Co-investigar con niñxs en Carcova: aproximación afectiva a las estrategias metodológicas

SP.50: Nuevos desafíos para la antropología de las infancias a partir de las investigaciones e intervenciones antropológicas sobre y con niñes en América Latina.

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Florencia Gastaminza UNSAM
Luna Vitale
Rocio Fatyass UNVM CCONFINES CONICET

Introducción

En la presente ponencia nos proponemos abordar procesos de investigación con niñxs desarrollados en la organización “Rebeldes de Carcova” (RC en adelante), en el barrio popular “Carcova”, partido de San Martín, provincia de Buenos Aires, durante el año 2023. En particular, reflexionamos sobre nuestras relaciones afectivas con lxs niñxs participantes del proyecto y acerca de las acciones, negociaciones y tensiones intergeneracionales desplegadas durante las actividades de investigación. 

La investigación con el grupo de RC se enmarca dentro del equipo “Infancias, juventudes y familias. Transformaciones sociales, crisis del cuidado y proyectos de futuro en escenarios pos-pandemia” (PIP-PICT), integrado por docentes, becarixs e investigadorxs de distintas disciplinas, en su mayoría mujeres. El mismo tiene como propósito contribuir al conocimiento social sobre los cuidados al explorar las experiencias cotidianas de niñxs y jóvenes en espacios domésticos, comunitarios e institucionales en áreas urbanas y periurbanas vulnerables de la Región Metropolitana de Buenos Aires. Por medio de la indagación buscamos comprender las prácticas, vínculos y formas de participación ligadas a los cuidados que ellxs despliegan hacia otrxs y de los que son “objeto”, junto con los sentidos que elaboran sobre estas experiencias. Asimismo, nos interesa dar cuenta de los conflictos, tensiones intergeneracionales y de género que se dan en cada espacio, los discursos y estrategias que les dan sentido, y cómo ellas se enlazan en la construcción de proyectos vitales y sentidos de futuro.  

Para llevar adelante el trabajo de campo, explorar colaborativamente y comprender las perspectivas y los significados sobre los cuidados de RC, realizamos durante cinco meses (de abril hasta agosto) talleres semanales, diseñados a partir de tres ejes: qué son los cuidados, cómo se cuida en las familias y cómo es el cuidado en el barrio. Las actividades rondaban alrededor de propuestas lúdicas, de realización de collages, de creación de narraciones, fotografías, mapeo colectivo, entrevistas de corta duración entre pares y dirigidas a adultxs, diálogos y debates, indagación de las historias familiares, sistematización de las experiencias en contexto de pandemia, entre otras propuestas. 

Desde escenas etnográficas, en esta ponencia nos preguntamos cómo nuestras intervenciones y los vínculos de cercanía configuraron sentidos y relaciones de participación y de cuidado en lxs niñxs y entre ellxs y nosotras, de maneras que no podrían hacerse significativas por fuera del encuadre metodológico, ético y político de la investigación. 

A modo de contextualización indicamos que “Carcova” es un barrio popular ubicado en la contaminada cuenca del río Reconquista, en la localidad de José León Suárez, municipio de San Martín de la provincia de Buenos Aires. Es la villa más antigua y densamente poblada por flujos migratorios internos (Desalvo, 2020). El barrio se extiende aproximadamente por unas veinte manzanas desiguales en su densidad, hacinamiento y tamaño. A poca distancia se encuentran los predios de relleno sanitario de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE), la estación cabecera del ramal José León Suárez del tren Mitre y la unidad n°47 del complejo penitenciario San Martín. La población de “Carcova” es joven y dinámica con una buena parte de migración interna proveniente sobre todo de tres provincias argentinas: Chaco, Formosa y Santiago del Estero. Más de la mitad son niñxs y adolescentes y tiene un porcentaje relativamente bajo de jóvenes de entre 18 a 25 años. Se encuentra delimitada por la calle Beltrán, las vías del ferrocarril Mitre, “el zanjón” y la calle Combet. Lxs chicxs de RC dicen que “Carcova” tiene distintas partes: “la canchita Cimet”, “la canchita de los Boli”, “el zanjón”, “el fondo” y “la parte de las vías”.

RC está conformado por un grupo de niñxs y jóvenes, entre 9 y 17 años, que desde el año 2017 se reúnen mediante asambleas con sus educadoras y, a partir de diversas inquietudes singulares y colectivas, van desarrollando talleres y actividades lúdicas, sociales, culturales y educativas desde su participación activa. A lo largo de estos años lxs niñxs fueron creciendo, teniendo intereses distintos y mudanzas de espacios, también el grupo se fue modificando. Al día de hoy, van dos generaciones de RC, dos grupos distintos que de maneras propias cuestionan las lógicas adultocéntricas de la sociedad. Actualmente se reúnen en un espacio comunitario llamado “La Casa de la Rebeldía”.

Para desarrollar el análisis en esta ponencia nos enfocamos en las prácticas de lxs niñxs y en las relaciones intergeneracionales con el equipo de investigación. En términos metodológicos utilizamos principalmente notas y registros de campo realizadas por lxs integrantes adultxs de la investigación. 

Estructuramos el trabajo comenzando con un apartado teórico que se centra en las implicancias y desafíos de investigar con niñxs (Milstein 2008, 2010; Szulc, Hecht, Hernández, Leavy, Varela, Verón, Enriz y Hellemeyer 2009). Desde el feminismo queer y los nuevos materialismos, dialogamos con estudios que señalan la importancia de “des-centrar” a lxs niñxs en las pesquisas para asumir un punto de vista relacional e incluso “disperso” sobre aquello que produce y que desborda la praxis de investigación (Spyrou, Rosen y Cook, 2018). 

Luego, situamos e interpretamos las propuestas, afectividades, negociaciones y tensiones intergeneracionales en tres escenas propias del trabajo de campo: antes de comenzar las actividades, al inicio de las mismas y durante su desarrollo. 

A modo de reflexión final, señalamos que en la investigación con niñxs aquello que “desborda” y “desordena” contribuye a la producción de saberes situados y forma parte de la investigación relacional participativa. En definitiva, desde esta aproximación afectiva a las estrategias metodológicas buscamos aportar a un campo de debates sobre la participación de niñxs en los estudios sociales indicando que el conocimiento es emocionalmente sentido, co-construido y disputado y que las afectaciones pueden ser recursos interpretativos (García Dauder y Ruiz Trejo, 2021; Ahmed, 2017), en este caso, para rastrear emergentes sobre el cuidado y el cuidar. 


Perspectivas sobre el lugar de lxs niñxs en procesos e investigaciones sociales

En este apartado reunimos una serie de enfoques vinculados con definiciones sobre lxs niñxs en los estudios sociales y en especial en torno a su implicación en procesos de investigación en las últimas décadas. 

De manera introductoria sistematizamos aportes centrados en la voz, la agencia, la participación y el protagonismo infantil en investigaciones “con” niñxs, no simplemente “sobre” ellxs. Asimismo, nos enfocamos en discusiones desde la socio-antropología, los nuevos materialismos y feminismos queer que dialogan en los estudios conocidos como “After Childhood” dentro del campo de la infancia. 

En los últimos cuarenta años, varias investigaciones desde el Sur Global subrayan que lxs niñxs intervienen activamente en procesos sociales, políticos y científicos. En este contexto, es posible recuperar los trabajos de Liebel (2000) y Cussiánovich (2007) quienes denuncian el adultocentrismo (Duarte Quapper, 2012). Los mencionados autores adscriben en especial al paradigma de protagonismo infantil que plantea la necesidad de refundar la relación niñx-adultx y destacan a lxs niñxs como sujetos políticos y como racionales y competentes para dar a conocer sus formas de vida. Esta tradición académica y militante comenzó a postularse en América Latina en conjunto con la experiencias de distintas organizaciones sociales y políticas de niñxs y adolescentes, como lxs NATs -niñxs y adolescentes trabajadorxs-. En esta dirección, la participación ya no se reduce a una función instrumental pues la noción de protagonismo coloca a lxs niñxs como actorxs en la producción de procesos sociales, políticos y académicos, y no como meros ejecutorxs (Magistris y Morales, 2018).

Dentro de los desafíos de la investigación protagónica, estos enfoques ponen en discusión una serie de diseños distinguiendo, por un lado, la investigación “sobre” niñxs donde estxs permanecen como objetos bajo la mirada y la decisión adulta, por otro, la investigación “con” niñxs donde ellxs emergen como colaboradorxs de las propuestas de lxs adultxs y, por último, las investigaciones “encabezadas por niñxs” que comprometen sustancialmente las prácticas y las perspectivas infantiles (Liebel, 2007; Liebel y Markowska-Manista, 2020). De tal manera, se indica que muchos trabajos se autodenominan participativos y centrados en lxs niñxs pero lxs incluyen de manera marginal o simbólica, en la mayoría de los casos introduciendo a lxs niñxs como informantes clave y/o sólo en algunos momentos del proyecto, como en la aplicación de instrumentos metodológicos construidos por lxs adultxs, quienes dirigen las instancias de producción, interpretación y escritura de los datos. Estas discusiones visibilizan desde procesos situados la relevancia de lxs niñxs en las investigaciones sociales, su politización y su capacidad de organización para luchar por sus derechos (Alfageme, Cantos y Martinez, 2023).

No obstante, consideramos que esta “escalera de la participación” (Hart, 1992) para arribar al protagonismo infantil, en parte, imposibilita reconocer los conflictos entre grupos y generaciones que son inherentes a las prácticas sociales y que asumen formas particulares en la investigación. En algunas de las lecturas antes indicadas las perspectivas infantiles permanecen separadas de las adultas y de las intervenciones tecnocientíficas, y se sugiere que hay un camino para captar con “plenitud” las demandas y preocupaciones de lxs niñxs. Cabe destacar que hay quienes postulan que bajo el paradigma de la participación no se trata de crear una niñocracia (Morales y Magistris, 2018). De igual modo, el foco continúa puesto en la diferencia generacional “con sus propias características, identidades y modos de ser” (Morales y Magistris, 2019: 16), y no en los efectos que provocan estos límites incluso bajo formas de poder que permanecen (Haraway, 2021; Preciado, 2006). 

En este sentido, hay experiencias de investigaciones colaborativas con niñxs que lxs incluyen sólo en diferentes partes del proceso, ya sea, en la construcción y aplicación de encuestas y en entrevistas dirigidas a ellxs u otrxs, en el desarrollo del registro etnográfico, en la interpretación y en el informe escrito. En algunos casos las infancias no se interesan por formar parte de todos estos momentos y/o no logran ser incluidxs, empero las conclusiones de los proyectos producen datos significativos sobre la vida de lxs niñxs y sus puntos de vista (Estupiñan, 2014; Monnet, Camponovo y Moody, 2020). En diálogo con estas experiencias y en el ejercicio de nuestra investigación creemos necesario examinar cómo contribuimos a la producción de la propia condición infantil y adulta, a partir de enredos generacionales, éticos, morales, políticos, afectivos y metodológicos que causamos cuando investigamos en relación con niñxs. 

Otros estudios de corte socio-antropológico señalan que lxs niñxs participan de la vida social y en las pesquisas no sólo desde sus discursos, intenciones políticas y de maneras excesivamente específicas. Bajo procesos sociales complejos y ambivalentes, lxs niñxs son agentes sociales (Pavez Soto y Sepúlveda Kattan, 2019; Frasco Zuker, Fatyass y Llobet, 2021) que logran movilizar demandas, coordinar acciones con otrxs y actuar de manera subrepticia, activa e inventiva (Szulc, 2019; Fatyass 2023), formando parte y re-elaborando los diseños investigación. Estas prácticas infantiles no se agotan en una narrativa o en un cuestionamiento explícito y verbal y se producen intergeneracionalmente. Bajo esta línea, se menciona que la etnografía y la construcción de vínculos de cercanía son dimensiones centrales para recuperar cómo actúan, piensan, perciben y sienten lxs niñxs acerca de la realidad de la que forman parte, sin caer en un abstraccionismo etario y en una retórica militante sobre el “deber ser” en el trabajo con las infancias (Milstein 2008, 2010; Szulc, Hecht, Hernández, Leavy, Varela, Verón, Enriz y Hellemeyer, 2009).

Estos últimos señalamientos ponen en cuestión las aspiraciones de encontrar una voz infantil precisa y discuten con las expectativas de desarrollar investigaciones “con niñxs” libre de controversias y meramente lideradas por ellxs (Fatyass y Casella, 2023). Con similar énfasis, Llobet (2014, 2021) e Ibarra y Vergara del Solar (2017) expresan que la voz de lxs niñxs se construye en contextos socio-históricos, institucionales y relacionales que son inherentemente co-producidos, conflictivos y disputados, como lo son los procesos de investigación social. Por tanto, en nuestro trabajo en “Carcova” recuperamos e interpretamos las voces de lxs niñxs y sus experiencias de cuidado desde las particularidades del diseño metodológico y teniendo en cuenta aquello que causamos a partir del diálogo, los vínculos y las negociaciones entre ellxs y nosotras. Antes que asumir definiciones “per se” sobre lo que hacemos, entendemos que nuestra praxis, instrumentos y las relaciones afectivas con lxs niñxs des-bordan nuestras intenciones y preguntas iniciales y re-configuran lo que buscamos y podemos conocer. 

Justamente, otros académicos que integran los “After Childhood” (Spyrou 2017; Spyroum Rosen y Cook, 2018; Horton y Kraftl, 2017; Kraftl 2020; Taylor, Pacini-Ketchabaw y Blaise, 2020) han indicado recientemente que el “niño agente” puede sonar vacío cuando se presenta como algo dado o una verdad a descubrir. El niñx construído y conocedor de “su mundo” puede actualizar relatos teleológicos sobre qué son lxs niñxs, desalentando la investigación sobre cómo las múltiples escalas y enredos entre actorxs de distinto tipo delinean lo que lxs niñxs hacen, cómo afectan y son afectadxs. 

Estos estudios críticos y especulativos proponen “des-centrar” a lxs niñxs (y a los humanos en el análisis) a través de una ontologización relacional para identificar los vínculos entre grupos, generaciones e incluso con especies no humanas que rodean y exceden a lxs niñxs. Desde el giro ontológico y poshumano, emerge entonces el desafío de pensar: “¿cómo pueden los estudios de la infancia ir más allá de su preocupación actual, limitada y limitante del niñx independiente, monódico y agente sobre el que parece descansar su propia identidad como proyecto?” (Spyrou, Rosen y Cook 2018: 19 -la traducción nos pertenece-). En principio, esto pone de manifiesto que la voz y la agencia de lxs niñxs es “más que infantil” y que su capacidad social y política para hacer y marcar la diferencia y para formar parte activa en proyectos de investigación es intersticial, en ocasiones opaca y está necesariamente dispersa en una trama de relaciones, espacios y tiempos (Fatyass, 2023a). 

Con estas lecturas indicamos que lxs adultxs y sus posiciones (de clase, género, edad, entre otras) se introducen en el conjunto de la investigación, no simplemente como una figura reflexiva capaz de evaluar críticamente los sesgos, sino como una presencia enredada que tiene efectos de materialización, sociales y tecnocientíficos. En otros términos, nuestra implicación en la investigación, nuestras posturas epistemológicas y teóricas, nuestros métodos e instrumentos de indagación, nuestras afectaciones, deseos y expectativas, difractan (Haraway, 2022), en el sentido que co-producen, las actuaciones de lxs niñxs de maneras que no podrían hacerse significativas fuera del conjunto de investigación en particular (Fatyass, 2023a). Desde estos lentes, no se trata solamente de generar las condiciones para una investigación “dirigida” por las infancias y lograr dar lugar a sus voces, sino de repensar el carácter relacional en los estudios sociales y de reflexionar activamente sobre lo que causamos en el encuentro con lxs niñxs. Desde estas afirmaciones consideramos no sólo el carácter construido (y desigual) en el acto de investigar, sino su multiplicidad e interdependencia. 

A continuación, complejizamos estos antecedentes desde el proyecto en “Carcova”, para aportar a una lectura parcial, relacional y sentida (Haraway, 1995) acerca de la participación infantil en nuestra pesquisa sobre infancias y cuidado. Nos detenemos en las estrategias metodológicas, implicaciones y afectaciones que tuvieron lugar durante el trabajo de campo a partir de analizar nuestros registros etnográficos. 


Investigar con niñxs en “Carcova”:  un primer acercamiento etnográfico 

A continuación, compartiremos tres escenas del trabajo de campo de nuestra investigación con niñxs acerca del cuidado, enfocando en los vínculos afectivos y en los procesos metodológicos desde un lente etnográfico. Nos detendremos en las siguientes situaciones: 1. En búsqueda de las investigadoras; 2. ¿La previa de la actividad?; y 3. Durante: entre adentros y afueras. Estas escenas fueron seleccionadas porque, en primer lugar, esbozan una viñeta temporal y espacial de lo que representaba un día en el “Taller de cuidados”. Si bien cada vez se desarrollaba una dinámica, propuesta y clima diferente, lo que situaremos aquí son insistencias que se reiteraban con frecuencia en cada encuentro. En segundo lugar, dan cuenta del despliegue de afectividades, negociaciones y sentidos tensionados que causamos cuando investigamos, en el marco de las relaciones intergeneracionales. 


1. En búsqueda de las investigadoras

“Yo no la conocía… a la otra Nati sí”


Los talleres fueron realizados los días martes y viernes en “La Casa de la Rebeldía”. Éramos 6 investigadoras quienes asistíamos al campo de forma rotativa. Una de nosotras, Camila, tenía una doble inscripción institucional: no sólo integrante del proyecto de investigación, sino también educadora de lxs RC. Ella coordinaba y organizaba nuestra llegada al barrio, lo que consistía en varias tareas: asistir previamente para abrir el lugar, convocar y recibir a lxs chicxs para el taller y, a su vez, irnos a buscar en su auto cerca de la parada del tren.

El hecho de irnos a buscar se fue constituyendo en una actividad privilegiada para lxs niñxs porque representaba un paseo, la ida en auto, elegir y escuchar música, además de la expectativa de conocer a las investigadoras. Había que definir quiénes iban a ir cada vez, pues los lugares eran limitados. Se configuró así una suerte de rutina con pocas variaciones: mismo horario, mismo lugar, diferentes investigadoras para recoger, diferentes niñxs asignadxs para eso.

Nos esperaban fuera de una cafetería o en la estación de tren, como punto de encuentro. El recibimiento para ingresar al auto transmitía entusiasmo y alegría. Nos saludaban, nos decíamos nuestros nombres y comenzaba la conversación. Esos 10 minutos de duración del viaje no sabían nada sobre el silencio, pues los diálogos se extendían hasta llegar o la música sonaba a todo volumen. Los temas eran espontáneos y giraban en torno a ellxs y nosotras: qué estaban haciendo y qué hicieron previamente, qué les gustaba hacer, cuánto habíamos tardado en llegar hasta ahí. Solíamos repasar si ya nos conocíamos: eran muchxs para nosotras y para ellxs también: “¡No! Yo no la conocía”, “Ah, a la otra Nati sí”.

También, otro tópico estaba marcado por la complicidad con Camila y el tono era diferente. No sólo de curiosidad, sino que parecían disfrutar de bromear y cargarla, dando cuenta de diálogos más parecidos a la amistad y propios de conocer aspectos de las vidas cotidianas de cada unx. 

Al llegar al barrio, solían señalarnos dónde vivían, negocios preferidos y lugares que conocían, entre otros comentarios. El paisaje cambiaba desde la zona céntrica donde se ubica la parada del tren, hasta “Carcova”. Hacia arriba, los cables cruzados y apilados parecían puentes entre vereda y vereda. Hacia abajo, el piso de tierra y asfalto era caminado por perros y vecinxs que parecían resultar conocidxs de todxs. Camila y lxs chicxs solían ir saludando. Hacia los costados, cada manzana contaba con callecitas internas y pasillos, que conducían a otras viviendas.

Una de las señales de que habíamos llegado era arribar hacia la calle Maipú, que se cortaba hacia el final dibujando una “T”. Hacia la izquierda, comenzaba la calle “Libertad” y, hacia la derecha, empezaba un pasillo con múltiples viviendas. El espacio de RC estaba en ese recobeco sobre calle Maipú antes de llegar al pasillo, y se presentaba como un galpón, con pañuelos blancos pintados en el piso, que simbolizan la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. Por dentro, las paredes decían que era un espacio de y para lxs chicxs: pintadas, dibujos, palabras y frases. Fundamentalmente, primaban sus nombres. Esos nombres de lxs que estuvieron alguna vez -la primera generación de RC- y de lxs que están ahora. Además, lo que ocupaba mayor espacio era su bandera, hecha por ellxs, en el centro de la pared izquierda. La disposición del lugar, de un solo ambiente, se dividía en sectores: para guardar cosas, para preparar la merienda y utilizar la mesa, el sillón, y los juguetes de lxs más pequeños. 

Bajar del auto en esta calle también tenía ese tinte de alegría general. Quienes estaban afuera, se acercaban a saludar e ingresaban. Otrxs, ya adentro, se sumaban al afectuoso saludo. Comenzaban las preguntas, análogas al recibimiento del auto, que denotaban curiosidad y giraban en torno a cómo se llamaba “esa investigadora”, si era la misma que la anterior, por qué hablaba distinto en relación al tono de voz, cuántas investigadoras eran llamadas iguales, de dónde venían, dónde quedaba ese lugar, en qué medios de transporte habían llegado y cuánto habían tardado. Mostraban sorpresa al escuchar los kilómetros y los lugares diferentes a los que pertenecían. A su vez, identificaban características que no habíamos mencionado y las enunciaban, a partir de sus observaciones, por ejemplo, de los accesorios de vestimenta: “Ah, ¿sos de Boca?” Eso era seguido por la distancia o el acercamiento a los rasgos de las investigadoras: “¡Yo también!”, “¡Fuira Boca!”, “¡Yo soy de Chaca!”, eran respuestas frecuentes. Asimismo, el aspecto físico también era un recurso para identificar quién era quién: “¿la de rulos no viene?”

Además, en ese momento, Camila alentaba a que cuenten qué habían hecho ese rato previo a que llegáramos. 

Al detenernos en estos tiempos anteriores al inicio de la actividad, podemos identificar varias cuestiones que hacen a la dimensión afectiva: la apropiación de “ir a buscar a las investigadoras” como un evento privilegiado de la actividad; el reconocimiento recíproco y no simétrico de lxs niñxs y las investigadoras; nuestras presentaciones según lo que creíamos pertinente compartir y sus preguntas que ampliaban lo que habíamos elegido contar; la búsqueda de parecidos o diferencias entre las investigadoras que no entendían como una “masa homogénea”; nuestras dificultades y esfuerzos también para identificar a cada unx en su singularidad; la mezcla de nombres; la construcción paulatina de la confianza y de los vínculos, algunos emergentes, otros sostenidos en el tiempo. Desde aquí destacamos que el conocimiento no sólo es producido y disputado como veremos en los siguientes apartados, sino situado y sentido.  

 

2. ¿La previa de la actividad?

“¿cuándo vamos a investigar?”


Tras dicho primer momento de presentación, teníamos que empezar con la actividad previamente planificada a partir de nuestras propuestas. Solíamos llegar a las 18 horas los días martes y viernes, y nos íbamos a las 20 horas. Como equipo de investigación planeábamos semana a semana las actividades, sobre un calendario previamente esbozado. Las variaciones las definíamos según el clima grupal, recepciones de lxs niñxs y emergentes luego de cada encuentro, de los que íbamos tomando registro en nuestros cuadernos de campo. Nos preocupaba hacer lugar a sus intereses y demandas y a nuestras preguntas de investigación sobre el cuidado en niñxs. Sin embargo, nuestras expectativas iban tomando diferentes cursos. 

Empezar con la actividad tenía como primer ítem repasar lo que habíamos hecho la vez anterior y compartir la consigna del día. Para llegar a esto teníamos varias dificultades, algunas veces más acentuadas que otras. Por un lado, Camila “los traía”: recordaba que estábamos en el “Taller de cuidados” y proponía pensar qué habíamos hecho el día anterior en ese marco. Desde nuestra perspectiva este “encuadre” estaba reforzado por las credenciales que lxs identificaban como “co-investigadorxs” y el cartel en la puerta titulado“Taller de cuidados” que nosotras habíamos preparado. No obstante, esto duró los primeros encuentros. 

El comienzo de la actividad era demorado por lxs niñxs y solía derivar en enojos. Primero, se presentaba la dificultad de recapitular lo anterior y enunciar la consigna. Esto requería, según nuestra demanda, silencio y atención. Por contrapartida, el ruido y la distracción estaba dado por el problema de poner un corte en la continuidad de su día, dentro y fuera del espacio de RC. La consigna y comenzar con la actividad implicaba poner una pausa en lo que venían haciendo y hablando. De este modo, para nosotras el inicio suponía ese “estar ahí”: armar otro tiempo y espacio que demandaba ciertas disposiciones cognitivas y vinculares. Mientras tanto, como investigadoras estábamos atravesadas por la ansiedad de comenzar lo más rápido posible para ejecutar lo planificado de forma completa y cumplir con nuestro calendario. De tal modo, las maneras de vivenciar el tiempo eran diferentes para ellxs y nosotras. 

Segundo, el comienzo de la actividad era tensionado por las formas de recepción de la consigna. En algunas ocasiones apelaban a comparaciones escolares y, en otras, algunxs de ellxs preguntaban “pero, ¿cuándo vamos a investigar?”. Esto denotaba cierta distancia entre la expectativa que tenían y nuestra propuesta concreta, según las concepciones sobre investigar. Especialmente, esto ocurrió en los trabajos con afiches sobre qué entendemos por los cuidados y cuando insistíamos preguntándoles por cómo se cuidaban durante la pandemia. 

En este caso, las distancias entre las formas de vivenciar los tiempos, espacios y tareas ponen de manifiesto otras implicancias de investigar con niñxs. Por momentos, lxs niñxs identificaban al “Taller de cuidados” con “algo más” que ocurría en “La Casa de la Rebeldía”, del cual estaban apropiadxs. A la par, exigían con sus discursos, formas de circular o incluso un aparente desinterés que el equipo sostenga un espacio-tiempo diferente y un quehacer convocante. Ellxs y en especial nosotras, creíamos que aún no habíamos comenzado con “la actividad de investigación”, sin embargo, reflexionamos que estas disposiciones infantiles y cómo nos sentimos frente a ellas arrojan pistas sobre su vida cotidiana y representan desafíos ético-políticos y metodológicos en la investigación. 


3. Durante: entre adentros y afueras

“lxs más chiquitxs no entran”


Luego de presentarnos, saludarnos e introducir la consigna del día,  comenzaba el desarrollo de la actividad. Para las investigadoras era el núcleo fundamental de cada taller. Su realización dependía de construir lo que implicaba “estar ahí”. Esto estaba dado por constituir un “adentro” y un “afuera”, con las disposiciones necesarias para sostenerse “ahí” y no “en otro lado”. Según la planificación, el “adentro” del taller implicaba: integrantes, lugares, pasos, consignas, materiales, tiempos destinados a cada momento, y “roles”.

Sin embargo, ese “adentro/afuera” de la actividad se tornaba móvil, dinámico, cambiante y no era definido sólo por nosotras. Lxs niñxs se “enganchaban” en la actividad, se agotaban también, podían irse y volver, o irse y no volver. Lo que era leído por las adultas inicialmente como fuera del “encuadre” de la investigación presentaba dos aspectos. Por un lado, las distracciones múltiples parecían desenfocar la centralidad y consigna de la actividad. Por lo general, eran conflictos vinculares entre pares que, en algunos casos, nombraban una incomodidad y demandaban un límite, una terceridad o intervención del adultx. No cualquier adultx, sino el más cercano. Para ello, “¡Camilaaa!” era un llamado repetido. Lxs niñxs solían discutir por desacuerdos que surgían en “La Casa de la Rebeldía” o por otros asuntos de su vida familiar que entre ellxs conocían. Estos conflictos nos posibilitan acercarnos a la intimidad de sus familias y a los itinerarios propios del espacio compartido. Si bien en ocasiones demandan la intervención adulta, en otras insistían en que “ellxs se hablaban así” y que muchas de las cosas que se decían “eran chistes”, lo que demarcaba que allí había un código en el que el adultx no tenía por qué entrometerse. Asimismo, hoy podemos pensar que aquella armonía esperada devenía en “caos-acontecimiento”; en el sentido de aquello que no se puede anticipar, que escapa a toda predicción posible y produce sentido (Colectivo Filosofarconchicxs, 2018). Ese “caos-acontecimiento” significaba el desborde de la actividad planteada inicialmente.

Además, algunas propuestas se agotaban rápidamente y no lxs interpelaban. En efecto transmitían la sensación de hartazgo, por ejemplo, al hablar sobre los cuidados en la pandemia solían enumerarlos con gestos de aburrimiento. A priori, esto era interpretado por nosotras como aquello que “no funcionaba”. Sin embargo, estos emergentes que interrumpían, pausaban, aceleraban y enlentecían, eran parte del proyecto de investigación y de su movimiento. Incluso, conducían a construir otro ordenamiento que derivaba de allí: cambios en la disposición de los espacios, grupos y tareas, provocando nuevas maneras de conocer la vida de lxs niñxs y conocernos a nosotras mismas en el investigar con ellxs.

Ahora bien, en otras actividades como la bitácora, el movimiento que modificaba nuestro inicial “adentro/afuera” planificado, se presentaba como una recepción diferente a la pensada: la propuesta lxs atrapaba en exceso y ellxs mismxs extendían los tiempos asignados. Análogamente, el mapeo que consistió en dibujar un mapa de Carcova y ubicar espacios/personas que representaran cuidados para ellxs, lugares de no cuidados, y sitios de referencia del barrio, alargó el tiempo estipulado del “Taller de cuidados”, pues ellxs mismxs colocaron una intención perfeccionista y exigente en su realización con una alta pretensión de prolijidad que les demandó mucho más tiempo del previsto. 

Asimismo, desde los inicios del trabajo de campo lxs chicxs se posicionaron en las dinámicas y procesos de la actividad: “lxs más chiquitxs no entran”. Se referían a lxs niñxs de 3, 4, 5 y 6 años. Los comentarios tenían que ver con que con lxs chiquitxs “no se puede hablar, molestan y cansan”. Paralelamente, “lxs más chiquitxs” insistían en formar parte de ese “adentro”: Querían entrar, jugar y ser parte. Las negociaciones para mover los límites de ese “adentro/afuera” se daban cada vez: en cada taller y en cada momento. Por eso, algunos días lxs más chicxs directamente no asistían al espacio; pero otros, como el día de la realización de las bitácoras, se involucraron en la actividad. En algunas ocasiones, Camila armaba una actividad en paralelo “afuera”; en la vereda de “La Casa de la Rebeldía”.

De tal manera, lxs niñxs tuvieron una posición activa en definir ese “adentro/afuera” que desbordaba nuestros conceptos iniciales. Lxs niñxs no sólo opinaron sobre el cuidado, sino que se interesaron por perfeccionar sus producciones y mejorar sus destrezas. También disputaron un “lugar otro” para hacerlo en tensión con nosotras y otros pares, abriendo el mapa de sus intereses y de nuestras preguntas. 


Algunas reflexiones emergentes

A lo largo de esta ponencia nos propusimos caracterizar inicialmente nuestro proyecto de investigación, el territorio y espacio de RC en “La Casa de la Rebeldía”, y las actividades y los vínculos construidos con lxs niñxs, para realizar un primer acercamiento interpretativo sobre qué implica investigar en relación con otros grupos y generaciones y comenzar a abordar los itinerarios y perspectivas infantiles sobre el cuidado.

En principio, desarrollamos algunos antecedentes sobre cómo lxs niñxs han sido definidos socialmente y en los procesos de investigación, a lo largo del tiempo, en distintos contextos y en especial dentro los nuevos estudios sociales de la infancia. Indicamos que lxs niñxs producen formas de vida y conocerlas demanda des-centrarlxs para abordar las relaciones que tejen con otrxs, en este caso, con nosotras mismas. A la par, señalamos que nuestras implicancias y afectaciones no son meros sesgos a controlar y los procedimientos metodológicos simples recursos objetivos que permanecen idénticos en el espacio y tiempo, ambas dimensiones abordan relaciones y significados que deben ponderarse reflexivamente en nuestras pesquisas. 

En el desarrollo nos enfocamos en tres escenas etnográficas que nos posibilitan arribar a algunas reflexiones parciales. El apartado “En búsqueda de las investigadoras” antes de dar inicio al “Taller de cuidados” manifiesta que la distancia material y social entre lxs niñxs y nosotras está marcada por los lugares de residencia, las presentaciones corporales y las posiciones, en principio, generacionales y a causa de nuestras adscripciones profesionales e institucionales que tienen cierta heterogeneidad. De esa distancia brotan preguntas que generan vínculos, sin cancelar las diferencias. Ir a buscar a otrx es hacer lugar, seguirlo y tener algo en común (Latour, 2008). Así, vamos conociendo el barrio, “La Casa de la Rebeldía” y las vivencias de lxs niñxs. Este acercamiento no se produce en el “vacío”, está configurado por las conversaciones, las demandas de lxs chicxs que quieren participar en este recorrido y sus interpelaciones sobre quiénes somos, lo cual se enreda con nuestras contestaciones y nuevas interrogaciones. Ellxs parecen encontrar otras maneras de transitar (y nombrar) el lugar ante nuestra presencia: cuidar a la recién llegada es un itinerario que produce la propia investigación y al mismo tiempo es una dimensión a explorar.

El segundo apartado lo llamamos “¿La previa de las actividades?” para demarcar cierto espacio-tiempo de las tareas que desplegamos y cómo nos costaba comenzar con lo planeado según nuestras expectativas iniciales. No obstante, desde este escrito reflexionamos que ese momento es constitutivo de la investigación y no algo “aparte”. En este apartado intentamos dar cuenta de un espacio de negociación del proyecto y su redefinición dispersa, en el sentido que no se agota en un acuerdo entre lxs niñxs y nosotras fácil de identificar e instrumental. Nos demanda ética y políticamente “pensar con cuidado” (Puig de la Bellacasa, 2017) cómo sostener la investigación en relación con ellxs. 

Por último, en apartado final sobre el desarrollo de la actividad advertimos cómo el “adentro/afuera” de la misma presenta cierta ambivalencia. Las intervenciones infantiles provocan nuevas modalidades en el “Taller de cuidados” a veces “caóticas”, por lo acotado e intenso de los tiempos compartidos, la convivencia en el lugar y las relaciones inter e intra-generacionales. Desde aquí entendemos que investigar con niñxs no se agota en el plano representacional, en dónde ellxs simplemente nos deben decir qué piensan sobre el cuidado. Lxs niñxs expresan sus ideas, pero también demandan escribir, dibujar, pegar y cortar cosas que desbordan los asuntos del cuidado y lo hacen de manera superpuesta. A la par, “lxs más grandes” exigen hacer y estar sin “lxs más chiquitxs”. Estxs son familiares de lxs que suelen estar a cargo en el hogar y en el barrio, por ello RC y el “Taller de cuidados” configuran otros espacios que suspenden el desgano de cuidar a otrx. Siguiendo la noción de “caos” como lo que marca aquello que no es posible de anticipar, diremos que el caos-acontecimiento inaugura un lugar para que suceda algo nuevo, para que se produzcan múltiples sentidos (Colectivo Filosofarconchicxs, 2018). La potencia es “hacer hablar al des-orden”, habilitar la pregunta y la palabra, permitirse el desafío de nuevos “órdenes” multiplicados que ocurrían durante nuestro “estar ahí”.

De tal manera, afirmamos que el conocimiento no sólo es co-producido y disputado como vienen indicando varios antecedentes, sino también sentido e interdependiente. En el transcurso del “Taller de cuidados”, lxs niñxs cuidaron de nosotras y exigieron ser cuidadxs, de maneras que no podrían entenderse por fuera de las modalidades y lazos que fue provocando el proyecto. Como proponen los “After Childhood” lxs niñxs no son el centro de nuestras pesquisas, sino lo que hacen, causan y cómo son afectadxs en las relaciones con otrxs. Al investigar participativamente renovamos la dimensión relacional entre niñxs y adultxs.

Como líneas de indagación abiertas nos interesa -a futuro- poder profundizar en otras escenas etnográficas y derroteros durante y al finalizar el trabajo de campo. Nos resulta relevante indagar detenidamente en cómo nos sentimos como adultas e investigadoras en el transcurso del proyecto. Nos preguntamos entonces ¿qué otros sentidos surgieron acerca de los arreglos de cuidado? ¿Qué otras espacialidades y temporalidades prefiguran la investigación con niñxs?


Notas de la ponencia:

1.  El proyecto de investigación está dirigido por Valeria Llobet, coordinado por Pablo De Grande y Carolina Remorini, e integrado por las investigadoras Pilar Anastasía, Rocío Fatyass, Laura Frasco Zuker, Florencia Gastaminza, Analia Jacob, Florencia Paz Landeira y María Luna Vitale.

2.  https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-4-47-156

3. Las frases en cursiva y entre comillas reponen expresiones de lxs niñxs y categorías “nativas”. Otras acentuaciones sólo aparecen entre comillas. Por otro lado, utilizamos la primera y tercera persona del plural, pues dos de las autoras formaron parte del trabajo de campo y el grupo de investigadoras excede a la autoría de este escrito. Por último, vale aclarar que resguardamos todas las identidades personales involucradas.

Bibliografía de la ponencia

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