VULNERABILIDAD SOCIAL Y DESASTRES UNA MIRADA DESDE EL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO CONTEMPORANEO

SP.39: Etnografías de la/en la vida urbana: territorios, espacios públicos y vulnerabilidades sociales

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
miguel ángel cardona duque colpsic


 Resumen

Los desastres constituyen un cambio violento y masivo de las condiciones del entorno del ser humano. La manera como el hombre ha concebido históricamente su papel en el mundo, su relación con lo trascendente y su vinculación con el medio ambiente han condicionado la percepción y manera de obrar ante los desastres y el riesgo (Linayo, 2012; 40). El impacto de los desastres es más crítico en las zonas urbanas, por ser hoy las más densamente pobladas, (Vergara, 2011; 31).

América Latina es de las zonas más propensas a sufrir este tipo de situaciones, porque de acuerdo con el informe de las Naciones Unidas del 2010, “… es el continente más urbanizado del mundo con un 79,4% y muestra el grado más alto de metropolizaciòn con 43,5%” es decir, en 2010 viven aproximadamente 205 millones de personas en 62 metrópolis con más de un millón de habitantes. (Vergara, 2011; 31).

 

Palabras claves: desastres, vulnerabilidad, riesgo, gestión social del riesgo.

 

Summary
Disasters are a violent and massive conditions change human environment. The way the man has historically designed its role in the world, their relationship with the transcendent and its relationship with the environment have conditioned the perception and way of acting disaster and risk (Linayo, 2012; 40). The impact of disasters is most critical in urban areas, being today the most densely populated (Vergara, 2011; 31). Latin America is the most prone areas such situations, because according to the UN report of 2010, "... is the most urbanized continent in the world with 79.4% and shows the highest degree of metropolization with 43.5% "that is, in 2010 approximately 205 million people live in 62 cities with over one million inhabitants.
(Vergara, 2011; 31).

 

Keywords: disaster, vulnerability, risk, social risk management


Introducción

De acuerdo con el informe de Población de las Naciones Unidas del 2010, America Latina es el continente más urbanizado del mundo con un 79,4% y muestra el grado más alto de metropolizaciòn con 43,5%” es decir, en 2010 viven aproximadamente 205 millones de personas en 62 metrópolis con más de un millón de habitantes (Vergara, 2011; 31). Esta situación la convierte en una de las zonas del mundo más propensas a sufrir desastres ocasionados por causas naturales como huracanes, terremotos, tsunamis, inundaciones o por la acción del hombre. El impacto de los desastres es más crítico en las zonas urbanas, por ser hoy las más densamente pobladas, (Vergara, 2011; 31). De los países Latinoamericanos, Colombia es un país que debido a su ubicación geográfica, conformación geológica, modelos de desarrollo y diversidad cultural presenta condiciones muy propensas a la ocurrencia de desastres con un alto impacto representado en pérdida de vidas humanas y daños materiales en infraestructura física.

Durante el 2010 y el 2011, en tan sólo 15 meses, Colombia alcanzó una cifra equivalente a la cuarta parte de los registros y los muertos de la década anterior. Hay un evidente incremento en la ocurrencia de eventos calamitosos, pasando de 5.657 registros entre 1970 y 1979, a 9.270 hechos entre el 2000 y el 2009, lo cual está relacionado con la disponibilidad de información y con el aumento de la población. Sin embargo, los daños en la propiedad, la infraestructura y los medios de subsistencia evidencian que los desastres no son eventos de la naturaleza per se, sino “el resultado de la aplicación de modelos inapropiados carentes del análisis de la relación sociedad-naturaleza” (Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo UNGRD, 2015).

Este panorama repetitivo de muerte y dolor no ha servido en Colombia para generar investigaciones desde las Ciencias Sociales, en un intento por comprender si la ocurrencia de estos eventos son un proceso de construcción social del riesgo o si por el contrario en Colombia el riesgo es una construcción social, derivada de los modelos de desarrollo que hemos tenido desde la colonia. Tampoco es claro como nuestra sociedad ha percibido el riesgo a través de la historia y que factores culturales subyacen aquí para aceptar vivir en permanente zozobra. En conclusión, en Colombia no tenemos una conceptualización histórica de los riesgos, la vulnerabilidad y la resiliencia de las comunidades, que permita comprender mejor el fenómeno de los desastres, para establecer otro tipo de intervenciones que quizás puedan ser más efectivas y que tengan un mayor efecto en las políticas públicas de gestión social del riesgo.

La investigación es una postura crítica surgida del trabajo de campo en actividades de gestión del riesgo, rescate y apoyo psicosocial realizadas por el investigador durante 30 años continuos en Colombia y America Latina, contrastadas con el estado del arte para la tesis Doctoral en Ciencias Sociales y desastres en Colombia realizado por el mismo investigador. Pretende ser un aporte al esclarecimiento de las variables sociales y culturales que han generado vulnerabilidad social en comunidades expuestas a fenómenos naturales y que inciden de manera directa en la percepción del riesgo y el manejo de los desastres en la sociedad colombiana. Tiene como objetivo fundamental establecer una mirada diferente del fenómeno “desastre” desde el pensamiento contemporáneo latinoamericano y el movimiento alternativo para el estudio de los desastres. Está delimitada espacialmente en Colombia con una temporalidad de los últimos 30 años, lapso de tiempo en el que han ocurrido los desastres por fenómenos naturales con mayor afectación humana y material para el país.

 

 

Problema

El problema retoma los desastres ocasionados por fenómenos naturales en Colombia, como un problema de tipo social no resuelto en el transcurso de más de 50 años. Los procesos que  configuran los desastres en este país no se han logrado aclarar por la multiplicidad de variables sociales, económicas, políticas y culturales  que intervienen en él. Sus consecuencias han afectado históricamente la sociedad colombiana y la siguen afectando cada vez en forma más intensa. De acuerdo con datos de la Dirección Nacional de Planeación (DNP) en los últimos nueve años murieron en Colombia 3.181 personas por desastres naturales. Algo así, como si del mapa desapareciera la población del municipio de la Jagua del Pilar en La Guajira, o como si todos los días, desde hace nueve años, muriera una persona en el país por un desastre natural.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo UNGRD, el informe del Banco Interamericano de Desarrollo - BID y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL, estiman que sólo en los años  2010 a 2012, el número de damnificados por la ola invernal pudo estar cercano al 60% de población colombiana, lo que ha costado al país cerca de 2 billones de pesos y un retraso en desarrollo de casi 20 años (BID. CEPAL, 2012). El último de estos eventos fue la avalancha que se presentó en la madrugada del lunes 18 de mayo del 2015 en el municipio de Salgar  Departamento de Antioquia con un saldo de 95 personas fallecidas, 32 mujeres, 29 hombres y 34 cuerpos sin identificar; 1.300 damnificados y pérdidas materiales que superan los 20.000.000 millones de pesos (UNGRD, 2015). De acuerdo con la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD) y su plan estratégico, entre 1970 y el 2011 se registraron cerca de 28.000 eventos desastrosos, de los cuales cerca del 60 %, se reportan desde la década de 1990.

Estas condiciones de Colombia hoy, se han presentado en el pasado y muy seguramente se seguirán presentando en el futuro si las instituciones encargadas de la gestión del riesgo no profundizan en las causas sociológicas y culturales que han generado y continúan generando vulnerabilidad social en las comunidades.

Para profundizar en estas causas es necesaria una investigación desde las Ciencias Sociales, en la cual el fenómeno “desastre” sea analizado en forma interdisciplinaria y no sólo desde las ciencias exactas como ha sucedió hasta ahora. La experiencia de la atención de estos sucesos en Colombia muestra que el estudio de la afectación social no es prioritario, en muchas ocasiones este ha sido realizado mucho tiempo después, o no se realiza. Los desastres ocasionados por fenómenos naturales, tampoco han sido aprovechados como campo de investigación social, perdiendo la oportunidad de aprendizaje que permitiría retomar estas experiencias para establecer medidas de prevención de acuerdo con las condiciones propias de desarrollo y vulnerabilidad. Cabe preguntar:

¿Qué ha sucedido en Colombia para que estos fenómenos no se hayan estudiado en forma interdisciplinaria?

¿Por qué las Ciencias Sociales han estado ausentes durante muchos años del estudio de los desastres en Colombia?

¿Cómo se ha transmitido el conocimiento generacional de los desastres en Colombia? 

El estudio, análisis y atención de los desastres en Colombia ha sido igual al desarrollado en America Latina en los últimos 50 años, los desastres han sido concebidos como eventos aislados, no como el resultado de procesos donde intervienen variables económicas, políticas y sociales. En su libro “Los Desastres no son Naturales” publicado en 1993 Andrew Maskrey comparte que “En América Latina el estudio social de los desastres es un campo de investigación que hasta hace poco no había recibido atención por parte de investigadores de la región misma. Los terremotos de Huaraz, Perú (1970); Managua, Nicaragua (1972); y Guatemala (1976) fueron desastres de gran magnitud que provocaron investigaciones de su impacto y de la respuesta social e institucional”. Sin embargo, estos estudios fueron realizados en su gran mayoría por instituciones e investigadores externas a estos países y sus resultados poco difundidos en la región (Maskrey, 1993:4).

Es recién en la década de 1980, con la ocurrencia de nuevos desastres de gran magnitud como las inundaciones y sequías asociadas al Fenómeno del Niño que afectaron a muchos países de América del Sur en 1982 y 1983; el terremoto de Popayán, Colombia, en 1983; el desastre de Armero, Colombia, en 1985 y el terremoto de México en el mismo año, para citar sólo algunos, que muchas instituciones de investigación y centros de promoción del desarrollo se vieron obligados a interpretar e investigar esta nueva realidad (Maskrey, 1993:6).

A este respecto Omar Darío Cardona (2001) plantea que:

 “En los últimos años, desde la perspectiva de los desastres, el riesgo se ha intentado evaluar, para efectos de la gestión, en términos de las posibles consecuencias económicas, sociales y ambientales que pueden ocurrir en un lugar y en un tiempo determinado. Sin embargo, el riesgo no ha sido conceptuado de forma integral sino de manera fragmentada, de acuerdo con el enfoque de cada disciplina involucrada en su valoración. Para estimar el riesgo de acuerdo con su definición es necesario tener en cuenta, desde un punto de vista multidisciplinar, no solamente el daño físico esperado, las víctimas o pérdidas económicas equivalentes, sino también factores sociales, organizacionales e institucionales, relacionados con el desarrollo de las comunidades”.

 

A partir de los años 1990 las Naciones Unidas promulgan “La Década Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales” (DIRDN), que  en América Latina sirvió para aumentar la atención puesta en los desastres, tanto en términos del impacto en la vida y la salud humana, como en las economías nacionales, regionales y locales y sus capacidades de mantener un crecimiento constante y adecuado a las necesidades de supervivencia de la población. Acogiendo esta propuesta de Naciones Unidas, en 1992 fue creada La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (LA RED), para reunir a los investigadores e instituciones Latinoamericanas que actúan con un enfóque social de los desastres, sumando el aporte de otras disciplinas, para estimular su cooperación, potenciar sus resultados y aumentar la calidad y efectividad de los proyectos de mitigación y prevención de desastres en la región.

 

Como resultado de la conformación de la RED fueron realizados los estudios y las investigaciones interdisciplinarias más destacadas sobre desastres en America Latina, logrando reunir historiadores, ingenieros, geógrafos, sociólogos, arquitectos, abogados, médicos salubristas y geólogos de todos los países latinoamericanos y de otros países europeos interesados en el tema. Los estudios  abordan el origen y la evolución de la gestión de los desastres, ligándolos tanto a las experiencias de desastres vividos como a los procesos sociales y políticos de esos países y de la región (Lavell; Franco; 1996:3). Este nuevo enfoque dio origen al movimiento alternativo en el estudio de los desastres, logrando poco a poco que “los desastres dejen de ser vistos como las grandes emergencias producidas por fenómenos naturales imprevisibles y pasen a ser reconocidos como el resultado de la combinación de un conjunto de variados factores que son parte de los procesos sociales de los países” (Lavell; Franco; 1996:3).

 

A partir de este movimiento alternativo fueron reformulados conceptos como riesgo, vulnerabilidad, amenaza, gestión del riesgo y construcción social del riesgo, y trata como lo sostienen Blaikie, Cannon, David y Wisner en su libro “Vulnerabilidad El Entorno Social, Político y Económico De Los Desastres” publicado en 1996 por la RED, de visualizarla vulnerabilidad en el contexto de sus orígenes políticos, sociales y económicos, reiterando la importancia del factor humano en los desastres, arraigada en el potencial de que los humanos tienen que unirse, perseverar, entender lo que los aflige y emprender una acción común” (Blaikie; Cannon, David; Wisner; 1996:4). Al culminar el decenio para la reducción de los desastres naturales DIRDN en el año 2000, las investigaciones en desastres disminuyeron en America Latina, los estamentos gubernamentales dedicaron sus fondos para la atención de primera respuesta en las emergencias y la interpretación académica quedó en lo realizado hasta ese momento.

 

En Colombia particularmente esta situación ha generado un problema, siguen pendientes muchos aspectos, hoy no se ha establecido ¿cuáles son los componentes culturales que generan vulnerabilidad social en las diferentes comunidades colombianas? tampoco ¿cuáles son los factores recurrentes para que en una emergencia ocasionada por un fenómeno natural siempre sean las mismas comunidades las afectadas aun conociendo  la existencia del riesgo? Está por determinarse ¿cuál es la percepción del riesgo en las diferentes comunidades colombianas de acuerdo con su cultura? ¿Esta percepción es la misma en los niños (as), jóvenes, adultos (as), ancianos (as)? y  ¿cómo esta percepción ha generado un tipo de relación hombre naturaleza en la sociedad colombiana?

Cabe preguntarse finalmente si ¿la percepción del riesgo de los estamentos gubernamentales en Colombia, coincide con la percepción del riesgo de las comunidades?

Otro componente del problema que no está establecido es cómo ha influido el conflicto colombiano en el proceso de generación de vulnerabilidad social a través de los desplazamientos forzados de las poblaciones. En Colombia, el fenómeno de desplazamiento forzado es de los mayores en el mundo. De acuerdo con informes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la cifra real de desplazados por el conflicto armado interno desde mediados de los años 1980 supera los 5 millones de personas (ACNUR, 2012).

Dos afirmaciones finales resumen con claridad el problema planteado, la primera nos dice: “El incremento de los desastres será una de las características del siglo XXI, algunos “disparados” directa o indirectamente por el cambio global ambiental y la variabilidad climática, otros por fenómenos que siempre han ocurrido (terremotos, erupciones volcánicas) pero que al afectar a comunidades cada vez más vulnerables, producirán desastres más grandes. En gran medida el incremento de la vulnerabilidad está ligado a factores sociales, económicos y a la concentración de la riqueza (Cardona; Wilches-Chaus; Mancilla; 2004: 1-2).

 

La segunda, planteada en el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Información Para La Gestión Del Riesgo De Desastres Estudios De Caso De Cinco Países Caso Colombia, advierte que:

“De acuerdo con los estudios realizados para la determinación del grado de amenaza sísmica de las diferentes regiones del país, en 1995 se pudo determinar que 11.330.702 colombianos de 475 municipios se encuentran en riesgo sísmico alto, equivalente al 35% de la población; 16.766.465 habitantes de 435 municipios en riesgo sísmico intermedio, equivalentes al 51%; y 4.744.873 de 151 municipios en riesgo sísmico bajo, es decir el 14% del total de la población según información suministrada por el DANE. En otras palabras, el 86% de los colombianos se encuentran bajo un nivel de riesgo sísmico importante, que no solamente depende del grado de amenaza sísmica sino también del grado de vulnerabilidad que en general tienen las edificaciones en cada sitio” (BID; 2010:58).

 

Esta situación en Colombia es relevante y recurrente, da señales de un fenómeno no analizado suficientemente desde las Ciencias Sociales y conlleva a una reflexión que aporte desde esta área para una mejor comprensión del tema. De no hacerse, seguiremos cambiando “Casas por muertos” de las comunidades más vulnerables en Colombia, tal como sucedió la última vez en el municipio de Salgar – Antioquia.

La degradación ambiental, el riesgo de colapso ecológico y el avance de la desigualdad y la pobreza son signos elocuentes de la crisis del mundo globalizado. Estas condiciones propias de la era moderna, combinadas con las características de la relación sociedad -naturaleza han propiciado las condiciones para la generación de los desastres (Leff, 2000: 9).

En América Latina las consecuencias sobre la relación hombre-naturaleza derivadas de los procesos de explotación indiscriminada de los recursos naturales y del territorio han sido históricamente más agudas, ya que las posturas sobre naturaleza, biodiversidad y la formulación de políticas públicas sobre el manejo y conservación del ecosistema siguen las perspectivas de conocimiento occidentales originadas en Europa, perpetuando un dualismo que separa la naturaleza de la sociedad. Esto está reflejado claramente en los planes de desarrollo de los países donde el modelo predominante para la explotación de los recursos es el neoliberalismo. El Pensamiento Contemporáneo Latinoamericano plantea alternativas para esta situación, recuperando prácticas ancestrales  reconociendo una pluralidad de pensamientos originarios de culturas indígenas y nativas de América Latina (Quijano, 2014:854). Otro aspecto importante es que este enfoque permite revisar la interacción sociedad-naturaleza como uno de los factores determinantes de estos sucesos desde una visión no euro centrista del fenómeno.

 

 

 

 

 

Conceptos centrales en el estudio del fenómeno desastre.

Desastre

El concepto de desastre ha tenido múltiples interpretaciones en diferentes épocas. En el caso de las ciencias sociales hacia el año 1920 el canadiense Samuel H.Prince, con su obra Catastrophe and Social Change, inicia el estudio social de los desastres al describir la explosión de un barco de municiones en Halifax (Nueva Escocia), y sus efectos sobre la comunidad, planteando que los eventos catastróficos estimulan un rápido cambio social, los cuales pueden ser   positivos o negativos dependiendo del nivel de organización de las poblaciones afectadas. Este estudio estimuló el desarrollo de nuevas investigaciones en este campo. Hacia los años 1940, Sorokin (1942) publica su obra Man and Society in Calamity, considerado como el primer estudio teórico de los desastres, donde plantea que las “calamidades” deben ser consideradas globalmente como procesos y no como eventos sociales únicos (Vallejo, 2010; 22).

Un segundo estudio desarrollado en esa época y citado por varios investigadores (Maskrey 1993: XI) es el del geógrafo norteamericano White (1945), quien en su estudio “Human Adjustment to Floods”, presenta un análisis social, introduciendo el concepto de percepción de la amenaza. Frente a ello Maskrey (1998) afirma: “sus investigaciones enfatizaron en que los desastres tienen causas humanas además de naturales, en ese sentido las sociedades y comunidades expuestas a determinadas amenazas son heterogéneas”. 

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial inician los primeros estudios sobre las emergencias y desastres y su impacto en las comunidades, y a partir de ahí  continúan las investigaciones y estudios que han variado de actores, instituciones, enfoques y elementos centrales de análisis (Cuadro I).

 

Cuadro I. EVOLUCIÒN DE LOS ENFOQUES SOBRE DESASTRES

DECADA

ELEMENTO CENTRAL

ENFOQUE

ACTORES PRINCIPALES

1940

Emergencias

Atención a situaciones de guerra

Ejército, fuerzas armadas

1970

Desastre

Ciclo de los desastres (ayuda humanitaria, emergencia, recuperación)

Organismos humanitarios, Cruz Roja

1980

Amenaza

Preparativos, prevención, mitigación

Organismos humanitarios, Cruz Roja

1990

Vulnerabilidad

Estudios científicos, exposición, obras ingeniera

Comités consultivos científicos

2000

Riesgo

Enfoque de construcción social de desastre

Académicos ciencias sociales

2010

Resiliencia

Enfoque integrado al desarrollo

Actores del desarrollo

Fuente: DNP 2012 presentación power point

 

El avance más significativo en términos de la investigación sobre la problemática de los desastres en el último decenio del siglo XX y comienzos del XXI, es la desmitificación de que dichos fenómenos son producto de factores impredecibles e incontrolables (Mansilla, 2000; 148), generando como resultado un cambio en la percepción del riesgo, al entender que los desastres resultan de la combinación de múltiples factores sociales, económicos, políticos y de desarrollo.

 

Vulnerabilidad.

Para el desarrollo del concepto de vulnerabilidad, la entenderemos como "la incapacidad de una comunidad para absorber, mediante el autoajuste, los efectos de un determinado cambio en su medio ambiente, o sea su inflexibilidad o incapacidad para adaptarse a ese cambio”. Es necesario anotar que la vulnerabilidad en sí misma constituye un sistema dinámico, es decir, que surge como consecuencia de la interacción de una serie de factores y características (internas y externas) que convergen en una comunidad particular. El resultado de esa interacción es el "bloqueo" o incapacidad de la comunidad para responder adecuadamente ante la presencia de un riesgo determinado, con el consecuente "desastre". A esa interacción de factores y características vamos a darle el nombre de vulnerabilidad global (Wilches–Chaux; 1993:22).

 

De acuerdo con (Wilches–Chaux; 1993) las diferentes "vulnerabilidades" están estrechamente interconectadas entre sí. Difícilmente podríamos entender, por ejemplo, la vulnerabilidad física, sin considerarla una función de la vulnerabilidad económica y de la política; o ésta última sin tomar en cuenta la vulnerabilidad social, la cultural y nuevamente la económica. Este tipo de vulnerabilidades es manifiesto en cada situación de desastre que se atiende en Colombia, aunque las intervenciones de primera respuesta van generalmente dirigidas a atender la vulnerabilidad física. Otras investigaciones plantean que “La vulnerabilidad no puede ser pensada como algo constante. Los cambios en los factores internos de la vulnerabilidad como los socioeconómicos o de transformación demográfica son aspectos que la modifican” (Lampis; 2013:29).

 

Lampis (2012) sostiene que en las diferentes investigaciones sobre la vulnerabilidad, es posible establecer dos orientaciones para la misma: la vulnerabilidad definida como el potencial de daño a una comunidad o sistema expuestos y la vulnerabilidad como proceso o valor en relación con las condiciones internas de estos. Estos dos enfoques influyen directamente en la medición y el tipo de intervención que se diseñen para dicha comunidad o sistema.  El primer enfoque, plantea una vulnerabilidad biofísica o relacionada con los resultados de un proceso de manera cuantitativa, la pregunta de fondo es ¿qué tan vulnerable es el sistema frente a las amenazas X o Y? El segundo, la vulnerabilidad social o inherente cuando el objetivo es la comprensión de los factores internos de un sistema que lo hacen vulnerable a los eventos críticos.  En este caso se da respuesta a la pregunta ¿por qué este sistema es vulnerable? (Lampis, 2013; 27).

 

En la línea de comprender que hace vulnerable un sistema o una comunidad, Pascale Metzger y Robert D’Ercole (2009), analizan los mecanismos de transmisión de la vulnerabilidad en el contexto urbano, tomando como estudio de casos eventos ocurridas en Canadá, Ecuador, Bolivia, Perú y Estados Unidos. Los autores plantean que “la creciente complejidad de las sociedades y las ciudades se traduce en interdependencias cada vez más marcadas entre redes y territorios, que acentúan su vulnerabilidad, y que los efectos de propagación del riesgo pueden interpretarse mediante la noción de transmisión de vulnerabilidad”. (Metzger; D’Ercole, 2009:917).

Este concepto de vulnerabilidad ha tenido múltiples discusiones de acuerdo con el contexto investigativo, Cardona (2000) al respecto afirma: “No existe en realidad una concepción que se pueda decir unifique las diferentes aproximaciones o que recoja de manera consistente y coherente los diferentes enfoques sobre vulnerabilidad y riesgo. El marco conceptual de la vulnerabilidad surgió de la experiencia humana en situaciones en que la propia vida diaria era difícil de distinguir de un desastre (Cardona; 2000:1). Reitera este planteamiento manifestando: “En los países en desarrollo la vulnerabilidad social es, en la mayoría de los casos la causa de las condiciones de vulnerabilidad física, es una condición que se gesta, acumula y permanece en forma continua en el tiempo y está íntimamente ligada a los aspectos culturales y al nivel de desarrollo de las comunidades (Cardona; 2000:2).

 

Riesgo.

En toda investigación sobre desastres que incluya el tema del riesgo, es imposible no mencionar tres autores que aunque no son latinoamericanos, marcaron el camino en la conceptualización del riesgo como un componente fundamental en la generación de desastres en la era moderna, son ellos Ulrich Beck con el concepto de sociedad del riesgo, Niklas Luhmann al presentar el riesgo como un componente social y Mary Douglas con la percepción del riesgo.

En su libro “La sociedad del riesgo” Ulrich Beck (1988: 57) dice que “Las consecuencias vividas de manera catastrófica por la mayoría de la humanidad están vinculadas, tanto en el siglo xix como ahora, al proceso social de industrialización y de modernización”. Este concepto generó un hito al vincular de manera directa la generación de riesgo con el proceso de industrialización del mundo, y toma como ejemplo claro de esta aseveración el caso  de Villa Parisi en Brasil donde están ubicadas grandes multinacionales de productos químicos y acerías que generan una inmensa cantidad de desechos tóxicos sin ningún control; y el caso del desastre de Bhopal, India producido por un escape de gas toxico de la empresa Unión Carbide que genero más de 200.000 muertos. Agrega que “Nunca queda claro si los riesgos se han intensificado o nuestra visión sobre ellos. Ambos aspectos convergen, se condicionan y se fortalecen mutuamente y como los riesgos son riesgos en el conocimiento, los riesgos y su percepción no son dos cosas diferentes sino una y una misma cosa (Beck; 1988:62).

 

Niklas Luhmann (1927-1998) por su parte plantea que “Tanto los antropólogos culturales como los antropólogos sociales, así como los politólogos, han señalado, indudablemente con razón, que la evaluación del riesgo y la disposición a aceptarlo no es sólo un problema psíquico sino, sobre todo, un problema social” (Luhmann; 2006:48). Este aspecto es uno de los que pretende demostrar esta investigación, a través del cuestionamiento de las percepciones  que llevan a toda una comunidad a no actuar frente a un riesgo que es latente, como es el caso de las personas que viven en zonas de alto riesgo y permanecen allí hasta que se presenta la emergencia. Agrega Luhmann: “Los individuos subestiman generalmente los riesgos, digamos que porque siempre les ha ido bien y sobreestiman la propia capacidad de control de situaciones aún no vividas, y subestiman al mismo tiempo los posibles daños” (Luhmann; 2006:49).

Investigadores latinoamericanos como Mansilla aclaran:

Transitando al siglo XXI, dos temas acaparan nuestra atención: el riesgo y la ciudad. Ambos están estrechamente ligados y constituyen dos elementos contradictorios, sobre los cuales se hace necesario reflexionar y, más aún, definir su lugar y el rol que jugarán en la sociedad del futuro. El primero de ellos, el riesgo, representa para algunos autores un potencial destructivo que se cierne sobre la sociedad amenazando con materializarse en desastres de distintas magnitudes, poniendo en peligro la vida y la propia estabilidad y desarrollo de la sociedad; forma parte de un proceso o continuo en el que intervienen lo social y lo natural, y donde ambos se combinan y ejercen su poder nocivo sobre sí mismos (Mansilla; 2000:6).

 

Mansilla en su texto resalta que el riesgo “Surge como producto de la interacción hombre-naturaleza, de la explotación masiva e irracional de los recursos naturales y de las desigualdades sociales, la exclusión, la marginación y la falta de opciones para la mayoría de la sociedad (Mansilla; 2000:7). Explica además, que entre los aportes más significativos que ha hecho la visión alternativa, está el traslado del desastre a la realidad social y su desagregación en una serie de conceptos que operan como componentes y buscan explicar sus causas. Entre estos, el riesgo aparece como la contradicción principal, la otra cara de la moneda del desarrollo humano y aún con mayor fuerza, en el contexto de la sociedad moderna. El concepto de riesgo, designa una fase de desarrollo en el que la sociedad comienza a entrar en conflicto con la naturaleza a partir de los distintos mecanismos que emplea en la transformación de los recursos naturales en bienes para satisfacer las necesidades humanas (Mansilla; 2000:150).

 

Construcción social del riesgo.

El concepto de construcción social asociado con los riesgos ha demostrado su utilidad analítica cada vez con mayor fuerza entre los estudiosos de los desastres y los efectos que éstos han tenido en la sociedad. Es sustentado teóricamente por la investigadora Virginia García Acosta desde la visión del movimiento alternativo, convirtiéndose en uno de los pilares fundamentales en la investigación y discusión sobre el origen y desarrollo de los desastres. Este concepto se ha usado de múltiples maneras y con diversos grados de complejidad. La construcción social del riesgo asociada con la percepción, y la construcción social del riesgo asociada con la vulnerabilidad y la desigualdad (García; 2005: 12 -13). Es observable que las concepciones que en diferentes momentos históricos se han tenido del riesgo y del desastre y las diversas percepciones consecuentes provienen del tipo de sociedad de la cual han surgido.

Cada forma de organización social está dispuesta a aceptar o evitar determinados riesgos; los individuos están dispuestos a aceptar riesgos a partir de su adhesión a una determinada forma de sociedad. Se trata de un “sesgo cultural” que ordena nuestra forma de percibir los riesgos (García; 2005: 14 -15). Entender la percepción del riesgo implica reconocer y aceptar la dimensión social del riesgo, pues su percepción es en sí un fenómeno social y no individual. De ahí que constituya, como tal, una construcción social del riesgo que surge de acuerdo con el tipo de sociedad de la que emana, de sus creencias y visiones dominantes (García; 2005:16).

En Colombia esta es una de las variables consideradas críticas en prevención y atención de los desastres, debido a que la multiplicidad de culturas que se encuentran a través del territorio nacional hace muy difícil aplicar un modelo único por parte de los estamentos gubernamentales y genera la necesidad de conocer claramente estas diversidades culturales. Un ejemplo de esta situación sucedió en la atención del Alto Baudo (Murindo) luego del terremoto que afecto gran parte de esta zona del país. Luego de caminar durante casi dos días, uno de los grupos de rescate que iba a atender una comunidad indígena en la selva chocoana tuvo que regresarse a la ciudad de Medellín - Antioquia porque estaba permitido sólo el ingreso de extraños de sexo femenino (experiencia del investigador; 1992).

García Acosta  explica en su texto:

“Hay dos puntos de observación que utilizan el mismo concepto de construcción social del riesgo, la visión culturalista, que ofrece la percepción de los grupos sociales acerca de los riesgos que pueden vulnerar a sus comunidades o sociedades, y otra surgida del análisis de la génesis que conduce a situaciones de vulnerabilidad de grupos específicos de la sociedad. Podemos decir que la idea central del planteamiento culturalista es que el hombre o, en su caso, la sociedad, ve los riesgos a través de lentes calibrados a partir de sus determinaciones culturales.  La visión que parte del énfasis en variables socioeconómicas hace referencia a los imaginarios reales contrastados con los imaginarios formales, que han provocado verdaderos desencuentros en los modelos de prevención y manejo de desastres, particularmente en América Latina y el resto de los países de menor desarrollo relativo” (García; 2005:22).

 

Resiliencia

La discusión académica y de contenido social sobre la resiliencia y sus implicaciones políticas son muy nuevas, en América Latina se inician con los estudios del Programa Andino de Capacitación y de Investigación sobre Vulnerabilidad y Riesgo en Medio Urbano PACIVUR, realizado por la Universidad de Paris en 2006. El éxito de la resiliencia en los discursos y las políticas públicas corresponde a una necesidad frente a las limitaciones de la prevención de los riesgos y a la ocurrencia de grandes crisis urbanas. Siguiendo el mismo camino que otros términos como el desarrollo sostenible o la gobernabilidad entra en los discursos comunes.

La carga política que conlleva el concepto de resiliencia es sumamente alta. Se desarrolla en un contexto marcado por la complejidad, las incertidumbres y las necesidades de acción. El desafío para las Ciencias Sociales es descifrar esta complejidad, evidenciar los grandes mecanismos que caracterizan la evolución de la sociedad contemporánea e identificar nuevas líneas de acción. Si se toma la resiliencia como un elemento aislado del contexto social, económico y político de la sociedad, se corre el riesgo de convertirla en un concepto sin aportes reales para la comunidad.

En este sentido Metzger & Robert (2013) precisan que: “Frente a eventos dañinos, la resiliencia se determina por la capacidad de la comunidad en enfrentar un desastre, lo que significa que dispone de los recursos necesarios y de la capacidad de organizarse por sí misma. La resiliencia consiste en reforzar la autonomía de las comunidades. Es necesario diferenciar el uso del concepto de resiliencia como retórica política, como instrumento operacional o como concepto científico” (Metzger & Robert; 2013: 24 -25).

El concepto de resiliencia es hoy de los más discutidos y criticados debido a la utilización indiscriminado de este. Una crítica muy importante refleja esta situación: “El pensamiento de la resiliencia sigue, en efecto, una lógica imparable: ya que vivimos en un sistema complejo que, por definición, está sometido a perturbaciones e incertidumbres, riesgos y desastres, la única manera de enfrentarlas es desarrollar las capacidades de adaptación que van a contribuir a fortalecerlo, las perturbaciones y crisis que conlleva el desarrollo neoliberal están de alguna forma naturalizadas” (Metzger & Robert; 2013:29). Esta conceptualización desestima la responsabilidad política a las causas de los riesgos y los procesos sociales que construyen los desastres.

 


Bibliografía de la ponencia

Bibliografía

 

BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, COMISIÓN ECONÓMICA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE. (2010). Información para la gestión del riesgo de desastres estudios de caso de cinco países. Estudio de caso Colombia.

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