes, las emociones se ven influenciadas tanto por interacciones y contextos sociales, como por las expectativas personales (Svašek, 2010). La aspiración a encontrar mejores oportunidades, expresada por los tres entrevistados, ilustra la percepción de que el empleo representa una vía socialmente reconocida para evadir condiciones de vida adversas o precarias (Zafra, 2021). Sin embargo, las condiciones laborales desfavorables y extensas jornadas que enfrentan las personas migrantes ponen de manifiesto la limitada disponibilidad de tiempo para actividades de ocio, una situación aún más pronunciada entre las mujeres migrantes. Estas últimas, frecuentemente sobrecargadas por responsabilidades de cuidado (Hochschild, 2008), experimentan una "doble jornada" al combinar el trabajo remunerado con las tareas domésticas (Hochschild y Machung, 2021). 

Un caso representativo es el de Marimar, quien vende arepas y tequeños en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Ella comenta tener escaso o nulo tiempo libre para el esparcimiento, excepto durante su participación en talleres de atención psicosocial ofrecidos por PSI-AR. Aun en estos espacios, dedicados a su "bienestar" emocional, Marimar continúa trabajando en la preparación de sus productos gastronómicos. 

"A parte de cocinar y vender, pues [...], me meto en los talleres a ver…me pongo a…hay noches que…que…hay noches que me pongo…que me pongo a llorar" (Marimar, encuentro personal, 4 de octubre de 2023). 

La defensa de la "inutilidad" que emergió durante mi trabajo etnográfico ofrece un punto de partida crucial para el debate en torno a las teorías de migración y desarrollo. Esta perspectiva permite reinterpretar lo considerado "inútil" como inherentemente "humano", tal como lo expresó una de las organizadoras del espacio estudiado. Dicha redefinición nos invita a reflexionar sobre el deseo colectivo de contar con un "tiempo liberador en el que el trabajo, si existe, no implique explotación ni consuma todos los aspectos de nuestra vida" (Zafra, 2021, p.19). 

“Uno no puede ser dependiente de nadie”. Quiebre del trabajo en relación de dependencia y devenir del cuentapropismo 

"Sabes que yo preferiría no trabajarle a nadie [...]. De que uno no puede ser dependiente de nadie, ni del Estado, tiene que ser dependiente de ti mismo, de que si…de que tienes que lanzarte al agua y saberte lanzar…de que tienes que enseñar a pescar, más no darle el pescado" (Marimar, encuentro personal, 4 de octubre de 2023). 

En su testimonio, Marimar expone su perspectiva sobre el acceso a un empleo registrado y los derechos laborales, un relato que, llamativamente, no es único. Por un lado, Sebastián valora los beneficios de ser monotributista en una plataforma de transporte, destacando la ventaja de "no tener que lidiar con jefes o con un montón de cosas". Por otro lado, Cristina aseveró una motivación más idealista hacia el emprendimiento, enfatizando el valor de actuar conforme a sus propias creencias y elecciones, "la razón por la que yo elijo ser emprendedora creo que es más idealista... yo elijo lo que quiero hacer y lo que no quiero hacer". Aunque el trabajo independiente, ya sea como autónomo, cuentapropista o freelance, emerge como una opción frente a las dificultades de inserción en los mercados laborales, es crucial reconocer cómo esta elección está vinculada a una forma de pensarse en relación al otro, a saber, una proceso de individuación. 

Esta última reflexión de Cristina se conecta con los postulados de Ulrich Bröckling sobre el "self emprendedor". Según el sociólogo alemán, ser emprendedor trasciende la mera actividad económica o profesional para convertirse en una forma de autoconcepción y relación con los demás, una "forma de subjetivación" (Bröckling, 2015, p. 13). A su vez, la noción no alude a una "entidad empírica observable", sino a las maneras en que los sujetos son cuestionados como personas y están sostenidos por su autoconfianza, su autonomía y por la exigencia de que “cada uno debe arreglárselas para convertirse, hasta en el último rincón de su alma, en un empresario de sí mismo” (Bröckling, 2015, p.19). Al relatar su experiencia en Argentina, Cristina menciona que inicialmente se incorporó a una agencia de marketing. Sin embargo, apenas dos semanas después, decidió renunciar debido a su malestar con el ambiente laboral. De esta manera, la noción de ser freelance, como ella misma se autodenominaba, estaba marcada, según plantea Bröckling (2015), no solo por una iniciativa de actividad autónoma, sino también por una visión que desafía las estructuras laborales tradicionales, respaldada por estrategias de empoderamiento: “trabajo por lo que yo creo y le dedico tiempo a lo que yo quiero”. 

"Yo casi siempre he sido independiente, entonces a veces las estructuras laborales a mí como que me ponen…¿qué es esto? No puedo, me bloqueo" (Cristina, comunicación personal, 20 de octubre de 2023). 

 Este sentimiento de "incomodidad" de Cristina hacia las estructuras laborales convencionales, caracterizadas por la relación empleado-empleador, pone de relieve las reflexiones críticas sobre el impacto de las desigualdades sociales en la promoción de formas de trabajo autónomo. En este sentido, las desigualdades se “viven como una experiencia singular, una prueba individual, una puesta en entredicho del valor propio, una expresión de desprecio y una humillación” (Dubet, 2020, p. 14). Este análisis sugiere que la desigualdad es experimentada en función de múltiples factores o en “calidad de…” —como la modalidad de empleo, género, origen y profesión—, lo que contribuye a un complejo "régimen múltiple de desigualdades" que afecta de manera heterogénea a las personas. 

Aunque Dubet (2020) reconoce que este régimen múltiple de desigualdades ofrece una perspectiva alternativa al modelo de clases, subraya la persistente relevancia de la categoría de clase social para comprender cómo se “entrelazan representaciones, identidades y significados comunes” (p. 25). En este marco, la "micromovilidad" social genera emociones de inestabilidad e incertidumbre, exacerbando el temor al "desclasamiento" y destacando la necesidad de una exploración más profunda sobre cómo las desigualdades sociales moldean las experiencias laborales y las decisiones de los trabajadores autónomos (Dubet, 2020). La migración venezolana hacia Argentina ilustra de forma contundente cómo la pertenencia a una clase social puede verse profundamente alterada. Según Pedone y Mallimaci (2019), es posible identificar dos categorías principales de migrantes venezolanos, considerando su inserción laboral en función de su clase social en el país de origen y el contexto de su salida y llegada a Argentina. Por una parte, encontramos a migrantes de clase media-alta, altamente calificados, con proyectos migratorios de carácter individual, que logran una inserción laboral profesional en el país de destino. 

Por otra, un segmento de recién llegados, con variados niveles de formación y provenientes de las clases media y media-baja, tienden a embarcarse en proyectos migratorios familiares y enfrentan una inserción laboral más precaria, experimentando "procesos más agudos de desclasamiento social tanto en el lugar de origen como en el destino" (Pedone y Mallimaci, 2019, p. 231). Esta clasificación cobra relevancia al escudriñar los tipos de empleo asociados con la lógica del self emprendedor. Por un lado, surgen emprendimientos en los sectores gastronómico, comercial y de servicios, sustentados en el capital económico y social de los migrantes. Por el otro, se destaca un segmento caracterizado por un elevado nivel de informalidad, incluyendo la venta ambulante y el trabajo en plataformas digitales, ya sea repartidores de alimentos o conductores de empresas de transporte, donde los migrantes actúan como sus propios jefes. La mayoría de los entrevistados se ubica en este último grupo, y a pesar de su fuerte deseo de autonomía, carecen de los derechos laborales garantizados por la legislación, evidenciando la vulnerabilidad de los "cuentapropistas" en comparación con los trabajadores asalariados. 

Es así como “los cuentapropistas son más pobres y frágiles que los obreros. ¿Cómo situar a esos “independiente dependientes” en una estructura de clases?” (Dubet, 2020, p.27). 

“Administro yo mi tiempo” ¿Fragilidad, inseguridad y precariedad? Tensiones entre la agencia y la estructura en la noción de (auto)explotación 

Vivimos en una época enmarcada por un magma sentimental (Abramowski, 2010), que denota la expansión de los afectos en las relaciones sociales y un capitalismo emocional (Illouz, 2007), que caracteriza una cultura en la que las prácticas y los discursos emocionales inciden en el comportamiento, el intercambio y en las relaciones económicas. Esto se puede constatar, sobre todo, en un contexto de “espectacularización de la intimidad” en los medios de comunicación tradicionales, incluyendo las redes y plataformas digitales, así como el auge de la psicología de autoayuda (Illouz, 2014) y de los saberes “psi” en la opinión pública, que incentivan la autenticidad y la liberación de nuestros yoes (Abramowski, 2010; Dussel, 2010; Illouz, 2007). 

En este escenario, surgen diferentes agencias que promueven un “lenguaje de los afectos” y respaldan su expresión por considerarla auténtica (Dussel, 2010), pero también validan o prohíben la manifestación de ciertos sentimientos y emociones por definirlas correctas o inapropiadas (Abramowski, 2010). En medio de esta vorágine de manuales que recurren al manejo emocional como una fórmula para fomentar el éxito personal (Nobile, 2018), también surgen discursos que conectan la riqueza o el fracaso con nuestras acciones individuales. En este sentido, se evidencia una postura que sostiene que “no hay problemas estructurales, sino solo deficiencias psicológicas individuales; en definitiva, que no existe la sociedad sino solo los individuos” (Illouz y Cabanas, 2019, p. 19). 

Este sistema, como plantea Foucault (2008; 2011), genera expectativas que disciplinan nuestros cuerpos y nos llevan a esperar ciertas cosas de nosotros mismos, en este punto, el poder no actúa por represión sino por normalización. La discusión, resaltada por Dubet (2020), sitúa a los sujetos en un dilema entre la demanda por el reconocimiento singular y la sensación de ser responsables de su “suerte”. Así surge la pregunta fundamental: “¿en qué medida somos responsables de las desigualdades que nos afectan?” (Dubet, 2020, p.49). Esa interrogante nos lleva a cuestionarnos también si somos responsables de nuestra explotación laboral. Los relatos ilustran la intrincada problemática asociada a la inserción laboral, marcada por el desempeño de tareas bajo condiciones de precariedad, jornadas laborales extensas y la falta de protección de los derechos laborales. Este escenario, donde en muchos casos se termina en una explotación laboral, representa el “‘peaje’ tácito que el extranjero debe pagar para merecer un lugar subalterno y devaluado" (Pacecca, 2011, p. 151). Esta situación se manifiesta en múltiples dimensiones a través de las experiencias narradas por los entrevistados. 

Por ejemplo, Sebastián mientras trabajaba en una heladería, consiguió un empleo formal como recepcionista en un hotel. A pesar de ello, eligió mantener ambos trabajos simultáneamente durante cuatro meses, enfrentándose a jornadas laborales de hasta 15 horas diarias. 

"En un momento la hora de dormir era atrás en el depósito de la heladería porque no daba más y también era la cuestión del tiempo, no es como salir de un lugar y llegar al otro y estar en el otro y cuando salía el otro ya estaba como a la mitad para entrar en el primero, entonces como que aprovechaba mis tiempos para dormir, ahí mismo en la heladería" (Sebastián, comunicación personal, 12 de octubre de 2023). 

Aunque los motivos que subyacen a esta decisión estuvieron marcados por “esa mentalidad de producir lo más que pudiera”, Sebastián también expresó que lo atravesaba la incertidumbre y el miedo ante el desconocimiento de cómo le iría en su nuevo trabajo. Además, ya estaba habituado a “ponerse la diez” en su primer empleo, donde realizaba horas extras y multitareas. Actualmente, Sebastián trabaja a través de una plataforma digital, pero aún se somete a extensas jornadas de trabajo, especialmente durante los fines de semana, cuando conduce desde las 10 de la noche hasta el mediodía del día siguiente para incrementar sus ingresos. Este fenómeno destaca la (auto)explotación como un tema transversal crucial, interrogando las dinámicas de poder y autonomía en el capitalismo moderno. Byung Chul Han (2012) introduce la figura del “sujeto de rendimiento”, quien, a pesar de percibirse como libre, se encuentra en realidad constreñido, evocando el Mito de Prometeo. Este sujeto, según Han, actúa voluntariamente, incluso sin la presencia de mecanismos explícitos de dominación. Siguiendo esta línea de pensamiento, los procesos de subjetivación emergentes llevan a las personas a identificarse con la idea de sentirse "liberadas" al trabajar de manera independiente. Basándose en los conceptos de Étienne de La Boétie, Polo (2019) argumenta que esta situación ha facilitado la transición de una "servidumbre voluntaria" a una "autoexplotación voluntaria", donde los sujetos se ven a sí mismos como recursos a maximizar. Este fenómeno conduce eventualmente al desencadenamiento del síndrome de Burnout (Polo, 2019). 

 A la luz de los testimonios registrados, considero relevante analizar el margen de acción de los sujetos ante las dificultades para acceder al empleo en un entorno que promueve la autonomía y el emprendimiento. A diferencia de los posicionamientos mencionados, la particular propuesta de Remedios Zafra (2021) critica la simplificación de la autodeterminación en contextos de falta de alternativas, argumentando que es "injusto" atribuir la responsabilidad de la autoexplotación a sujetos sometidos a las exigencias del capitalismo, el cual, siguiendo a Bloch (2006), "adormece" a sus víctimas, presentando la explotación como una elección consensuada (Zafra, 2021). En este sentido, la explotación surge de la combinación de los cuerpos con las tecnologías y las nuevas economías de mercado. Como menciona Sibilia (2013), la capacidad de creación es mercantilizada y capturada por los “tentáculos” del mercado, convirtiendo la creatividad en el “protoplasma” del capitalismo contemporáneo (Rolnik, 2002). De esta manera, la noción de (auto)explotación pierde sus cimientos si analizamos el papel del neoliberalismo como promotor de la imposición de nuevos individualismos, que erosionan la solidaridad y las identidades colectivas (Dubet, 2020). Este marco, caracterizado por un régimen de desigualdades múltiples, revela cómo los individuos navegan y se conforman con condiciones laborales ínfimas bajo la premisa de "al menos tengo un trabajo". Esta resignación se interpreta como una "responsabilidad propia" en el ámbito de empleos temporales, fragmentados o autónomos, pero si “usted se autoexplota y yo también, y esto se repite en muchos otros, somos un “nosotros” enredados en la época” (Zafra, 2021, p.50). 

Conclusiones 

A lo largo del estudio, me he enfocado en explorar la dimensión subjetiva y emocional de la vocación emprendedora y autónoma entre los migrantes venezolanos en Argentina, a través de tres dimensiones analíticas. Inicialmente, examiné la "utilidad" y la representación del sujeto migrante por las teorías del desarrollo, las cuales a menudo pasan por alto las realidades laborales y las obligaciones familiares que motivan a estos migrantes a enviar remesas a su país de origen. Esta dinámica incentiva a los individuos a someterse a largas jornadas laborales en condiciones de precariedad, en un esfuerzo constante por producir. Posteriormente, analicé el auge de los discursos cuentapropistas, promovidos por el lema "sé tu propio jefe" y los conceptos asociados al self emprendedor, que promueven un "imperativo de autosuperación" (Bröckling, 2015, p. 289). Sin embargo, estas narrativas de autonomía individual también revelan situaciones de precarización laboral y desigualdades estructurales, que a menudo son internalizadas y justificadas por los propios trabajadores. En el último apartado, me centré en la generación de discursos sobre la (auto)explotación que llevan a los migrantes a perseguir una acumulación productiva, a pesar de las limitaciones físicas y psicológicas. Este análisis intenta desentrañar cómo estas narrativas influyen en la percepción de los migrantes sobre su propio trabajo y las condiciones bajo las cuales este se realiza. 

Esta ponencia abordó el papel significativo de los afectos en el fenómeno migratorio, no solo subrayando la influencia de las emociones en la reproducción de la migración, sino también destacando su capacidad para actuar como un "eslabón de enlace entre agencia y estructura social", desvelando dinámicas sociales que trascienden el determinismo (Ariza, 2017, p. 91). Específicamente, el análisis de las emociones facilita la exploración del individuo como "un campo de batalla" (Virno, 2003 en Bröckling, 2015), revelando las "paradojas del self" observadas a través de los testimonios recogidos. El análisis de las trayectorias laborales de los migrantes ha sido particularmente revelador en cuanto a estas ambivalencias. Por ejemplo, el caso de Marimar, quien, a pesar de su discurso apasionado sobre autonomía e independencia en su emprendimiento, manifiesta una vulnerabilidad marcada por la soledad y la falta de tiempo derivada de su dedicación intensa a su emprendimiento gastronómico, llegando al punto de que no dispone de tiempo para cocinar sus propios alimentos. Siguiendo a Bröckling (2015), ante esta revelación, es pertinente considerar al sujeto “no tanto como víctima ni como opositor de las intervenciones de poder, sino más bien como su “efecto” (Bröckling 2015, p. 33). 

Este trabajo, en consonancia con la llamada de atención de De Marinis (2017), se propuso contribuir al debate que cuestiona la “abrumadora” cantidad de producciones que buscan promover la modalidad de subjetivación del self emprendedor, dando cuenta de aquellos avatares emociones que se ocultan detrás del imperativo de producción constante.

Notas de la ponencia:

1. Sistema de referencias bibliográfica: Normas APA - 7ma edición. 2. Con el fin de proteger la identidad de los sujetos de estudio y garantizar el anonimato de las/os entrevistadas/os e instituciones, se han utilizado nombres ficticios para las personas y agrupaciones mencionadas en este trabajo.

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