Desigualdad y Distinción. Familias migrantes, relaciones generacionales y procesos organizativos en contextos laborales

SP.42: Debates y disputas para analizar la economía en América Latina

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
María Laura Diez CONICET/ICA-Universidad de Buenos Aires, Universidad Pedagógica Nacional/Argentina

Introducción


En el trabajo(1) abordo las trayectorias de familias que migran de zonas rurales de Potosí y se asientan en un barrio de la provincia de Buenos Aires. Las mismas dan cuenta de un recorrido que las llevó a combinar estrategias reproductivas, como respuesta a las condiciones de desigualdad social y económica, incluyendo el desplazamiento internacional y las asociaciones en el contexto migratorio en torno a la producción hortícola y la comercialización en ferias y mercados.

En esta presentación analizo la relación entre las condiciones subordinadas que las familias migrantes encuentran para su inserción social y laboral -es decir, la participación subordinada como actores populares migrantes- y las respuestas que como trabajadores locales producen, los procesos de reforzamiento de lazos colectivos y el modo en que esto cruza los procesos de diferenciación familiar y la formación de las generaciones jóvenes, nacidas en Argentina.

Busco visibilizar prácticas situadas que articulan lógicas comunitarias en un mercado laboral segmentado, están presentes en las decisiones familiares y atraviesan redes organizativas que configuran el trabajo. Pongo atención a procesos relevados en una investigación etnográfica de muchos años, que perfilan experiencias intergeneracionales dentro de una economía de los trabajadores y sus familias (que en ocasiones expresan tensiones entre informalización y capitalización), en busca de diversificar las oportunidades de trabajo, los proyectos colectivos, las redes sociales y los itinerarios de los más jóvenes.

Luego de caracterizar brevemente la situación de la población migrante en Argentina y el contexto donde trabajo(2), y de realizar algunas precisiones metodológicas, planteo la experiencia laboral en la migración como campo de investigación. Seguidamente reconstruyo los contornos de una economía entre la experiencia colectiva de las familias que provienen de zonas rurales en las que se referencian y las relaciones generacionales, en la producción y comercialización en quintas, viveros y puestos de venta en mercados. 


Aproximaciones a un contexto desigual: migración andina y territorialización en Buenos Aires


Los procesos migratorios regionales no son un fenómeno reciente, atravesaron la conformación de la sociedad argentina, aunque su incidencia y aporte a lo largo del siglo XX tendió a ser poco reconocida en contraposición a la atención prestada a la migración intercontinental. Hace décadas que Argentina es uno de los principales países receptores de migración intrasudamericana. Entre los flujos inmigratorios existentes, una parte importante proviene de la zona andina de Bolivia y se radica en Buenos Aires. Esta población sostiene un fuerte nucleamiento en los territorios de radicación, aspecto particularmente presente en la localidad donde se desarrolla la investigación.

La localidad de Escobar, ubicada al norte de la capital sobre los bordes del llamado tercer cordón del conurbano (provincia de Buenos Aires), representa un ejemplo de los procesos de poblamiento de múltiples flujos inmigratorios. Desde fines del siglo XIX ese territorio estuvo habitado por numerosas familias italianas, españolas, japonesas y portuguesas. Muchas de ellas fueron llegando en distintos momentos del siglo XX hasta la década del 60. Desde 1970, la zona se configuró como importante destino de migrantes bolivianos.

La población con la que trabajamos proviene mayoritariamente de la zona de Potosí, esta es una de las regiones más postergadas de Bolivia. Los registros familiares asocian la decisión migratoria a un contexto de difícil reproducción. Si bien la pobreza está presente en la memoria familiar, los testimonios también dan cuenta de una importante diferenciación dentro del colectivo. La misma parece responder a situaciones distintas en origen, pero también a recorridos diferenciados en el país de destino (por ejemplo, entre propietarios de terrenos, medieros en las quintas, peones; entre puesteros del mercado y changarines). Esta diferenciación también se advierte en la distinta capacidad de las familias y referentes de las organizaciones de mantener vínculos económicos y políticos con Bolivia: viajes permanentes o períodos vividos allí, contacto con parientes, emprendimientos productivos y flujos comerciales, vínculos con autoridades políticas y participación en espacios de representación socio-comunitaria vinculada a los sistemas rotativos de cargos (sindicatos agrarios, autoridades originarias de los ayllus, pasantes de las fiestas religiosas locales) (Novaro, 2014; Diez, Novaro y Fariña, 2017; Diez, 2022).

Asimismo, damos cuenta de aspectos vinculados a la territorialización y organización del trabajo de la población en el barrio. Como parte de estos procesos de acción colectiva, señalamos simultáneamente la posibilidad de auto-organizarse, cierta autonomización progresiva de las familias horticulturas en la comercialización de lo que producen, a partir de la creación de mercados propios, así como formas de reforzamiento colectivo (en términos étnico-nacionales) a través de la promoción de espacios de encuentro, participación, transmisión y renovación de los vínculos sociales.

En ese contexto, las historias familiares se escriben (no sin tensiones) con las de las organizaciones que ellas mismas han dado lugar, entre las cuales se destaca una asociación civil con proyectos productivos, comerciales, sociales y culturales en expansión: la Colectividad Boliviana de Escobar (CBE). La misma cuenta con alrededor de 2000 socios. Los testimonios alternan entre vincular los orígenes de esta organización al trabajo (nucleamiento y protección de puestos callejeros de venta ante la persecución policial), a hacerlo a prácticas recreativas (la CBE “nació con el futbol”).

Actualmente esta organización es propietaria de un mercado concentrador y distribuidor de frutas y verduras de importancia estratégica por el movimiento económico que genera en la zona, la propiedad colectiva de cuatro naves, con 160 puestos cada una; una feria de ropa con más de 600 puestos que funciona sábados y domingos, un predio polideportivo. La Colectividad se define como organización abierta hacia la población migrante y sus descendientes en general, reafirmando un discurso de promoción comunitaria. En sus predios las referencias a Bolivia, sus departamentos, provincias y “cantones” se multiplican: banderas, colores, música, comidas, información sobre trámites consulares, noticias de coyuntura.

Al interior de la organización las distintas generaciones enfrentan condicionamientos y oportunidades, disposiciones que no han elegido, otras que asumen como propias y proyectos de futuro construidos en el cruce de sus limitantes y su agencia. Entre estos últimos, proyectos que revinculan a generaciones jóvenes con la explotación minera en los territorios de origen de sus padres, apuestas que suponen nuevas movilidades y futuras formas de circulación y anclaje entre Buenos Aires y las comunidades rurales potosinas.

En Escobar y en el barrio la articulación entre la población migrante y las organizaciones del estado argentino no ha sido sencilla ni ajena a relaciones de desigualdad y exclusión. Como en otros territorios se mantiene aquí una visión valorativa de las migraciones europeas (que también fueron importantes en la historia local) y cierta tendencia a omitir o desvalorizar la presencia de población de otros países de América latina. En la historia reciente (década ´90 y primeros años del 2000) se han producido recurrentes situaciones de violencia física y verbal hacia los migrantes bolivianos (secuestros, robos, frases racistas en lugares públicos). En la última década se registra una creciente cercanía entre la CBE y las autoridades municipales de Escobar (proyectos conjuntos, cargos de referentes de la Colectividad en el municipio, asistencia y organización colaborativa de actos cívicos). Esto se vincula con la vigencia de la ley migratoria sancionada a finales de 2003 y reglamentada en 2010 (Ley de Migraciones N° 25.871, que introdujo la perspectiva de derechos humanos y la promoción de la integración regional/latinoamericana), y en general con un contexto más propicio a la denuncia de situaciones de discriminación y exclusión en el acceso a derechos. Asimismo, no puede disociarse ese acercamiento del crecimiento comercial y movimiento económico de la Colectividad en la localidad, y de la presencia de (al menos dos) generaciones de personas nacidas en Argentina que reivindican simultáneamente identificación y/o lazos de pertenencia con Bolivia.


Breves precisiones sobre el trabajo de investigación


 La investigación en este territorio fue realizada desde un enfoque histórico-etnográfico (Rockwell, 2009), por su pertinencia para el registro de los procesos y las prácticas en múltiples ámbitos de la vida cotidiana. A través de este abordaje buscamos dar cuenta de cómo se expresan localmente los movimientos históricos más amplios y revisar miradas atravesadas por lógicas institucionales y normativas (que en ocasiones opacan el registro de las desigualdades y exclusiones, así como de iniciativas y conocimientos de sectores subalternos que disputan legitimidad y desafían la normatividad), a partir de la reconstrucción de procesos situados de producción de sentido.

El trabajo etnográfico implicó la presencia prolongada y continua en distintas situaciones de la vida social, el registro observacional de ámbitos como los mercados de frutas y verduras, las fiestas, la radio comunitaria. Fuimos registrando discursos y prácticas que condensan procesos generacionales largos. Recorrimos espacios familiares, comunitarios y escolares del barrio, conversamos en situaciones formales e informales con referentes de la Colectividad, interactuamos en situaciones laborales, registramos múltiples contextos formativos por los que transitan las jóvenes generaciones, reconstruimos trayectorias biográficas de jóvenes y adultos de familias bolivianas. Detallamos aquí algunas de las situaciones registradas que permitieron generar un corpus del que damos cuenta en otros textos (Diez, 2022a,b) y recuperamos brevemente en este trabajo.

Entre los años 2016 y 2024, entablamos conversaciones asiduas con integrantes de cinco gestiones directivas de la CBE(3), que dieron lugar a entrevistas grupales e individuales orientadas biográficamente. Las interacciones incluyeron también a múltiples socios y socias, integrantes de familias fundadoras de distintas generaciones, trabajadores quinteros y puesteros. Paralelamente, desde el año 2016 recorrimos con regularidad las escuelas secundarias del barrio. Si bien en este trabajo no se hace foco en el material etnográfico allí producido, las mismas constituyen espacios en los que pudimos sostener entrevistas grupales e individuales con adolescentes que vivieron parte de sus vidas en Bolivia y participan de actividades productivas de la Colectividad Boliviana de Escobar.

En forma simultánea desarrollamos tareas de acompañamiento en distintas instituciones y organizaciones de migrantes del barrio. Estas últimas se han potenciado desde el 2019 cuando nos hicimos cargo de un programa sobre educación en la emisora radial de la Colectividad, que propició el acercamiento a muchas familias y la exposición de múltiples formas de la memoria, como relatos de trayectos de vida en Bolivia y los primeros tiempos en Buenos Aires, detalles de actividades y espacios formativos, entre otros, vinculados al trabajo (Diez et al, 2022).

Sobre la base de estas consideraciones, el trabajo en la localidad se complementó con breves visitas durante 2016, 2022 y 2023 a algunas de las localidades de origen de la población potosina radicada en el barrio: Caiza D, Pancochi, Chajnacaya. En las mismas pudimos conversar con autoridades locales de sindicatos agrarios y originarias, conocer a miembros de algunas familias que mantienen contactos fluidos con sus parientes en Escobar.


La experiencia laboral en la migración como campo de investigación

 

Las posibilidades de inserción laboral constituyen una de las razones asociadas a la decisión migratoria y al mismo tiempo esa inserción se esgrime como argumento para legitimar la permanencia, cuando la misma es cuestionada desde la sociedad nacional (Sayad, 2008; Mezzadra, 2012).

La investigación puso de relieve situaciones referidas por las familias –y documentadas por diversos estudios- sobre la presión laboral que históricamente se ha ejercido sobre las unidades domésticas de las zonas rurales de Bolivia. La incorporación de campesinos andinos en el mundo minero fue objeto de estudios detallados (Greaves, Albo y Sandoval, 1985). La misma estructura agraria de origen, forzó el desplazamiento de los trabajadores que sostuvieron estrategias de movilidad regional entre campo-ciudad, y desplegaron también otras de carácter internacional como respuesta a la presión laboral (Rivero Sierra, 2008). Pascale Absi reconstruyó procesos de trabajo, dinámicas regionales e implicancias sociales de la mina sobre la población campesina de la región. Según advierte, los centros mineros requieren un flujo constante de mano de obra, en condiciones de trasladarse (esto es: dispuesta y obligada a hacerlo), siguiendo los vaivenes del precio de los metales. Por otro lado, la misma industria minera expulsa a los campesinos del campo, por los efectos de la contaminación de los suelos y el agua (Absi, 2005).

La movilidad de los trabajadores de esta economía mixta en el territorio, refiere a procesos históricos de consolidación de un mercado laboral precarizado, que se sostiene fuertemente en la capacidad de desplazamiento de trabajadores y familias. La misma inestabilidad de los nichos laborales, requiere definir un repertorio de estrategias diversificadas que incluye la migración internacional, y el mantenimiento de lazos en las comunidades de origen, como elemento articulador de relaciones que se sostienen en distintas espacialidades y a través de las generaciones. Desde hace cinco décadas, la migración potosina hacia Argentina disputa con la mina, entre los horizontes migratorios de la población. En esa línea, algunos estudios han marcado relaciones entre los procesos de movilidad y diversificación de los actores sociales de la economía popular, y la estructura de las comunidades y ayllus andinos en la dinámica de expansión hacia nuevo territorios, redes y recursos, en la posibilidad de descentralización económica y política, junto con la organización social que requiere el sostenimiento de prácticas sociales de reforzamiento de lo colectivo (Tassi, 2023).

Los relatos que fuimos recogiendo dan cuenta de la difícil situación que adultos y jóvenes acusan desde hace varias décadas en sus regiones de origen. Trabajos realizados en distintas regiones de Bolivia (Hinojosa, 2009; Absi, 2005; de la Torre, 2007; Tassi y otros, 2014), así como otros en el contexto argentino (Pacecca, 2013; Caggiano, 2010; Rivero Sierra; 2013) permiten contextualizar esas historias, muestran cómo el desempleo afectó fuertemente a una parte significativa de la población boliviana, y en particular lo hizo con la población joven. Para Cavagnoud, Lewandowsky y Salazar (2015) la productividad del país se mantuvo en un nivel bajo, donde predominan las microempresas familiares organizadas para sostener su reproducción. Muchas de las familias inician recorridos dentro del territorio de Bolivia, sostienen economías mixtas, combinan estrategias familiares de movilidad estacional o permanente, desarrollan actividades dentro de redes familiares y de connacionales, siendo estas últimas cruciales para garantizar el sostenimiento de sus miembros.

Las referencias previas incidieron en la atención puesta sobre las asociaciones de las familias en torno al trabajo, porque en las mismas se visibilizan aspectos estructurales de la desigualdad en el acceso a derechos básicos en contextos de movilidad y la vitalidad de la organización de la población boliviana (mayoritariamente potosina) en la localidad de Escobar. Abordamos las relaciones hacia adentro y hacia afuera del colectivo, teniendo en cuenta la segmentación del mercado laboral en Argentina (Benencia y Quaranta, 2006; Vargas, 2005). Registramos también un sistema estratificado y dinámico de movilidad social ascendente dentro de las familias bolivianas dedicadas a la horticultura y el comercio (Benencia, 2012). Asimismo, reconocimos la continuidad de procesos registrados en el país origen (Parra García, 2019) y las formas organizativas de familias migrantes de la zona andina en Buenos Aires (Pizarro, 2007; Cantor, 2013).

Las condiciones de trabajo en Escobar se vinculan a la inserción en un nicho laboral históricamente ocupado por población migrante, como la producción hortícola, y la actividad comercial en ferias y mercados. Ambos se sostienen en conocimientos y experiencias de trabajo que fueron desarrollando las familias. Se trata de ocupaciones apoyadas en la reproducción del grupo doméstico. La organización como colectivo nucleado alrededor de la horticultura y luego el comercio, ha sido clave para favorecer la radicación de las primeras generaciones migrantes en el barrio y el acceso al trabajo de las siguientes.

La Colectividad Boliviana de Escobar es un espacio que nace hace más de treinta años con el esfuerzo de los trabajadores hortícolas, en torno al comercio a gran escala. En particular se registra una dinámica asociativa y estratificada en esta organización, (fuertemente apoyada en trabajadores no sindicalizados y excluidos de la seguridad social) en la que se expresan representaciones que asocian la población boliviana a la “creación de fuentes de trabajo propia”, la valorización del trabajo como atributo del colectivo, prácticas de socialización y sociabilidad inscriptas en el entorno laboral, apuestas por la movilidad social sostenida en la diversificación económica y preocupaciones por la formación de las generaciones jóvenes.


Producción y comercialización en el barrio: contornos de una economía popular entre las redes familiares, la pertenencia a un colectivo y la distinción


“Los primeros que vinieron, los primeros migrantes, eran especialistas, tenían mucho conocimiento sobre cultivos de verduras. Trabajaban de sol a sol” (socio de la CBE, 2020). “En los 80 esto era zona de quintas. Acá la mayoría en ese momento trabajaba bajo patrón, así que se juntaban los domingos que era el único día libre (…) y se fue haciendo una unión” (mujer miembro de la comisión directiva de la CBE, Diez y Novaro, entrevista a febrero 2019).

 “La gente de Pancochi estuvo en el origen de la colectividad, habían traído todo su saber y tenían también un conocimiento amplio de la organización comunitaria allá, las asambleas, la obligación a asistir a las reuniones (…) traían esa experiencia de participación, allá todos iban a las asambleas, el que no iba tenía una multa, tenía que llevar ladrillos de adobe (…) después creció y derivó en otras cosas” (socio de la CBE, Diez, Ferreiro y Novaro, entrevista mayo 2023).

Entre la producción que se desarrolla en la localidad y zonas vecinas, como ocurre en el cinturón periurbano bonaerense, la actividad más importante es el cultivo de hortalizas sostenido en pequeñas quintas que proveen la mayor parte de las verduras a los mercados de Buenos Aires. Como ya anticipamos, entre la década del 60 y el 80 esa producción fue quedando en manos de trabajadores migrantes provenientes de zonas rurales de Bolivia y descendientes (Feito, 2018). Las historias contadas sobre ese período conectan localidades rurales de origen -Caiza, Pancochi, Toropalca, Betanzos, entre otros-, trabajo precario en la horticultura local y conformación de un nucleamiento migrante en torno al trabajo agrícola.

En la localidad es común encontrar hoy en día pequeños establecimientos productores de flores y plantas (viveros) que combinan con la horticultura. Se trata de explotaciones familiares bajo arriendo, sostenidas en la mano de obra familiar. No es extraño que la vivienda familiar se encuentre en el mismo espacio de trabajo (o muy próxima), ni que sea ostensible la presencia e interacción entre distintos grupos de edad que componen la unidad doméstica. En nuestras visitas por los viveros de la localidad, hemos visto transitar distintos miembros de las familias: hombres de distintas edades haciendo arreglos en los invernáculos y cargando mercadería, mujeres organizando plantines y atendiendo ventas, niños circulando entre carretillas, algunos vestidos con guardapolvo, que van o vuelven de las escuelas (registros de campo, 2018 y 2019).

Las personas que recién arriban, como lo hicieron muchos de los mayores que llegaron hace décadas, se emplean como peones por recomendación de parientes, amigos u otros paisanos, a través de relaciones entre trabajadores de confianza.

Algunos relatos que fuimos reconstruyendo en el barrio marcan el paso de la quinta al comercio, definido como ampliación de oportunidades de trabajo para las familias. En muchos casos incluyó el acceso a puestos de venta en el Mercado Frutihortícola de Escobar de la CBE. Estos procesos de crecimiento económico-comunitario y diversificación comercial señalan cierta autonomización progresiva de los productores bolivianos de la zona respecto de otros mercados concentradores y distribuidores, al mismo tiempo que suponen la integración y dependencia de los trabajadores en nuevas redes de relaciones.

Los emprendimientos comerciales a gran escala de la CBE(4), también se sostienen en lazos sociales/familiares, dependen de economías de base doméstica sobre las que se consolidan y proyectan, y dan lugar a un mercado laboral en el que las identificaciones nacionales adquieren importancia. En muchos sentidos, los trabajadores socios y sus familias tienden a ser percibidos y percibirse en el barrio como grupos organizacionales diferenciados con relación a trabajadores externos.

A lo largo de los años, hemos recorrido el Mercado Frutihortícola en innumerables ocasiones. Registramos actividades, tiempos, espacios:

“En la mañana los socios trabajan en la quinta, pero ya por la tarde están en el mercado” (miembro comisión directiva). “Algunos días vengo desde la mañana hasta la tarde a organizar el puesto de fruta de mi tío, él lo atiende por la noche” (joven estudiante que trabaja en el puesto familiar). Las horas de la noche son las de mayor actividad, cuando el movimiento de changarines (decenas de jóvenes varones) es incesante, llevando mercadería desde los puestos a los camiones de los compradores; cientos de unidades y redes familiares coordinan su tiempo de trabajo, mujeres registran las ventas, hombres entregan mercadería, chicos y chicas jóvenes atienden a los compradores, algunos niños corren, acompañando a sus madres. (Registros de campo 2018, 2019)

Para dimensionar esa dinámica es importante comprender que, si bien la organización funciona como asociación de trabajadores, los puestos de venta son emprendimientos de gestión familiar que se transfieren de generación en generación.

A partir de discutir la noción de informalidad con que estos mercados y sus trabajadores fueron definidos, distintos estudios reconocen que se trata de formas organizativas del trabajo de la economía popular. Algunos de ellos buscan visibilizar las decisiones y relaciones que atraviesan el trabajo, dando forma a experiencias que responden a complejos arreglos, incluyendo la apropiación de conocimientos y prácticas tradicionales. Muestran cómo se configuran saberes sobre la práctica que permiten hacer frente a trabas burocráticas que obstaculizan el acceso al comercio, disputando institucionalidad-legalidad en condiciones de desigualdad (Parra García, 2019). Rosas y Mera (2019) analizan en particular la manera en que las migraciones son vinculadas a la informalidad laboral, como en el caso del comercio popular, alertando sobre la tendencia a estigmatizar a los trabajadores migrantes. Recuperan aproximaciones que destacan que la “unidad elemental de organización es la unidad doméstica, lugar inmediato de reproducción de la vida humana”, como premisas para analizar una economía de los trabajadores y sus familias, y de las comunidades (Rosas y Mera, 2019:15).

El Mercado moviliza la actividad económica de la zona y amplía directa o indirectamente las oportunidades de empleo para los trabajadores de la localidad. De ese mercado de trabajo no solo participan los connacionales. Los jóvenes changarines (población que sostienen el trabajo más pesado y peor remunerado del mercado) por ejemplo son un sector significativo al que se fueron incluyendo otros habitantes desocupados del barrio. Sin embargo, la administración a cargo de la Colectividad con sus órganos de representación y fiscalización electiva en manos de familias bolivianas y descendientes asociadas, deja pocas dudas sobre la preeminencia del carácter (nacional) comunitario de su gestión. Las miradas sobre este espacio coinciden en describir el predominio de una regulación sociocultural del trabajo (Parra García, 2019; Prieto Díaz, 2010). Entre los puesteros mayores del Mercado es común que los intercambios se produzcan en quechua, mientras se escucha de fondo el altoparlante que transmite en directo los programas de la radio comunitaria (FM 92.5, La Voz de Bolivia en Argentina). La gestión particular de los puestos conlleva la participación en prácticas colectivas (como la challa o el desfile de puesteros en las fiestas), que amplían los límites específicos de la actividad económica mostrando articulaciones con otras dimensiones del trabajo.

Las relaciones entre paisanos están movilizadas por formas complejas de solidaridad e intercambio material y simbólico, definidas por una pertenencia-adscripción que abre mayores oportunidades de acceso laboral a quienes acreditan ser bolivianos (por nacimiento o descendientes). Al mismo tiempo, se trata de un espacio donde los mismos puesteros disputan poder y producen distinción laboral (Pizarro, 2007), sostienen relaciones no exentas de tensiones entre sectores capitalizados y paisanos descapitalizados, legitimadas bajo la doble expectativa por un lado, de acceso a una red de protección social que resulta estratégica para trabajadores excluidos de los sistemas legales de protección laboral, y por otro, de apertura a oportunidades futuras de movilidad y reconocimiento social (Diez, 2022a).

“Es el Aniversario de Potosí, una de las fiestas regionales más importantes en la Colectividad. Uno de los socios (Rubén) me invita a compartir la mesa con otros pancocheños. Me dice en voz alta que tengo que hablar con Guillermo que está a su lado, lo presenta con mucha admiración como socio fundador, su hijo es actualmente vicepresidente de la CBE (quien está en la mesa central con el resto de las autoridades de la organización, el embajador de Bolivia, el Vicecónsul y el director de Migraciones de Escobar, un ex secretario de la CBE). “Guillermo vino hace 55 años, cuando tenía 20. Fue el primero de todos que llegó de Pancochi, que empezó, te acordás como les había contado, primero de peón, después ya con capital”. Guillermo no lo corrige, dice que cuando vino trabajó de peón, había trabajo y le fue muy bien, luego “hice venir al resto”. Menciona el mundial del 78, “para ese momento ya tenía mi camión, habían pasado unos 10 años”. Llevaba su producción a un mercado distante del conurbano. Poco después conoció a Rubén que era un niño y a su papá, “nosotros teníamos puestos, nos aconsejó, nos dio una mano, aprendimos mucho de él”. Guillermo sigue viviendo en la quinta a dos cuadras de allí, viaja regularmente a Pancochi. También lo hace el actual presidente y el mismo Rubén y sus parientes, “más que nada a la Virgen del Carmen en julio”, además de muchos otros pancocheños como Lorenzo, quien estaba en Pancochi durante el viaje que hicimos en 2022 (cumplía por un año el cargo originario de Curaca, acompañado del Jilakata, otro socio de la colectividad residente del barrio). Luego de los discursos encendidos entre socios y autoridades, pero antes de cortar la majestuosa torta, Guillermo se unió a su grupo de sikuris, que acompañó el cierre de la fiesta” (Registro de campo Diez, Fariña y Novaro, noviembre 2022 y anotaciones propias).

Las trayectorias de las familias juegan un papel importante en la construcción de una épica asociada a quienes fueron parte de la construcción y consolidación de la colectividad. Entre las formas de diferenciación que se movilizan en torno a esta organización comunitaria del trabajo, encontramos la incidencia que tiene en las relaciones el parentesco con trabajadores vinculados al origen de la colectividad. Se trata de una marca afirmada con recurrencia (“soy hijo/a de socio fundador”), un dato que configura la manera de pensar las genealogías familiares y produce efectos en el campo laboral. Esa retórica se continúa en prácticas de trabajo que responden a ciertas jerarquizaciones familiares y definen experiencias formativas y saberes. En particular se corresponde con ciertos derechos y obligaciones. Acompaña el reclamo de acceso a espacios de representación y puestos de venta en los predios de la institución. Fundamenta la expectativa colectiva de que se asuman cargas de trabajo de alto valor social, como la postulación para integrar la comisión directiva u ocupar una secretaría (Cultura, Comunicación, Deportes). Cada una de esas tareas implica desarrollar conocimientos y destrezas (y en muchos casos también contar con recursos) que adquieren visibilidad en distintos espacios y eventos colectivos dentro y fuera de la organización.


Las experiencias laborales de los jóvenes como terreno de formación, continuidad y ampliación de oportunidades en contextos de desigualdad

  

“El rol de los jóvenes es muy importante. Los padres han invertido en la educación, han invertido en el bienestar de sus hijos. Eso que nos dieron, todo el sacrificio de ellos, tenemos que devolverlo, tenemos una responsabilidad, eso es cultural, haciéndonos cargo” (joven referente de la CBE, Diez-Novaro, entrevista noviembre 2016).

“Hay que saber ganarse la vida, no recibir todo de arriba, así aprendemos a valorar, a que no es fácil pedir todo”. (Joven de 16 años, trabaja en el mercado, cursa el nivel secundario, noviembre 2020)

El esfuerzo y la participación en el trabajo, en opinión de muchas familias, define positivamente a las de origen boliviano. Además de introducir un elemento de distinción, busca crear un efecto de pedagogización y disciplina del trabajo en los más jóvenes. Se espera que los descendientes sostengan esta imagen junto a múltiples prácticas. En general la población joven hace referencia a su participación en espacios de trabajo familiar, a partir de un proceso gradual. Es común escuchar recuerdos de sus infancias acompañando las actividades de sus padres en los puestos de venta, “viviendo la actividad comercial”.

El interés por que los jóvenes progresivamente se integren en los espacios de la Colectividad, aparece como imperativo de reproducción de las condiciones de vida y ampliación de las experiencias formativas y laborales, que hacen posible proyectar la permanencia de la población migrante de distintas generaciones. Tal expectativa en parte se fundamenta en la misma naturaleza de la actividad, recordemos que los puestos de venta en el mercado son emprendimientos familiares que se gestionan y transfieren generacionalmente. Esa participación es vista como causa y consecuencia de lazos sociales, a través de los cuales circulan conocimientos, se conectan actores, consumos, memorias, se entretejen trayectorias económicas, políticas, sociales de las familias. Asimismo, reconocemos que en las modalidades y dimensiones de la participación, se juegan nuevas apuestas “para los que vienen”, iniciativas que permitan “torcer la suerte” de una larga historia de desposesión.

La profesionalización y el trabajo, como vehículos de ascenso social en Argentina, fueron históricamente parte de un relato virtuoso de los descendientes de migrantes (Diez, Novaro y Martínez, 2017), que se asienta sobre las historias de privación y las luchas colectivas por ampliar los proyectos de futuro. En la localidad, muchos padres quieren que sus hijos trabajen y se profesionalicen, una expectativa que condensa las dificultades vividas por los mayores: “porque venimos con un trasfondo social y un contexto marcado” por el límite de la subsistencia (socio de la CBE). Los adultos jóvenes que crecieron en esos entornos familiares, lo hicieron siendo parte, ‘ayudando’, en un proceso que ha dado lugar tanto a la naturalización de lo vivido, como a la problematización de la vida sostenida por los progenitores y la realidad que esperan construir para ellos mismos.

En este contexto, encontramos orientaciones, conocimientos en juego, expectativas que se van tejiendo en el terreno de las experiencias laborales, alrededor de la formación de las segundas y terceras generaciones. Introducen en hijos e hijas y nietos y nietas nacidos en la localidad, orientaciones que buscan articular valores asociados al trabajo, como disposición y atributo del grupo de pertenencia (“trabajo sí, el boliviano siempre es trabajador, la colectividad boliviana, los que componemos esta masa. Estamos los mayores para apoyar a los jóvenes, incentivarlos con el trabajo y el estudio”, miembro comisión directiva, octubre 2020). Desde este punto de vista, el mundo laboral propicia el esfuerzo y la responsabilidad en los jóvenes, cualidades que favorecen las trayectorias escolares: “en las quintas los hijos van aprendiendo, carpiendo, jugando y yendo a la escuela”, “todos los chicos vienen al mercado, aprenden cálculo”. Estas referencias se sostienen en muchos casos, con alusiones a la escolaridad que los mayores recuerdan en Bolivia, una escuela más vinculada al desarrollo comunitario.

Por otro lado, fuimos encontrando referencias en el barrio que articulan el trabajo organizado sostenido por las familias y sus descendientes, con la búsqueda de legitimidad de las personas migrantes frente a la sociedad nacional y la formación de sucesores. La continuidad comunitaria a través de las redes de trabajo adquiere centralidad, y se expresa como compromiso moral con los que vinieron antes y responsabilidad asumida hacia los que vendrán después: “a muchos el mercado les dio lugar de trabajo, hay que ser agradecidos, devolver el espacio que se nos da”.

Asimismo, esta ética del trabajo encierra también una relación de “anclaje” con los territorios de origen de los mayores que se busca consolidar en los más jóvenes. Esto juega tanto para la organización comunitaria en Escobar (“los pancochenos”, “los caiceños”) en el trabajo en las quintas y el mercado, o para el armado de listas para la conformación de comisiones directivas de la CBE; como también para nuevos emprendimientos, como la conformación de pequeñas cooperativas que empiezan a proyectar actividades económicas a través de la explotación minera en Potosí. Durante el último viaje de trabajo que realizamos en octubre de 2023 encontramos grupos de socios jóvenes que se desplazaban para iniciar conversaciones con las autoridades locales y tramitar permisos. Esperamos poder reconstruir en el futuro estas iniciativas que abren nuevas preguntas en torno a las movilidades y la multilocalidad.

Como hemos visto, la organización de trabajadores y diversificación económica de las familias ha permitido ampliar las oportunidades de los más jóvenes. En otros textos dimos cuenta de que los mismos acceden a trayectorias educativas cada vez más largas en el barrio (Diez, 2022b), muchos terminan sus estudios secundarios, avanzan hacia la formación terciaria y universitaria. Constituyen verdaderos logros entre generaciones, que distinguen a las personas, y también refuerzan imágenes colectivas. Resulta imprescindible atender y seguir preguntándose cómo proyectan los jóvenes esta doble apuesta por la continuidad de prácticas laborales (y sociales) comunitarias y la ampliación de nuevos itinerarios laborales y formativos.


Una economía de los trabajadores y sus familias: notas de cierre

 

Las familias pueden definirse como unidades productivas-reproductivas, organizadas en redes que entraman territorios y experiencias vividas entre Bolivia y Argentina. A lo largo de este breve texto fui reconstruyendo una mirada sobre el trabajo desde algunos relatos de miembros de familias migrantes, que ponen en evidencia la precariedad y segmentación de algunos nichos laborales, así como la domesticidad, la organización de las familias y la centralidad de las redes sociales en los casos de la producción hortícola y el trabajo en ferias y mercados.

Pude advertir que la flexibilidad (asociada a la informalidad) con que se caracteriza esas tramas y relaciones, requiere ser leída considerando aspectos particulares de los contextos de origen de la población migrante, tales como la capacidad de desplazamiento de las familias campesinas en economías mixtas y la predominancia del comercio de base familiar en mercados, elementos que han jugado en las decisiones de migrar y en las formas asociativas del trabajo en el contexto de movilidad. Al mismo tiempo, es necesario considerar el sentido afirmativo-reivindicativo de estas formas de la economía de base familiar-comunitaria, desplegadas por sectores sociales históricamente invisibilizados, que han sido objeto de múltiples formas de violencia y exclusión (a derechos sociales y laborales).

En muchos sentidos esta experiencia nos invita a considerar (siempre con cuidados y límites) la pertinencia de la categoría economía popular junto con la de pluralismo económico en el análisis, asumiendo que nuclea a sectores con capacidad de autoorganizarse, cuyos medios de producción están (aunque desigual) relativamente a su alcance; donde los trabajadores reinventan su propio trabajo, aún en el marco de un mercado fuertemente excluyente y como una expresión de la economía global (Natalucci y Mate, 2020). Por otro lado, tal como definen Tassi y otros (2014), “estos actores no viven sus actividades económicas en compartimientos que separan lo formal de lo informal, lo social de lo económico o lo productivo de lo comercial (…) viven la actividad económica desde las relaciones sociales cotidianas entre familiares, coterráneos y otro tipo de institucionalidades translocales, lo que les permite establecer relaciones de confianza para hacer frente a un campo económico fluido y dinámico”.

Los espacios laborales analizados expresan asimismo tensiones entre la fuerza de los proyectos colectivos y las tendencias al mejoramiento familiar. Estas tensiones no suponen necesarias contradicciones e incompatibilidades. El éxito en los trayectos de algunos puede también reforzar lo común. El trabajo además pone en relación a la población boliviana y argentina. La misma relación parece definirse en gran medida a partir de la imagen de la población boliviana como trabajadora con la que se fijan características, pero a la vez, se discuten posiciones xenofóbicas, se reelaboran reclamos y se reivindican derechos.

Las actividades productivas-reproductivas, por último, se muestran como espacios donde los adultos esperan “dejar” puestos, saberes, prácticas, relaciones, a las jóvenes generaciones, porque a pesar de la genealogía larga, siguen convocando a los que vienen, donde una y otra vez, en muchos sentidos, la historia vuelve a empezar. Entendemos que es imprescindible preguntarse por el modo en que los jóvenes procesan esas expectativas y orientar las indagaciones futuras en torno a cómo asuman o discutan estos mandatos.

Notas de la ponencia:

1. Esta ponencia profundiza algunos apartados de mi autoría, de un texto colectivo: Diez, M. y Novaro, G. Población boliviana en Argentina, desigualdad y lucha por la igualdad en contextos laborales y festivos. Umbrales 40. CIDES-UMSA e IRD, La Paz.

2. Junto con otras/os investigadores compartimos proyectos colectivos e iniciativas de intervención y colaboración en el mismo territorio: Gabriela Novaro, Francisco Fariña, Melina Varela y Julieta Ferreiro.

3.  Las comisiones directivas se eligen y renuevan por medio del voto de los socios activos, cada dos años.

4.  Además de la CBE, múltiples emprendimientos comerciales y gastronómicos privados son llevados adelante en Escobar, donde es visible una forma de comercio asociada a la presencia de “ferias y mercados bolivianos”.

Bibliografía de la ponencia

Absi, P. (2005). Los ministros del diablo: el trabajo y sus representaciones en las minas de Potosí. La Paz, Bolivia: IRD, IID, IFEA, Fundación PIEB.

Benencia, R. (2012). Los inmigrantes bolivianos en el mercado de trabajo de la horticultura en fresco en la Argentina. Cuadernos Migratorios, 2, 153-234.

Benencia, R. y Quaranta, G. (2006). Mercados de trabajo y economías de enclave. ‘La escalera boliviana en la actualidad’. Estudios Migratorios Latinoamericanos, 20(60), 413-432.

Caggiano, S. (2010). Del Altiplano al Río de la Plata: la migración aymara desde La Paz a Buenos Aires. En A. Torres (coord.) Niñez indígena en migración Derechos en riesgo y tramas culturales (pp. 47-138). Quito, Ecuador: FLACSO, Sede Ecuador; UNICEF (TACRO); AECID.

Cantor, G. (2013). Entramados de clase y nacionalidad: Capital social e incorporación política de migrantes bolivianos en Buenos Aires. Migraciones Internacionales, 7(1), 197-234.

Cavagnoud, R., Lewandowski, S. y Salazar, C. (2015). Introducción Pobreza, desigualdades y educación en Bolivia (2005-2015); Bulletin d’ l’Institut françai’ d’études andines [En línea], 44 (3).

De la Torre, L. (2007). La cheganchada. Caminos y sendas de desarrollo en los municipios migrantes de Arbieto y Toco. La Paz, Bolivia: CESU, DICYT-UMSS; Fundación PIEB.

Diez, M. (2022a). Producción hortícola y comercialización en mercados y ferias: formas organizativas del trabajo y relaciones generacionales en el contexto migratorio. En G. Novaro (edit.) Bolivianos en Argentina: migración, identidades y educación. Una historia tejida entre generaciones (69-96). Buenos Aires: SB Editorial.

Diez, M. (2022b). Entre la moral colectiva, las prácticas formativas y los significados del trabajo en la escuela. Migración, jóvenes y trabajo, una relación entreverada. En G. Novaro (edit.) Bolivianos en Argentina: migración, identidades y educación. Una historia tejida entre generaciones (31-52). Buenos Aires: SB Editorial.

Diez, M. L. y Novaro, G. (2023) Población boliviana en Argentina, desigualdad y lucha por la igualdad en contextos laborales y festivos. Umbrales, número 40, 2023, pp. 159-189

Diez, M., Novaro, G., Fariña, F., Ferreiro, J., Varela, M. (2022). Investigación y colaboración en diálogo. Migración y educación desde la experiencia en una radio comunitaria. Runa /43.1 pp. 229-246.

Diez, M. L., Novaro, G. y Fariña, F (2017) “Educación, deporte y trabajo. Continuidades y rupturas en contextos migratorios comunitarios y escolares”. Boletín de Antropología y Educación, Año 8, Nro. 11. 23-32.

Diez, M., Novaro, G. y Martinez, L. (2017). Distinción, jerarquía e igualdad. Algunas claves para pensar la educación en contextos de migración y pobreza. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano 26 (2), 23-40.

Feito, M. C. (2018). Problemas y desafíos del Periurbano de Buenos Aires. Estudios Socioterritoriales. Revista de Geografía, 24, 1-19

Hinojosa, A. (2009). Migración transnacional y sus efectos en Bolivia. La Paz: Programa de Investigación Estratégica de Bolivia (PIEB).

Levitt, P. (2010). Los desafíos de la vida familiar trasnacional. GIIM (coord.) Familias, jóvenes niños y niñas migrantes. Rompiendo estereotipos (pp.17-30). Madrid: Iepala.

Mezzadra, S. (2012). Capitalismo, migraciones y luchas sociales. La mirada de la autonomía. Revista Nueva Sociedad, (237), 159-178.

Natalucci A. y Mate, E. (2020). Estrategias de institucionalización de los trabajadores de la economía popular y sus organizaciones. Revisitando la Ley de Emergencia Social (Argentina, 2016). Cartografías del Sur Revista de Ciencias Artes y Tecnología, Nº 12.

Novaro, G. (2014). “Procesos de identificación nacional en población migrante: continuidades y quiebres en las relaciones intergeneracionales”. Revista de Antropología Social, Universidad Complutense de Madrid 23: 157-179.

Novaro, G. (2022) (edit.) Bolivianos en Argentina: migración, identidades y educación. Una historia tejida entre generaciones. Buenos Aires: SB Editorial.

Pacecca, M. (2013). El trabajo adolescente y la migración de Bolivia a Argentina: entre la adultez y la explotación. Buenos Aires, Argentina: CLACSO.

Pacecca, M. y Courtis, C. (2008). “Inmigración contemporánea en Argentina: dinámicas y políticas”. Serie Población y Desarrollo – CEPAL. www.eclac.org.

Parra García, H. (2019). El trabajo migrante en tiempos del neoliberalismo. El caso de los mercados étnicos de trabajo en el contexto urbano de la colectividad boliviana en Buenos Aires. Revista Latinoamericana de Antropología del trabajo, 3(6), 1-27.

Pizarro, C. (2007). Inmigración y discriminación en el lugar de trabajo. El caso del mercado frutihortícola de la colectividad boliviana de Escobar. Revista Estudios Migratorios Latinoamericanos, 21(63), 211-244.

Prieto Díaz, S. (2010). Taypi-Tinku-Kuti hacia el SumajK’uchiykachay (Buen Migrar). Escalera Transmigrante Boliviana (Saropalqueña) y construcción del Retorno, a Través de las Cooperativas Hortofrutícolas Originarias en Buenos Aires. Tesis de Maestría en Políticas de Migración Internacional. Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.

Rivero Sierra, F. (2013). La construcción de la decisión migratoria en comunidades campesinas de Toropalca, Potosí, Bolivia. En G. A. Karasik. (Coord.), Migraciones internacionales. Reflexiones y estudios sobre la movilidad territorial contemporánea (pp. 25-48). Buenos Aires, Argentina: CICCUS.

Rockwell, E. (2009). La experiencia etnográfica. Historia y cultura en los procesos educativos. Buenos Aires: Paidós.

Sayad, A. (2008). Estado, nación e inmigración. El orden nacional ante el desafío de la inmigración. Revista Apuntes de Investigación del Centro de Estudios en Cultura y Política, (13), 101-116.

Tassi, N. (2023) “Emparentando negocios: transformaciones estructurales y estrategias populares en la incursión a los circuitos globales”), en: Rabossi y Tassi, Globalización popular en América Latina: por una teoría etnográfica (p. 77-126) La Paz: Universidad Mayor de San Andrés.

Tassi, N. y Wilson, P. (2020). Los caminos de la economía popular: circuitos económicos populares y reconfiguraciones regionales. Temas Sociales 47, pp. 10-35.

Tassi, N., Hinojosa Gordonava, A., Canaviri Paco, R. (2014). La economía popular en Bolivia: tres miradas. La Paz: Centro de Investigaciones Sociales.

Vargas, P. (2005). Bolivianos, paraguayos y argentinos en la obra. Identidades étnico nacionales entre los trabajadores de la construcción. Buenos Aires, Argentina: Antropofagia.