Las prácticas financieras en la economía familiar como objeto de investigación etnográfica

SP.1: Haciendo antropología: Cruces y encuentros desde la experiencia de investigación etnográfica a nivel doctoral en América Latina y el Caribe

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
María Laura Ochoa IDAES - UNSAM

Creditos Adicionales

Nombre Pertenencia institucional Pais
María Laura Ochoa IDAES - UNSAM Argentina

Las prácticas financieras en la economía familiar como objeto de investigación etnográfica

 

 

Palabras Clave:

Investigación Etnográfica - Prácticas Financieras - Economía Familiar - Ciudades Intermedias

 

 

Resumen

En los últimos años, en un contexto económico inflacionario, en Argentina creció el interés de las personas por la “inversión”, a través de diversos instrumentos financieros, con el fin de sostener el “ahorro” en pesos argentinos o dolarizarlo, y en el mejor de los casos obtener alguna ganancia monetaria. Asimismo, en este año, el “ahorro” de las personas y las familias se encuentran en el centro del debate electoral, como también es parte de las conversaciones habituales en diversos ámbitos, ya sean familiares, laborales u otros. Intercambiar experiencias y estrategias de cómo sortear la crisis económica o ganarle a la inflación está en la agenda del día a día. De esta manera, la variabilidad de estrategias de las personas y las familias se suman y tensionan las prácticas promovidas por las entidades financieras, el estado y organismos multilaterales para “ahorrar” e “invertir”.

En esta primera presentación, me interesa exponer los avances sobre la investigación que estoy realizando en el marco del Doctorado en Antropología Social en la Universidad Nacional de San Martín. Mi tema de investigación es sobre las prácticas financieras en la economía familiar, siendo la principal fuente de ingresos de éstas el trabajo formal e informal, ya sea como independientes o en relación de dependencia. Dicha investigación la estoy desarrollando en una ciudad intermedia, ubicada en el centro-oeste de la provincia de Santa Fe, en Argentina. Asimismo, y como parte del objetivo del simposio, considero pertinente reponer cómo fue el proceso de identificación y construcción del problema de investigación etnográfica, las preguntas que la guían, así como también los desafíos en el abordaje metodológico.

La localidad donde desarrollo mi trabajo de investigación se encuentra impactada por la crisis económica y el proceso inflacionario creciente en el país. Asimismo, es una localidad atravesada por los ciclos económicos y productivos del sector agroindustrial, en particular del sector lácteo, y se caracteriza por tener una fuerte presencia de cooperativas de diverso tipo. A su vez, la principal fuente de trabajo de las personas, de un sector de la población, es a través de empleos formales e informales, observando el pluriempleo como práctica para complementar los ingresos de la fuente principal.

En Argentina existe una amplia literatura e investigaciones en relación al endeudamiento de las familias y al proceso de financiarización, como parte de los estudios que buscan comprender la desigualdad socio-económica. Sin embargo, no sucede lo mismo cuando se trata del ahorro e inversión de las personas y las familias que es, como mínimo, la otra cara del endeudamiento. Por lo cual, poner en la agenda de investigación las prácticas financieras implica recuperar los aportes y debates de la antropología y la sociología económica, que permitan poner en juego los conceptos y herramientas metodológicas como teóricas, con el objetivo de comprender desde una visión holística la sentidos y prácticas asociadas al “ahorro” de las familias, e interpretarlos en términos más culturalistas y más historicista.

 

Introducción

En los últimos años, en un contexto económico inflacionario, en Argentina creció el interés de las personas por la “inversión”, a través de diversos instrumentos financieros[1], con el fin de sostener el “ahorro” en pesos argentinos o dolarizarlo, y en el mejor de los casos obtener alguna ganancia monetaria. Asimismo, en este año, el “ahorro” de las personas y las familias fue parte del debate electoral, como también lo es en las conversaciones habituales en diversos ámbitos, ya sean familiares, laborales u otros. Intercambiar experiencias y estrategias de cómo sortear la crisis económica o ganarle a la inflación está en la agenda del día a día. Sin embargo, las prácticas formales e institucionales, promovidas por las entidades financieras, el Estado y organismos multilaterales para “ahorrar” e “invertir” son, como mínimo, anacrónicas en la Argentina del presente. Por el contrario, se observan una variabilidad de estrategias de los sujetos socio-económicos para hacer frente a un contexto de incertidumbre económica, y que se suman y tensionan las prácticas formales.

En esta presentación, me interesa dar cuenta acerca de la construcción del problema de investigación etnográfica, las preguntas que la guían, así como de la complejidad del proceso de investigación acerca del ahorro en la economía doméstica, en la Argentina actual, con el fin de indagar sobre los aportes metodológicos de la etnografía, qué entendemos por ésta y cómo puede colaborar en la comprensión de las problemáticas complejas. Adicionalmente, me interesa reflexionar acerca de cómo la antropología puede contribuir para dar cuenta de la multiplicidad de sentidos y representaciones acerca del ahorro, e interpretar la diversidad de prácticas de los sujetos socio-económicos.

 

El ahorro de las familias argentinas como problema de investigación

El “Informe Global Findex: los datos sobre Argentina” publicado por el Ministerio de Economía en 2022, que presenta datos de la encuesta realizada en 2021, entre sus principales resultados indica que en el país un 39% de adultos indicaron haber ahorrado en el último año, mientras que sólo el 14% de las personas que ahorraron lo hicieron en el sistema financiero formal, ya sea en una institución financiera o cuenta de dinero móvil. Adicional a ello, se observa que un 11% de los encuestados ahorra sólo en instituciones financieras, mientras que el 6% ahorra con terceras instituciones, por fuera del sistema financiero o de la familia.

En 2023, fue publicado por CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) y el Ministerio de Economía de la Argentina el “Primer informe sobre endeudamientos, géneros y cuidados“ sobre los resultados del relevamiento realizado, sobre financiamiento y medios de pago, entre octubre y noviembre de 2022, en las principales regiones del país alcanzando a más de 3.500 encuestados. Los resultados dan cuenta de la brecha existente en términos de vulnerabilidad financiera según la composición del hogar, hombre y mujeres, asalariados y no asalariados, pero en todos los casos, muestra que las deudas y atrasos representan más de la mitad de los ingresos. Asimismo, el 54% de los hogares recurre a algún tipo de financiamiento, ya sea formal o informal, para sostener consumos corrientes (como compras de supermercados, medicamentos, otras) o ante situaciones de necesidad. Por último, del relevamiento surge que el 64% de los encuestados destinan más de la mitad de sus ingresos a saldar deudas y gastos, mientras que en los hogares de menores ingresos es del 74,8%, en los hogares de mayores ingreso es del 39%. Ahora bien, sobre la posibilidad de cubrir gastos inesperados, sólo el 25,3% de los encuestados indica que puede recurrir al ahorro.

Investigar el ahorro en Argentina es complejo y de larga data. Por un lado, el crecimiento del endeudamiento en individuos a través del crédito (Cobe 2009; Feldman 2013; Figueiro, 2013;  Wilkis, 2014 y 2018;  Fridman 2015;  Del cueto y Luzzi 2016) es un proceso que tiene su punto de inflexión en 1977 con el impacto de la desregulación financiera en Argentina (Kessler 2011; Benza 2016), enmarcado en un proceso global (Ramos, 1984, Chesnais, 1999). Pero a la par del crecimiento del endeudamiento, marca la perdida de  la capacidad de ahorro, principalmente de la clase media, ya sea a través de la reducción del poder adquisitivo, el impacto en el valor de la moneda nacional como moneda de reserva, ya sea por procesos inflacionario o devaluatorios, así como confiscación de los ahorros de las personas, fenómenos que llegan a hoy (Luzzi, 2010; Roig, 2015).

A partir de lo anterior, problematizar e indagar sobre los bajos indicadores de ahorro en los hogares, no es un tema menor en un país con una alto índice inflacionario, pérdida de poder adquisitivo, incremento de la pobreza e indigencia, y reducción de los indicadores de bienestar, destacando el alto nivel de endeudamiento de los individuos. Por el contrario, es ahondar en una dimensión de las desigualdades sociales y económicas en la sociedad argentina contemporánea, articulando el análisis entre los eventos macroeconómicos, la concentración de la riqueza y el impacto en las prácticas financieras en la economía doméstica (Bandelj y Grigoryeva, 2021).

En ese sentido, las preguntas que guían y movilizan este trabajo están vinculadas ¿cuáles son los sentidos que los sujetos le atribuyen al ahorro? ¿Cuáles son sus prácticas y modos en que ahorran? ¿Qué significa ahorrar en un país atravesado en los últimos años por procesos inflacionarios?

Para desarrollar el trabajo de investigación, elegí la localidad de Sunchales, en el centro oeste de la provincia de Santa Fe, y con una población de 20 mil habitantes aproximadamente. La principal actividad productiva está centrada en el sector agropecuario e industrial, principalmente de exportación. Sin embargo, según datos del último informe socio-económico de la municipalidad, el 78% de la población económicamente activa (51,4%) se emplea en el sector comercial y de servicios. Este sector, se constituye como una de las principales fuentes de ingresos de la economía doméstica, pero dependiente de los ingresos del sector agroindustrial. A partir del trabajo de campo, en los asalariados, aparece el pluriempleo como forma de obtener ingresos complementarios entre la actividad formal, en relación de dependencia en el sector público o privado, y el trabajo por cuenta propia como venta de comida elaborada, comercialización de productos de venta directa, realización de trabajos doméstico o de albañilería, electricidad, entre otros. A la vez, desde 2016, la principal cooperativa Láctea en esta localidad, con una reducción significativa de su producción, tuvo como efecto la desvinculación de personal. Según se desprende de los datos del Informe de Sostenibilidad de la cooperativa, en la provincia de Santa Fé, entre 2016 y 2019 se redujo el personal en un 41%[2], impactando en el consumo local y en la empleabilidad.

 

¿Qué ahorro?

El desafío metodológico se planteó desde un primer momento, ya que implica investigar en una ciudad intermedia, en una región rural, en el centro de la pampa húmeda. Por lo cual, además de aparecer la clásica dicotomía urbano-rural, también emerge como requisito situarse en la “periferia” y observar desde este prisma, las conexiones e interrelaciones en términos culturales, socio-económicos, espaciales y temporales.

Sunchales es una localidad donde sus ingresos provienen principalmente de la actividad agroindustrial, y de dos empresas de servicio vinculadas a seguros y salud. Estas dos últimas, de importancia en la región como en el país. En el relevamiento socio-económico de 2019 realizado por la municipalidad dan cuenta de que el 78% de la población económicamente activa (51,4%) se emplea en el sector comercial y de servicios, mientras que el 1.2% se emplea en el sector agropecuario, con una tasa de desempleo del 6,4% en 2019[3]. A partir del trabajo de campo, tal como se menciónó anteriormente, surge como característica el pluriempleo, es decir tener más de un empleo para complementar el ingreso principal, combinado entre ingresos formales e informales.

A su vez, es una localidad, declarada como capital nacional y provincial del cooperativismo, con una historia vinculada al asociativismo propio de las colonias italianas que se asentaron en esta región, quedando impregnada la “cultura del trabajo” y del cooperativismo como un rasgo identitario. Dicha historia, entra en crisis en 2016 con la experiencia de Sancor Cooperativa Unidas Limitada, fundada en 1938, momento en que se declara en cesación de pagos, manteniendo dicha situación hasta el presente. Desde entonces, y de acuerdo a los informes de Sostenibilidad de la cooperativa, se cerraron o vendieron la mitad de las fábricas que poseía en Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba. De un total de 12 plantas que existían a 2016, hoy quedan 6 y no todas están en pleno funcionamiento. A su vez, de un total de 4.430 trabajadores en 2016, en el último reporte de 2022 se registraban 1.750 trabajadores, es decir una reducción del 60%.  En cuanto a los productores tamberos asociados, el impacto fue similar, en 2021 se registraban 251 productores, de 821 asociados que había en 2016. Por último, el impacto se observa en la producción láctea, mientras en 2016 se procesaban 1.273 millones de litros de leche, en 2021 fueron de  205 millones litros de leche. Si bien el impacto productivo, económico y de desempleo no recayó en su totalidad en esta localidad, de todas formas fue un suceso significativo y lo sigue siendo hasta hoy.Desde la perspectiva del sunchalense es una situación de suma tristeza, prácticamente en cada familia con la que interactúe hay una integrante que trabajó en Sancor Lácteos en diferentes momentos de su historia. Aunque la crisis de la cooperativa la miran de costado, para mucho de los entrevistados es reflejo de cómo está el país. Por lo tanto, el impacto es también a nivel identitario respecto del significado del cooperativismo y mutualismo, con una imagen negativa y vinculada a la corrupción, y por contraposición en los últimos años emergió la figura del emprendedurismo dentro del discurso como forma de desarrollo y progreso. A la vez, pese a la crisis de Sancor,  la percepción de las personas con las que he interactuado es que en Sunchales “el que no trabaja es porque no quiere”, “acá hay trabajo, hay mucha plata”, “nosotros (por los sunchalenses) estamos bien, acá no se siente la crisis” (refiriéndose al país), sin embargo ante la pregunta directa, o a veces indirecta, de si puede ahorrar, la respuesta es ¿qué ahorro? Entonces, tal como propone Brigida Renoldi, el anti-método etnográfico viene a tomar la etnografía como “una experiencia multidimensional y polimorfa” y que tensiona la propuesta del método definido como “occidental, moderna y universal, además de antropo y logocéntrica” (2021:12) para dar lugar al trabajo etnográfico como plástico por esa cualidad de ir recorriendo el camino conforme se va abriendo o cerrando el campo, derivando hacia bifurcaciones no esperadas, aceptando que pueda ser guiados por otros y por nuestros propios interlocutores. De esta manera, también cobra relevancia todo aquello que rodea al objeto de estudio definido, ya que hacen parte de los hechos sociales que movilizan a los sujetos en sus prácticas, como ser:  la relación entre cooperativismo-emprendedurismo, poniendo en el centro de escena lo colectivo versus lo individual, las prácticas de trabajo y el pluriempleo, entre lo formal y lo informal, la conexión o conexiones entre centro y periferia, entre lo rural y lo urbano, la configuración de los lazos sociales y comunitarios a través de instituciones sociales y deportivas, la configuración de la estructura de clases sociales en una de las regiones que aportan uno de los mayores ingresos por exportaciones al país y a la provincia.

Seguidamente, aparece una segunda dificultad, o mejor dicho la central ya que el mismo objeto de estudio es conflictivo, no sólo por lo metodológico, sino por su pertinencia, o no, más aún luego de varios eventos de nuestra historia económica que hicieron huella en la “cultura del ahorro”, como el plan bonex del 1989, durante el gobierno de Carlos Menem, o el corralito sobre los depósitos en moneda nacional y la pesificación de los ahorros en dólares durante el gobierno Fernando de la Rúa en 2001.  Entonces, la pregunta es ¿y por qué no?, ¿por qué no sería posible investigarlo? Qué no exista el ahorro en dinero fiduciario, mediado por instituciones financieras, no significa que no exista el “ahorro”. Tampoco implica que debamos abordarlo desde la carencia, es decir por la falta o la ausencia. En ese sentido, siguiendo el aporte de Visacovsky (2017), “la etnografía no puede continuar siendo una tarea irreflexiva, acrítica y no problemática” (pp. 85). Por lo cual, es necesario que las construcciones teóricas y los abordajes metodológicos estén vinculados al lugar donde hemos elegido desarrollar nuestra investigación. De esta manera, tomando el ensayo de Coma D’Argemir, acerca de la crisis de los cuidados y los aportes que se puede realizar desde la antropología a las políticas públicas, también nos invita a reflexionar y traer al debate el cuestionamiento de “los paradigmas de hegemonía neoliberal en sus lógicas de gestión de lo social” (2014:1), donde las “conclusiones-proactivas” nos permiten introducir en nuestro análisis el interés social y político sobre los fenómenos que estamos estudiando, para no sólo aportar al conocimiento científico y académico, sino también a la política como aporte de gestión de lo social con una perspectiva contra-hegemónica (2014: 13).

A la vez, implica analizar desde la variedad y riqueza cultural, pero no desde una mirada lógica, o en este caso economicista, sino poniendo el acento en la capacidad de acción de los individuos y las personas, de los agentes, considerando que éstos no son sujetos pasivos ni dependientes. Es decir, implica distanciarnos de aquella visión de sujeto socio-económico homogeneizado, sin capacidad de agenciamiento y esencializado. Por ello, retomando a Latour (2008 [2005]), en “Reesamblando lo social”, su aporte no es una teoría sobre la sociedad en particular, sino sobre las asociaciones, cobrando relevancia su rastreo para dar cuenta de una fenómeno o una práctica social. En esa traducción, que hacen los actantes, en palabras de Latour,  hay creatividad y movimiento, donde emerge la importancia de la cadena de mediadores en ese proceso. Cada mediador es un agente activo ya que en caso de cortarse esa cadena de mediadores, el agente puede volver a crearla. Por lo tanto, cada innovación o modificación producen esa dinámica social, y es lo que desde la etnografía debemos explicar y dar cuenta, es decir, siguiendo esa cadena de asociaciones, sin negar a los agentes, y procurando interpretar las innovaciones.   

Otro punto, complejo metodológicamente es cómo indagar y abordar, desde el trabajo de campo, las prácticas de ahorro en un país inflacionario y con una economía deteriorada, en donde prima el consumo,  y el crédito para consumos de bienes de primera necesidad. A la vez, y un tema no menor es cómo hablar de dinero. De por sí, es una conversación difícil, que requiere confianza, pero por sobre todo aprender de la propia experiencia en el campo y registrando aquellas situaciones de incomodidad, de preguntas poco asertivas, de observaciones que a priori pueden no ser significativas, pero que de alguna manera van delineando el camino (Renoldi, 2021). Entonces, aquí es donde el argumento de Visacovski (2017) vuelve a nosotros cuando indica que no necesariamente la antropología es sinónimo de trabajo de campo ya que hoy existen otros modos de producir conocimiento, otros modos de indagar sobre las realidades complejas contemporáneas, que en definitiva complementan nuestra experiencia. Por ello, reflexionar desde la antropología de las periferias, mediadas por los aportes de las discusiones pos-coloniales y por el giro ontológico, nos permite repensar el quehacer etnográfico poniendo paños fríos sobre centros de producción científicos tradicionales y sobre el método escrito en piedra. Este giro, nos habilita a repensarnos al interior de nuestras fronteras metodológicas y teóricas, y también a innovar en nuestro proceso de investigación. Por lo tanto, el acto de observar y problematizar las dinámicas sociales, de manera situada y con una estancia prolongada, nos permite darle inteligibilidad y visibilidad a los fenómenos que estamos investigando, pero también no invita a ser insurrectos “contra las reglas del manual” para poder ir más allá de los límites que nos impone la ciencia o la disciplina (Renoldi el al, 2021). Por ello, el trabajo de campo sumado al proceso de reflexión y la combinación con otras metodologías de investigación, incluso de otras disciplinas, nos permite abordar el fenómeno de manera holística integrando la dimensión sociocultural, histórica, geográfica y económica.

 

Reflexión Final

Volviendo a la mirada crítica y reflexiva que requiere el abordaje de una problemática o de determinados fenómenos situados, la investigación etnográfica sigue estando vigente como guía para nuestros propios estudios, así como para el análisis multidimensional de un hecho social, que dé cuenta y restituya la otredad. A la vez, las problemáticas contemporáneas nos invitan a explorar las fronteras para repensar y darle la vuelta a los fenómenos que estamos observando e interpretando, por más anacrónicos que pudieran parecer, y anclarlos en una agenda de investigación y de interés público (Visacovski, 2017).

Desde una perspectiva etnográfica, analizar las finanzas, en particular las prácticas de ahorro, permite dar cuenta de los procesos de acumulación y de desigualdad en el contexto de la sociedad contemporánea Argentina, desde una visión holística de las dinámicas sociales, pero también continuando la discusión con otras disciplinas que abordan estos temas desde la exterioridad, no como un hecho social total.  Por lo cual, partir desde un estudio etnográfico implica que durante el recorrido nos habilitemos repensarnos a nosotros mismos metodológicamente, abordar nuestro campo de estudio desde adentro y no desde la distancia a las que muchas veces nos lleva la propia investigación, y dar discusión sobre los debates que aún hoy continúan presentes en términos de desigualdad social.



[1] Entre ellos, depósitos o plazos fijos en moneda nacional o extranjera, utilización de fondo de inversión, adquisición y venta de bonos, acciones, CEDEARS (Certificado de Depósito Argentino que representa a empresas que cotizan en la bolsa de valores en el exterior), y otros.

[2] Según datos de los informes de Sostenibilidad entre 2016 y 2019 de la Sancor Cooperativas Unidas Limitada.

[3] Según informe de relevamiento socio económico de la Municipalidad de Sunchales, en 2019 (último publicado por el municipio).



Bibliografía de la ponencia

Bandelj and Grigoryeva (2021) ‘Investment, Saving, and Borrowing for Children: Trends by Wealth, Race, and Ethnicity, 1998–2016’, RSF: The Russell Sage.

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