DESDE EL PRINCIPIO ES UNA MADRE: UNA MIRADA INTERCEPCIONAL A LAS AFECTACIONES, TRANSFORMACIONES Y ESTRATEGIAS HACIA LA CRISIS CLIMATICA

SP.36: Luchas colectivas de las mujeres en América Latina en defensa del territorio y en contra de los extractivismos

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Zharic Hernández Universidad del Magdalena

CAP1-De lo general a lo particular: el territorio como cuerpo y espacio no homogéneo: ¿Por qué la discusión sobre el panorama de la crisis climática debe ser interseccional y especialmente en el Caribe colombiano?

Cuando se intenta hablar del cambio o la crisis climática, a pesar de que la discusión académica y los estados en los últimos años se han centrado en el tema y la forma en que este forma parte de los objetivos de desarrollo sostenible, para gran parte de la comunidad científica así como para la población en general, la discusión se enfoca en una sola cosa: en un problema de orden ambiental y climatológico que debe ser resuelto de igual manera con soluciones ambientales y climatológicas. Por lo tanto, cuando llevamos la conversación hacia la esfera cultural y la combinamos con otras problemáticas sociales como una misma lucha, el panorama deja de ser tan claro. Aunque en ciertas situaciones, la interrelación es clara, como lo es con los "planes" para la erradicación del hambre, para muchos relacionar el cambio climático y la inequidad de género, el racismo o la corrupción no es tan lógico. Ya que al principio del discurso ambiental, se sostuvo en la afirmación de que los fenómenos climáticos nos afectan a todos, y es cierto; lo que no lo es, es que a todos nos afectan de la misma manera. En esta parte, la divulgación no fue tan amplia, y es en esa diferencia donde se sostiene la razón por la cual el enfrentamiento a la crisis climática debe ser interseccional, no como una metodología que incluye muchas cosas diferentes y como tal complejiza la investigación, sino más bien, como un enfoque que organiza, dirige y explica los fenómenos en sus propios contextos diversos, para así poder organizarlos de manera funcional, entendiendo las cosmologías, contextos y preocupaciones de los afectados, más que como un manual universal que simplifica todas las problemáticas como una misma cosa y así mismo le da "soluciones", como lo han venido haciendo las organizaciones estatales con sus ODS.

Es por esto, que me centro en explicar los contextos territoriales de las poblaciones incluidas en el informe final del proyecto "Impactos Sociales del Cambio Climático en el Sur Global", realizado por el grupo de investigación ORALOTECA de la Universidad del Magdalena en conjunto con la Universidad de Marbug y Giessen, tomando como muestra cuatro asociaciones y sus líderesas sociales, en cuatro departamentos diferentes. Sus relatos, experiencias y luchas son usados para ilustrar las distintas condiciones de las mujeres que se enfrentan a la lucha contra la crisis climática y el extractivismo en el Caribe colombiano y cómo estas pueden ofrecer un panorama inicial a unas problemáticas de violencias sistémicas e históricas aún mayores.

Para esto, tenemos a: las mujeres de la Asociación de Pescadores Campesinos Indígenas y Afrodescendientes para el Desarrollo Comunitario de la Ciénaga Grande del Bajo Sinú, "ASPROCIG", de las cuales todo el tiempo me estaré refiriendo en plural ya que su noción acompaña el enfrentamiento a la crisis climática desde la asociabilidad donde ninguna es líder o jefa, por el contrario, enfrentan la representación desde la vocería donde cada una desde sus familias y cultivos aportan a la resistencia. Es una organización Comunitaria de Base (OCB) sin ánimo de lucro que integra a 32.000 personas en 6.400 familias de 7 municipios de la cuenca baja del río Sinú (Córdoba). En el año 1991, nace para subsanar la necesidad de seguir con la lucha por la tenencia de tierras en Córdoba, lucha que parecía quedar abandonada por el rompimiento de las dos asociaciones o entidades que llevaban estos procesos a nivel nacional PANAL y ANUC a causa de bipartidismos políticos, que enfrentan al país hasta la época. Es así, como algunas familias que participaban activamente en estos movimientos campesinos a lo largo de la cuenca baja del río Sinú, se unen para llevar estos procesos ahora como ASPROCIG y en 1995 se replantean los sentires de la asociación para dirigirse hacia una lucha más integral, que busca rescatar las memorias y saberes culturales del territorio y sus comunidades ancestrales, para alcanzar la soberanía alimentaria y el equilibrio perdido. Es en este camino de reformar las lógicas y principios epistemológicos de las civilizaciones occidentales donde a mediados de los 2000 se sumergen en la lucha por el cambio climático como lo es su propuesta de desarrollo sostenible y comunitario, ABIF, "Agenaton Biodiverso, Familiar", un espacio biodiverso compuesto por un mínimo de 83 especies vegetales de 6 grupos de plantas diferentes. Este proyecto impulsa una sostenibilidad económica y la reforestación, que retoma los conocimientos ancestrales de la siembra y huerta familiar relacionado con el patio, práctica que se encontraba en desaparición y con este proyecto vuelve a surgir de una manera productiva. Además, ofrece soluciones ante la iniquidad de género, ya que su construcción influye en todas las esferas del hogar, resignificando las tareas de cuidado y los hijos o cualquier otra representación que exista del traspaso generacional en el hogar. Así mismo, le otorga tareas y parte del liderazgo a cada uno de ellos. Y que hoy, 23 años después, nos ofrecen no solo soluciones sino una mirada completamente diferente a la que los estados y su estructura capital ofrecen para la salvaguardia de los territorios de la crisis climática, sino también soluciones veraces a la problemática, que integran la participación por la reforestación de los ecosistemas, la equidad de género y la inclusión generacional. Es por lo que ASPROCIG es nuestra brújula guía para desafiarnos las percepciones occidentales sobre el liderazgo y las propuestas de desarrollo sostenibles en los territorios respetando sus contextos etnoculturales diversos.

Ahora bien, es buen momento para preguntarnos, ¿por qué, si un solo actor es lo suficientemente complejo, se asegura que los siguientes pertenecen a otros departamentos del país? ¿Qué relación tienen? Y ¿por qué incluirlos en una misma investigación, más allá de complejizarla? La respuesta es simple: son usados como ejemplo para demostrar que aún en circunstancias diferentes, la tesis sigue siendo la misma. La única forma de hacer frente al cambio climático es entenderlo no como el problema en sí, sino como consecuencia del problema mismo, que está directamente relacionado con el sistema económico occidental basado únicamente en la explotación, producción y consumo acelerado de los recursos. Y aun entre sus diferencias, nuestros actores tienen algo en común: encuentran soluciones no en fórmulas mágicas que detienen el cambio climático, sino en cambios de pensamiento epistémico que se aferran a las memorias históricas, saberes culturales y resignifican las tareas de cuidado en la lucha. Además, comparten historias de violencias epistémicas que se cruzan incluso en diferentes contextos, como el conflicto colombiano, que ha golpeado a todo el territorio nacional, donde algunos sectores han actuado como precursores y otros como víctimas directas. Del mismo modo, se han visto más afectadas unas comunidades en específico, normalmente aquellas que hacen parte de los territorios rurales y étnicos. Por lo tanto, nuestras siguientes actoras nos ayudan a complicarlo, al sur del municipio de Pueblo Viejo, Magdalena, específicamente en el corregimiento de Tierra Nueva, donde se encuentra asentada la comunidad de Rincón Guapo Loveran. Su presencia histórica proviene de las comunidades del departamento del Magdalena, por la llegada de sus ancestros, "los Bogas", negros cimarrones que huyeron de la esclavitud en pueblos del Magdalena y el Atlántico, y se refugiaron en la ciénaga para construir su "pueblo libre". Sin embargo, hasta el momento, sus habitantes luchan con los terratenientes por la tenencia de tierras y el derecho a habitarlas en armonía. Esta lucha constante no es una casualidad o producto de la mala suerte, sino del racismo estructural y la economía del despojo que sostiene las estructuras occidentales que siguen teniendo a Colombia como un país estructuralmente racista y, como tal, envuelto en una revictimización por la explotación humana hacia las comunidades y culturas racializadas que parece nunca terminar, sino naturalizarse en silencio. Cuando no existes, la sucesión de violaciones a los derechos se facilita y, con ello, viene el despojo de la dignidad humana, de la cultura, de la tierra, la exclusión. Sucesos que no nos dejan más opción que acudir a la resistencia. Este será el concepto clave que nos vendrá a narrar el Consejo Comunitario de Rincón Guapo Loveran: cómo un pueblo se ve obligado a generar liderazgos, técnicas y soluciones desde la resistencia, no como un sentir filantrópico, sino como una única opción de subsistencia. Ya que toda cultura, por el mero hecho de ser cultura, organiza su cosmos, determina e interpreta los fenómenos naturales, tiene un concepto de su imagen y la de las personas, de sus comportamientos, tiene una idea de lugar y tiempo, lo que constituye una manera particular de ver el universo, de vivirlo y sentirlo. Pero cuando entra la persecución y con ella la violencia a nuestros territorios, todo esto puede quedar reducido a cenizas. La lucha por la crisis climática no es solo de soluciones ambientales, donde el ecosistema es el problema y "sanando" a este se encuentra la solución. También es una lucha por los derechos ambientales, donde se representan las tensiones y enfrentamientos sociales por unos principios epistémicos violentos que instrumentalizan la naturaleza y el hombre en función del trabajo, para poder acceder al consumo. Por lo tanto, la posesión de la tierra, la equidad de recursos, la justicia social son objetivos compartidos para la mitigación de la crisis climática. Entendiendo esa misma tierra en disputa como "madre naturaleza", un sujeto de sentido encargado del equilibrio y la existencia misma y, en consecuencia, al cuerpo femenino como territorio conectado a ella, es decir, como el sujeto vivo, simbólico y político que es para las comunidades ancestrales y como tal, entendiendo a esta como madre de todo lo vivo, incluyendo lo humano y no a lo humano como dueño y administrador de ella, se comprende que sobre estas violencias y despojos se crea la crisis. Y es en esta visión de la lucha, por no ser separados de la madre y en consecuencia asesinar al territorio que a esta representa, es que se sostienen las motivaciones del Consejo Comunitario Rincón Guapo Loveran por no dejar de resistir, como lo han hecho incluso con sus propias vidas desde su conformación en 1997, en conformidad con la ley 70 de 1993 y su decreto reglamentario 1745 de 1995, registrado ante el Ministerio del Interior mediante la resolución n.o 356 de 2011. La comunidad ha sido afectada con el despojo del territorio, de la tierra y del agua por el fenómeno de la concentración de la propiedad rural, los hechos victimizantes como la persecución y el asesinato de los líderes, los desplazamientos forzados, la falta de garantía de acceso al agua, entre otras afectaciones que han reducido el territorio de 9.000 hectáreas a 1.114 que son objeto de titulación colectiva por parte de la Agencia Nacional de Tierras, cuyo trámite lleva 23 años de demora para la entrega del título colectivo al Consejo Comunitario Rincón Guapo Loveran. Adicionalmente, en el marco de la incursión de actores ilegales, existen mecanismos de instrumentalización que buscan facilitar el control y dominio territorial con fines de explotación económica, dadas las condiciones productivas y estratégicas del territorio habitado por la comunidad afrocolombiana. Los productores de palma han tomado el territorio para la siembra y la extracción descontrolada de aceites, además de desviar las fuentes fluviales para su beneficio, dejando a la comunidad en total sequía. También han contaminado la calidad del aire debido a las constantes quemas de la palma, proceso también involucrado en la extracción del aceite. Estas son solo algunas de las tantas afectaciones ambientales causadas al territorio. En el 2014, se vieron envueltos por un incendio forestal provocado por esta misma disputa, que terminó por afectar gran parte del territorio, daños ecológicos que aún no se han podido recuperar totalmente hasta la fecha. Es por esto que los 60 años de conflicto interno colombiano y los más de 2000 años de historias de violencias en el territorio no pueden ser excluidos de la narrativa dentro del discurso en la lucha ambiental, ya que la guerra es uno de los mayores causantes de las afectaciones, de manera directa e indirecta. La contaminación a los ecosistemas a causa del fuego cruzado, así como la contaminación de fuentes fluviales, el uso de explosivos, las extracciones descontroladas para el enriquecimiento ilícito y principalmente el asesinato y despojo de aquellos a los que les pertenecían ancestralmente las tierras, ¿acaso el asesinato de aquellos que protegen el territorio no hace parte de las temáticas de la lucha frente a las afectaciones del cambio climático? Así mismo, las comunidades étnicas y ancestrales tienen el derecho a enfrentarse a la patriarcalidad que también puede estar sujeta a las estructuras de poder de sus comunidades, la violencia patriarcal, el machismo y las barreras a causa de los roles y diferenciaciones por sexo/género han permeado todos los espacios de nuestras sociedades. Por lo que es importante defender la hipótesis donde la lucha ambiental la representan las madres. Ya que, las estrategias para la mitigación de las afectaciones del cambio climático se sostienen en las tareas invisibilizadas del cuidado y detrás de estas, casi siempre, para no invisibilizar los casos excepcionales, son mujeres. Mujeres que, por sus condiciones sociales específicas, poseen la responsabilidad impuesta del cuidar. Por eso este escrito se centra en ellas, no porque desconozca a los actores masculinos sujetos en la acción, sino porque para ellos las historias han sido contadas muchas veces y con más facilidad. Por eso, nos dejamos guiar por las lideresas del movimiento feministas niñas y mujeres wayuu. para entender cómo se viven las luchas por el liderazgo femenino desde los distintos territorios. Ya que la lideresa, al ocupar con propiedad desde el feminismo indígena, enfrenta importantes y riesgosas luchas ante distintos entes, principalmente ante las multinacionales que explotan los minerales en el territorio y que atentan contra la integridad de la tierra y la vida de sus habitantes. Así mismo, se enfrenta a las ideas y representaciones patriarcales en la cultura Wayuu, que a pesar de ser una cultura con organización matrilineal donde son las mujeres quienes se encargan de las tareas necesarias para la subsistencia y el sostenimiento de la tradición, son los hombres quienes en su mayoría ocupan los roles representativos en la toma de decisiones y la representación de los clanes, familias y pueblos en los espacios de poder. Por lo tanto, el movimiento liderado a cabeza de esta lideresa Wayuu y otras mujeres se encuentra con muchos limitantes dentro y fuera de sus territorios, lucha que se centra en la defensa y entendimiento del territorio indígena ancestral de la Guajira, con la armonía entre los géneros que existe en la ley de origen de sus pueblos, que entiende a todos los fenómenos de la naturaleza en función a la vida y conectado con los cuerpos femeninos. Por lo tanto, este movimiento no intenta borrar sus costumbres, por el contrario, desde la visión tradicional del territorio, se rescata el papel de la mujer y se enfrenta una lucha por la descolonización de sus cuerpos, entendiendo que las prácticas que repercuten en el equilibrio de la madre naturaleza, también asesinan a las madres de la comunidad.

Por lo tanto, teniendo en cuenta los factores geográficos de la Guajira y las implicaciones que tiene la explotación desmedida de su extenso territorio para las dinámicas de la lucha por el cambio climático en el país con los parques eólicos, así como contar con una de las carboneras a cielo abierto más grandes del mundo, se cuestiona seriamente las prácticas patriarcales que hay en las culturas y eso no puede ser usado como bandera para decir que el occidentalismo acaba con el arraigo cultural de las nuevas lideresas y por eso se enfrentan a estas dinámicas, por el contrario, se cree que hay asuntos más grandes que tienen que ver con el rol del territorio como parte de sus cuerpos y el interés de sometimiento por intereses económicos que hay detrás de todos los temas involucrados en la extracción de los bienes materiales, como los recursos de la naturaleza y los hijos de ella. Como venimos planteando esta discusión desde el territorio, no es fácil para el feminismo comunitario hablar de medio ambiente y su relación con los derechos individuales de la mujer, porque cuando hablamos nosotras de la libertad de nuestros cuerpos, estamos hablando de nuestros propios derechos. Entonces, esto se plantea desde los contextos hostiles que enfrentan los territorios, ya que se recibe una doble violencia frente a ello, porque por pensar esto, se dice que están occidentalizadas y que el feminismo es un problema para la armonía de sus costumbres, pero ¿cómo no ser feminista cuando defendemos a la madre naturaleza y sus bienes, que también hacen parte de nuestros cuerpos, como las leyes de origen lo cuentan? Porque no es que se desee occidentalizar las culturas, sino que ninguna de estas es estática, todo tiene que crecer. Así que en el debate interno tiene que entrar estas acciones para construir mancomunadamente, sin herir a quienes representan nuestros mismos derechos, pero desde otros frentes. Hay que descolonizar, hay que armonizar desde el género, desde la mujer y sus papeles en sociedad, pero sin ser minimizadas. Porque venimos de procesos de liderazgo donde la

¿Por qué la representación del territorio y sus luchas es una madre? “En el principio, todo existía solamente en el pensamiento, no había día ni noche, ni nada; todo vivía solamente en el espíritu. Cuentan que en aquel entonces los Padres Espirituales discutían sobre la posibilidad de materializar la existencia del mundo en relación con los otros mundos hacia arriba y los otros mundos hacia abajo. La tierra y la existencia de los arahuacos nacen en el intermedio de los mundos. Dicen los ancianos que las Madres y los Padres Espirituales organizaron la existencia humana en formas y niveles de entendimiento, determinadas por nueve dimensiones, ellas a su vez, existen en relación con los nueve planetas y los nueve meses de gestación de la mujer, y que en dualidad complementaria constituyen las formas de relación y conjunción entre los mundos material y espiritual. Cada uno de los mundos, en su orden cosmogónico y espiritual, fue concebido desde el origen, a partir de cargas de energía positiva y negativa, generadas como necesarias para garantizar el equilibrio entre todas aquellas formas de vida que cobraron existencia material.” [1] Sustrato ley de origen Arahuaca “Ma'leiwa los hizo de muchas substancias y les dio consistencia dentro de un gran caldero de barro cocido. Después, ese mismo caldero lo transformó en un cerro y lo identificó con el vientre de las hembras, donde se cuaja y se forma la vida. Esta es la relación: "Del vientre de 'MÁ' -LA TIERRA y germinó la semilla, la primera simiente de la cual nacieron los wayuu”. Es así, de este modo, en que fuimos creados desde el vientre de la Tierra.”[2] Sustrato ley de origen Wayuu  En todas las comunidades, sin importar sus diferencias, existe una noción del origen, que ubica un principio en relación con unas capacidades creadoras, reproductivas y luego guardianas. Las comunidades indígenas y ancestrales cuentan con unas leyes y relatos más organizados y específicos para la explicación de la creación del territorio y la existencia de ellos como pueblos conectados a esos relatos. Pero estas nociones de pensar de dónde venimos y qué órdenes explican nuestra existencia, no son únicas de las comunidades indígenas, por el contrario, es casi una necesidad humana el pensarse sus orígenes. Desde los más universales como lo es el relato de la creación del cristianismo, hasta los más cotidianos como la noción de la tierra y la maternidad, lo que da respuesta a esta necesidad con sus condiciones contextuales específicas. Pero, aun así, algo que todos tienen en común es la representación tanto simbólica como literal del cuerpo femenino por las capacidades reproductivas y maternas en estas ideas. En el principio se ubica la nada, la oscuridad y la penumbra y de ahí nace todo lo terrenal conocido, que da paso a nuestra creación. Así mismo se crean nociones del orden y el equilibrio, en función de lo masculino y lo femenino, el bien y el mal, etc. Lo que ubica a las distintas imágenes de “las madres” como encargadas del equilibrio mismo. Equilibrio perdido sobre el cual se sostienen las problemáticas del cambio climático. Principalmente encontramos a la madre tierra, en cualquiera de sus nombres y representaciones, ya que cada comunidad ha determinado para la relación que existe entre el territorio o universo que cohabitamos un nombre y relación con nuestra coexistencia. Aun desde el pensamiento occidental hay una noción existente de la intercalación vital que hay entre la tierra y nuestros cuerpos, ya que aun cuando esta se sostenga por unos valores epistémicos de producción y consumo, como es la noción de ecosistema, se entiende a este mismo como el reproductor de todos los recursos y estos recursos como los factores físicos, químicos, orgánicos o energéticos necesarios para nuestra existencia misma. Por lo que en todas sus presentaciones la naturaleza cumple de manera simbólica y literal con el ser el primer útero de todo lo existente. En consecuencia, encontramos a sus hijas, las madres terrenales, que, de una manera más estrictamente literal, son el útero de lo humano. Las madres cargan con el rol “natural” de la reproducción, el cual incluye parte de la concepción, los meses de embarazo en el cual su cuerpo se encarga del proceso largo y complejo de formar otro nuevo ser y así mismo la responsabilidad de parirlo. Por otro lado, cargan con los roles y tareas determinadas por la cultura, que aun cuando son naturalizadas o normalizadas, no son naturales, que son todos aquellos destinados a las labores del cuidado y en consecuencia las tareas no remuneradas que sostienen cualquier sociedad. Como lo son la crianza, el cuidado de las plantas y administración del hogar, cuidado de los más vulnerables, como los niños y adultos, etc. Funciones que nuevamente las relacionan con la tierra y las afectaciones de esta misma. Ya que las labores de cuidado están directamente relacionadas con las condiciones de los recursos naturales, dejando sobre las mujeres encargadas de estas tareas, las responsabilidad y riesgos que surgen cuando los recursos comienzan a escasear o las condiciones para adquirirlos cambian. Es así como, aun cuando popularmente se mantiene una relación de una imagen masculina con los trabajos de la tierra en función de la fuerza bruta y su explotación, cuando se habla de su cuidado y armonía las imágenes en función son las mujeres, a pesar de que por la desestimación que sufren dichas tareas no se les otorgan los méritos. La economía del cuidado incluye las actividades en las que se cuida a otra persona o a sí mismo. Sin embargo, una definición más acotada es la acogida en Colombia por la Ley 1413 de 2010, que la define como el trabajo no remunerado que se realiza en el hogar, relacionado con el mantenimiento de la vivienda, los cuidados a otras personas del hogar o la comunidad y el mantenimiento de la fuerza de trabajo remunerado. La sociedad del cuidado prioriza la sostenibilidad de la vida, articulando cuidados de las personas y del planeta. Entendiéndose de esta manera es camino para revertir la desigualdad social y de género en forma significativamente con la dimensión de la importancia de sus tareas para el ambiente y el desarrollo económico. Pero, Usualmente, el trabajo de cuidado, remunerado y no remunerado, ha sido invisibilizado en el análisis económico y político. Esto se debe a que gran parte de este trabajo es realizado por mujeres y generalmente se asume que es su responsabilidad, por lo cual no se ha valorado adecuadamente. En consecuencia, además de la feminización de estas tareas, también existe la imposición de lo materno sobre todos los cuerpos femeninos, ya que esta relación que hay entre los roles del cuidado y el maternaje, es independiente a todo lo biológico de la maternidad. Es decir, estas imposiciones e imaginarios son asignados a las mujeres tengan o no hijos. Así mismo, aunque estas responsabilidades recaen sobre todas las mujeres y en general esto dificulta su ocupación en los espacios de toma de decisiones, aquellos que por la importancia de las tareas realizadas deberían ser meritorios de ocupar, la forma en la cual lo hacen no lo es. La lista de responsabilidades intransferibles se hará más larga o corta según las condiciones de clase y raza. Es decir, las condiciones socioeconómicas y socioculturales también afectan la distribución de estas responsabilidades. Por lo cual es usual, que las encargadas de las tareas sean mujeres pertenecientes a los grupos más vulnerables de la sociedad. No porque las tareas sean denigrantes, por el contrario, porque son causadas por la falta de garantía y la vulneración a los derechos. Es así, como cuanto más las mujeres tengan las condiciones para que otras mujeres se encarguen de sus tareas, más sencillo será su acceso al área pública de la sociedad. Estas anotaciones no se realizan con el ánimo de satanizar estas tareas, ya que nuestra idea principal es destacar la importancia de estas labores en el cuidado, respuesta y defensa del territorio de las afectaciones del cambio climático. Por lo tanto, lo que se intenta, es visibilizar el panorama completo, ya que aun cuando destacamos la importancia de estas tareas, invitamos a verlas como un acto de resistencia, defensa y liderazgo, que debe ser remunerado o exaltado como es debido. Más no romantizado y silenciado como se viene haciendo. Ya que seguir comprendiendo todas las labores que conforman la economía del cuidado, como responsabilidades por excelencia de las mujeres y “ayudas” insignificantes para el sustento del hogar. Solo da como resultado que exista una dualidad incompatible entre ser buenas líderes y buenas mujeres. “Ya que en un mundo donde los líderes son los que dicen y no los que hacen. Otros, ocuparán los espacios de discusiones del cambio climático, para hablar de cómo mantener los campos verdes, mientras que las mujeres en la casa se quedan regando las plantas, repartiendo los alimentos y cuidando a los niños y ancianos, para que ese campo pueda mantenerse verde y los otros puedan liderar”.


Buenas lideres vs buenas mujeres


"Cuando la violencia golpea nuestros territorios y comienza a asesinar todo lo que conocemos y nos importa, no hay más opción que resistir e intentar defenderlo aún con la propia vida. Y lo he logrado. Soy una buena líder, llevo más de 10 años luchando por mi territorio y hemos logrado cosas importantes. Nadie puede dudar de mi temple para enfrentar la lucha. Pero, eso tiene costos, unos muy altos. Principalmente las amenazas que han llegado a la puerta de mi casa y una vez casi me logran matar. Pero no solo soy líder, también soy mujer, esposa y madre y estos roles llevan muchas responsabilidades que uno debe asumir, más de lo que se supone que uno debería estar haciendo y eso es lo que me han hecho sentir durante esos años. Sé que mis mujeres me necesitan, yo represento sus intereses, comparto sus dolores. Pero algunos hombres y personas de mi familia piensan otra cosa. Piensan que soy una mala madre y que soy una mala esposa. Por estar en todos lados menos en mi casa. Yo no lo entiendo así, porque al final si yo lucho es para que mi hijo pueda vivir en paz. Pero para ellos soy un problema, una entrometida, una mala mujer. Justo eso me dijeron los hombres que me hicieron el atentado, que eso me pasó por estar metiendo mis narices donde no debía, que mejor me fuera a cocinar... Lideresa wayuu


Nuestras sociedades están construidas sobre imaginarios. Son imágenes configuradas como si fueran leyes universales, que se encargan de clasificarnos y formarnos en lo que deberíamos ser. Estos imaginarios se sostienen con los roles de género, diferenciaciones de clase o raza, así como también la edad, entre otros calificativos sociales. A las mujeres se les asigna un sinfín de tareas y pautas a cumplir para ser consideradas buenas mujeres. Estas comienzan a regir de manera inconsciente desde el punto cero de la crianza. Es así como se nos educa para poseer ciertas cualidades, actitudes, deseos y aspiraciones, y para ocupar espacios que nos permitan encajar en este molde. La influencia de los valores judío-cristianos en nuestra sociedad ha determinado esta imagen, representada por la "pulcritud", "virginidad" y "bondad" que caracteriza las representaciones de la virgen María, y se construye este ideal como el molde por excelencia para la construcción de buenas mujeres. Las mujeres deben ser abnegadas y sacrificadas por el bien común, deben ser obedientes, cariñosas, bondadosas, carismáticas y recatadas, para ser consideradas buenas hijas, esposas y, eventualmente, buenas madres. Estos ideales no están construidos sobre adjetivos negativos, sino que están adornados con tanta excelencia que distraen a las mujeres de los espacios educativos, laborales y de poder que poco a poco han logrado alcanzar con la lucha por la equidad de género y la liberación femenina. Cuando las mujeres son juzgadas o evaluadas en distintos ámbitos, incluyendo la cotidianidad de sus hogares y sus espacios privados, estas labores de cuidado y capacidades redentoras vuelven a estar en juego. Cuando mujeres como nuestras protagonistas se enfrentan a la lucha por el liderazgo social, ambiental y político en sus territorios, no solo se encuentran con las dificultades causadas por las violencias que sufren los territorios y los riesgos que enfrentan los líderes por los entes armados que luchan por la tierra en Colombia, sino que también deben cargar con problemáticas específicas en relación con la no dualidad entre los imaginarios y actitudes adecuadas para las mujeres y los líderes.


De un líder se espera que sea decidido, arriesgado y objetivo, actitudes relacionadas con el imaginario masculino. Cuando las mujeres adoptan estas actitudes para enfrentar sus tareas de liderazgo y defender sus proyectos, son calificadas con adjetivos negativos como violentas, histéricas e irracionales, o en el sentido contrario, románticas y subjetivas. Además, a las mujeres se les pide que, por un lado, no lleven las problemáticas del hogar al área laboral, sin contar con las condiciones para que ambos escenarios sean equitativos entre hombres y mujeres, mientras que, por otro lado, se les exige que no abandonen las tareas del hogar y todas esas obligaciones no remuneradas que cargan solo por ser mujeres. Se espera que sean responsables de sostener la "calidad" de sus vínculos con familiares, amigos y parejas."


"¿Cómo se lucha contra tantas violencias al mismo tiempo?

"Siempre nos han dicho que la casa es nuestra, de las mujeres, entonces no sé por qué les resulta extraño que seamos nosotras quienes salgamos a defenderla, o que seamos las más perjudicadas cuando la tierra, que es nuestra casa, muere. Éramos felices antes de que llegara la palma y arruinara todo. Mis ancestros tomaron esta tierra hace muchos años, con ella construimos nuestras formas de vida. Pero cuando la tierra comenzó a secarse, ya nada fue igual. ¿Cómo íbamos a seguir sembrando en nuestros patios, nuestras plantas medicinales y cosechando nuestro pan, si nos bloquearon el agua para su beneficio? Nos han dejado en sequía y cenizas. No se conformaron con violar nuestra tierra, también incendiaron nuestros cultivos, asesinaron a nuestros líderes, violaron a nuestras mujeres y enfermaron a nuestros niños y ancianos. Y nadie hace nada. Porque somos negros, pobres y sin títulos, y ellos tienen los contactos y las armas que nosotros no." Lideresa, consejo comunitario Rincon guapo Loveran

Es que cuando se dice que las condiciones problemáticas son muchas, no solo me refiero a lo complejo que es describir el territorio del Caribe colombiano en pocas páginas, ni sus culturas y cómo varias de ellas comparten y se enfrentan en cortas distancias, sino también a cómo ser un líder defensor de la vida y la protección del territorio del extractivismo no solo consiste en ser un protector del ambiente, sino también un defensor de múltiples luchas sociales que convergen y se entrelazan en un mismo ser por una serie de connotaciones sociohistóricas. Además, es necesario precisar cómo estas poblaciones no se enfrentan a estas múltiples luchas por placer o decisión, sino más bien como única opción para proteger la vida y resistir ante la lucha por un futuro mejor.

La lucha por los derechos femeninos, para defendernos de todas las formas de violencia, sea llamada desde el feminismo o no, por ser mujer, la lucha por el territorio, tanto contra las afectaciones del cambio climático como contra los entes en guerra y el derecho a la posesión de la tierra que flaquea y por el cual se puede dejar la vida en buscar protegerlo, por ser pobre, en compañía del estigma que ayuda a ocultar todos los atropellos vividos, en función de cómplices, a causa del racismo y la xenofobia. Son en general las luchas compartidas que vivimos las mujeres en el Caribe colombiano por la defensa de la tierra y la pelea por nuestros liderazgos en ella."

En conclusión, los relatos compartidos aquí reflejan la complejidad de las luchas territoriales y de género en contextos como el Caribe colombiano. Desde la defensa del territorio hasta la resistencia contra las diversas formas de violencia, las mujeres se encuentran en la encrucijada de múltiples batallas que entrelazan lo ambiental, lo social y lo político.

Se destaca cómo las mujeres líderes se enfrentan no solo a las amenazas externas contra sus territorios, sino también a la discriminación y los estereotipos de género arraigados en la sociedad. A menudo, su compromiso con la protección del medio ambiente y la comunidad se ve cuestionado, socavado por expectativas sociales poco realistas sobre lo que significa ser una "buena mujer".

La interseccionalidad de estas luchas resalta la necesidad de abordar las inequidades estructurales que perpetúan la opresión y la exclusión. Es fundamental reconocer y valorar el papel crucial que desempeñan las mujeres en la defensa de sus territorios y comunidades, así como abordar las barreras sistémicas que enfrentan en su búsqueda de justicia y equidad.

En última instancia, estas narrativas subrayan la urgencia de construir sociedades más justas e inclusivas, donde todas las personas, independientemente de su género, raza o estatus socioeconómico, puedan gozar de sus hogares y entornos naturales, sin tener que ser zonas de sacrificio.

Notas de la ponencia:

La información casi en su totalidad pertenece a entrevistas realizadas  por mi  e información recogida en los trabajos de campos previos al proyecto foro cambio climático en el sur global, realizado por la ORALOTECA en la universidad del magdalena en el mes de febrero del 2023. Como asistente de investigación de dicho proyecto y parte del comité organizador y dinamizador del foro tengo autoría y autorización sobre  toda la información suministrada  

Se acordó por prevención y cuidado de la integridad y privacidad de las involucradas, solo mencionar los movimientos que representan mas no sus nombres de pila, ya que la finalidad del escrito es reflexivo y divulgativo tampoco es necesario de citarlas explícitamente para cumplir con el cometido del texto.

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25.Nueva amenaza a lideresa Wayuu - Yasmin Romero Epieyuu - Partido Comunista Colombiano (pacocol.org)

Fuentes de la ponencia

1.informes erosión de playas foro cambio climático en el sur global. recuperado de  https://repositoriooraloteca.unimagdalena.edu.co/handle/120220525/382

2.informes dimensiones socioambientales taller previos al foro cambio climático en el sur global 

recuperado de https://repositoriooraloteca.unimagdalena.edu.co/handle/120220525/454