Paisaje de Mataderos (CABA, Argentina) e imaginario urbano desde la mirada de las infancias en los murales realizados en las fachadas de las escuelas primarias públicas barriales.

SP.61: Juventudes, Cidades e Imagens

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Carolina Griffero Gonzalez Universidad de Buenos Aires (UBA)

Mataderos y su paisaje.

Hacia el año 1888, la Capital Federal determina el diseño de una grilla cuadriculada para su trazado y define sus nuevos límites en la actual Avenida General Paz. De este modo, dentro de esta nueva propuesta queda incluido en la ciudad el pueblo de Flores y sus tierras colindantes al oeste con la pampa (Gorelik, 2016). Y es allí, en estas zonas bajas de chacras al margen del arroyo Cildáñez donde en 1889 se coloca la piedra fundacional de lo que es el desarrollo “Nuevo Chicago”, el cual incluye el nuevo matadero de la ciudad y el loteo de las tierras colindantes para su venta.

Este nuevo matadero cuenta con un edificio de dos alas con recova destinado a oficinas y un playón con corrales para tareas específicas inaugurado en 1900, momento en el que reemplaza a los Corrales Viejos de Parque Patricios en estas nuevas tierras alejadas de lo que, por entonces, se considera la zona urbana de la ciudad. Inmediatamente, los trabajadores de la carne comienzan a asentarse a su alrededor junto con los primeros pobladores, en su mayoría personas desplazadas del centro por el precio de los alquileres que accede a comprar en cuotas las parcelas trazadas por la empresa explotadora para la construcción de viviendas (Canaparo y Pedernera, 2021).

Imagen  1 - Recova y oficinas del Mercado de Liniers poco después de su inauguración. Fuente: AGN. (no incluida por falta de espacio).

 

 

Con la expansión de la urbe se intenta dominar cultural y económicamente la pampa, civilizar la naturaleza llana donde Buenos Aires se asienta. Y, con el nuevo trazado, surge un centro donde el conflicto ocurre entre su norte urbano burgués y rico y un sur industrial y pobre. Pero este centro, ahora, también se contrapone a estas nuevas tierras del oeste vistas como margen, como frontera invisibilizada económica y culturalmente, donde lo social toma nuevas formas a partir de la conformación de sus incipientes barrios suburbanos (Gorelik, 2016).

Pasará poco tiempo hasta que “Nuevo Chicago” sea renombrado por sus vecinos como “Mataderos”. Así, el barrio se inserta en esta nueva reconfiguración desde un rol particular que construye sentidos que persisten hasta entrado el siglo XXI. Para comenzar, cabe mencionar que el desplazamiento del matadero es parte de una serie de acciones promovidas por el poder público en función de un proceso modernizador iniciado unos años antes. Desde lo cultural, en este proceso surge la carne como elemento central en la construcción de la identidad nacional, junto con el gaucho y el mate, sin dar cuenta de la sangre y la violencia que la fabricación para su consumo implica (Canaparo y Pedernera, 2021). Y es que el desplazamiento del matadero hacia los bordes de la ciudad implica el alejamiento físico, pero también cultural, de las industrias que dependen de la producción cárnica -tales como graserías y curtiembres- en nombre del saneamiento urbano y las buenas costumbres que configuran el paisaje de la ciudad e incorpora parque allí donde antes hubo industrias consideradas poco salubres (Gorelik, 2016).

El barrio así aparece como límite entre lo urbano y la pampa aunque, como parte del proceso modernizador, también es visto desde el Estado como borde entre civilización y barbarie. Este proceso modernizador se profundiza en la primera mitad del siglo XX, cuando el matadero cambia al ritmo de las nuevas miradas higienistas y los conflictos generados por la exportación vacuna y el precio internacional de la carne (Salas, 2015). El matadero es transformado en el Mercado de Hacienda Liniers, y se destina a la exposición y venta del ganado vacuno. Por otro lado, se propone la construcción de un frigorífico que se concreta recién en la década de 1930 con la inauguración del Frigorífico Municipal (posteriormente nacionalizado y renombrado “Lisandro de la Torre”).

El frigorífico es un edificio de cuatro pisos y cuenta con una serie de rampas que permiten el acceso a pie del vacuno directamente desde el Mercado para su lavado, faena, empaquetado y transporte. Su funcionamiento permite controlar el precio y la producción de la carne que consume la ciudad. De este modo, la matanza vacuna se profesionaliza, se prohíben prácticas arraigadas como la mucanga, roles tradicionales como el del resero se reconfiguran y surgen los obreros especializados. Así, sus funciones se desglosan y, con ello, el paisaje se transforma.

Si el paisaje es un modo de ver, representar, estructurar y simbolizar el entorno (Lindón, 2007), los vecinos (sea que se relacionen directamente o no con la producción cárnica) se vinculan entre sí a la vez que conviven con el binomio mercado-frigorífico y transforman el espacio. Entran, de este modo, en conflicto con el ideal moderno trazado originalmente desde el poder político, económico y cultural (Huffschmid, 2012) que los reconoce y niega. Y es en este límite, en este cruce que se logra conformar durante el siglo pasado una identidad propia en torno a los lazos surgidos a través (y a partir) de su paisaje.

Lo enunciado desde el poder no siempre responde a lo dicho por quienes son interpelados. Y son los intereses de los primeros los que marcan la agenda política, económica y social del territorio. Ejemplo de ello es que, pese a la toma del frigorífico en el año 1959, el barrio no puede evitar que este sea vendido a la Corporación Argentina de Productores de Carnes (CAP). Con ello se inicia el desmantelamiento del edificio y las tareas que en él se realizan. Así, además de vaciar el sentido simbólico que el frigorífico tuvo para la conformación del paisaje barrial también se reconfigura el sentido económico, pues los vecinos tienen en él una fuente directa o indirecta de trabajo.

Imagen  2 - Toma del Frigorífico Lisandro de la Torre, 1959. Foto: Agencia Paco Urondo. 

(no incluida por falta de espacio).

 

Este proceso se profundizó durante la dictadura cívico-militar de 1976 y concluyó con su demolición en 1981. Desde entonces, sus terrenos se han ocupado por un laboratorio extranjero, la apertura de la Av. Directorio, la construcción del parque Alberdi y el desarrollo del nuevo Polo Educativo Mataderos.

En la actualidad, la transformación del paisaje y la rutina barrial que se desprende de este continúa hasta nuestros días. En el año 2001 se sanciona la Ley 622/2001 y se prohíbe el ingreso de ganado vacuno a la ciudad. Desde entonces, se suceden una serie de prórrogas que intentan definir qué sucederá con el Mercado de Hacienda Liniers. Hay quienes se oponen a su traslado y sugieren mejorar las instalaciones, mientras que otros sostienen que las tareas de venta de vacunos ya no son compatibles con la urbe del siglo XXI. Luego de una serie de debates entre vecinos, productores y la empresa consignataria, se define su traslado a Cañuelas en 2022, sin dejar en claro aún el destino que las 30 Has que sus terrenos vacíos tendrán en un futuro cercano.

Esto da cuenta de que el paisaje de Mataderos está mutando de forma progresiva y silenciosa. Si el paisaje cambia, las personas y su mirada del mundo se transforman (Moreyra y Alves Mateus, 2020). Resulta importante reflexionar qué ocurre cuando, además, lo que muta con ello es el patrimonio de una comunidad.

Y es que este paisaje patrimonizado se ha legitimado colectivamente y puede ser visto como la objetivación de una memoria compartida. Sin embargo, toda memoria puede perderse si cambian las condiciones espaciales y temporales en las que se formula (Iniesta, 2009). Si partimos de la idea de que la identidad es una construcción social y, por lo tanto, también un hecho ideológico y dinámico, podemos interpretar que esta responde a ideas y valores vinculados a ciertos intereses dentro de un proceso histórico (Dujovne, 1995).

Pero el conjunto mercado-frigorífico además de encontrarse legitimado por los habitantes del barrio lleva también implícita cierta emotividad en las interacciones sociales y espaciales que lo envuelven. Estas, a su vez, se expresan hoy en día en ciertas marcas urbanas legitimadas. Varias de ellas se encuentran en las cuadras alrededor de la vieja recova del edificio central del Mercado, tales como la estatua al resero y el bar Oviedo (inaugurado el mismo año que el Mercado frente a este, punto de encuentro vecinal).

 

Imagen  3 - A la izquierda: Bar Oviedo a comienzos del siglo XX. Fuente: Asociación Civil Foro de la memoria de Mataderos. A la derecha: Estatua “El Resero”. Foto: Karen Gamarra. 

(no incluida por falta de espacio).

 

 

Otras marcas son más cercanas al campo de la tradición y la cultura popular que a lo arquitectónico, tal como el valor que se le brinda a la “Feria de las Artesanías y Tradiciones Populares Argentinas” que se celebra los días domingos y las pintadas, graffitis e intervenciones artísticas con los colores del club de fútbol Nueva Chicago (CANCh) en las paredes barriales. También, hay marcas que se alejan del centro del paisaje barrial pero se encuentran, sin lugar a dudas, en diálogo directo con este. Ejemplo de ello son los murales ubicados en las fachadas de algunas de las escuelas primarias de Mataderos, de las que se reflexionará más adelante.

 

 

La escuela como frontera.

Para comenzar resulta importante mencionar que, en la actualidad, Mataderos es uno de los 48 barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA, Argentina) y sus límites vigentes se encuentran definidos por las calles Av. Emilio Castro, Escalada, Av. Eva Perón y Av. Gral. Paz (ordenanza N°26607). Teniendo en cuenta que la división administrativa escolar de la ciudad no se condice con los límites de los barrios, son 2 los distritos que atraviesan su territorio: el Distrito Escolar N°20 (abarca los barrios de Liniers, Mataderos y Villa Lugano) y el Distrito Escolar N°17 (conformado por Parque Avellaneda, Liniers, Mataderos, Villa Luro, Villa Lugano y Vélez Sarsfield).

Dentro de sus fronteras el barrio tiene 17 escuelas públicas de nivel primario y 3 escuelas públicas de nivel secundario. Ahora bien, teniendo en cuenta que el paisaje de Mataderos es también reconocido por habitantes de barrios aledaños y que el sentimiento de pertenencia e identidad barrial construida en el tiempo traspasa los bordes que lo conforman, se decide sumar al relevamiento otras dos escuelas. Estas son la N° 11 “Ponciano Vivanco” y N°10 “Alfonsina Storni”, las cuales se encuentran ubicadas a menos de una cuadra del límite político establecido. De este modo, son 19 las escuelas primarias relevadas, mapeadas y consideradas en el análisis del presente trabajo.

Entre las escuelas del barrio destaca la construcción e inauguración del ya mencionado Polo Educativo Mataderos en el año 2019, emplazado en uno de los extremos del terreno del ex Frigorífico Lisandro de la Torre. El Polo se compone de una escuela técnica (ET N°20), una primaria (Escuela N°23) y una escuela de formación inicial (Escuela Inicial N° 9). Además, en la escuela técnica también funciona un Centro de Formación Profesional (CFP) para adultos en el turno vespertino. Estas instituciones educativas son las últimas incorporadas al barrio y las únicas construidas en lo que va del siglo XXI. Se diferencian de otros edificios escolares por el uso del color gris y su arquitectura de líneas rectas, el uso de hormigón a la vista, grandes ventanales y patios secos al aire libre.

Otro caso emblemático es el que presenta la escuela N°4 DE 13 “República del Brasil”, cuyo edificio definitivo es construido a principios de la década de 1930 por el Consejo Nacional de Educación.  Su diseño sigue las normas determinadas para las instituciones consideradas como “escuelas suburbanas”. Estas escuelas fueron edificadas en terrenos arbolados y cuentan para la época con buenas condiciones de ventilación e iluminación de las aulas. Pero su característica fundamental fue la incorporación de cocinas industriales, lo que habilitó al momento de su inauguración a que los estudiantes recibieran un vaso de mate cocido con leche a mitad de la jornada educativa, respondiendo a la Ley de la Copa de Leche de 1917 (Toranzo Calderón, 2021).

El resto de las escuelas habitan edificios construidos, adquiridos o donados durante el siglo XX. Si bien todos presentan estilos arquitectónicos diversos asignables al momento de su inauguración, en general cuentan con algunas características en común: grandes puertas de acceso, ventanas altas que dan hacia la calle y un patio central hacia donde miran las aulas. Por otro lado, la mayoría de las escuelas tienen sus fachadas pintadas de color verde o celeste y cuentan con algún revestimiento de mármol, azulejos o venecitas en su parte inferior.

Así, es observable que la diversidad de arquitecturas escolares que habitan el barrio se corresponden a las distintas miradas que el poder público ha tenido a lo largo del tiempo sobre el rol de la escuela en tanto institución. Pero también, y pese a las diferencias, se visualizan una serie de patrones repetidos que pueden responder a cierta mirada histórica sobre qué es la infancia, cuáles son sus necesidades y qué se espera de su escolarización. Son estas expectativas a las que estos edificios han respondido, acompañado y moldeado desde el modo en el que se diseña y propone el tránsito por sus espacios.

Con respecto a esto último, cabe mencionar que las escuelas son edificios insertos en el barrio, pero cuyos espacios no son de libre acceso: sólo quienes pertenecen a la comunidad (por trabajar o estudiar en ella) están habilitados a ingresar y transitarlos en horarios y días determinados para tal fin. Si bien sucede que la puerta principal esté abierta mientras la escuela se encuentra en funcionamiento, es común encontrar una segunda puerta o reja que sólo se habilita para la entrada y salida de estudiantes, mientras que el resto del tiempo está cerrada.

Resulta interesante pensar que el vínculo entre la escuela y el espacio barrial donde se inserta puede ser más o menos permeable según el proyecto institucional y la mirada de quienes la habitan. Una docente lo define en los siguientes términos:

“Si no cierran la puerta durante el día entra cualquiera (...) Ya pasó que esté abierta porque estaban los de mantenimiento en la reja y una abuela que iba a la carnicería se metió a saludar porque vio a la nieta en recreo. Eso no puede pasar (…) O puede ser peligroso, imaginate” (Entrevista a docente de 5to grado, año 2023).

Otra docente menciona algo similar cuando reflexiona sobre la relación que la escuela tiene con las familias de sus estudiantes de 7mo. grado:

“Si me pongo a pensar, cuando empecé [en la docencia] los chicos entraban a la escuela, se cerraba la puerta y los tenías concentrados hasta que sonaba el timbre. Ahora no importa porque ya [desde] chiquitos vienen con celulares y tenés a los padres mandando audios en cualquier momento. Es una locura y no se respeta más esto de que el chico tiene que aprender, que el tiempo en la escuela es tiempo para aprender a pensar, que necesitan estar concentrados. Ahora tenés que gestionar los celulares, aunque se insista en que no los traigan” (Diálogo con docente de 7mo. grado, año 2023).

Por otro lado, una ex maestra que se desempeñó en dos escuelas del barrio sostiene que:

“Nosotras trabajábamos entendiendo que teníamos niños y chicas que necesitaban muchísimo apoyo, que venían del barrio pero también de Lugano y del otro lado de General Paz. Lo que siempre les decía a mis compañeras que lo importante tenía que ser que terminaran [la primaria]. Y éramos un equipo e íbamos todas para ese lado. (...) [Eso hacía que] todo el tiempo habláramos con las familias, los cuadernos de comunicación iban y venían, los citábamos hasta que se cansaban y venían las madres. También hacíamos algunas actividades porque muchas veces necesitamos juntar plata para cosas, para las salidas, y no había ni un peso. Armamos rifas, kermesses, esas cosas e invitábamos a las familias y de vez en cuando venían algunos vecinos también” (Diálogo con docente jubilada, año 2023).

El vínculo entre la institución y el barrio puede ser más o menos flexible, tener mayor o menor grado de relación según qué se piense y exprese en el proyecto escuela sobre la función que ella desempeña en su comunidad. De este modo, el diálogo entre quienes habitan la escuela y el barrio se sostiene sólo si hay intenciones entre ambos espacios para conocerse e interactuar. Puede pensarse, de este modo, en la fachada de la escuela también como una frontera que separa dos mundos. Por un lado, se reconoce un mundo comunitario pero privado construido por quienes habitan la institución escuela, que cuenta con sus propias reglas, tiempos, objetivos y tareas. Por otro lado, se identifica un mundo público, habitado por quienes viven y transitan Mataderos y que reconocen a la escuela como una institución inserta en el barrio, pero a la que no pueden acceder salvo excepciones en las que se habilite el espacio para hacerlo.

La fachada como límite implica reflexionar sobre qué estrategias utilizan las escuelas para comunicarse con quienes quedan por fuera de ella, pero son actores fundamentales en su vida cotidiana. Dentro de este grupo se encuentran todas aquellas personas que hacen a su vida institucional y que pueden ingresar con autorización específica como, por ejemplo, quienes entregan las viandas y los técnicos o personal de mantenimiento externo. Dentro de este grupo, también, en cierta forma se pueden ubicar las familias de los estudiantes. En las observaciones es común encontrar a madres, abuelas y otros adultos responsables acercándose a la puerta del establecimiento, tanto a la salida como a la entrada de los menores que tienen a su cargo, para hacer consultas desde la puerta a las docentes y autoridades que ordenan la circulación. En caso de no concurrir específicamente citados, los adultos responsables suelen contar qué necesitan en la puerta, y ello determina el acceso a la información sobre el modo en el que deben gestionar el diálogo, por quién y cuándo serán recibidos.

Es así como cada escuela elabora sus propias estrategias comunicativas, según el interés y la necesidad de transmitir su discurso y propuestas. De acuerdo con las entrevistas realizadas hasta el momento, estas también pueden dividirse entre aquellas de tipo privado y las que son de órden público. Entre las primeras, las personas que trabajan en la escuela enumeran el cuaderno y las notas de comunicaciones, los grupos de Whatsapp y los correos electrónicos. Entre las segundas, en cambio, las estrategias son más diversas según la escuela, y aparecen las redes sociales, los blogs escolares y las carteleras colocadas en las puertas de ingreso. Todas las escuelas recorridas presentan algún tipo de cartelera o espacio donde se registran las comunicaciones oficiales y administrativas generales hacia las familias (vacantes, becas, información de la cooperadora, reuniones de familias, calendario escolar, etc).

Imagen  4 - Cartelera informativa de la Escuela 13 DE13 "Prof. Luz Vieira Méndez". Elaboración propia del autor, 2022.

 

Ahora bien, además de estas comunicaciones, también aparecen en las fachadas y los accesos a los establecimientos algunas producciones que conmemoran efemérides o eventos escolares importantes. Realizadas con materiales que caracterizan las producciones escolares (papel crépe, cartulina, acrílicos, etc) son vistas como decoraciones que las docentes o la institución consideran importantes compartir con estudiantes, las familias y, en ciertos casos, también con el barrio. Ciertas producciones son realizadas por los adultos de las escuelas (generalmente docentes, pero suelen intervenir otros roles) para las fechas patrias como el 25 de mayo o el 9 de julio, y son vistas como forma de recordar o introducir a los estudiantes en el tema:

“Sí, este año pusimos el mismo cartel del año pasado pero incorporamos estas escarapelas [señala unas grandes escarapelas colgando de las paredes en el acceso] porque nosotras tenemos que enseñarles a identificar qué son… ¿dónde lo van a aprender, si no? En Tik Tok, menos. Y este año nos concentramos en explicar qué es una escarapela, cómo es que aparecen, quién la crea… (...) Sé que también con la seño [docente de plástica] estuvieron pintando unas láminas que ahora están en el patio y, si llegan a secarse, las colgamos acá también mañana antes del acto” (directora de escuela hablando sobre el acto del 25 de mayo desde la puerta de acceso al establecimiento, 2023).

Estas producciones suelen ser efímeras, tanto por sus materiales como por sus temáticas, y cambian de un evento a otro de acuerdo a una planificación anclada a las efemérides. Es decir que, desde el momento mismo de realización no están pensadas para durar en el espacio más de lo que el tema lleve en ser abordado en el aula. Algunas veces, incluso, las producciones se retiran parcialmente y quedan ciertos rastros que se superponen a nuevos diseños que refieren a siguientes eventos destacados.

En general, que estas producciones sean pensadas, planificadas, diseñadas y producidas por docentes no implica que no se habiliten espacios para mostrar el trabajo áulico realizado por estudiantes. Tal como se menciona en varias de las entrevistas a docentes, esto ocurre a partir de ciertas consignas planteadas durante el tiempo de clase, en especial, en conjunto con la docente de plástica como pareja pedagógica. Es común que el resultado brindado por el montaje sea, entonces, colaborativo y transversal para todos los participantes de la institución escuela y que las producciones infantiles presenten ciertos márgenes pautados que son los mismos para todos dentro de la actividad, aunque no por ello dejen de aparecer subjetividades en el modo en el que se expresan y entiende cada uno la consigna.

 

Imagen  5 - Intervención realizada sobre femicidios en la puerta de acceso de la escuela N°3 "Dr. Eduardo Holmberg" DE 13. Elaboración propia del autor, 2022

 

Ahora bien, la ubicación de estas producciones permite reflexionar sobre quiénes son sus destinatarios, pues se encuentran montadas en espacios visibles también desde la calle, la esfera pública. En todas las entrevistas realizadas se menciona a los chicos y chicas de la institución, pero al consultar si conocen la opinión de las familias las respuestas suelen ser dispares. En algunos casos, se menciona que no tener registro de lo que opinan o ven en ellas. En otros casos, se recuerdan y mencionan comentarios positivos que reciben de familiares, al momento de ver las producciones o porque son los propios estudiantes quienes en sus casas muestran/cuentan lo que han hecho.

La disparidad de discursos puede hacer pensar que en la institución escuela no hay interés por vincularse con la comunidad barrial donde se encuentra inserta, pero ello no es cierto. Por ejemplo, al indagar en las biografías de quienes son parte de la institución es común encontrar quienes viven o han vivido en el barrio y conocen la escuela desde antes de trabajar en ella, o ya lo han hecho en otras de la zona. Hay también ciertos eventos en los que se invitan a vecinos a dar una charla, como se hizo en una de las escuelas para el acto del 24 de marzo del 2022 (Día de la Memoria). En otros casos se proponen salidas curriculares a espacios públicos como bibliotecas o clubes barriales, o se recorren las cuadras aledañas de la escuela para trabajar temas vistos en el aula.

Además, al consultarse por el paisaje de Mataderos se puede encontrar en mayor o menor conocimiento, aunque sea general, de cuestiones relativas a su conformación y situación actual. Una de las instituciones más reconocidas es el Club Atlético Nueva Chicago (CANCh) porque muchos de sus estudiantes son hinchas o realizan actividades deportivas en él. También, se conoce el Mercado de Hacienda Liniers y se identifican ciertos aspectos que hacen al barrio en sus particularidades: el trabajo de los frigoríficos, el olor, el ingreso (o la actual ausencia) de camiones de vacas transitando las calles, entre otras cuestiones.

Puede de este modo aventurarse que, si bien el primer destinatario de las producciones es el estudiante y quienes transitan la institución, hay momentos en los que la fachada como frontera se permea y se habilitan puentes que conectan la escuela con el barrio mismo, facilitando el diálogo y el reconocimiento entre ambas partes. La profundidad en la que ello ocurre depende, muchas veces, del interés de las escuelas en anclarse en el barrio, de dar sentido de pertenencia e identificarse como parte del mismo.

Es, en estos casos, donde las fachadas toman un rol fundamental a partir de incorporar murales con temáticas barriales. Son estas producciones artísticas realizadas en algunas de las escuelas las que hacen pensar en un diálogo extendido con el barrio, incluso, más a largo plazo que con la producción de las efemérides.

 

La frontera pintada, el barrio representado

De las 22 escuelas relevadas, al menos 7 de ellas cuentan con murales o diseños de algún tipo en sus fachadas. De todas estas, 6 tienen representaciones identificables, en mayor o menor medida, con elementos pertenecientes al barrio de Mataderos y su paisaje. Estas son: la Escuela N°13 DE 20 “República de Filipinas”, la Escuela N°6  DE 20 "Prof. Felipe Boero", la Escuela N°7 DE 20 “Aristóbulo del Valle”, la Escuela N°11 DE 13 “Ponciano Vivanco” y la Escuela N°19 DE 13 “Caja Nacional de Ahorro y Seguro”.

Esta última es la única cuyas representaciones no se corresponden a pinturas o murales, sino que se asemeja a la técnica de vitreaux. Emplazadas en las puertas de entrada al edificio, las imágenes fueron realizadas por un artista en el año 1991, según se indica en su firma, y no por estudiantes. Pese a esta particularidad, es interesante encontrar en ambas puertas cuatro representaciones que refieren a Mataderos, entre las que se ubican dos vistas del viejo edificio del Mercado y la estatua del resero. La cuarta imagen es el propio edificio de la escuela. Con una bandera argentina flameando, es el vitral que cierra la composición, marcando un vínculo plástico entre el edificio escolar y aquel edificio administrativo que inauguró el barrio.

Imagen  6 - Puerta de entrada de la E19 "Caja Nacional de Ahorro y Seguro" con las imágenes en la técnica símil vitreaux. A la izquierda, una cartelera informativa y una lámina conmemorando una fecha patria, año 2022. Elaboración propia del autor. 

(no incluida por falta de espacio).

 

El resto de las fachadas relevadas presentan murales que fueron pintados por estudiantes de cada escuela en distintas décadas, entre los años 1990 hasta el 2023. Desde lo formal, estos murales suelen encontrarse montados sobre chapas, generalmente entre tres y cuatro por fachada, que a modo de “postales” se amuran a las paredes para ser pintadas. La excepción es el mural de la escuela N°6, el cual fue pintado a la medianera del viejo edificio y actualmente desde el exterior es posible una lectura parcial del mismo.

Cada una de las chapas presenta una escena específica con acciones y personajes que rara vez se repiten. Es decir que cada escena es autoconclusiva, y suelen estar firmadas por estudiantes de un grado o un curso específico como sus autores. Ahora bien, aunque hay algunos casos, no todos los murales diseñados por cada escuela responden a una temática específica. Hay imágenes donde pueden interpretarse escenas cercanas al orden de lo genérico y obedecen a cuestiones identificables en las entrevistas como “acciones propias de la infancia”: la plaza, el juego, el ocio.

Estos son espacios imaginados, donde la naturaleza y no lo urbano es lo predominante. Sobre una de ellas, un vecino que vive a menos de 100 metros de la escuela menciona que esa es su preferida sobre las otras: “[porque] tiene a los pibes en la plaza jugando, porque es lo que uno espera que hagan en la escuela: que se diviertan, que jueguen y que aprendan. Que sean felices, si no lo hacen ahora, ¿cuándo?” (vecino de la escuela de 67 años, 2022). Allí, en esos paisajes construidos se observan las interacciones de figuras humanas pintadas, generalmente identificadas como infancias, que expresan el imaginario de lo que deberían ser sus actividades en un mundo ideal pero esperable, donde son protegidas de los problemas del mundo de los adultos.

Otros murales, en cambio, se identifican con lo barrial a partir de los elementos cromáticos incluídos en este. Es común encontrar el uso del verde y negro, colores del equipo Nueva Chicago, en los diseños. Los colores se combinan con elementos ornamentales y, en ciertos casos, reemplazan o son puestos al mismo nivel que los patrios celeste y blanco.

Imagen  7 - Mural de la Escuela N°07 DE 20 "Aristóbulo del Valle" con un paisaje de parque y el uso de los colores verde y negro. Elaboración propia del autor.

 

En otros casos, por el contrario, una temática es el eje que vincula los diseños de forma transversal a cada imagen, lo que hace que lo producido sea identificable en la fachada en tanto conjunto. Esto ocurre en aquellos murales donde el presente y la historia barrial aparecen en elementos del diseño que son reconocibles en el paisaje. Hay casos donde los murales cuentan momentos históricos importantes para la historia de Mataderos, como puede ser la toma del Frigorífico “Lisandro de la Torre” en 1959, motivada por su posible venta a manos privadas. Pese a ciertos agregados subjetivos, es posible identificar una continuidad entre la representación hecha por estudiantes y las fotografías más conocidas que suelen circular sobre estos hechos históricos, lo que da cuenta del trabajo áulico previo al diseño de las imágenes.

Imagen  8 - Uno de los murales de la Escuela N°07 DE 20 "Aristóbulo del Valle" destinado a la toma del frigorífico. Se identifican también los colores de CANCh en las banderas y la figura del toro en el cartel. Elaboración propia del autor, 2022.

 

En cambio, hay también imágenes que anclan el paisaje actual con aspectos que responden a elementos vistos como tradicionales y vinculan al barrio con su pasado, muchas veces, incluso revestido del imaginario de “pampa en la ciudad” del que se ha nutrido el poder público para construir el folklore y la identidad nacional. Este es el posible caso de las representaciones del bar Oviedo, la “Feria de las Artesanías y Tradiciones Populares Argentinas”, el Museo de los Corrales y la estatua del resero.

Imagen  9 - Mural de la E07 DE 20 "Aristóbulo del Valle" donde aparecen la recova, la estatua al resero, la feria, el parque Alberdi y el acceso al CANCh. Elaboración propia del autor, 2022.

 

Por último, en algunos de los murales pueden encontrarse elementos que, para el diseño general, se ubican en un segundo orden de sentido pero responden a representaciones propias del paisaje de Mataderos. Ejemplo de ello pueden ser los edificios del barrio de Los Perales en el fondo de un paisaje o un camión transportando vacas por la avenida.

Imagen  10 - Mural de la Escuela N°11 DE13 "Ponciano Vivanco". Al fondo: un edificio de Los Perales y el Bar Oviedo. Por delante de la calle se observa un colectivo con gente detrás de un camión transportando vacas. Elaboración propia del autor, 2022.

 

En estos momentos, se está avanzando en el visionado de los murales con vecinos y personas pertenecientes a la comunidad escolar. Es interesante notar que conversar con vecinos mientras se recorren los murales predispone a pensar las imágenes desde otros lugares que no fueron considerados en una observación cotidiana mientras se transita por la vereda. En general, se observan y encuentran detalles que se habían pasado por alto, y se habilita el espacio para narrar historias que traen alguna situación en recuerdo vinculada con los espacios y los elementos allí señalados. Además, suele aparecer reconocida la autoría infantil y se destacan las producciones en tanto calidad y creatividad.

Es posible identificar que este redescubrimiento de la imagen sucede, en parte, porque los elementos del paisaje representados en cada imagen tienen una superposición de espacios, además que las escalas y las vistas no son exactas. Lo que se busca desde la institución no es una representación realista, sino una mirada escolar que resulte expresiva del paisaje. También, se puede aventurar que los diseños apelan al reconocimiento y la interpretación en parte por representar el movimiento, y porque la disposición de ciertos elementos dentro del encuadre se disponen para dialogar entre sí de una manera específica a partir de su jerarquización en tanto forma, color y proporción.

Lo que aparece, entonces, son los imaginarios sociales. Surgen en las imágenes elementos organizados como esquemas de percepción que, a través de su exposición y la apertura a lo vivencial (como artistas, como observadores), indican una mirada sobre el mundo de Mataderos construída desde la propia escuela. Del mismo modo, cada postal expresa una forma de entender y transitar el espacio urbano, lo que permite pensar en el rol que cada escuela tiene en la conformación y transmisión de los imaginarios urbanos barriales (Campos Medina y Álvarez Bové, 2015).

Cada escuela aborda el trabajo de producción y planifica su desarrollo en función de sus objetivos e intereses específicos, siendo conscientes que las imágenes les pertenecen pero se ubican en un espacio público sobre el cual no tienen control. Por ello, el trabajo en equipo con otros docentes, el aval de la dirección y las posibilidades de incorporar estudiantes son pensados con respeto y cuidado. Muchas veces, las producciones se realizan entre distintos turnos y grados, donde las docentes a cargo toman una chapa específica para trabajar, sin pensar en un lenguaje o código continuado con el resto de los diseños. En otros casos, en cambio, si las producciones responden a temáticas definidas desde lo institucional, las chapas y su contenido se definen por medio de acuerdos y una planificación que contemple el desarrollo de los temas en el aula y el diseño de cada imagen en respuesta a ello. En todos los casos consultados, las docentes de arte (la “seño de plástica”) suele tener un rol fundamental en la articulación de cada una de las etapas y con las personas involucradas.

En general, el trabajo con las imágenes se reconoce como un proceso largo. En ciertas escuelas, implica el trabajo de todo un año académico y requiere resolver cuestiones administrativas, institucionales, estéticas y pedagógicas, además de insistir para la adquisición de los materiales. La directora de una de las escuelas lo menciona del siguiente modo:

“[La docente de plástica] trabajó todo el año, fue muy difícil coordinar con les chiquis, las docentes y las familias. Pero lo más difícil fue resolver lo administrativo: le llevó mucho tiempo el tema de los permisos y el seguro. No podíamos sacarles a la calle, creo que les fue más esfuerzo eso que decidir qué pintar” (directora de escuela, 2024).

 Los murales son, en cierta forma, una transgresión. No sólo se ubican en la frontera, sino que su propia producción implica traspasarla. Salir a la calle y producir imágenes requiere de movimientos institucionales que son vistos como positivos para el aprendizaje de los estudiantes. No sólo se considera que se les brinda la posibilidad de expresarse plásticamente, también se les permite vivir una experiencia que está por fuera de la rutina institucional de la que son parte.

 

 

A modo de cierre…

Puede mencionarse que el trabajo de producción implica la construcción colaborativa de sentidos sobre lo espacial, a la vez que ellos se plasman en el diseño. Así, los imaginarios urbanos ponen a los estudiantes en el centro en tanto constructores de lo social, a la vez que se habilitan los cruces entre el cuerpo, las emociones y la espacialidad en la expresión proyectual de un contenido elaborado de forma colaborativa. De este modo, entonces, el paisaje puede ser también lugar de construcción de realidades que conviven entre sí. Mientras una de ellas se conforma a partir de un discurso imperante, la otra lo bordea, reinterpreta y reacciona desde el margen físico y simbólico (Rodríguez, 2011). Se deduce así que ninguna activación patrimonial es neutral, inocente y estática (De Carli, 2004). Por el contrario, esta puede ocurrir desde una multiplicidad de miradas, incluidas aquellas históricamente invisibilizadas como la de las infancias.

Si el barrio es entendido desde el poder público como actor de transformaciones económicas y políticas históricamente implementadas en la ciudad y el país, surge entonces la necesidad de conocer y re-definir el modo en el que sus vecinos imaginan y experimentan lo espacial con lo que se vinculan. Desde allí, la escuela no sólo dice que conoce su paisaje, sino que además lo enseña y reinterpreta desde su propia cultura institucional a partir del trabajo colectivo con las infancias. Los murales pueden ser vistos, en cierta forma, como una mirada sobre el mundo y una demostración de principios a la vez.

 

 

Bibliografía de la ponencia

Bibliografía

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