"Reinitas": Algunos retos para hacer antropología feminista de las niñas en Colombia

SP.50: Nuevos desafíos para la antropología de las infancias a partir de las investigaciones e intervenciones antropológicas sobre y con niñes en América Latina.

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Marina Bernal Universidad nacional de Colombia

Creditos Adicionales

Nombre Pertenencia institucional Pais
Marina Bernal Grupo Interdisciplinario de Estudios de Género – GIEG, Universidad Nacional de Colombia Colombia

"Reinitas": Algunos retos de hacer antropología feminista de las niñas en Colombia

Dra. Marina Bernal

mabernalgo@unal.edu.co

Grupo Interdisciplinario de Estudios de Género – GIEG

Universidad Nacional de Colombia

Colombia

 

Resumen

Esta presentación dará cuenta de los resultados de mi investigación doctoral, ya culminada, en la que se reflexiona en torno a las “Reinitas”, para lo cual se analiza lo que he denominado "cultura regínica" en la niñez colombiana, entendida como una dimensión de la cultura en la que se imbrican, la construcción de la feminidad, la niñez y el ser reina de belleza.

A partir de un trabajo etnográfico realizado a lo largo de más de 7 años, en diferentes regiones, tipos de concursos de belleza y reinados infantiles vigentes en Colombia; este trabajo da cuenta de la complejidad caleidoscópica de este fenómeno y de la multiplicidad de situaciones, contextos, variables y agentes involucrados.

Los hallazgos que reporta el trabajo de campo, analítico, y la profundización etnográfica realizada en la región de Risaralda, retan las formas en que se representa la infancia y la niñez femeninas y las formas instituidas de hacer investigación de la infancia femenina. Desde las herramientas que aporta la antropología feminista, los estudios críticos de lo visual, los históricos y culturales, así como la teoría feminista y de género, el campo permite entender a los reinados infantiles como lugares en los que se espectaculariza la feminidad infantil regínica, y se califica y premia la excelencia de su performance; sin embargo, no es el único lugar. El trabajo permite reconocer, de qué manera, esto que se “oficializa” en los reinados, está presente, latente y opera cotidianamente, en múltiples planos y escenarios de la cultura colombiana, con relación a las niñas.

Con la elocuencia que brinda la imagen, este trabajo incluye resultados de un trabajo etnográfico de carácter audiovisual y la producción de composiciones y piezas visuales que expresan las tensiones que las niñas colombianas enfrentan en el proceso de constituirse subjetivamente: resistiendo las formas en que se representa su cuerpo, su agencia, su deseo y su sexualidad, arriba o debajo de una pasarela.

 

Palabras Clave: Antropología feminista, niñas, reinas, reinados, Colombia

 

Introducción

Iniciaré, compartiendo la forma en que llegué a un tema que hasta antes de ese momento me resultaba distante y que, no obstante, de manera indirecta había explorado, hoy hace ya más de 20 años, en un ejercicio académico que suscitó una conversación con una amiga trans, también feminista en la que evocamos nuestras experiencias contemporáneas, de construcción subjetiva como niñas.

Ambas, mexicanas, con la experiencia encarnada de devenir niñas en la ciudad de México, evocamos la importancia que tuvo en nuestra experiencia el desarrollar un espectáculo táctico de la feminidad en medio de contextos violentos y resistiendo las expectativas instaladas por la mirada de los otros: aprender a retar la matriz-heteronormativa y resistir las expectativas instaladas por la mirada de los otros.

Compartimos la importancia de encontrar “un espacio en el cual poder ser y acomodarse”, como lo llamaba ella; y el valor de la imaginación, el juego, la literatura y los referentes femeninos alternativos y del feminismo que nos ayudó a situarnos políticamente y a resistir, cada vez más en colectiva.

Esta reflexión re-emergió 15 años después de la forma más inesperada. Ya inscrita en el doctorado, en el proceso de explorar potenciales temas de investigación, el tema me encontró a mí, en una fiesta infantil donde dos niñas bogotanas, jugaban al reinado. 

En particular, una de ellas, llamó mi atención al desplegar un perfecto performance de la feminidad regínica, que además era aplaudido por su madre, que orgullosa, veía en este despliegue, una promesa de futuro para su hija. “Mi princesa. Ella siempre ha sido así desde chiquita. Seguro será reina

 

Poco después, a principios de 2015 el debate nacional e internacional se desató cuando un extranjero registró y subió a internet un video  del festival del río Suárez, que convocaban cada año desde hacía 27,  a más de  10.000 asistentes. En el video que se viralizó en youtube, aparecían niñas desfilando en bikini en una pasarela en el reinado de Miss Tanguita, que hace parte de las tradicionales actividades del festival.

El video se convirtió en tendencia en redes. Durante los siguientes días, Colombia apareció en titulares de diarios de todo el mundo, representada como una nación promotora de la sexualización de las niñas a través de los reinados infantiles. Se supo a través de los medios que hacía más de 27 años este concurso se realizaba con el beneplácito y apoyo económico y político del Estado. Pero además, la propia alcaldesa de Barbosa reivindicó con orgullo frente a las cámaras de televisión, que ella, cuando niña, también había sido “Miss Tanguita”.

 

Colombia es un país de reinas. Se calcula que se realizan más de mil reinados por año, aunque hay referencias que registran casi cuatro mil.  Así que Miss Tanguita, resultó ser tan solo uno de los miles de reinados de mujeres y niñas que se realizan periódicamente en este país: en colegios, barrios, municipios, departamentos y a nivel nacional con proyección internacional. 

 

Esto, me confirmó que estaba ante un tema de potencial interés antropológico y sin duda, ameritaba ser investigado, con lentes de género. No obstante, no era un tema sencillo.

Buscando lo que se había escrito sobre “Reinitas” para tratar de ubicarme en el campo, descubrí, asombrada, que en este país de reinas, su abordaje se ha circunscrito a la prensa,  y a referencias anecdóticas en revistas. Existen, sí, trabajos académicos sobre reinas colombianas, como los de Elisabeth Cunin, Ingrid Bolívar, y un conjunto de trabajos compilados en un texto, coordinado por Chloe Rutter, pero ahí no estaban las reinitas. Después me di cuenta de que la ausencia era de otro orden. 

 

¿Dónde están las niñas? 

Me encontré que, salvo muy contadas excepciones, existe un vacío en la antropología y en los estudios de género respecto a ellas. Quedan subsumidas mayormente en el genérico “niños”, incluidas nominalmente como parte de una convención del uso del lenguaje incluyente.

Mi búsqueda se extendió así a otras disciplinas y fue ahí donde encontré mis principales núcleos de interlocución con la antropología, que sitúo en cuatro grandes bloques: 

 El primero, desde la antropología, la historia y la sociología de la infancia con algunos énfasis en el conflicto colombiano o en el enfoque de desarrollo. 

El segundo, de los estudios culturales e históricos sobre la infancia, juegos y juguetes y algunos sobre pedagogía y educación infantil femenina en diálogo con estudios de antropología del cuerpo, o sobre belleza y la educación de las mujeres en Colombia. 

El tercero de trabajos estadounidenses y británicos en el campo interdisciplinario de los estudios de las niñas y el cuarto, de estudios sobre las representaciones de  las niñas.

Posteriormente, a partir de la pregunta ¿De dónde surgen los reinados de niñas? me propuse, en primer término, explorar, tras bambalinas, la «cultura regínica» de las niñas colombianas; entendida como una dimensión de la colombianidad que se suscita a partir de los anhelos de modernidad de Colombia en la primera mitad del siglo XX teniendo como telón de fondo la cultura regínica adulta. Pero dentro de él, las "Reinitas", detentaban su propia línea genealógica. Esta pregunta me llevó a rastrear la invención de la infancia y la niñez modernas en Colombia, la constitución de las niñas como categoría, y las estrategias pedagógicas, políticas y de consumo, construidas en torno a ellas. Entre las que se inscriben los reinados. Estos certámenes son escenarios donde se espectaculariza la feminidad infantil regínica y donde se califica y premia la calidad de ese performance. Sin embargo, no es el único lugar: en los reinados se oficializa algo que está presente, latente y opera cotidianamente, en muchos planos y escenarios de la cultura colombiana, con relación a las niñas.

 

El reto de entrar al campo

Con esta base, comencé mi trabajo de campo y etnográfico, con cámara en mano a recorrer reinados, intensivamente: 

Iniciando en diciembre de 2014, esta labor se extendió hasta el final de 2018; Exploré un reinado nacional, en sus versiones 2014, 2015, 2016 y 2017,  el Carnavalito de los Niños (2015), como reinado asociado a una festividad folclórica de carácter nacional, di seguimiento al reinado de Miss Tanguita, que dejó de celebrarse en 2016, y a un reinado de niñas de 3 a 6 años, llamado “Princesita Real”, a nivel local y en Bogotá a nivel nacional en 2015, 2016 y 2017. 

Exploré registros de reinados rurales y un reinado de muñecas en un centro comercial de Bogotá. Situé mi trabajo etnográfico en Risaralda para explorar un reinado escolar. Ya ahí, me encontré con mujeres que fueron reinas infantiles y niñas reinas de colegio con reinas municipales, las familias y redes de las reinas e incluso participé en una sesión de preparación de reinas de colegio y una reina nacional infantil. El viaje, me abrió a la posibilidad de profundizar la indagación en esta región, así que además de Santa Rosa, recorrí los municipios aledaños y Pereira, la capital del departamento. En 2016, luego de mi primera visita, los reinados de colegio fueron prohibidos en Risaralda convirtiéndose en el segundo lugar, después de Antioquia.

El trabajo de campo me permitió en primer lugar distinguir los perfiles de niñas que participan en los reinados y a sus agentes y actores involucrados:  El estado, los medios, las agencias de preparación, las niñas, las familias, las barras, las comunidades y las feministas. A partir de observar en campo el papel crucial que juegan las madres en la participación de sus hijas en los reinados, establecí en paralelo, encuentros tanto con niñas reinas y sus madres, como con mujeres colombianas feministas de entre 40 y 45 años -a quienes considero mis pares- que son madres de niñas de entre 3 y 15 años para establecer contrastes en sus repertorios de género en su crianza.

 

 

 

 El reto de la mirada

Epistemológica y éticamente, la complejización del campo, me llevó a experimentar diferentes tránsitos: De la puesta en escena de los reinados a los encuentros con sus principales agentes y protagonistas, de las conversaciones con las reinas y con sus familias en el marco de los reinados, y de ahí con sus madres, en sus casas o espacios cotidianos y el contraste con las experiencias de feministas.

De sus relatos, desatados luego de mirar con ellas videos o fotografías de su preparación y participación: antes, durante y después del reinado; emergió la comprensión de las formas en que estas pedagogías se encarnan: : transformaciones estéticas, posturales, gestuales, actitudinales y emocionales que ellas identifican.

Aprendí sobre la capacidad de auto observación y conciencia corporal que desarrollan:  del sedimento que se inscribe en la forma en que se comportan y desempeñan luego de prepararse, concursar y detentar una corona y de los usos tácticos que le dan a esos saberes. De ser reina y devenir en figura pública, no se vuelve.

 

Las reflexiones de Donna Haraway (1991), Mari Luz Esteban (2004), Trinh T Minh-Ha  (1989), Rita Segato y Teresa de Lauretis acompañaron mi trabajo, enfrentándome al reto de un abordaje situado y consciente de la manera en que la propia subjetividad se juega en la producción de sentidos sobre las otras, pero además me retaron a arriesgarme a explorar otros lenguajes –visuales, poéticos y narrativos, en suma: estéticos y afectivos– para presentar el conocimiento que producimos desde la antropología feminista. 

 

Apostado por el lenguaje audiovisual , desarrollé un ejercicio autoetnográfico, expresado en una pieza que medió en los encuentros con algunas niñas y sus madres. El análisis y organización del material de campo acopiado hasta el 2018, me permitió configurar algunos ejes analíticos a partir de los que produje cinco piezas audiovisuales tituladas: I. El prestigio de la belleza; II. Juegos de reinas y princesas; III. Pedagogías de la feminidad; IV. Dispositivos de disciplinamiento para reinas y reinados; y V. “¡Es una experiencia maravillosa!, pero…”. 

 

Algunas de estas líneas analíticas se mantuvieron como ejes en el texto; sin que este pretenda ser, una traducción escrita de lo audiovisual.  El recurrir a otros lenguajes permite comunicar diferentes aspectos de los hallazgos, reconociendo la potencia de las imágenes para aportar en sí mismas un relato y una lectura sensible, que sea, además de compleja, accesible para las protagonistas de este trabajo, la cual también es una apuesta política.

 

El trabajo audiovisual, me llevó a pensar mis propias prácticas de la mirada, a asumir mi ignorancia sobre el mundo de las niñas reinas, y a reflexionar sobre las políticas de la mirada en relación a las niñas y las formas de representarlas. Mirándome en el acto de mirarlas. Y la mirada hacia ellas, me fue devuelta.

 

Comprendí, luego de mi recorrido por los reinados, y nuestras conversaciones reconociendo sus referentes femeninos, sus sentidos de aspiración social, logro y la proyección que vislumbran en los reinados: que no todo se resuelve en el reinado, 2) que hay cosas que ellas consideran que difícilmente pueden suceder sin el reinado,  y por último, que también que hay aspiraciones y anhelos, que los trascienden. 

 

Volví a Risaralda en el 2018 para participar en el Encuentro Departamental de Mujeres, justo después de que se prohibieran los reinados de colegio, en el departamento.  Con base en algunos resultados preliminares conversé con las feministas de la región para conocer sus reacciones y compartí espacios con las feministas jóvenes que organizaron un festival en un parque central de Risaralda.

Me reencontré con las niñas, con las que había conversado tres años antes, en ese momento, ya convertidas en quinceañeras: aprendí de sus usos tácticos del cuerpo, de su exploración del deporte como un vector de proyección y reconocimiento; y de sus anhelos y visiones de futuro. 

 

De este modo, el trabajo de campo que inicié interrogándome por la construcción subjetiva de las niñas reinas y la relación entre su performance de género y su vida cotidiana, que luego orienté hacia los reinados como puestas en escena, me llevó a colarme tras bambalinas, para identificar las pedagogías y tecnologías que sostienen esta puesta en escena en el país. Situar lo que podrían estar diciéndome las niñas reinas y los reinados, de la cultura colombiana en su conjunto: de la imbricación de la construcción de la feminidad, del ser niña y del ser reina en Colombia. Y ésta, es mi tesis.  Comprendí, que los reinados deben entenderse como una puesta en escena de esta imbricación porque, tras las bambalinas de un reinado infantil, hay mucho más que un espectáculo de reinas, bandas y coronas: en mi caso, al asomarme, encontré un universo del que quiero destacar 4 partes:

 

1.     Genealogías de la reginidad y el capital regínico

Respondiendo a esta pregunta desde una mirada genealógica de la colombianidad propuesta por Santiago Castro-Gómez y en diálogo con los aportes de Mara Viveros, Peter Wade, Elizabeth Cunin y Zandra Pedraza, analizo la génesis de la cultura regínica Colombiana que situo afincada en las nostalgias monárquicas, en los anhelos de modernidad del país, en el relato de Nación colombiano expresado en la idea del mestizaje como vía para el blanqueamiento; y en la incidencia de los medios y en las estrategias de educación de la feminidad de las mujeres burguesas.

A partir de analizar el caso de Luz Marina Zuluaga, la primera miss universo colombiana en 1958, – y haciendo uso de los desarrollos teóricos de Pierre Bourdieu, propongo un conjunto de categorías que me permitieron dar cuenta de la génesis y transformación de esa novel forma de trascendencia y ejercicio del poder femenino dentro de la cultura colombiana entre las que quiero destacar la noción de “capital regínico”, ”, en un contexto en el que las colombianas ejercieron por primera vez su derecho al voto en un Plebiscito, apenas un año antes, el 1 de diciembre del 1957.

Explorando la emergencia y florecimiento de las industrias de la moda, la belleza y la reginidad, pude identificar de qué manera estas impulsaron la incorporación del país en la pasarela internacional y en la geopolítica de la belleza. Esto conllevó una emergencia y proliferación de tecnologías de género y demandas subjetivas para las mujeres y las niñas, que encontraron en las reinas y los reinados un escenario ideal para su visibilidad, modelamiento y proyección durante la segunda mitad del siglo XX y hasta los años 90, cuando el narcotráfico comenzó a incidir en la elección de las ganadoras del reinado nacional. 

 

Cerrando el siglo XX, la estrategia Estatal de “modernización” de las festividades populares y religiosas,  inscrita en una lógica mercantil y turística, emerge la “folclorización” como eje de la fiesta y la “reginización” como elemento central del festejo. Esta estrategia generaría que para el 2002– de acuerdo con la Encuesta Nacional de Cultura de ese año, el 93% de la población encuestada, considerara al Reinado Nacional de Belleza el evento más importante de Colombia, superando al Carnaval de Barranquilla con el 91.1%.

 

2.     La “invención” de las niñas (y las reinitas)

Posteriormente, al ocuparme de las “reinitas”, emerge en la comprensión de su génesis la invención de la infancia y la niñez modernas; la configuración de las niñas como categoría y las pedagogías construidas en torno a ellas. Desde una aproximación fenomenológica feminista analicé las pedagogías y dispositivos que las niñas colombianas enfrentaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, para poder lograr la inteligibilidad de género. 

Explorando la pedagogía corporal de las niñas colombianas, reconozco de qué manera este trabajo de producción de sí,–desde el nacimiento y a lo largo de toda la vida– es regulado y modulado a través de la mirada del otro, configurándose un conjunto de premisas y pautas muy precisas, sobre las formas legítimas de existencia corporal femenina en el contexto colombiano. 

En este marco, sitúo la emergencia de dos modelos de feminidad infantil asociadas a los reinados: Por un lado, el de las niñas que escoltan como princesas o Little sisters a las misses en el reinado de miss universo –, y por otro las “niñas reinas”, las protagonistas de los reinados infantiles: que adoptaron el modelo regínico, posicionándolo paulatinamente como alternativa al modelo de feminidad mariano, dominante hasta el momento. 

Todo esto es lo que constituye, desde mi análisis, la base para la emergencia de los concursos, pasarelas y reinados de niñas, con las pedagogías y dispositivos que les son asociados.

 

3.     Pedagogías y contra pedagogías

En paralelo, la constitución de la feminidad infantil como target y el devenir del modelo de niña ideal “como ciudadana, consumidora y sujeta deseante”, suscitaron, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y hasta la fecha, un rápido y rentable desarrollo de mercados emergentes para niñas, que vinieron a reforzar los relatos de feminidad infantil aprincesada  –con Barbie princesas y las generaciones de princesas de Disney –y  a apuntalar, la cultura del consumo y la feminidad aprincesada y regínica en las niñas.

Examino las pedagogías del aprincesamiento, la reginidad y la belleza como prácticas disciplinarias y tecnologías que producen cuerpos infantiles legibles como regínicos: es decir, bellos, femeninos, deseables, y dignos de representar la colombianidad, la belleza de las mujeres colombianas y la “gracia” de las niñas, en un escenario geopolítico como Colombia, donde la belleza y la feminidad son cualidades a “trabajar” y donde la belleza constituye un vector de movilidad socio-racial indiscutible que requiere de ser comprendido y capitalizado muy tempranamente.  

 

Asimismo, abordo el rol de las madres en la relación que las niñas establecen con su cuerpo en general, con la belleza como campo de contienda; y con la reginidad como vector de proyección y realización personal ,así como las estrategias y contra-pedagogías que despliegan para resistir, acudiendo a la literatura, la música, la ropa y los juguetes  como fuente de repertorios de feminidad alternos.

 

4.     Trama de sentidos

A partir de todo lo anterior configuro lo que denominé “trama de sentidos”, que expresa el tejido conceptual del trabajo y que me permite aproximarme a la imbricación entre la construcción de la feminidad, del ser niña y del ser reina de belleza. Haciendo uso de esta grilla analizo aspectos centrales que conjugan mi trabajo de campo, analítico y de profundización etnográfica realizado en la región de Risaralda y que ponen de relieve slgunos aspectos centrales como son:

1) El debate sobre la pertinencia o no de los reinados de niñas, las tensiones que se juegan en su realización y los distintos actores involucrados, incluido el Estado. 2) la mistificación de la inocencia y los pánicos morales, en un escenario paradójico como Colombia, donde conviven la exaltación y devoción por las reinas, con la realidad de la violencia basada en género y los feminicidios de mujeres y niñas. 3) el problema de la subalternización de la infancia y la niñez, las políticas de la mirada y el reto de relacionarse con niños y niñas como interlocutores desde una mirada Levinasiana sobre la posibilidad del diálogo y encuentro ético de las personas adultas con los niños y las niñas, y con bell hooks, sobre las políticas del espacio. El 4) donde abordo los reinados como vector de proyección internacional y 5) con el foco en el departamento de Risaralda, la exploración del narcotráfico, de la trata y la explotación sexual que conviven con las representaciones estereotipadas sobre las mujeres Risaraldenses y el análisis crítico de las feministas de la región.

 

Conclusiones

Los hallazgos de esta investigación me permiten concluir que si bien las niñas reinas se construyen en la imbricación de la feminidad, del ser niña y del ser reina de belleza, esta experiencia trasciende a las niñas reinas. La cultura regínica incide de manera profunda en todas las niñas colombianas en distintas formas y grados, teniendo que enfrentarse al reto de construirse subjetivamente en relación y tensión a estos registros, como materia prima y como horizonte, aprendiendo a resistir.

Los reinados son entonces, ese lugar donde se pone en escena califica y premia la calidad de ese performance regínico, pero no son el único lugar: en los reinados se oficializa algo que está presente, latente y opera cotidianamente, en muchos planos y escenarios de la cultura colombiana en relación a las niñas.

Este trabajo aporta una teoría analítica y unos conceptos propios para comprender esta complejidad y leerla académicamente, sentando una base que puede ser aprovechada por quienes continúen aventurándose en el estudio de las niñas, las reinas y los reinados.

Para concluir quiero acudir a la metáfora de la metáfora de la viga de equilibrio, que me acompañó en la escritura mientras seguía el desarrollo de los olímpicos reconociendo en esa barra ese lugar donde las niñas gimnastas, logran destacar. Ese aprendizaje de tránsito por la viga o por la pasarela, me evoca a otras niñas que he conocido en mi trabajo como consultora en cuestiones de género e infancia.

La viga, constituye la metáfora exacta de lo que observé en la relación de las niñas con las pasarelas de los reinados como vectores de reconocimiento y ascenso socio-racial.  Incluso, si nunca logran ser reinas, la pasarela les permite emerger del anonimato donde habían estado subsumidas, y seguirán estando, salvo excepcionales circunstancias en las que eventualmente logren ser visibles en escenarios donde, casi nada que no esté relacionado con este registro, pareciera merecer reflectores.

Pero en un país atravesado por 5 décadas de conflicto armado y el impacto cotidiano del narcotráfico y la cultura paramilitar, las pasarelas de los reinados, tienen un doble filo en la cultura colombiana: prevalecen, por un lado, las representaciones de la niñez aprincesada e inocente, por otra, los de la feminidad normativa adulta a los que se suman los de la feminidad regínica: la de mostrar, la de exportación. En ese filo las niñas deben ser capaces de encontrar una manera de representar la feminidad regínica infantil: la “belleza, coquetería y seducción” femeninas, pero sin perder “la gracia e inocencia” infantiles. 

Por supuesto, en ese tránsito no van solas, llevan consigo gran cantidad de elementos simbólicos asociados a la raza a la clase y a la sexualidad, que pueden movilizar como herramientas, pero también constituirse en fardos que las arrastren por el acantilado.

 

Quizás entender a las niñas nos permitirá afinar los análisis de la constitución de la feminidad y los mecanismos que operan en su minorización. Analizar el estatus ligado a la edad, la restricción de la autonomía y los mecanismos de subaltenización, que permite pensar cómo opera esto en las mujeres adultas. También permite reconocer el poder simbólico de la corona, que otorga a las niñas una experiencia de transformación ritual que las emancipa: de alguna manera, devienen adultas... Mientras que a las adultas, se nos dice “niñas”.

Bibliografía de la ponencia