Tensiones, límites y posibilidades del “Programa Quiero Mi Barrio”: sistematización de tres experiencias en la Región de Valparaíso (Chile).

SP.29: Procesos de producción urbana de las ciudades latinoamericanas en diferentes escalas. Transformaciones socioproductivas, memorias, sensibilidades e imaginarios

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Nat Jofré Poblete Independiente
José Muñoz

Introducción 

En esta ponencia nos proponemos discutir en torno a las tensiones, límites y posibilidades del Programa Quiero Mi Barrio (PQMB) del Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Chile, el cual busca la recuperación de unidades territoriales que presentan deterioro urbano y vulnerabilidad social para mejorar la calidad de vida de sus habitantes mediante un trabajo colaborativo entre instituciones y la comunidad.

Chile destaca por ser un país neoliberal con problemas sociales importantes que viene acarreando desde la dictadura militar de los años ‘70. Esta situación también se ve reflejada en las políticas habitacionales del país, que si bien han ido transformando sus paradigmas, también han mantenido varios de sus componentes antiguos.

Mediante la experiencia que tuvimos participando como equipo ejecutor de tres proyectos dentro del PQMB en diferentes barrios de la Región de Valparaíso hemos podido ver algunos elementos que nos dan luces en torno a estos cambios y continuidades de la política habitacional en Chile, los cuales reflejan profundos temas de participación y cohesión social. 


Asentamientos informales y políticas habitacionales del 1973 al 1999

Durante la dictadura militar, existió una reducción del gasto social, focalizando los recursos estatales en grupos extremadamente pobres (Abufhele, 2019). Como resultado, los asentamientos informales fueron etiquetados como expresiones de pobreza y marginalidad, entendida esta última como la falta de condiciones adecuadas de vivienda.

En este periodo, los asentamientos fueron despolitizados y se los caracterizó como espacios pasivos de “marginalidad y pobreza, los cuales se espera que accedan a la vivienda a través de los esfuerzos individuales de sus integrantes” (Abufhele, 2019, p61), posicionando la pobreza como un objeto de intervención gubernamental. Finalizado el régimen autoritario, los gobiernos sucesores consolidaron esta conceptualización de los asentamientos informales como "territorios de concentración de pobreza", convirtiéndolos en un objetivo central de intervención gubernamental de superación de la pobreza, “profundizando el proceso de despolitización de las organizaciones de pobladores” (Abufhele, 2019, p.62).

La política habitacional del período enunciado instala una narrativa gubernamental de los asentamientos informales como territorios de pobreza poblados por sujetos pobres y pasivos que se beneficiarán de los programas estatales. Esto condujo a una despolitización, ya que la agencia de los sujetos para participar de los programas gubernamentales no es necesaria, dado que es el Estado el encargado de definir a los grupos que se benefician por los programas (Abufhele, 2019).

Junto con lo anterior, desde la dictadura militar cambió la relación ciudadano-estado, con un estado exclusivamente subsidiario, dejando en manos de un mercado autorregulado la construcción de viviendas y soluciones habitacionales (Rodríguez y Sugranyes, 2005; Rugiero, 1998; MINVU, 2004). Las implicancias de este modelo se reflejan en una política habitacional centrada en la entrega de viviendas sociales a familias vulnerables, generando un aumento en la cantidad de viviendas, pero disminuyendo la calidad de las mismas (Rodríguez & Sugranyes, 2005; Tapia, 2011; Rugiero, 1998; MINVU, 2004), así como la calidad urbana (Tapia, 2015). 

La acción colectiva era un elemento constitutivo en la forma en como se entendía a las comunidades pobladoras en la década de 1960 (Abufhele, 2019; Palma,1960). Sin embargo, esta concepción cambió con el proceso de despolitización impulsado desde la dictadura (Abufhele, 2019), y con el retorno a la democracia se observó un debilitamiento de las organizaciones sociales y su capacidad de acción colectiva (Serrano, 1998).


Programa Quiero Mi Barrio

El año 2006 se genera un replanteamiento de la política habitacional, cambiando el foco de atención del déficit habitacional a la integración social y la equidad en el acceso a los bienes nacionales de uso público (DIPRES, 2010). En este marco, surge el Programa Quiero Mi Barrio (PQMB) como una medida presidencial orientada a recuperar barrios deteriorados, su ejecución inicia con una intervención piloto de 200 barrios a nivel nacional, posteriormente, el programa pasa a ser un programa gubernamental (Idem.). 

La finalidad del programa es “contribuir a la cohesión social en las ciudades a través de procesos participativos de recuperación de barrios con deterioro físico y vulnerabilidad social” (Idem., p.4). Para lograr esto, se busca que vecinas y vecinos de de barrios con deterioro urbano y vulnerabilidad social aumenten su nivel de integración social mediante la participación en iniciativas de recuperación de los espacios públicos y mejoramiento de las condiciones de su entorno, fortaleciendo con ello sus redes sociales y vecinales (DIPRES, 2010).

El PQMB constituye una innovación en la forma de actuar y gestionar la inversión pública,  al tener una nueva unidad de intervención -“el barrio”-, y al enfocarse en la regeneración urbana que combina criterios de integralidad urbana y social (Idem.). Esta nueva escala permite una acción intermedia que va más allá de los proyectos de viviendas familiares y es menos abstracto que las zonas de urbanización, ámbitos en los cuales se centraba la política habitacional antes del PQMB (Idem.).

Para llevar a cabo lo anterior, el programa se sustenta en una organización sectorial y territorial con la cual participan los siguientes actores: Equipo nacional del programa, Direcciones regionales del SERVIU (Servicio de Vivienda y Urbanización), Secretaría regional del MINVU (Ministerio de Vivienda y Urbanismo), Profesionales municipales, Coordinadores comunales del barrio, Equipo de barrio del PQMB, Consejo vecinal de desarrollo, Actores barriales y Equipos consultores (DIPRES, 2010). A nivel territorial, el programa se articula en torno a un “contrato barrial” alineado al Plan de Desarrollo Comunal y las inversiones municipales siendo el municipio el actor encargado de la coherencia entre estos elementos (idem.). 

La estrategia de participación se basa en la ejecución de actividades territoriales sustentadas en un trabajo articulado entre la mesa técnica comunal, el equipo de barrio, y los vecinos y vecinas que constituyen una organización ad-hoc para la participación barrial denominada Consejo Vecinal de Desarrollo (CVD). El equipo de barrio corresponde a los profesionales que trabajan en terreno en los barrios y se encargan de desarrollar y/o apoyar todos los productos definidos en el Plan Integral de Recuperación Barrial. El CVD es un órgano de participación comunitaria que representa al barrio, está compuesto por representantes de las organizaciones sociales, instituciones y habitantes del barrio. Dicha institución suscribe, en representación de la comunidad, el Contrato de Barrio y vela por su buen funcionamiento, apoyando los procesos pragmáticos de la ejecución de las actividades, así como en la  sistematización y evaluación de los resultados y procesos programáticos. El CVD es asesorado por el Equipo de Barrio, quien le proporciona apoyo técnico para fortalecer su actuación como actor clave en la recuperación del entorno. El PQMB busca que el CVD “se constituya en una organización comunitaria de carácter funcional de duración indefinida” (DIPRES, 2010, P.35).

El PQMB a través de la articulación interactores busca generar bienes y/o servicios enfocados en la recuperación física y social del barrio, los cuales se pueden agrupar en dos componentes (DIPRES,  2010):

Componente 1: Plan de Gestión Social (PGS), en donde las organizaciones vecinales de los barrios del Programa reciben cooperación y asesoría en fortalecimiento organizacional para hacerse cargo de sus planes de recuperación. Este componente promueve la participación comunitaria, actividades medioambientales, culturales y de seguridad ciudadana, proporcionando un marco integral que da sentido, utilidad y sostenibilidad a las obras físicas.

Componente 2: Plan de Gestión de Obras (PGO), donde se llevan a cabo obras físicas diseñadas, construidas o reparadas en los barrios con deterioro urbano y vulnerabilidad social, orientadas a la revitalización del espacio público-colectivo e integración de los barrios a la ciudad.  El PGO se enfoca en mejorar la accesibilidad, movilidad y equipamiento de espacios de encuentro recreativo, cultural y social.

Proceso de intervención del Programa

El PQMB establece un período de intervención que generalmente se extiende hasta un máximo de 24 meses, con excepción de los barrios críticos donde puede llegar hasta 36 meses. Las actividades y productos de la intervención se articulan en 3 ejes transversales (Jiron et al.2018):

Identidad y patrimonio: busca promover el fortalecimiento de la identidad barrial, sentido de pertenencia y arraigo, posicionando la identidad barrial en el espacio público. Dentro de las iniciativas asociadas a este eje se encuentran talleres y conversatorios sobre historia de barrio, libro de historia de barrio, exposiciones fotográficas, entre otras.

Medio ambiente: busca mejorar las condiciones ambientales del barrio por medio del trabajo comunitario siguiendo lineamientos territoriales y mundiales en está materia.

Seguridad: busca promover la apropiación del espacio público, la prevención de riesgos y de accidentes naturales y  la accesibilidad universal, así como disminuir la percepción de inseguridad.


Enfoque participativo

El PQMB se centra en la promoción de la acción comunitaria como agente de cambio social en los barrios (Campos Medina y Dupré, 2021). Esta intervención consiste en un conjunto de procedimientos destinados a fortalecer el afecto, apego y cariño de las y los habitantes con su barrio para que, con el fin de que esa conexión se traduzca en mejoras físicas y sociales en la comunidad (Campos Medina y Dupré, 2021). Este modelo de intervención permite que las acciones desarrolladas por el programa sean efectivas y sostenibles en el tiempo, a estar fundamentando en el involucramiento territorial originado por la participación (Jiron et al., 2018) y los procesos de identificación, sentido de pertenencia y proyección (MINVU, 2009).  

A su vez, el PQMB se propone fomentar procesos participativos y deliberativos, es decir, de reflexión y posterior toma de decisiones por parte de la comunidad, junto con potenciar la cohesión de las y los vecinos y su capacidad de incidir en la construcción de su propio territorio (Jiron et al., 2018).   Además, busca “generar experiencias compartidas y con sentidos asumidos por todo el colectivo” (MINVU 2009, p.11).

El modelo de intervención del PQMB busca la co-creación urbana entre equipos técnicos del programa y las y los habitantes del barrio, en donde ambos actores participan y se comprometen con los diferentes procesos de diseño y ejecución de los productos físicos y sociales  (Jiron et al., 2018)


Continuidad y cambio en las políticas habitacionales

El despliegue del PQMB se desarrolla en barrios que son producto de las antiguas políticas habitacionales basadas en intervenciones racionales desde el gobierno  que posiciona a los habitantes de los barrios  como sujetos pobres y pasivos susceptibles de ser beneficiados (Abufhele, 2019) y se enfoca principalmente en la dotación a habitacional en desmedro de la calidad habitacional y urbana  (Rodríguez & Sugranyes, 2005; Tapia, 2011; 2015; Rugiero, 1998; MINVU, 2004). En ese contexto el PQMB pretende cambiar el paradigma de intervención y metodológico de la planificación racional (Allmendinger & Tewdwr‐Jones, 2005) a metodologías afectivas y subjetivas que emergen a través de la participación creativa (Sandercock & Attili, 2010) y buscan la co planeación del territorio (Healey, 1997) generando una participación y conocimiento más inclusivo del territorio que trasciende al quehacer consultivo convencional (Horvath & Carpenter, 2020). 

Con esta breve revisión de una parte de la política habitacional en Chile desde la dictadura a la fecha vemos entonces cómo, al menos a nivel de paradigma e intervención, ha habido un cambio para el trabajo territorial en los barrios. Sin embargo, y a partir del trabajo profesional que pudimos desarrollar en tres proyectos del PQMB, observamos algunas cuestiones que dan indicios de una continuidad en cuanto al paradigma antiguo. Considerando este marco, en la presente ponencia nos preguntamos:

¿Persisten elementos del modelo clásico de intervención de política habitacional en el PQMB?

¿Existen tensiones entre la propuesta del PQMB con lógicas o paradigmas no participativos?

¿Se logra la agencia comunitaria que el PQMB propone?


Estudio de casos: Tres experiencias del PQMB en la Región de Valparaíso

Como equipo profesional compuesto por cientistas sociales, hemos trabajado en estos territorios como parte de la Consultora Convergencia Integral, la cual se ha adjudicado mediante licitaciones públicas la ejecución de proyectos en los mencionados sectores. Esto significa que, una vez analizadas las bases de la oferta pública en cuestión, se genera una propuesta técnica que, de ser aceptada, debe ejecutarse lo más fielmente posible. Como consultora, destacamos por ser un equipo compuesto por personas adultas y jóvenes profesionales de diversas ciudades de Chile, con un interés por el desarrollo de metodologías participativas. 

En los últimos seis años a la Consultora le ha tocado trabajar en tres barrios y proyectos del QMB diferentes, pero que comparten características en común. Todos éstos se encuentran en la Región de Valparaíso pero en diferentes comunas, y son:

En el primer y segundo caso (en Quilpué y San Antonio), los proyectos que se llevaron a cabo tuvieron que ver con un trabajo colaborativo de recuperación de la memoria barrial, en lo que se conoce a nivel del QMB como “elaboración de la Historia de Barrio”, la cual conlleva como producto un libro digital que es realizado de manera participativa. “Se trata de un relato subjetivo porque se elabora a partir del recuerdo individual y grupal de los propios habitantes del lugar” (MINVU 2023, p.3).

En el caso faltante, en Viña del Mar, el proyecto tuvo que ver con promover la  valoración del patrimonio natural del barrio, cuidado del medioambiente y construcción de identidad comunitaria mediante la realización de  talleres eco-educativos, un jardín comunitario, material educativo escrito,  brigada ecológica de prevención de riesgos, campañas de concientización y operativos de limpieza. 

En estos tres proyectos nos esforzamos por hacer uso de metodologías participativas y por incluir el enfoque de género. El proyecto más corto duró 3 meses y medio, y el más largo 9 meses. En todos ellos hubo una coordinación directa con el equipo de barrio y el CVD, así como también manteniendo algunas reuniones con el equipo del SERVIU. 


Resultados

Caracterización de los barrios y actores 

Estos tres barrios se encuentran en la quinta región de Chile, una región que destaca por la fortaleza del sector turístico, la falta de oportunidades laborales, la sequía que impacta directamente en la producción agrícola y vinícola (otras características de la región), y la presencia de incendios forestales en época estival. 

Los elementos que unen a los tres barrios mencionados tienen que ver con componentes materiales y subjetivos. En cuanto a criterios geográficos, los tres se ubican en cerros, lo cual ha tenido y tiene un impacto en su identidad y vinculación con el resto de la ciudad (dificultades de acceso, problemas de movilización, ausencia de infraestructura, entre otros). 

Los barrios mencionados vienen de una historia de autogestión, o “de esfuerzo”. Sus pobladoras y pobladores de mayor antigüedad recuerdan que, en su mayoría, cada barrio fue levantado desde cero por las mismas personas, surgiendo a partir de tomas de terreno o asentamientos informales. En algunos de ellos estas tomas conviven con casas que fueron construidas por el Estado como parte de su política habitacional del momento. 

En todos estos barrios existen tensiones entre los mismos, ya que al ser polígonos territoriales albergan subdivisiones identitarias que, en muchos casos, reflejan alianzas o  disputas territoriales. Asimismo, existe también cooperación y aprendizajes colectivos que se van compartiendo entre los territorios circundantes  (por ejemplo en Miraflores Alto replicaron la idea de una “escuadra ambiental” de Villa Pantanal).


Tensiones y límites identificados

A partir de estas experiencias en terreno, pudimos darnos cuentas que existen algunas tensiones y límites con respecto a la implementación del PQMB, las cuales agrupamos en cuatro grandes categorías con subdivisiones cada una, a saber:

Delimitación geoespacial 

En el PQMB la planificación geoespacial está dada por la figura de polígonos delimitados a partir de criterios definidos en mesas técnicas a nivel nacional. Eso repercute en que los límites definidos no se corresponden necesariamente con lo que las y los habitantes definen como sus propios barrios. Esto lo pudimos ver en todos los proyectos mencionados, ya que en algunos sectores habían agrupaciones territoriales que no se correspondían con las identidades barriales y generaban subdivisiones dentro de los polígonos del programa. En otros, existían conflictos, y por ende los habitantes no se consideraban parte de  “un” barrio conjunto.  Por último, también en otras situaciones había que convocar e incorporar a sectores que quedaban fuera de la división poligonal. Finalmente, el problema es que en esta delimitación prima el criterio técnico  por sobre el criterio de identidad y pertenencia barrial.

Cambios demográficos

En Chile han ocurrido cambios demográficos importantes en el último tiempo, los cuales también se ven reflejados en los diversos territorios. La migración de personas en doble sentido, es decir, para quienes salen del barrio hacia otros lugares, así como para quienes son sus nuevas y nuevos habitantes, tiene su impacto concreto. Los tres barrios mencionados tienen una configuración demográfica asociada a población adulta, puesto que la gente más joven ha decidido trasladarse a otros sectores que les ofrecen más y mejores oportunidades. De hecho, estos barrios tienen una historia de ser “familiares”, en el sentido de que la familia nuclear y genealógica va expandiéndose en el mismo sector mediante la adquisición de viviendas que sean cercanas entre parientes. Sin embargo, ha ocurrido que han migrado varias de estas personas a lugares donde encuentran mejores empleos y acceso a servicios (educación, salud, entre otros), como son las grandes ciudades.

A su vez, la llegada de nuevas y nuevos pobladores tiene un impacto en la “vida de barrio” a la cual solían estar acostumbradas las personas, en el sentido de que “todos se conocían” (y si no se conocían, al menos se ubicaban). Hoy en día hay una mayor distancia social entre las personas de un mismo barrio, lo cual también se fortalece producto de la cultura de la individualidad, la desconfianza arraigada que existe frente “al diferente” y al miedo frente a la posibilidad de la delincuencia.

Finalmente, las generaciones más jóvenes también han cambiado las pautas de relacionamiento en los barrios, ya que ellas suelen desarrollar su vida social mediada por la tecnología (celulares con internet), no necesitando tanto de las redes barriales como otras generaciones.

Nivel de involucramiento y compromiso con el QMB 

La dictadura tuvo un impacto concreto a nivel de los barrios, puesto que instauró el miedo, la desconfianza y un modelo individualista entre vecinas y vecinos. La represión policial-militar y persecución política terminó generando un proceso de despolitización, que se mantiene hasta el día de hoy. Esto ha hecho que la gente se preocupe más de sus intereses particulares en vez de los comunitarios.

Por otra parte, se observa también una desconfianza en las políticas gubernamentales, donde la participación e involucramiento de los profesionales se conceptualiza como una instrumentalización de la población para la adquisición de votos y no como iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida en los barrios. Debido a esto, el PQMB inicia con una obra de confianza y poco a poco los equipos territoriales van involucrando a la población en los proyectos. 

En cuanto al nivel de involucramiento individual asociado con las personas que asisten a los talleres y reuniones con el PQMB, estos suelen ser dirigentes barriales, que llevan años esforzándose por las mejoras de su población o sector. En algunos casos, estas personas tienen una forma de liderazgo muy directiva, siendo poco receptivas a opiniones y formas de accionar que difieran a las suyas. Suelen ser personas mayores acostumbradas  a trabajar de forma rígida que terminan opacando el aporte de otras personas, sobre todo si son de generaciones menores. Estos tipos de liderazgos son los que terminan componiendo el CVD, el cual finalmente termina siendo poco representativo.

Otras personas que participan tienen un nivel alto de compromiso, pero sin liderazgo, siendo vecinas y vecinos que asisten a las actividades del programa principalmente porque la toman como un espacio de esparcimiento. También existe un participación de tipo esporádica, que es cuando alguna persona asiste a alguna actividad una o dos veces, a la que llega por lo general acarreada por otra que participa de manera continua. 

Para comprometer a las personas asistentes el equipo profesional a cargo cumple un rol crucial, pues es quien convoca, comunica y desarrolla las actividades. Este equipo contempla tanto a las personas que trabajan de manera fija en la oficina barrial del PQMB, como a las consultoras que ejecutan ciertas iniciativas del programa.

Profesionales que trabajan en el barrio

Como mencionamos anteriormente, el PQMB contempla diversos niveles de profesionales, que son: equipos técnicos a nivel nacional y regional (dependiente del MINVU), equipo de barrio (dependiente de la municipalidad) y la consultora externa (que ejecuta un proyecto en particular). 

Con respecto al equipo barrial, conformado por una dupla social, hemos notado que éste tiende a debilitarse por el tipo de vinculación contractual que poseen (a honorarios, lo que significa que no poseen un contrato de trabajo que les asegure un mínimo de condiciones laborales), lo que lo pone en desmedro respecto de la estructura funcionaria del ministerio (DIPRES, 2010). La condición de trabajadores a honorarios puede originar en algunos casos que el equipo no tenga continuidad a lo largo del periodo de implantación del programa, así mismo no se cultiva una acumulación de capital humano en profesionales de planta orientados a trabajar en la intervención territorial. Además, la formación de las y los profesionales muchas veces no es la más adecuada, y más bien éstos van aprendiendo de metodologías participativas a medida que se desenvuelven en el programa, por lo que pueden tener algunas prácticas muy asistencialistas y jerárquicas arraigadas. 

A raíz de nuestro trabajo como parte de una consultora, consideramos que es una falencia importante el hecho de que venga una entidad externa, ejecute un proyecto, y luego desaparezca del territorio. Esto puede incidir en el mantenimiento de los lazos sociales, porque además cada proyecto puede ser ejecutado por una consultora distinta, lo que puede repercutir también en el ritmo de los procesos. La figura de la consultora responde al modelo económico neoliberal arraigado en Chile, en el cual varias empresas compiten para adjudicarse una oferta publicada por alguna entidad pública, ganando aquella que obtenga mejor puntaje en función de un buen currículum de experiencia y un presupuesto acotado. Creemos que se le otorga mucha responsabilidad a un privado que tiene una finalidad lucrativa y que luego desaparece.

A partir de las reuniones a las que asistimos junto al equipo regional del SERVIU, al equipo de la municipalidad implicado (de la SECPLA, o Secretaria Comunal de Planificación) y al el equipo de barrio, notamos cómo en ciertas ocasiones estos tres grupos de trabajo no estaban alineados con respecto a ciertas nociones de los barrios y a la toma de decisiones. Por esto, no sería raro que la distancia con el equipo nacional fuera aún mayor. Además, con excepción del equipo de barrio, los equipos no asisten de manera periódica ni al barrio ni a las actividades del PQMB, sólo a alguna sesión ocasionalmente y a las ceremonias de cierre (las cuales, por lo demás, están llenas de protocolos institucionales).


Discusión

Todo esto repercute en problemas de participación que reflejan la falta de cohesión social, a modo de resabios de la política habitacional anterior. Esto se basa principalmente en componentes de tipo estructural como de ejecución. 

La política habitacional previa socavó profundamente la organización política de los barrios, actualmente los habitantes de los barrios no cuentan con una organización colectiva orientada a la mejora de sus condiciones de vida, por lo cual el PQMB debe trabajar inicialmente en el fortalecimiento de la cohesión para posteriormente buscar lograr un trabajo participativo. Adicionalmente, el ambiente de desconfianza frente a las instituciones gubernamentales ha dificultado el trabajo colaborativo con los profesionales, la cual puede haberse originado como una respuesta a la política habitacional previa orientada al gobierno de un beneficiario “pobre” y “pasivo”.

Esta misma política, al centrarse en lo habitacional, dejó de lado el componente urbano, lo que ha generado condiciones que hacen proclive la migración a barrios con un mejor acceso a bienes y servicios públicos, lo cual debilita el tejido intergeneracional y la cohesión barrial, perjudicando la implementación del PQMB.

Existen otros elementos estructurales que van más allá de la política habitacional previa que deterioran la cohesión de los barrios y dificultan la participación, como son los cambios generacionales, la inserción de nuevas y nuevos pobladores originada por el déficit de vivienda, entre otros.

Tomando en cuenta lo anterior, en el presente del PQMB hay resabios de la política habitacional anterior que dificultan el trabajo participativo debido a las implicancias prácticas de posicionar a los habitantes de barrios vulnerables como sujetos pasivos. Estas implicancias corresponden por un lado al socavamiento de la organización política comunitaria, así como una respuesta desconfiada de los pobladores hacia las organizaciones estatales.


Conclusiones

Como hemos podido revisar, el PQMB puede alejarse de su tan ansiado objetivo del trabajo participativo con las personas que habitan el barrio. El programa se puede volver asistencialista y extremadamente técnico cuando la ejecución de las actividades se realiza desde los equipos ejecutores y la población no se involucra con el programa. Lo anterior va a depender, en gran medida, de los profesionales del equipo de barrio y del nivel de involucramiento de las personas del barrio. El equipo profesional juega un rol clave en revertir los factores estructurales que asociados a los  problemas de participación y cohesión social que se vienen arrastrando en el país desde la dictadura militar.

Además de los elementos estructurales, hay barreras para la participación de los habitantes originadas por la forma en cómo se implementa el PQMB, las cuales corresponden a tensiones entre la propuesta teórica del programa y su puesta en marcha. La ejecución del programa en polígonos que no se ajustan a las divisiones socio territoriales genera conflictos entre los habitantes lo que provoca trabas para la participación. Las competencias de los equipos territoriales pueden no ajustarse a los requerimientos para realizar intervenciones participativas, esto se puede deber a múltiples factores como una formación profesional que no contempla metodologías participativas hasta los procesos de selección del personal que forma parte del equipo territorial, cabe destacar que estos equipos se forman normalmente a partir de concursos para dotación de profesionales a honorarios. 

Debido al modelo de intervención estatal basado en el principio de subsidiariedad, muchas de las actividades y productos del PQMB son realizados por consultoras o equipos municipales que no han trabajado con anterioridad en el barrio, lo cual dificulta el involucramiento de los procesos participativos debido a la falta de conocimiento del territorio por parte de los equipos externos,  así como por falta vinculación de los habitantes con los nuevos profesionales, el tiempo para construir un vínculo normalmente es superior al plazo dd ejecución de los productos y actividades específicas para los cuales los equipos externos son contratados

Sin embargo, creemos que si se mejoraran algunos lineamientos técnicos desde la política gubernamental el PQMB podría tener mayor efectividad. Por ejemplo, sería menester asegurar la duración del trabajo y los profesionales en terreno, que el programa funcionara con una visión macro que une los proyectos más que una simple suma de iniciativas y que el eje social del programa fuera ejecutado por el equipo barrial y no por consultoras externas.  

En  ningún caso asumimos que tenemos todas las respuestas a las preguntas inicialmente planteadas, puesto que los procesos de participación social y agencia comunitaria son bastantes complejos y conllevan la interacción de múltiples factores, así como las características propias de los barrios las cuales no se pueden generalizar. No obstante, mediante esta ponencia hemos querido hacer una pequeña reflexión conjunta en base a nuestra experiencia directa trabajando en proyectos del PQMB desde el lugar de la consultora. Nos damos cuenta además, que las consultoras no se dedican a generar conocimiento porque su fin es lucrativo, por lo mismo esperamos que lo que aquí compartido haya sido un aporte en este simposio y para quienes trabajamos con comunidades territoriales.


Notas de la ponencia:

 Bibliografía en formato APA 7

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