La puerta de entrada a Península Valdés y su construcción identitaria

SP.29: Procesos de producción urbana de las ciudades latinoamericanas en diferentes escalas. Transformaciones socioproductivas, memorias, sensibilidades e imaginarios

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Catalina Antognini FFyL-UBA, ICA

Península Valdés

Este trabajo forma parte de una investigación en desarrollo que estoy llevando a cabo en el marco de mi tesis de licenciatura en Ciencias Antropológicas.

Imagen 1 y 2

Península Valdés se encuentra en el noreste de la provincia de Chubut, República Argentina. Limitada al sur por el Golfo Nuevo, al norte por el Golfo San José y al este por el océano Atlántico, se une al territorio nacional a través de un estrecho istmo que en su punto más angosto tiene apenas 7 km de ancho. Es el Istmo Carlos Ameghino, nombrado así por quien se dedicó a explorar la Patagonia desde el año 1887 y quien forjaría, junto a su hermano Florentino, las bases de la paleontología argentina..

La población en el territorio de península es escasa, siendo su único núcleo poblacional la aldea de Puerto Pirámides, que no tiene más de 800[1] habitantes. El resto del territorio lo conforman distintas estancias dedicadas a la ganadería o al turismo.

Esta población tan reducida tiene un actor muy importante, sobre todo en Puerto Pirámides: el turista. El pueblo vive enteramente del turismo que genera su naturaleza; propuestas gastronómicas, hospedajes de distintos tipos y categorías, y actividades náuticas y terrestres son la materia prima de la vida económica de esta localidad costera.

A los fines de este trabajo, consideramos la definición de turismo propuesta por Miguel Ángel Adame:

“(…) como un fenómeno en el que suceden encuentros interculturales, cuyos principales participantes tienen diferentes extracciones socioculturales e interactúan bajo un espacio y tiempo turístico, desplegando sus características, motivaciones y necesidades con consecuencias psicosocioculturales específicas para cada sujeto”[2]

Dentro de este fenómeno, el grupo que se desplaza de su lugar de origen hacia el destino turístico, es el de los turistas. Los motivos de su desplazamiento pueden ser muchos, lo importante es que son quienes cuentan con el tiempo libre y los ingresos económicos necesarios para volcarse a esta tarea. En Puerto Pirámides, la figura del turista es una presencia casi constante a lo largo del año, que convive a diario con los pobladores, cuyas tareas cotidianas están abocadas en su gran mayoría a sostener la vida turística del pueblo.

El territorio de Península Valdés es un área declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO[3] en el año 1999 por su importancia en la conservación de los mamíferos marinos. A sus costas, la ballena franca austral, especie en peligro de extinción[4], se acerca a completar su ciclo de reproducción entre los meses de mayo a diciembre. La ballena, su avistaje embarcado, genera turismo nacional e internacional durante la mayor parte del año, transformándola así en la fuente de subsistencia directa de todos los habitantes del lugar[5].

Analía Almirón[6] se refiere al patrimonio como el acervo de una sociedad, el conjunto de bienes (naturales o culturales, materiales o inmateriales) acumulados por tradición o herencia, común a los individuos de esa sociedad. Así, el patrimonio, como parte de esa cultura, expresaría los valores identitarios que la sociedad reconoce como propios.

Mucho antes de llegar a ser Patrimonio Natural de la Humanidad, a principios del siglo XX, la explotación salinera atrajo migrantes de gente trabajadora de distintas nacionalidades a este territorio y Puerto Pirámides llegó incluso a tener más de 1000 habitantes.  Hasta poco después de la Primera Guerra Mundial, las dos salinas ubicadas en el interior de la península eran explotadas por la sociedad creada entre Antonio Munno, Alejandro Ferro y Ernesto Piaggio[7]. Incluso llegó a funcionar una línea férrea de trocha angosta que recorría los 34 kilómetros que distanciaban a las salinas del puerto natural en Puerto Pirámides. El proyecto fue aprobado por el Estado Nacional mediante la ley N°3898, y en julio del año 1900 se inauguró el tren, dando también su fecha de nacimiento al propio pueblo: 14 de julio[8].

Otra industria importante en la zona en esos años, era la caza indiscriminada de lobos marinos, que llegó a dejar al límite de la extinción a esta especie de mamíferos. Las primeras matanzas se hacían a los tiros, pero el ruido de los balazos ahuyentaba al resto de los animales y no daba buen resultado. Así pues cambiaron la técnica y pasaron a matarlos a garrotazos en la cabeza. Era un trabajo violento, peligroso y hostil; se contrataban comparsas de 25 a 30 hombres que vivían en carpa durante la caza y faenaban un promedio de 300 lobos por día[9].

Con la aparición de los frigoríficos tras la Primera Guerra Mundial, la industria salinera llegó a su fin. Sumado a esto, la prohibición de caza de lobos marinos en el año 1954 recuperó lentamente la especie. El cese de estas dos grandes industrias se llevó consigo gran parte de la población.

Como nos remarca Caruso[10], era este un contexto socioeconómico de posguerra, impulso de la industria destinada al consumo masivo que se apoyaba en modos más intensivos de explotación de los recursos naturales. Es el momento en que surge la percepción de la destrucción de la naturaleza y se comienza a gestar la divulgación y expansión de la Ecología como disciplina científica. Se trata de un contexto de deterioro de las bases ambientales del planeta, donde los bienes naturales comienzan a ser percibidos como rarezas con valor de cambio propio y, por lo tanto, como mercadería[11].

En este marco, en el año 1967, la ley provincial N°697 crea las primeras tres reservas faunísticas del sistema provincial de áreas protegidas: Punta Norte, Isla de los Pájaros y Punta Loma. En el objeto de esta ley se detalla en el artículo 5[12]: “conservar y proteger en ellas a la naturaleza en todos los aspectos de su flora, fauna y gea, en sus especies o manifestaciones autóctonas; procurar su vuelta al grado prístino en todos aquellos casos de que factores extraños le hayan modificado y hacerlos accesibles al hombre con fines científicos y/o turísticos bajo las condiciones que establezca la reglamentación.”

Como puede observarse en esta ley, la actividad turística queda explícitamente vinculada con la preservación ambiental, siendo un factor clave en la creación misma de estas áreas protegidas.

La zona intenta así resurgir como epicentro geográfico, pero esta vez de la mano del ecoturismo, comenzando una nueva etapa encarnada en políticas proteccionistas. Ecoturismo es definido por The International Ecotourism Society (TIES) como “viajes responsables a áreas naturales que conservan el medio ambiente, sostienen el bienestar de la población local e involucran interpretación y educación del personal y de los invitados”[13].

Estas políticas generan inevitablemente redefiniciones identitarias entre su población, y un interés por los bienes materiales, que ahora identifican como referentes patrimoniales: su propio hábitat y la ballena.

Si bien los comienzos enteramente nuevos son inconcebibles, en palabras de Candau “eso no impedirá que grupos e individuos crean posible abolir la continuidad del orden temporal para instaurar un nuevo momento original que vendrá a fundar su identidad presente”[14]. Según este autor, en la referencia a un origen común, lo importante es que los elementos comunes sean vividos por el grupo en cuestión como sus características distintivas, y sean percibidos de ese modo por los otros, lo que es una forma de naturalización de la “comunidad”. En Puerto Pirámides, ecoturismo y patrimonio convergen en un mismo entramado social dinámico de redefinición identitaria.

 

Centro de Visitantes Istmo Carlos Ameghino

Imagen 3

Ubicado en el Istmo homónimo, sobre la ruta provincial 2, se encuentra en la franja de tierra de 7 km de ancho que une a la península con el continente. Es la puerta de entrada a la península y, por lo tanto, su carta de presentación, paso obligado de la masa de turistas que ingresan a diario (según la Administración del Área Natural Protegida Península Valdés, en enero de este 2024 51.536 turistas visitaron la península).

En el interior del Centro de Visitantes se despliegan en círculo cinco salas octogonales, cuatro de las cuales tienen el mismo tamaño, bastante pequeño, siendo solo una la que resalta en su mayor extensión. No hay un orden establecido para recorrer las salas, cronológicamente son todas independientes. Pero la primera en presentarse tras la puerta de entrada es la llamada “El hombre de Valdés”.

Es decir, que si intentamos comenzar desde “el principio”, este no está marcado por la información de la flora y fauna que preceden cronológicamente al hombre en millones de años. No, el inicio, el pasado, son las comunidades originarias, la española y la explotación de los recursos naturales. La fauna y flora en plena tarea de conservación son el presente y el futuro.

 

“Hace 5500 años pequeños grupos de cazadores-recolectores ya ocupaban el perímetro costero de Península de Valdés. Se alimentaban principalmente de guanacos, lobos marinos y moluscos y también de plantas silvestres, incluidos cactus. El agua dulce la obtenían en las salinas, los médanos y lagunas temporarias.” Cartel del museo.

Con la llegada de los europeos dejaron de frecuentar las costas y ampliaron las redes de comunicación dentro y fuera de Patagonia. Estas comunidades eran conocidas como patagones o tehuelches.

Con respecto al contacto con los españoles, los banners hablan de escasa evidencia arqueológica de interacción con las poblaciones indígenas, y que como resultado de las esporádicas y conflictivas relaciones entre ellos, en agosto de 1810 el Fuerte San José y el Puesto de la Fuente fueron atacados por indígenas y abandonados por los españoles.

Esta es toda la referencia que se hace a los tehuelches en el interior del Centro de Visitantes. Afuera, un “Sendero Estepa Patagónica” de 150m recorre a su alrededor plantas nativas, pequeños animales e insectos regionales y… Hombres de las Estepas. Allí encontramos información ampliada sobre estas poblaciones que ocuparon el territorio antes que los europeos.

“La clasificación de los pueblos de la estepa patagónica es difícil y confusa a causa de sus migraciones estacionales y de su pronta extinción. Se sabe que la componían varios pueblos con rasgos culturales similares. Por un lado estaban los Tehuelches insulares, en la isla de Tierra del Fuego, y que los españoles llamaban Onas e incluían a los pueblos Selk-nam y Haush. Entre los continentales se encontraban los Aónik’enk que habitaban el sur, los Mech’arn vivían desde el río Santa Cruz al río Chubut y los Puelches que habitaron la zona norte de la Patagonia, incluida la Península Valdés. El nombre Tehuelche deriva de la lengua Mapundung del Pueblo Mapuche (pueblo originario de la cordillera) que los llamaban chewel che (gente brava) (…) En 1865 se produjo la llegada de los galeses que, a diferencia de los españoles, lograron entablar una buena relación con los pueblos originarios. Luego, las campañas militares de 1878 y 1885 conocidas como “la Conquista del Desierto” diezmaron las poblaciones de Tehuelches, calculándose en 35 mil los aborígenes muertos.”

Lo que sigue en la sala “El hombre de Valdés” se enmarca dentro de la Etapa Nacional. El poster de Primeros Pobladores nos cuenta que fue Don Félix Olazábal el primero en llegar a lo que es hoy Puerto Pirámides con una majada de 800 ovejas que arrió desde Buenos Aires (una distancia de 1200km). Una foto en blanco y negro de la numerosa familia que formó acompaña la placa. A partir de 1900, cuando el Gobierno Nacional manda a relevar el potencial económico de la península, comienzan a llegar contingentes de argentinos, vascofranceses y españoles que instalan las primeras estancias.

Los  siguientes cuatro posters describen las actividades extractivas de entonces. Por un lado, se reanuda el aprovechamiento de la sal que había sido iniciado por los españoles y luego interrumpido por el malón, y se retoma de una manera precaria almacenando la sal en bolsas y trasladándola desde Puerto San José hacia Buenos Aires. Pero tras la formación de una asociación entre tres pioneros de la industria, Antonio Munno, Ernesto Piaggio y Alejandro Ferro, comienza a utilizarse la localidad de Puerto Pirámides como puerto y se crea el Ferrocarril de Valdés para llevar, mediante 34km de vías férreas, la sal desde Salinas Grandes hasta Puerto Pirámides y desde allí hacia Buenos Aires. El poster se ilustra con una foto en blanco y negro de trabajadores.

La caza de lobos marinos fue autorizada por ley desde 1914 para su explotación a escala industrial y prohibida desde 1958. El poster alusivo a esta actividad se refiere a la misma como “alternativa o complementaria”, aunque no aclara alternativa de qué, dado que en 1920 la  industria salinera ya había desaparecido. También menciona que era una actividad autorizada por ley nacional, que tuvo su apogeo entre los años de 1917 y 1953, que se utilizaba principalmente la grasa para el aceite y el cuero para la talabartería, y, en lo siguiente sí son muy específicos, que en ese período se registraron más de 268.000 lobos matados en Península Valdés.

El 19 de abril de 1974, el Poder Ejecutivo Nacional promulga el decreto N° 1216/1974 por el cual se prohíbe “la caza de lobos, elefantes marinos, focas, pingüinos y especies similares de la fauna marítima que sean determinados por resolución de la Secretaría de Estado de Recursos Naturales y Ambiente Humano, ya sea con fines deportivos o comerciales hasta completar los estudios biológicos que se están llevando a cabo”.[15]

Pasando a la ganadería, leemos: “Ganadería, cien años de tradición. El 99% del territorio de Península Valdés pertenece hoy a 60 estancias privadas, la mayoría de las cuales se dedican de manera exclusiva a la ganadería ovina para la producción de lana merino desde hace más de 120 años.” Las fotos elegidas para acompañar esta antigua industria que sigue vigente actualmente, son a color. Otro poster incluso ahonda en la lana Merino, acentuando su valor estratégico, geopolítico y social por ser producida sobre pastizal natural, de manera sustentable, con un trato respetuoso por el animal y su pureza racial, que le otorgan ventaja competitiva en el mercado.

Otro poster señala los comienzos de Puerto Pirámides como principal núcleo poblacional gracias a la conjunción de estas tres actividades productivas y de su puesto como terminal del ferrocarril hacia 1913.

Los últimos dos posters con este formato de fondo blanco y tipografía oscura versan sobre la pesca artesanal de mariscos y peces como alternativa actual sustentable, actividades extractivas selectivas que conservan el entorno, y la conservación y el turismo. En este se señala la provincia del Chubut como pionera en políticas conservacionistas y turísticas con la creación de reservas y áreas protegidas desde la década de 1960. Acompañan fotos a color de lobos marinos en libertad y ovejas y podemos leer:

 “Una nueva visión sobre el aprovechamiento de los recursos naturales de la Península Valdés comenzó a gestarse durante la década de los 60. Esta nueva visión promueve la convivencia armónica entre conservación, y el desarrollo de la región a partir del aprovechamiento turístico y las actividades productivas, en un marco integrado y sustentable.”

Es en la década de 1950 cuando el turismo aparece como una alternativa de desarrollo ante largos períodos de recesión y estancamiento económico[16]. Ya entrando en la década de 1970, se crearon más áreas de preservación ambiental, todas con fines turísticos: el Parque Marino Provincial Golfo San José (ley provincial N°1238), el Área Natural Turística de Punta Pirámide y las Áreas Naturales Turísticas de Caleta Valdés y Punta Delgada. El objeto era el mismo: preservar especies faunísticas y sus hábitats “procurar su vuelta al grado prístino en todos aquellos casos en que factores lo hayan modificado, y hacerlo más adecuado y seguro al disfrute del hombre, en sus fines científicos y/o turísticos”.

En 1971, el mismo zoológico de Nueva York envía al especialista recientemente fallecido Roger Payne, financiado para estudiar a la ballena franca austral. De sus resultados se termina ubicando a Península Valdés como uno de los lugares más importantes en el mundo en cuanto a reproducción y cría de esta especie[17]. También de aquí surge el modelo de “avistaje patagónico” de aprovechamiento turístico de la ballena franca.[18]

En busca de opciones educativas más allá de lo recreacional, se levantaron instalaciones específicas con información científica básica, los “Centros de Interpretación” en los sitios de avisaje. Esto nos habla de un profundo cambio de rumbo productivo en la población de este territorio, del inicio de una construcción discursiva radicalmente distinta al a que veníamos viendo hasta hace menos de dos décadas y que se sustenta, como vimos, en políticas internacionales.

Las pocas actividades extractivas que quedaban en península dieron un viraje “proteccionista”. En las paredes del Centro de Visitantes Istmo Ameghino leemos: “La marisquería mediante buceo fue desarrollada como alternativa sustentable a la pesca de vieira con rastra que comenzó a operar en el Golfo San Jose  a principios de los años 70. La pesquería por buceo fue formalmente abierta en 1976 y el arrastre ha estado efectivamente prohibido desde entonces. Al igual que el buceo, las otras modalidades de pesca artesanal de Península Valdés son actividades extractivas selectivas que conservan el entorno y pueden desarrollarse de manera sustentable si son manejadas correctamente”.

Lo que sigue en la primer salita octogonal del Centro de Visitantes, dentro de la misma salita octogonal, son tres posters con un total cambio de formato: son más pequeños, con fondo oscuro y tipografía blanca, acompañados de grandes fotos de costado a todo color. Describen en detalle cada uno las actuales actividades de pesca permitidas y sustentables: buzos marisqueros, recolectores costeros y rederos de costa.

 

La siguientes dos salas octogonales, igual de pequeñas, son las de “Flora y fauna continental” y “Flora y fauna costera”. Sin embargo, parecen más espaciosas pues la cantidad de posters informativos, mucho más coloridos en su formato, es menor y abundan las fotografías de la naturaleza. Aves, mamíferos, peces, reptiles, invertebrados y plantas son presentados en detalle por “hallar su refugio en el Área Natural Protegida Península Valdés”. “No las moleste y admírelas”, aclara incluso el cartel de reptiles.

La sala de fauna marina destaca por su gran tamaño en comparación con el resto. Siete posters se reparten información a color entre peces oceánicos, cetáceos, aves oceánicas, ciamidos (piojos de ballena) y más detalles particulares de la ballena franca austral. Pero lo que más resalta en este gran espacio es la exposición de un gran esqueleto completo de ballena, hallado muerto en Caleta Valdés en 1985, que atraviesa toda la sala. Esta especie fue declarada Monumento Natural por la República Argentina en 1984 y representa hoy el motor de la economía de Puerto Pirámides gracias a su avistaje turístico embarcado.

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La que sigue es una sala octogonal que vuelve al tamaño habitual de las anteriores y, a pesar de tener el título de Geología histórica, también incluye en ella una pared entera en homenaje a una guarda-fauna fallecida en el año 2009 en un fatal incidente que aún permanece sin esclarecer, y un sector para niños con mesas para dibujar.

Por fuera del edificio aún quedan dos sectores por visitar: un mirador en altura orientado hacia la Isla de los Pájaros y con la peculiaridad que todo su suelo está ilustrado por un enorme mapa que indica la distancia en la que uno se ubica de cada parte del mundo. Por último el sendero exterior de 150m ya mencionado, que recorre un camino señalando plantas nativas, pequeños animales e insectos autóctonos y… Hombres de las Estepas, en donde volvemos a encontrar una segunda y breve referencia a las poblaciones originarias prehispánicas.

 

Consideraciones Finales

Halbwachs[19] define la memoria colectiva como aquella que retiene del pasado sólo lo que aún está vivo en la conciencia del grupo que la mantiene. En la distribución del contenido expuesto dentro de este Centro de Visitantes, hay una situación que salta a la vista. De cinco salas expuestas, menos de un 20% del espacio de esta muestra está abocado a la historia humana dentro del territorio.

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Esto se refleja también en el folleto que promociona el Centro de Visitantes y que es entregado a cada turista al ingreso del mismo. Es un folleto de tres solapas (seis carillas), con papel laminado y a todo color. Tras la carátula de presentación, una carilla entera está dedicada a la flora y fauna continental, otra a la flora y fauna costera y otra a la fauna marina, tras lo cual una misma carilla se divide entre geología histórica, el hombre de Valdés y un pequeño apartado sobre quién fue Carlos Ameghino. La última carilla tiene un mapa del lugar que grafica la distribución de las salas.

En el museo Istmo Ameghino, el interior tiene una forma circular, donde no hay un orden establecido a la hora de empezar a explorar las salas. Sin embargo, la primer sala a la derecha de la puerta de entrada es la elegida para hablar de comunidades originarias y ocupación española en la región. Es decir, que si intentamos comenzar desde “el principio”, este no está marcado por la información de la flora y la fauna que preceden cronológicamente al hombre por miles y hasta millones de años (en el caso de la geología) al hombre. No, el inicio, el pasado, son las comunidades originarias, la española y la Etapa Nacional, todas ellas abocadas a la explotación de los recursos naturales de una manera que hoy ya no es aceptable. La fauna y la flora en plena tarea de conservación y protección son el presente y el futuro.

Incluso es notorio, dentro de la salita referida a la ocupación humana, el manejo de los colores en la gráfica expuesta. El blanco y el negro se usan para los años de explotación de recursos naturales de modos que hoy están prohibidos y mal vistos. El color se impone para hablar de ganadería y pesca sustentable, dos herramientas económicas importantísimas en la zona actualmente.

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Marcela Brac dice “cuando el discurso aceptado por la mayoría es retomado por el museo comunitario se fortalece como versión legitima del pasado comunitario”[20]. Advertimos en este caso un esfuerzo por reducir al mínimo la historia de explotación de los recursos naturales, por momentos tan cruenta, que caracterizó al territorio hasta mediados del siglo XX, y resaltar exhaustivamente el presente de conservación, cuidado y preservación de la biodiversidad actual.

Sin embargo, advertimos que esta no es más que una nueva forma de explotación de la naturaleza, mucho más amena con el medio ambiente por supuesto, pero totalmente abocada al turismo. Esta muestra expuesta en el Centro de Visitantes Istmo Ameghino, es una carta de presentación del territorio al que el turista está ingresando. Una carta diseñada y hecha para ser conocidos del modo en que ellos eligen ser conocidos hoy. Allí se expone un pasado, pero no cualquier pasado, sino un pasado contemporáneo y acorde a la ideología actual.

Notas de la ponencia:

[1] Los datos del último censo nacional 2022 aún son parciales y sólo muestran cifras por jurisdicción. El número 800 es una estimación local, salida de una entrevista realizada a una pobladora en base al padrón electoral, cuyo número exacto en las elecciones de julio 2023 fue de 794. De todos modos hay que tener en cuenta que muchos radican su domicilio en Puerto Pirámides cuando en realidad viven en la ciudad cabecera de Puerto Madryn, ubicada a 94km.

[2] Adame, M. Á. (2014:333)

[3] https://whc.unesco.org/uploads/nominations/937.pdf

[4] De las especies actuales de ballenas, la franca es la que más cerca de la extinción ha llegado. Tras haber casi exterminado a las poblaciones de la ballena franca septentrional (especie afín del Hemisferio Norte) durante los siglos XVIII y XIX, las flotas balleneras se dirigieron hacia los mares australes, dedicándose a cazar a la ballena franca austral. Se calcula que al inicio de la matanza vivían unos 100 mil ejemplares, número que se redujo drásticamente, al punto que en la actualidad se estima en unos 7 mil ejemplares. https://www.argentina.gob.ar/parquesnacionales/ballena-franca-austral/por-que-peligro

[5] En 2018, Península Valdés fue listada entre los 10 mejores lugares del mundo para avistar ballenas por NatGeo Travel y, en 2019,  obtuvo el premio World Travel Award como “Destino de avistaje de ballenas líder en Sudamérica”.  https://www.puertopiramides.gov.ar/avistaje/

[6] Almiron, A. (2006:103)

[7] Fernández T., Gavirati M. y Jones, N. (2008:79).

[8] Barba Ruiz, L. (1995:23)

[9]  Fernández, Gavirati y Jones, 2008:81)

[10] Caruso, S. (2018:79)

[11] Caruso, S. (2018:91)

[12] https://sistemas.chubut.gov.ar/digesto/sistema/consulta.php?idile1=5223

[13] https://ecotourism.org/

[14] Candau, J. (2008:92)

[15] https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/decreto-1216-1974-277263/texto

[16] Kuper (2009:90)

[17] Kuper (2009:92)

[20] Brac, M. (2017:21)

Bibliografía de la ponencia

·         Adame, M. Ángel (2014). Exotismo posmoderno: la antropología de los encuentros turísticos interculturales. Cuicuilco Revista de Ciencias antropológicas, 9(24), pp.333-364.

·         Almiron, A. (2006). “Turismo, patrimonio y territorio. Una discusión de sus relaciones a partir de casos de Argentina”. En: Estudios y Perspectivas en Turismo, vol. 15, num. 2, pp. 101-120. Buenos Aires, Argentina.

·         Barba Ruiz, L. (1995) Acontecimientos históricos de Península Valdés. Trelew: Publicación de la Comisión Pro Monumentos a las Gestas Españolas del Chubut.

·         Brac, M. (2017). Trabajo y memoria. Recuerdos contrapuestos de ex trabajadores forestales, Villa Guillermina, provincia de Santa Fe (Argentina). En: Revista Latinoamericana de Antropología del Trabajo, vol. 1, núm. 1.

·         Candau, Joel (2008). Memoria e identidad. Buenos Aires: Ediciones Del Sol.

·         Caruso, S. (2018) Crisis ambiental, pensamiento ambientalista y creación de áreas naturales protegidas en Argentina. Breves contribuciones del I.E.G. N°29, pp. 74-102

·         Fernández, T., Gavirati, M. Y Jones, N. 2008. “Eran todos campos abiertos”. Poblamiento y configuración del espacio socio-económico-cultural de Península de Valdés (1880-1930). En Cuadernos de Historia Patagónica N° 2. CEHyS, Puerto Madryn.

·         Halbwach, N. 1968. “Memoria colectiva y memoria histórica”. En: La memoria colectiva. París, Francia.

·         Kuper, D. (2009) Turismo y preservación ambiental: el desarrollo turístico de Península Valdés, provincia del Chubut. PASOS. Revista de turismo y patrimonio cultural, vol 7, n 1, pp. 85-97

 

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