El que quiere un milagro tiene que creer y moverse a la fuente. Formas de luchar y vivir entre feriantes de la economía popular en un distrito bonaerense de Argentina.

SP.32: Los imaginarios del futuro como herramientas políticas: luchas, reconocimientos y planes de vida

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Matías Rafael Pizarro GESC - UNICEN/CONICET

Introducción

Uno de los propósitos de esta ponencia tiene que ver con abordar las formas de organización de las/os trabajadoras/es de la economía popular tratando de poner en relación elementos y dimensiones que habitualmente suelen ser abordados de manera escindida o fragmentada. Un atento ejercicio de observación conjugado con la experiencia etnográfica prolongada en el universo con el cual trabajo desde mayo del año 2022, permite motorizar una mirada en la que diversos aspectos de la realidad de las personas involucradas son analizados a la luz de su interrelación.

La experiencia organizativa que me convoca, no se encuentra subsumida unilateralmente a un conjunto de prácticas que podrían ser asociadas únicamente a la experiencia de movimientos sociales, especialmente la protesta, a formas tradicionalmente vinculadas a la organización popular, como las asambleas, o al conflicto emanado de la tensión normativa que deriva de la falta de adecuación de la actividad feriante a un marco regulatorio desde lo laboral, entre otras. Estas cuestiones, sin dudas constituyen focos sensibles de observación y son parte fundamental de la experiencia de organización que ha despertado mi atención. Sin embargo, en esta oportunidad quiero detenerme en la posibilidad misma que la perspectiva antropológica ofrece, y atender la experiencia de organización de estas/os trabajadoras/es vendedoras/es feriantes y ambulantes prestando atención a múltiples aspectos que son proyectados a partir de la emergencia de este colectivo en el espacio urbano de una ciudad bonaerense en Argentina y que se articulan en su transcurrir.

Presto especial atención aquí a la manera en que la Feria de la Economía Popular, de la rama de Espacios Públicos del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), ha logrado constituir un espacio en el que el proceso de organización y las demandas en torno a las condiciones de trabajo convive de manera entrelazada con la producción de bienestares colectivos (Fernández Álvarez, 2016). Esta idea me ha llevado a repensar las nociones de lucha que habitualmente asignamos a este tipo de fenómenos, para considerar que no es posible comprender dentro del mundo de la economía popular la lucha “política” escindida de la lucha por vivir. O, mejor dicho, este tipo de experiencia de lucha es significativa por el modo en que se politizan las condiciones de vida (Fernández Álvarez, Señorans y Pacífico, 2023).

En este sentido, el esfuerzo de este trabajo se suma a una serie de discusiones que tienen como objetivo, siguiendo los planteos de Narotzky y Besnier (2014), atender a las formas cotidianas de sostener la vida en un sentido amplio. Esta perspectiva está orientada a capturar un conjunto de prácticas y relaciones cotidianas que incluyen, pero trascienden los vínculos mercantiles para incorporar aquellos que comúnmente se consideran no "económicos" o "productivos" y de ese modo poder documentar la diversidad de formas en que las personas “se ganan la vida”. También este enfoque pretende responder a la pregunta sobre cómo las personas producen y co-producen, cotidianamente, las condiciones físicas, sociales, afectivas, espirituales y morales de su existencia personal y colectiva, incluyendo las formas en que se define y produce una vida digna y cómo dicha producción está modelada por procesos socio-históricos y culturales específicos (Fernández Álvarez, Pacífico y Stefanetti, 2024).

Los modos en que las/os trabajadoras/es de la economía popular sostienen sus vidas cotidianamente a través de experiencias de organización se conecta con los modos de vivir las ciudades. Como han señalado Fernández Álvarez, Pacífico y Stefanetti (2024: 282), “los procesos de construcción político-gremial puestos en marcha desde la economía popular se desarrollan a partir de prácticas móviles que producen y transforman a los espacios urbanos”, lo que habilita una disputa por las formas de ganarse la vida en las ciudades.

El trabajo de campo ha sabido informarme sobre un conjunto de aspectos que evidencian prácticas, ideas y eventos que complejizan los procesos de organización y construcción político-gremial, y también tensionan una concepción acotada acerca del trabajo, un eje que es central en la discusión del campo en el que se inscribe este fenómeno. Si inicialmente mis esfuerzos de atención se dirigían a la dinámica del conflicto abierto entre el MTE de Olavarría y el Estado municipal  en relación al uso del espacio público por parte del grupo de feriantes, o a la tramitación política –en un sentido restringido– del mismo, con el tiempo comencé a notar que la potencia de este tipo de experiencia desborda con creces tanto las situaciones extraordinarias de disputa política como la adscripción a una organización social de carácter gremial a nivel nacional, y que su carácter político se halla también en la vida cotidiana del grupo. A partir de dicho desplazamiento, empecé a advertir que muchas discusiones, problemas o decisiones no se caracterizan por estar mediadas –explícitamente– por una lógica orgánica ligada a la pertenencia a una organización de mayor alcance, ni que tampoco se agotan en las demandas asociadas a las condiciones de trabajo. Es decir, que la organización de trabajadores del espacio público en la ciudad, autodefinidos como feriantes, implica un conjunto amplio de actividades, prácticas, creencias y discursos, que se articulan y constituyen la experiencia de la feria dentro del universo de la economía popular como un espacio a partir del cual se habilitan formas locales de demandar derechos, crear valores y bienestares, y desplegar acciones políticas colectivamente.

No pretendo restarle importancia a la pertenencia de esta forma local de organización (la feria) a una organización gremial de carácter nacional como el MTE, sino lo contrario. Considero que las formas organizativas locales que asume el MTE están profundamente caracterizadas por las experiencias cotidianas del sector de trabajadores de la economía popular, por lo cual es de interés captar las maneras en que las formas y condiciones de vida de quienes son parte de la organización en tanto trabajadoras/es de la economía popular se politizan en el espacio urbano y cómo esto se relaciona con el sostenimiento de sus vidas. El propósito de este enfoque es alejarnos de miradas centradas en una experiencia formal o normativa de la política y sus diversas formas de organización, para abordar la sustancia cotidiana que echa luz sobre estos procesos.

Como parte de este proceso, en el contexto de la disputa por la apropiación del espacio urbano y las formas de ganarse la vida, el tiempo emerge como una dimensión de considerable importancia, al operar como un factor que informa las acciones del grupo feriante. El tiempo vivido como incertidumbre es un rasgo particular de la venta en la calle. Al no estar regularizada la actividad, se advierte como un peligro permanente la persecución contra los feriantes y la clausura de sus actividades. Además, las distintas aprehensiones del tiempo conviven con y se nutren de las evaluaciones acerca del contexto social y político más amplio. En ese sentido, como veremos, el futuro agrupa una serie heterogénea de ideas, juicios y valoraciones que tensionan una perspectiva de futuro progresista y lineal. Aparece ambiguo, significando avances y retrocesos, pero motiva las acciones. Asimismo, la forma en que estas/os trabajadoras/es de la economía popular interpretan el tiempo está conectada no solo con las condiciones de trabajo y las demandas en torno a esto, sino que es central para la elaboración nativa del tiempo la vida en un sentido amplio, proyectando bienestares para la generación de sus hijas/os.

Los aspectos que comencé a vislumbrar en los párrafos anteriores nos llevan por último al tema de la ciudadanía local que quiero plantear. Mi interés se sostiene en una clave antropológica de pensar un concepto, tan extendido en el mundo occidental, desde sus capas cotidianas, entendiendo que las supuestas condiciones de igualdad en relación a la ley, derechos y obligaciones que el concepto ha legado, no permiten ver las formas concretas en que amplios sectores de la población, habitantes de las ciudades, acortan la distancia entre modelos ideales y la realidad cotidiana. Las preguntas sobre la creación de derechos, la producción de bienestares y el reconocimiento como sujetos políticos con derechos en relación con el Estado requieren especial atención en la economía popular.

En un primer apartado presento algunas características y datos de la composición de la Feria de la Economía Popular; en el segundo apartado describo y analizo la experiencia organizativa en relación a la disputa por el espacio urbano, articulando la politización de las condiciones de vida a partir del espacio y el territorio con las formas en que las/os feriantes experimentan y producen nociones de tiempo; en el tercer apartado reconstruyo algunas maneras en que la feria, además de disputar, produce bienestares, valores y derechos activamente, discutiendo con perspectivas acotadas de la economía y el trabajo; en el cuarto apartado trato de articular los puntos analizados anteriormente a la luz de la discusión en torno a la ciudadanía, proponiendo que la feria de la economía popular produce una experiencia singular de ciudadanía local. Como trataré de señalar, esto me permite articular conceptualmente las experiencias de lucha y reivindicación con la experiencia de vida cotidiana de los feriantes, en el cual la producción colectiva se vuelve fundamental. Esta ciudadanía feriante comprende una temporalidad particular y cobra relevancia al discutir modos de vivir y trabajar legitimados socialmente, y al exponer la fragilidad conceptual y pragmática de una imaginada igualdad frente a la ley y el Estado. Al concluir, espero que este trabajo pueda aportar al proyecto reivindicativo de quienes en las calles y en las casas de nuestras ciudades todavía reclaman por su derecho a vivir dignamente.

 

La Feria de la Economía Popular y el trabajo en el espacio público

En la ciudad de Olavarría un grupo de feriantes realiza cada fin de semana la denominada Feria de la Economía Popular en el sector del Corsódromo Municipal Gabriel Antonio.[1] La feria es impulsada y organizada por el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y forma parte de la rama de Espacios Públicos.

El MTE es una organización social a nivel nacional que agrupa a miles de personas que han sido “descartados del mercado laboral formal como consecuencia de los modelos neoliberales” y han tenido que “inventar su propio trabajo”.[2] En el marco de la economía popular, estas personas se organizan en cooperativas y unidades productivas. Inspirado en la estructura de organización sindical argentina, las diferentes actividades se nuclean en ramas: cartoneros; textil; rural; construcción; espacios públicos; liberados, liberadas y familiares; sociocomunitario; Vientos de Libertad (dispositivo de atención sobre consumos problemáticos). Además, desarrolla áreas denominadas transversales como Mujeres y Diversidades, Salud y Formación. La rama Espacios Públicos, que es objeto de atención en esta investigación, tiene como objetivo general organizar a aquellos trabajadores que realizan sus actividades en distintos espacios públicos, como son las calles, plazas, semáforos, etc.: venta ambulante, artesanías, ferias, lavado y cuidado de coches.

El surgimiento de la experiencia organizativa a nivel local de feriantes encuentra un hito fundacional en el contexto de la pandemia de Covid-19, y el calendario vernáculo, a modo de efeméride institucionalizada, marca el 1º de mayo del año 2021 como el nacimiento de la feria. Pero más allá del hecho concreto de la pandemia como fenómeno a escala global, que afectó de manera dramática a la clase trabajadora en el mundo y condicionó de manera más significativa a aquellas/os trabajadoras/es que realizan sus labores en contextos de precariedad y no gozan de los derechos reconocidos en el marco de relaciones asalariadas y formales de trabajo -como es el caso de las/os trabajadoras/es de la economía popular-, la pandemia constituye un símbolo en la narrativa feriante. En sus testimonios, varios de ellos afirman que la pandemia “dejó a muchos afuera del sistema” y, en ese sentido, la feria cobijó a quienes encontraron en la venta una forma de sustento. Los condicionamientos fruto de esta situación obligaron a muchos a “tener que reinventarse”, proceso durante el cual convertirse en feriante significó una manera posible y real de garantizar la vida, a la vez que “la feria” expresa no solo un emergente de la situación crítica sino una forma de superación de la misma.

Tomando como referencia un relevamiento que llevé adelante durante los meses de junio y julio del año 2022 en el marco de mi investigación, en lo que respecta a las características sociodemográficas y sociolaborales representativas del grupo de feriantes podemos señalar lo siguiente:

Del total de la población encuestada (n=67) una muy marcada mayoría (92,5%) son mujeres (n=62) y los varones conforman solo el 7,5% (n=5). Este dato se condice con las características de la economía popular a nivel nacional en lo que respecta al género (Renatep, 2022), aunque aquí se expresa de manera más significativa.

Respecto a las personas de referencia en sus familias y/o hogares, la mayoría de las feriantes se reconoce como jefa o jefe de hogar. Asimismo, de esa mayoría el 91% son mujeres. Esto indica que de la población femenina total registrada (n=62), el 66% (n=41) de las mujeres son la referencia principal de sus hogares.

En lo que respecta a la distribución por edad, la franja etaria de 25 a 35 años junto a la de 36 a 45 años comprenden la mayoría dentro de la feria alcanzando un 59,7% (n=40) de la población, con un 31,3% (n=21) y 28,4% (n=19) respectivamente.

Las/os trabajadoras/es provienen de diferentes barrios de la ciudad. Al momento del relevamiento, 65 de las/os 67 encuestadas/os vivían en la ciudad de Olavarría. Si bien hay una heterogeneidad cuantitativa en lo que respecta al lugar de residencia en la ciudad, se registra una mayoría de feriantes habitantes en barrios próximos a la zona del corsódromo en la periferia norte de la ciudad.

En lo que respecta a los niveles de educación, observamos que la mayoría no ha concluido sus trayectorias educativas, tomando como marco de referencia la educación obligatoria que contempla la Ley de Educación Nacional 26.606. Es decir que la mayoría no inició o finalizó sus estudios secundarios, siendo esta población el 65,7% (n=44) de las/os feriantes encuestadas/os. El Primario completo aparece como el mayor nivel alcanzado en el 35,8% (n=24) del total de la población feriante relevada, frente a un 22,4% (n=15) que finalizaron el nivel Secundario.

En lo que tiene que ver con el impacto al interior del hogar y las familias, para el 62% (n=47) de las/os feriantes encuestados su actividad es parte de un proyecto familiar. Este proyecto familiar se expresa tanto en la dinámica del trabajo como en el sustento diario de las familias. En la dinámica porque, en muchos casos, son varios los integrantes de la familia que están involucrados en la actividad feriante a pesar de que un/a integrante sea quien lleva adelante el trabajo de manera principal. En lo que tiene que ver con el sustento, porque para muchas familias los ingresos que provienen de la feria se constituyen como el principal. Respecto a esto último, el 66% de las/os feriantes encuestadas/os expresaron que la feria es su principal sustento.

Casi la mitad de quienes fueron encuestadas/os en su momento (46%, n=31) manifestaron realizar otros trabajos. En relación a los otros trabajos que realizan, se observa que la mayoría tiene que ver con trabajos feminizados, entre ellos el trabajo doméstico en casas particulares (22,6%; n=7) y el cuidado de adultos mayores (9,7%; n=3).

Finalmente, en lo que respecta a los rubros de venta en la feria, la comercialización de ropa encabeza notoriamente la lista de los productos que se ofrecen, aunque en el último tiempo se comenzó a experimentar una mayor diversificación de los mismos, fortaleciéndose, por ejemplo, el rubro gastronómico y de bazar.

Para el caso de la venta ambulante y el comercio en espacios públicos, en la ciudad de Olavarría aún permanece vigente una normativa del año 1984 (Ordenanza Nº 195/84) que prohíbe la venta “sin autorización municipal”, constituyendo una conducta tipificante de contravención. Esta situación agrava la precariedad en la que se lleva adelante la actividad ya que sostiene un marco de incertidumbre respecto a la garantía de continuidad del trabajo, por lo que feriantes temen desalojos o confiscaciones, a la vez que resisten o enfrentan la presencia recurrente de personal policial, además de ser sujetos de las infracciones que se labran en su contra en el marco de la ordenanza mencionada.

 

“Cuando nos den el galpón”. El espacio disputado y el futuro como tiempo político

Una vez que la Feria de la Economía Popular se estableció en el corsódromo municipal en la segunda mitad del año 2021, la misma comenzó a experimentar un crecimiento importante y la cantidad de integrantes aumentó hasta alcanzar aproximadamente más de medio centenar. Durante ese proceso, se lograron mejoras en términos de infraestructura como la obtención de un gazebo y la fabricación de treinta y cinco estands de hierro para el armado de los puestos. Sin embargo, en poco tiempo emergieron las tensiones con el gobierno municipal. La presencia constante de agentes de Control Urbano durante el desarrollo de la feria alertó a la organización, que en el mes de octubre solicitó una reunión para “acordar” el funcionamiento de la misma.[3]

Sin respuestas por parte del ejecutivo, la feria continuó con su desarrollo en los meses siguientes en un contexto de tensión, con la presencia de Control Urbano y móviles policiales que irrumpían en la calle principal en la que las/os trabajadores llevan adelante su trabajo. En este marco, en enero de 2022 la referente de la rama de Espacios Públicos fue notificada en su domicilio por parte del Juzgado de Faltas por una contravención realizada contra su persona. Como respuesta a esto, el MTE organizó una movilización al edificio del juzgado donde debía presentarse luego de la citación. Al no ser recibidos por el juez, tal como la organización demandaba, optaron por trasladarse hasta las puertas del palacio municipal. Luego de algunas horas fueron recibidos por un funcionario del gobierno quien se comprometió a revisar las contravenciones y a iniciar una mesa de diálogo con todas las ramas de actividad de la organización.[4] Si bien esto no sucedió, en marzo del 2022 se logró firmar un acuerdo, entre la rama de Espacios Públicos y el municipio, que habilitó formalmente el desarrollo de la feria en el corsódromo durante los fines de semana.[5]

Con posterioridad al acuerdo alcanzado, las tensiones mermaron por un periodo corto de tiempo y la habitual irrupción directa de fuerzas policiales y de personal de Control Urbano cesó por un tiempo -aunque no la activa recorrida de móviles policiales. Pero en el transcurrir de los meses, algunos problemas de infraestructura del lugar que afectan el trabajo de las/os feriantes comenzaron a acentuarse y pasaron a ocupar la centralidad en las demandas.

Este apartado busca aportar una dimensión espacio temporal para entender los procesos de disputa por los modos de vida en el espacio urbano. Las nociones del tiempo se anclan en la espacialidad y a través de esa articulación se proyectan horizontes de lucha y de vida en un sentido más amplio. La experiencia organizativa de las/os trabajadoras/es feriantes entrelaza demandas por el uso del espacio público, mejores condiciones de trabajo y la producción de bienestares colectivos. Esto se materializa en acciones concretas de lucha como las movilizaciones -que incluyen el traslado y armado de la feria en la plaza central frente al palacio municipal como forma de reclamo, es decir “llevar la feria” al centro de la ciudad- y también en un conjunto de derechos y bienestares que se crean en el marco de las relaciones sociales que se producen en la feria, y la proyección de bienestares se conecta con las transformaciones del espacio en el tiempo.

Como apuntamos, la organización logró materializar a través de un acuerdo entre partes el “permiso” para poder trabajar en el corsódromo municipal de la ciudad. Sin embargo, las continuas tensiones provocadas por la irrupción de fuerzas policiales y de Control Urbano en la feria, la falta de apoyo municipal, los problemas de infraestructura del lugar y los poco fructíferos encuentros con el Estado municipal en distintas reuniones, activaron una serie de acciones que se sostuvieron hasta fines del año 2022. Durante la última manifestación en diciembre de ese año, en la que dos feriantes se encadenaron en la entrada de la municipalidad demandando el funcionamiento del alumbrado público del corsódromo, ya que desde hacía meses las luces del lugar no se encendían y esto afectaba las jornadas de trabajo debiendo acortar las horas de actividad, uno de ellos manifestó ante un medio local:

 

"Lo que más duele son los malos tratos, como si nosotros no fuésemos nada. Vienen de manera patotera, con violencia. Pero vamos a seguir luchando porque éste es el sustento de muchos de nosotros"

"Las luminarias las fueron apagando con el propósito de que nosotros nos fuésemos de ahí, que no podamos trabajar ni feriar. Hoy por hoy esa feria es la fuente de ingresos de las de 150 familias que integramos el MTE"

“Nadie no da respuesta. Acá hay jubilados o pensionados que no les alcanza entonces deciden feriar, hay personas con discapacidad que tampoco llegan a fin de mes con la pensión que cobran, hay gente que como yo hace changas y tiene que sumar otro ingreso. Somos todas personas que trabajamos” (El Popular Hoy, 13 de diciembre 2022; destacado mío).[6]

 

Este y otros testimonios son frecuentes al momento de plantear las demandas ante el gobierno municipal, tanto en las protestas enmarcadas en un plan de lucha como en la cotidianidad de la feria. Lo expresado por uno de los feriantes en las frases que cito arriba, resulta interesante porque articula los condicionamientos que estaban sufriendo en el espacio del corsódromo con cuestiones más amplias referidas a quiénes son las personas que integran la feria -entre ellas quienes habitualmente se asocian a poblaciones vulneradas, como “jubilados” y “personas con discapacidad”-, lo que implica la feria en carácter de “sustento” para las “familias”, la definición como “personas que trabajamos” y una actitud por parte del gobierno local percibida como un acto de negación profundo al sector, “como si no fuésemos nada”, lo que implícitamente se puede interpretar como el sentimiento de que alguien está negando su propia condición de existencia. En la misma nota manifestó:

 

“Si el Intendente o Diego Robbiani (responsable de Desarrollo Humano y Calidad de Vida) nos escuchara sería muy importante para nosotros porque nos conocerían. Nunca fueron a recorrer la feria y nos estigmatizan como lo hacen con los cartoneros o con los vendedores ambulantes, con los distintos sectores sociales que tratan de ganarse el mango dignamente” (El Popular Hoy, 13 de diciembre 2022; destacado mío).

 

Repasando las palabras de este feriante, se observa el modo en que acentúa la situación de ser desconocidos para el gobierno local, no ser “nada”, a la vez que se resalta la condición de dignidad que caracteriza la actividad de las/os trabajadoras/es de la economía popular. Es decir que el lenguaje empleado que aquí recuperamos resalta al trabajo vinculado tanto a la necesidad material como al reconocimiento del mismo, tanto en su forma como en su valor.

Esto tiene vinculación con lo que María Inés Fernández Álvarez ya identificó en su estudio con trabajadoras/es de empresas recuperadas respecto a la centralidad que la categoría dignidad (muy presente también en los discursos del MTE en general, y entre feriantes en particular) cobró en las argumentaciones que sostuvieron las demandas. Como indicó la autora:

 

“Lejos de aparecer contrapuesta a ideas como supervivencia (“el pan de nuestros pibes”), ambas se yuxtapusieron en la manera en que el trabajo, objeto de demanda, fue definido. De tal modo que “luchar por trabajo” implicó a la vez una “lucha por la supervivencia” y por “la dignidad”. En otras palabras, necesidad y reconocimiento se entrelazaron en la acción por el trabajo”. (Fernández Álvarez, 2017: 94)

 

Aún recuerdo las palabras de Yamila, una de las feriantes, cuando una tarde de trabajo de campo junto a un equipo de estudiantes, en el marco del desarrollo de prácticas socioeducativas, nos manifestó: “si no vendemos no comemos” (Registro de campo, 15 de octubre 2022).

Narrativamente, la experiencia organizativa de los trabajadores feriantes está frecuentemente conectada con expresiones que implican una subjetivación del tiempo, dando lugar a la creación de una temporalidad específica. El tiempo es abordado desde una lógica lineal (pasado, presente y futuro), pero las condiciones de precariedad en la que se sitúan su trabajo y sus vidas, de forma articulada a la dinámica de gobierno estatal que regula-condiciona este tipo de actividad (y, principalmente, a las personas que la ejercen), dan lugar a disrupciones o avatares propios de la relación entre sujeto-Estado que ponen en tensión la proyección temporal del grupo. La relación que la organización mantiene con el estado municipal es clave en la construcción de un horizonte de expectativas por parte de los feriantes. La perspectiva de crecimiento es un factor nodal en el modo en que los feriantes producen nuevas demandas y un elemento que se enuncia como condicionante para que los reclamos sean atendidos. A la vez, “crecer”, el “ser cada vez más”, se erige como un indicador de cierto éxito que la feria ha logrado construir, donde es reconocida cada vez más al mismo tiempo que se convierte en una fuente de trabajo para más personas. Adicionalmente, que “la feria crezca”, al calor de las evaluaciones sobre el contexto sociopolítico del país significa un indicador del avance de tiempos críticos en los que los condicionamientos económicos y sociales comienzan a afectar a cada vez más personas.

 

“Ustedes van a ver que dentro de un año o dos si estas políticas no cambian va haber cada vez más gente trabajando en la feria, cada vez más gente cayendo del sistema, cada vez más gente que no le alcanza la jubilación o el sueldo” (Vocero feriante, conferencia de prensa, 15 de octubre de 2022)

 

De esta manera, se identifica una temporalidad heterogénea, donde la perspectiva de futuro está signada por diversas experiencias que atraviesan al grupo, adoptando una polivalencia significacional que imprime cierta ambigüedad al tiempo futuro, donde crecer es un signo de mayor organización, un indicador del trabajo realizado correctamente y/o un dato que refleja la crisis social del momento. Los avatares en la relación con los gobiernos municipales también provocan una experiencia del tiempo en tanto incertidumbre que afecta la proyección hacia el futuro.

 

"fuimos creciendo nosotros mismos ayudándonos entre nosotros. Sin ayuda de nadie, porque vos sabes que hemos ido al municipio, hemos ido a todos lados y hacen la vista gorda y miran para otro lado sabiendo que la primera necesidad es el plato de comida para los chicos, para la familia, para todos" (Sergio, comunicación personal)

 

En las palabras de Sergio también se puede identificar como se articulan la noción del “crecimiento”, desplegada temporalmente, con la relación con el gobierno municipal y la cuestión de la reproducción como “primera necesidad”. Es decir, la manera en que los feriantes conciben y proyectan sus demandas está fuertemente marcada por el vínculo que se genera con el Estado, como también vimos en las escenas referidas a situaciones de movilización.

En lo que tiene que ver con las condiciones de trabajo, la incertidumbre como experiencia del tiempo, moldea en distintas oportunidades las lecturas surgidas de las tensiones con el Estado municipal y a partir de algún evento particular, como puede ser una movilización que no logró “ningún” resultado favorable. Como leíamos más atrás en el testimonio del vocero durante la conferencia de prensa, existía una preocupación, e incluso hasta sospechas, de que el objetivo final del gobierno municipal era desalojar a los feriantes del corsódromo. Sin embargo, es común escuchar que, si alguien decidiera avanzar con una decisión como tal, se va a resistir, aludiendo que “nadie nos puede sacar del corsódromo”, “al corsódromo le damos vida”, entre otras alusiones. En esta evaluación, se tiene en cuenta la cantidad de feriantes -y sus familiares-, la manera en que algunos compañeros -incluso de quien menos lo esperaban- “se paró de manos” con la policía en alguna de sus apariciones en la feria, y también la relación de confianza y apoyo construida con el referente de una batucada que posee actualmente uno de los galpones del predio en el cual las/os feriantes realizan diferentes actividades -talleres, reuniones, unidad productiva gastronómica, trámites relacionados a políticas sociales, etc.- y utilizan para guardar todos los elementos necesarios para el armado de la feria.

Actualmente, el tema del galpón esta delineando las ideas de futuro en el grupo. La demanda por un galpón que sea cedido a la rama de Espacios Públicos del MTE se ha convertido en un anhelo que, además, en el contexto de una nueva gestión municipal (Unión Por la Patria) con la cual ya se han mantenido algunas reuniones, resulta más factible. En los últimos meses la demanda ha cobrado mayor fuerza ya no solo por el hecho de constituir una necesidad en relación al resguardo de la infraestructura y diferentes artefactos para el armado de la feria e incluso bolsones de feriantes que por cuestiones de movilidad y transporte no pueden cargar con ellos los distintos días de feria, la proyección y realización de diferentes talleres como canto, marketing digital y formación y/o la puesta en marcha de una unidad productiva gastronómica, sino que existen tensiones sobre el uso del galpón que comparten con la batucada que involucran a familiares del referente de la misma.

La transformación de las relaciones con el Estado municipal y con otras personas que habitan el mismo espacio, habilitó un conjunto de acciones orientadas a la obtención del galpón. Pero también, esa demanda es producida simbólicamente, a través de creencias, y temporalmente, habilitando la imaginación de un futuro para el grupo. “Cuando nos den el galpón, sabes qué…”, “Podemos meter un textil arriba”, “Hacemos el productivo, patio de comidas”, “Alta sede para el MTE, podemos armar una sede del Fines para los compañeros”, “Para mí no los dan antes de abril”, “El tipo va a preferir dárnoslo a nosotros que vamos a trabajar”, “Yo creo que es nuestro”, “Yo qué te dije… yo sé que ese galpón es nuestro, lo vi”, “Hay que tener fe”, “Para mí se da eh, ¿vos qué decís?”, “Le pedí al gaucho”, “yo siempre que vamos hacer algo le prendo la vela al gaucho para que guie nuestros caminos”, son algunas de las frases en relación a la producción de la demanda, en la que se entrelazan creencias y perspectivas de futuro, y una serie de acciones como reuniones con funcionarios, la redacción de informes y solicitudes dirigidas al intendente, búsqueda de documentación probatoria, etc. Como han planteado Fernández Álvarez, Pacífico y Stefanetti (2024: 286) "el uso de los espacios se va renovando en función de los horizontes de organización colectiva producidos desde la economía popular, delineando un proceso de transformación de los territorios que se encuentra en constante movimiento". La producción de la demanda y la búsqueda por mejorar las condiciones de vida y de trabajo también implica movimiento, ya que “hay que moverse” para lograr las cosas y “no quedarse atrás”. Como dijo un feriante en una conversación por whatsapp, “el que quiere un milagro tiene que creer y moverse a la fuente”. Me parece que la frase sintetiza la manera en que los trabajadores feriantes se movilizan y disputan por el derecho a vivir y trabajar, donde la fe y las creencias requieren ser sustanciadas y fortalecidas a través de las acciones. Ambas dimensiones son centrales en sus vidas, “creer y moverse”. La fe en el Guachito Gil, el desplazarse por la ciudad para vender, tener una reunión o llevar adelante una manifestación, viajar para comprar mercadería más barata, resistir y enfrentarse con la policía o los agentes de Control Urbano, son prácticas cotidianas. En el marco de la organización de la economía popular, la fe y el tener que moverse para lograr algo se convierten en paradigma de la práctica política del grupo. Las propias creencias y prácticas que han desplegado para ganarse sus vidas, le dan forma al ejercicio político y la lucha reivindicativa del sector.

Teniendo en cuenta la manera en que la espacialidad se imbrica necesariamente con la temporalidad, sostengo que el futuro se afianza como tiempo político al agrupar las demandas por mejores condiciones de trabajo y de vida. El espacio introduce de esta manera la posibilidad de proyectar políticamente no solo la transformación material sino las vidas por vivir, las cuales dependen en mayor o menor medida de las transformaciones en la feria, pero también de lo (in)esperado que surge cotidianamente dentro de las relaciones sociales que se producen allí. Un ejemplo reciente tiene que ver con un proyecto de urbanización popular que el movimiento comenzó a ejecutar en Olavarría hace unos pocos meses. El mismo contempla el acceso a lotes con servicios para que 125 familias de la economía popular puedan construir su vivienda allí. Tanto en instancias de relevamiento como en posteriores encuentros, la posibilidad de “tener la casa propia”, el “sueño de la casa”, aparece especialmente ligada a testimonios en los que la mayor ponderación recae en la oportunidad de poder darles una casa a sus hijos, tener una casa donde puedan vivir sus hijos. Esto, además, da lugar a imaginar cómo será esa casa, la vida en el barrio, proyectando un espacio digno para las familias, en especial los hijos.

En síntesis, se puede decir que la disputa por el espacio urbano moviliza un conjunto de prácticas, creencias y discursos que articulan las condiciones de trabajo y de vida, el reconocimiento y la necesidad, proyectando ideas sobre el futuro que se construyen a la luz del espacio y la relación con el Estado municipal, pero también desde las experiencias cotidianas de las/os feriantes quienes articulan fe y movimiento como práctica política, “creer y moverse”.

 

“Hay que resolver”. Producir bienestares, valores y derechos

En el apartado anterior se adelantó cómo la disputa por la apropiación del espacio urbano está articulada con las formas en que la organización de feriantes construye nociones acerca del tiempo y el futuro, a la vez que ambas dimensiones se conectan con demandas que tienen que ver con el sostenimiento de la vida en un sentido amplio. Esto pone de relieve que a través de la lucha se tensionan modos de vivir, y las cuestiones que hacen no solo a las condiciones de trabajo, sino también a las formas de sostener la vida, informan las prácticas y acciones que se despliegan políticamente en la ciudad. En este apartado presento brevemente algunas de las cuestiones que tienen que ver con aquello que los trabajadores feriantes consideran valioso y qué tipo de bienestares se crean a través de la organización. Intento así sumar la experiencia local de los feriantes a una discusión que ha focalizado en una concepción más amplia tanto del trabajo como de la economía. Una de las ideas principales que tienen que ver con esta concepción hace hincapié en que las formas en que las personas se ganan la vida no están guiadas exclusivamente por el cálculo y la ganancia (Narotzky y Besnier, 2020), aun cuando dichos elementos pueden permear las valoraciones que se elaboran en contextos de economía popular. Esto nos permite pensar también, cómo las prácticas económicas están ligadas al territorio y a las relaciones sociales que en él se producen. Como afirma Perelman (2017: 21), “las prácticas de obtención de dinero son inescindibles de la constitución del territorio y esta se produce a partir de la apropiación del espacio físico (y sus constreñimientos) así como de las relaciones interpersonales que se construyen alrededor de aquel”.

La feria resulta un epicentro vital para muchos de los trabajadores feriantes. En sus testimonios, la feria representa una experiencia de trascendencia a través de la cual pudieron mejorar, transformar o incorporar diversos aspectos positivos vinculados a su vida. Existe una tarea que es muy común escucharla en palabras de la referente: “resolver”. Tener la capacidad para “resolver” es una cualidad muy importante, como diversos son los temas a resolver. Habitualmente, el desarrollo de la feria implica un conjunto de tareas que se deben ejecutar para desplegar la actividad en el espacio del corsódromo, como por ejemplo el armado de los puestos, el despliegue de los equipos de sonido para los artistas, el perímetro del lugar, etc. Sin embargo, hay una serie de cuestiones que involucran a los feriantes que implica también “resolver” y que hacen a la vida de este grupo. Frecuentemente, la referente del espacio recibe demandas cotidianas en temas diversos como la cobertura de medicamentos, situaciones de violencia de género, o alguna asistencia con trámites de algún programa social o en el ámbito del Estado municipal. El solucionar problemas y atender demandas más personalizadas implica, muchas veces, la puesta en marcha de mecanismos de interdependencia o asistencia mutua, como también una vinculación entre liderazgo y confianza.

Si diariamente desde la organización se pugna por resolver demandas que exceden aquellas relacionadas a la mejora de las condiciones de trabajo, debemos entender que la forma de organización que aquí describo resulta una experiencia organizativa que articula problemáticas de la vida en un sentido amplio. En ese sentido resulta habitual el acompañamiento en gestiones de trámites vinculados a alguna política social que requieren el uso de tecnologías, acompañar a alguien al banco a realizar algún reclamo o enseñarle el uso del cajero automático, asistir con mercadería y/o medicamentos a quien lo necesite, realizar o colaborar con rifas para quien esté juntando dinero para la realización de algún estudio médico o para poder realizar un viaje o evento que sea importante para los hijos (por ejemplo un cumpleaños de 15 o la participación de un joven boxeador en un torneo en otra ciudad), entre otras cuestiones, incluida la asistencia y acompañamiento frente a la muerte de algún familiar.

Como parte de un trabajo realizado en el contexto de prácticas socioeducativas de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires que coordiné como tutor, las cuales tenían como objetivo documentar la realidad de la Feria de la Economía Popular a partir de indagar en las trayectorias de acercamiento, sus formas de organización, las demandas principales y las percepciones personales en torno a la misma, elaboramos en conjunto con el grupo de coordinación de la feria una breve encuesta de tipo cualitativa que luego fue desarrollada en diferentes jornadas de campo. Dos de las seis preguntas eran “¿En qué te cambió la feria?” y “¿Qué significa la feria para vos?”. Las respuestas que surgían en la conversación con el equipo dispararon una serie de ideas, tópicos y conceptos, entre lo que se destacaron testimonios que resaltaban: la ayuda”, el trabajo, la “familia”, las relaciones de amistad y el “compañerismo”, los “ingresos”, el ocio, disfrute y entretenimiento, y cuestiones de socialización.

Catalina nos dijo que la feria significa: “ayudarnos entre todos porque van a ver ustedes que nosotros mismos nos compramos entre nosotros a veces. Porque tenemos nuestros hijos y no podemos llevarle un pantalón y entonces a veces las chicas lo ofrecemos a 200 pesos y nos vamos ayudando entre todos” (Registro de campo, PSE, 1 de octubre de 2022). Camila expresó que “nos ayudamos, eso es lo principal. No nos ayudamos solamente con lo que es la feria. Si en la semana necesitas algo sabés que con algún compañero de acá podés contar” (Registro de campo, PSE, 1 de octubre de 2022).

Por su parte, Patricia nos comentó: “A mí me ayudó mucho en lo que es la parte psicológica, la parte anímica. Porque yo había quedado viuda hacía dos o tres meses y estaba mal” (Registro de campo, PSE, 1 de octubre de 2022).

Para algunos feriantes la feria implicó la posibilidad de conocer gente y realizar otras actividades por fuera de su rutina y su hogar. También, para varias de ellas, esta oportunidad significó un cambio para poder mejorar sus intercambios sociales tanto en lo relacional como en lo comunicativo. Como nos dijo Luisina, “me cambió muchísimo mi personalidad, pasé de ser una persona introvertida a, no te digo extrovertida, pero poder mantener un diálogo con la gente” (Registro de campo, PSE, 1 de octubre de 2022). Otros como Sergio nos dijeron que “lo que hacemos es para nuestra familia, para salir adelante” (comunicación personal, 3 de noviembre de 2022).

Los testimonios aquí recuperados que complementan a las observaciones realizadas hasta el momento en el marco de la feria, permiten pensar la dimensión del valor y la productividad en la economía popular desde un ángulo que direcciona hacia un conjunto de elementos que desbordan la noción meramente económica de tipo mercantil remunerativo. Es decir, el valor también puede ser entendido “como producción de proyectos significativos para las personas” (Señorans, 2018: 161). Además, la experiencia de los feriantes ilumina sobre la importancia de considerar las relaciones sociales como producto del trabajo, además de la producción de los medios materiales de vida. Estas relaciones también pueden constituirse como medios para alcanzar el sustento a partir de volverse importantes o considerarlas valiosos para garantizar necesidades básicas.

Las referencias aquí mencionadas junto con otras que han reparado en la importancia de estar organizados dentro del MTE para “poder estar más seguros vendiendo, no sentir que nos van sacando de todos lados”, como también lo expresó Catalina, ponen de relieve qué cuestiones son consideradas valiosas y significativas para los feriantes y, por lo tanto, adquieren valor. El deseo de salir adelante, hacer algo por sus familias, ayudarse y cuidarse mutuamente, entablar vínculos de amistad, fortalecer lazos de parentesco, proyectar logros personales y colectivos, sintetizan aspectos que no encajan con las ideas habitualmente ligadas a los procesos económicos y que bien pueden ser comprendidos a partir de los aportes de la economía feminista, entre ellos “demostrar que las relaciones de dependencia personal (en oposición a la autonomía imaginada del actor racional individual) y el valor emocional son elementos fundamentales para la reproducción social” (Narotzky y Besnier 2020:29).

Estas dinámicas también han sido advertidas en otros trabajos que han prestado particular atención a ferias de la economía popular en Argentina, conectadas a la cuestión del espacio público. Como señaló Pederiva (2019) en un trabajo sobre una feria en el partido de Hurlingham:

 

“la feria en tanto espacio público es el recurso permanente, la única constante en la vida de muchas de estas mujeres. Así, el espacio público deja de ser un espacio de mera circulación para convertirse en su lugar de trabajo, un espacio colectivo, donde comercializan sus productos, pero, además, construyen vínculos y producen relaciones sociales” (Pederiva, 2019: 100).

 

En síntesis, la feria constituye un espacio que articula diversas actividades y relaciones sociales. Como forma de organización de la economía popular habilita una producción colectiva de valores y bienestares que excede a la experiencia individual de cada feriante dando lugar a un sostenimiento cotidiano de la vida que permite pensar la producción, la reproducción, el trabajo, el espacio y las relaciones sociales de manera imbricada y no en forma aislada.

 

“Nosotros también somos ciudadanos”. Construir formas de participación

Finalmente, cabe señalar un aspecto que me parece característico en este tipo de experiencias. Este tiene que ver con la producción de ciudadanía local, para entender el lugar que ocupan las/os feriantes en la discusión por la apropiación de la ciudad en la que viven. Pensar la experiencia organizativa que aquí describo como experiencia ciudadana adquiere, a mi parecer, límites y potencialidades. Entre sus límites, se corre el riesgo de ligar formas singulares y emergentes de organización social durante los últimos años a un concepto profundamente ligado a una mirada occidental -y excluyente- del mundo, atado a perspectivas liberales e individualistas de membresía a una comunidad que se asume conformada entre iguales.

Entre las potencialidades, opto por asociar conceptualmente la experiencia organizativa de trabajadores feriantes con una experiencia ciudadana con el fin de poner en discusión la noción previamente señalada. De esa manera, por un lado, se puede repensar los criterios que han definido universalmente a la ciudadanía como un marco igualitario de pertenencia a una comunidad sobre la base de un conjunto de derechos y deberes consagrado que, entre otras cosas, determina modos de participación en la vida social que se reconocen legítimos y al mismo tiempo están determinados espacial y temporalmente (elecciones, escuela, tribunales…). Por otro lado, y de manera más particular, habilita la posibilidad de analizar la manera en que se construyen identidades y modos legítimos de participación política en el marco de relaciones entre Estado y ciudadanos de carne y hueso organizados sectorialmente, social, política y gremialmente.

Atendiendo al último señalamiento que me parece el más potente en clave antropológica y etnográfica, merece especial atención cómo la organización de trabajadores del espacio público en Olavarría moldea la relación con el Estado en el marco de un proceso colectivo de organización y participación. Me valgo aquí, en lo que implica aún una etapa inicial de esta discusión, en la definición de ciudadanía que aportó Lazar (2013) en su estudio localizo en El Alto (Bolivia), cuando define la ciudadanía como prácticas y experiencias cotidianas de ciudadanía que estructuran las relaciones [de un grupo] con el Estado.

Considero que hay un aspecto de marcada importancia en las experiencias de organización de la economía popular en lo que respecta a la centralidad del trabajo, como categoría y como práctica, en la producción de identidades colectivas y formas de participación social legítima. Esta apelación al mundo del trabajo es sustancialmente importante en nuestro país a la hora de comprender los mecanismos de organización, participación y disputa por derechos, ya que históricamente a partir del peronismo los trabajadores se convirtieron en la figura por excelencia del ciudadano moderno con acceso a derechos -es decir, el trabajador como sujeto de derechos- a través de su incorporación a la vida política, garantizada e institucionalizada por el Estado. Este desarrollo dio lugar a lo que, en el marco del peronismo (1944-1955,) Daniel James (1990) denominó “ciudadanía social”, denotando la superposición entre trabajo y ciudadanía que implicó construir a los trabajadores como ciudadanos.

Localmente, las imágenes del trabajo resultaron potentes durante varias décadas para los olavarrienses. Caracterizada por un fuerte sistema fabril, donde destaca la producción de cemento y la explotación minera, el obrero constituyó una figura emblemática en la ciudad, la cual pasó a ser concebida oficialmente como “la ciudad del trabajo”. Concluido el período de pujanza y desarrollo, y con las consecuencias acaecidas durante la crisis cristalizada en el 2001, este modelo se puso en tensión como sucedió a lo largo y ancho del país. Sin embargo, esas imágenes se convierten en recursos retóricos que moldean un lenguaje de disputa (Roseberry, 2007) a través del cual se tensionan modos de vivir y trabajar en la ciudad a la luz de la actualización y redefinición del trabajo en las últimas décadas. Por medio de la narrativa tradicional olavarriense del trabajo, se demanda el reconocimiento como trabajadores cuestionando el alcance del modelo ideal de “la ciudad del trabajo”. Durante la conferencia de prensa del día 15 de octubre de 2022, el vocero explicó:

 

si bien nosotros somos feriantes trabajadores, también somos ciudadanos de Olavarría que por ende es una ciudad del trabajo. Así se la llamó siempre a Olavarría. Cuando entrevistamos a la secretaria el señor Robbiani nos plantea que hay una ordenanza del año ‘84 la cual prohíbe la venta ambulante. Bárbaro. Entonces se contradice con lo que se dice "ciudad del trabajo". Porque trabajar en la calle no es delito. El artículo 14 bis de la Constitución nos permite a nosotros poder trabajar libremente en un Estado de Derecho como el que estamos viviendo. Las circunstancias que hoy ocurren en la Argentina van mucho más allá de las que pasaban en el año 84. Si ustedes recuerdan, había en cada esquina 6 o 7 obreros que se tomaban el colectivo, había fábricas funcionando con muchos obreros. Yo me acuerdo porque iba a la escuela primaria en ese momento. Hoy somos 144 mil habitantes en Olavarría y tiene que haber espacio para todos (Olavarría, conferencia de prensa. 15 de octubre de 2015).

 

En coincidencia con Lazar (2013), me parece valioso seguir prestando atención a las dinámicas e interrelaciones entre comunidades, la ciudad como locus de acción política y la producción de ciudadanía local, “si miramos más allá de la ciudadanía como un estatus jurídico legal y buscamos analizarla en un sentido más político y social” (Lazar, 2013: 37). El proceso de construcción de un sujeto político colectivo ha dado lugar a una experiencia organizativa que les permite a los trabajadores feriantes reconocer y politizar las condiciones de desigualdad, evidenciando jerarquías sociales que se traducen en modos diferenciados de acceso a derechos y relación con la ley. Un ejemplo de esto último es un comunicado que la referente de la rama compartió en sus redes sociales en mayo del 2022 y luego fue reproducido en los medios, que se tituló “Ciudadanos de primera, ciudadanos de segunda”.[7]

Me interesa más que la apelación a la categoría, como en el caso del comunicado citado, las acciones y prácticas que el grupo moviliza para la demanda de derechos y acceso a recursos fundamentales para su trabajo y sus vidas, lo que implica un modo de relacionarse con el Estado. Este ejercicio desplaza categorías más amplias e ideales para cristalizar en otras categorías vernáculas, construidas dentro de un marco de referencia político e identitario. Los “trabajadores de la economía popular” de manera más general, y “feriantes” en particular, se convierte en la categoría clave -una categoría de la práctica- que identifica a este sujeto como miembro de una organización por referencia a su ocupación. Por su parte, “la feria” constituye el locus donde se construyen nuevas formas ciudadanas que articulan la lucha por ganarse la vida dignamente y la construcción de bienestares futuros tanto para ellos como para las generaciones que siguen.



Notas de la ponencia:

[1] El Corsódromo Municipal Gabriel Antonio fue creado mediante la Ordenanza 3710 del año 2014. A través de esta, el Honorable Concejo Deliberante determinó el destino y uso del constituido por las manzanas ubicadas entre las calles Junín y Guisasola entre San Martín y Colón para la construcción de un corsódromo permanente que albergue la realización de los Corsos Oficiales y el desarrollo de otras actividades socioculturales. Durante el año, el lugar concentra la actividad de diferentes batucadas y comparsas que participan de los corsos y, desde el año 2021, la realización de la Feria de la Economía Popular del MTE.

[2] Web Oficial del MTE, https://mteargentina.org.ar/quienes-somos/

[3] Central de Noticias (12 de octubre de 2021). El MTE pidió al Municipio “acordar el funcionamiento” de la feria de El Provincial. https://cdnoticias.com/index.php/2021/10/12/el-mte-pidio-al-municipio-acordar-el-funcionamiento-de-la-feria-de-el-provincial/

[4] Central de Noticias (17 de enero de 2022). El MTE se movilizó en el Juzgado de Faltas y trasladó el reclamo al Municipio. https://cdnoticias.com/index.php/2022/01/17/el-mte-se-movilizo-en-el-juzgado-de-faltas-y-traslado-el-reclamo-al-municipio/

[5] Municipio de Olavarría (11 de marzo de 2022). El MTE firmó un compromiso para realizar la feria en el Parque Eva Perón. https://www.olavarria.gov.ar/el-mte-firmo-un-compromiso-para-realizar-la-feria-en-el-parque-eva-peron/

[6] El Popular Hoy (13 de diciembre de 2022). Integrantes del MTE se encadenaron al Municipio: solicitan poder seguir feriando en el Corsódromo. https://www.elpopularhoy.com/argentina/provincia/ciudad/integrantes-del-mte-se-encadenaron-al-municipio--solicitan-poder-seguir-feriando-en-el-corsodromo_a64eb4ba3380f57a5c6a62b5e

[7] Verte (9 de mayo de 2022). RECLAMO DEL MTE TRAS LA REALIZACIÓN DE "SABORES DEL MUNDO". https://www.verte.tv/noticias/26204-Reclamo-del-MTE-tras-la-realizacion-de-Sabores-del-Mundo-

Bibliografía de la ponencia

Referencias bibliográficas

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. I., PACÍFICO, F. D., & STEFANETTI, C. A. (2024). Espacialidades, movilidades y cuidados en las disputas por las formas de ganarse la vida en las ciudades. Reflexiones etnográficas a partir de procesos de organización desde la economía popular. Trabajo y sociedad25(42), 277-293.

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M.I., SEÑORANS, D., & PACÍFICO, F. D. (2023). Politizar las condiciones de vida en las ciudades desde la economía popular. Desacatos. Revista de Ciencias Sociales, (72), 60-75.

FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. I. (2016), Experiencias de precariedad, creación de derechos y producción colectiva de bienestar (es) desde la economía popular, Revista Ensambles, (4/5), 72-89.

JAMES, D. (2010). Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina. Siglo Veintiuno, Argentina.

LAZAR, S. (2013). El Alto, ciudad rebelde. La Paz, Bolivia: Plural editores.

MUNICIPIO DE OLAVARRÍA. Honorable Concejo Deliberante. Ordenanza N°195/84. Olavarría, 10 de diciembre de 1984.

NAROTZKY, S., & BESNIER, N. (2020). Crisis, valor y esperanza: repensar la economía. Cuadernos de antropología social, (51), 23-48.

PEDERIVA, C. (2019). “Disfrutá la incertidumbre. Contrapuntos entre el emprendedurismo y la economía popular”, en Fernández Álvarez M. I. et al., Bajo Sospecha. Debates urgentes sobre las clases trabajadoras en la Argentina (105-118), Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ediciones Callao.

PERELMAN, M. (2017). “Pensando la desigualdad urbana desde el trabajo callejero”, en Boy, Martín y Mariano Perelman (Coords.), Fronteras en la ciudad: (Re)producción de desigualdades y conflictos (19-44), Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Teseo.

REGISTRO NACIONAL DE TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DE LA ECONOMÍA POPULAR (2022). Principales características de la economía popular registrada. Informe noviembre 2022. Ministerio de Desarrollo Social. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/informe_renatep_noviembr e_2022_v3.pdf

ROSEBERRY, W. (2007) “Hegemonía y el lenguaje de la controversia”. En Lagos, M. L. y Calla, P. (comps.) Cuaderno de Futuro No 23. Antropología del Estado: Dominación y prácticas contestatarias en América Latina.

SEÑORANS, D. (2018), El derecho a la vida digna: Formas de militancia en la economía popular en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Tesis doctoral. Universidad de Buenos Aires.