La ciudad es un medio, la finalidad son los lazos familiares en comunidades de la Huasteca potosina (México)

SP.60: Migración y parentesco en Latinoamérica

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Minerva López Millán Centro INAH San Luis Potosí

Introducción

Tanto los medios, como las distintas vertientes académicas han dado por sentado que la llamada migración interna es un hecho, cuantificándola y elaborando estudios muy respetables1, ya que han puesto a la luz una serie de desigualdades que enfrentan las personas indígenas en la ciudad: desde la forma en que las dinámicas de ésta los invisibiliza y devora, hasta el reclamo de los derechos laborales. Sin embargo, en la investigación etnográfica basta con plantear la pregunta: ¿Se considera usted un migrante?, para propiciar un debate entre las personas que deciden irse a una ciudad, entre los parientes que permanecen en la tierra natal y entre aquellas personas que regresaron a su comunidad después de haber vivenciado una estadía en alguna ciudad, sin el deseo de volver a ésta. Por ello, el objetivo de esta ponencia es invitar a un pensamiento crítico que categoriza a los jóvenes de la Huasteca potosina (México) como migrantes. En la primera sección se exponen las estrategias metodológicas, en la siguiente, con base en los reflexiones teóricas aportadas por Georgina Ramsey (2020), se intenta mostrar que, desde una perspectiva estructural económica, los jóvenes teenek (hombres y mujeres) cursan por un proceso de desposesión de sus tierras natales, así como de su tiempo futuro. En el tercer apartado se describirán las prácticas rituales que sellan un vínculo entre los distintos lugares donde viven los parientes, así como la revisión de tres genealogías que grafican las dinámicas familiares, para cerrar con unas reflexiones finales.



Metodología

La investigación etnográfica se ha realizado en intervalos de cuatro meses, desde 2012 a 2023 en las comunidades del municipio de Tamuín: Tampacoy, El Aserradero, Piedras Chinas, La Primavera; en el municipio de San Vicente Tancuayalab: San Francisco Cuayalab; en el municipio de Tanlajás: Malilijá y La Cebadilla; en el municipio de Aquismón: Tancuime centro, Oxtoom, Pa’ham tsén, Lanim, Tahuilatzén, Santa Bárbara, y Barrio Bichamte. Los datos etnográficos posibilitaron conocer cuáles son los rituales del ciclo de vida y los dedicados a la tierra2, en tres familias de diferentes comunidades y municipios, a saber: San Francisco Cuayalab (mpio. San Vicente Tancuayalab), Malilijá (mpio. Tanlajás) y Venustiano Carranza (mpio. Tamuín).

De manera alterna se aplicaron 998 cuestionarios en forma de taller entre 2016 y 2017 a escolares de 12 a 18 años (López Millán, 2018). Previamente al cuestionario citado, en 2015 se realizó una prueba piloto entre 45 alumnos del Colegio de Bachilleres plantel Tanquián, con la intención de captar la percepción que tienen sobre aspectos sociales y económicos que los llevan a moverse a una ciudad. Las diez preguntas iniciales eran abiertas3. Con base en las respuestas libres que ellos emitieron, se formaron series de opción múltiple, de modo que el instrumento final, aplicado en 2016, quedó conformado por 24 reactivos, de los cuales, para fines de la presente ponencia, solo se destacan los temas concernientes a la categoría de migración, mediante dos preguntas y la selección de tres afirmaciones: ¿Consideras necesario irte a una ciudad en el futuro? ¿Tienes familiares o amigos en la ciudad a la que quieres ir? “Quiero irme a la ciudad para trabajar y ayudar a mis papás, mandándoles dinero”, “Tengo miedo a perder la vida y abandonar mi familia por buscar un empleo mucho mejor”, “No me gusta que me consideren pobre porque en mi comunidad tenemos otras formas de riqueza”.



Un referente teórico: mirar procesos de desposesión, y no a migrantes

De acuerdo con el instrumento anteriormente descrito (López Millán, 2018), un 82 % de los escolares expresó tener planeado irse a una ciudad4, y no por ello se reconocen como migrantes. Un 71 % de ellos tienen familiares o amigos en la ciudad a la que desean ir, un 22 % no respondió, 5 % no se irá, y un 2 % no respondió. Un 59 % planea trabajar y enviar dinero a sus padres, mientras que un 29 % desea trabajar y estudiar para enviar dinero a sus padres. Solo 2 % desea ir de paseo, 5 % no respondió y otro 5 % no se irá.

Los adultos tampoco se autodefinen como tales, ya sea que vivan en sus comunidades natales, o en distintas ciudades del estado de Nuevo León, México. La palabra migración o migrante remite a una doble connotación: como categoría académica y como una ofensa. Respecto a ésta última, con voz enfática un hombre teenek de 52 años, comisariado ejidal en 2013, Tampacoy, Mpio. de Tamuín, aclara: “¡Migran las aves, la gente no!” Una madre de de familia (de 55 años, La Cebadilla 2015), al saber que sus hijos viviendo en Nuevo León son categorizados como migrantes, responde en tono triste y voz baja: “así nos dicen”. Aún más, un reconocido carpintero (nacido en 1973) de La Cebadilla (Mpio. de Tanlajás), quien vivió en Fome Rey, una colonia de la ciudad de Nuevo León, durante los años de 1980, no desea regresar a ninguna ciudad, así como tampoco desea que sus hijos lo hagan. Él mismo, de manera un tanto hiriente y en sarcasmo, reprochó al Juez Auxiliar de 2021 sobre unos cambios que se realizaron en la comunidad años atrás: “¡No te enteraste de lo que pasó porque andabas de migrante!”

Las verbalizaciones de las personas teenek que viven en una ciudad nos llevan a destacar algunas reflexiones críticas elaboradas por Georgina Ramsay: “necesitamos desarrollar una estructura analítica más envolvente que pueda juntar las comunalidades de los tiempos precarios, tanto para los migrantes como para los no migrantes” (2020, p. 388), pues de acuerdo con la categoría político-legal de ciudadanía, los jóvenes descritos en esta ponencia no han cruzado una frontera nacional, por un lado; y por otro, los procesos paulatinos de desposesión que están viviendo los jóvenes “resultan en dislocaciones físicas y sociales en la medida que son forzados a navegar crecientemente a economías, ambientes y contextos sociopolíticos hostiles” (2020, p. 389). Las aportaciones teóricas de Ramsey nos llevan a replantear la categorización de migrante, y en su lugar, a mirar los diferentes procesos de desposesión que cursan las personas que se van a la ciudad, pues tal como se leerá a continuación, así como en uno de los genogramas, se materializan distintas formas de despojo económico estructural.

La categoría pobreza es parte de dicho fenómeno de desposesión. Al respecto, de manera mayoritaria, los jóvenes seleccionaron como verdadera la sentencia: “no me gusta que me consideren pobre porque en mi comunidad tenemos otras formas de riqueza” (un 90 %). Por otro lado, y a pesar de que, en el curso de su infancia van visualizando su posible partida a una ciudad, el instrumento utilizado también permitió identificar cuál es uno de los miedos que sienten los jóvenes antes de navegar hacia economías, ambientes y contextos sociopolíticos hostiles, mediante la opción de respuesta que ellos mismos emitieron en la prueba piloto5: “tengo miedo a perder la vida y abandonar mi familia por buscar un empleo mucho mejor”, pues un 47% de los escolares seleccionaron dicho marcaje, respecto a un 50% que señaló tal aserción como “falsa”, y un 3% que no respondió la pregunta. Unos párrafos más abajo, mediante el contenido de las genealogías, estas respuestas estarán dialogando con el acontecer de sus historias. A continuación se dedicará un apartado a la vida ritual, ya que estos son los que articulan la vida en la comunidad y la vida en la ciudad.

El ritual como sello de lazos entre distintos espacios

Los rituales del ciclo vital son: el hecho mismo de nacer, el bautizo, la primera comunión, la petición de la novia, el proceso de la formación de una pareja, y la celebración de la boda en caso de que ésta se celebre. Estos rituales no siguen un orden riguroso, sino que varían, según los acuerdos verbales cuando los hijos con sus respectivas familias se mueven desde sus domicilios de Nuevo León para reunirse con sus padres en la comunidad natal. En el espacio natal es donde se planea cuándo y cómo se celebrará el próximo ritual vital que ha de reunir a todos nuevamente. La muerte amerita un ritual especial, sin embargo, como se verá en una de las genealogías, debido a la incertidumbre propia de un proceso de desposesión estructural, su realización también es incierta. En las líneas siguientes se describirá al ritual “Cuatro Kwa’ yab lab”, uno de los más importantes en la mayor parte de las comunidades teenek de la Huasteca potosina. Este ritual, junto con los del ciclo vital otorgan y sellan el vínculo entre los parientes que habitan en las comunidades natales y los que se han ido a los diferentes sitios en aquellas ciudades en las que han formado sus parejas y familias.

El ritual “Cuatro Kwa’ yab lab

El ritual llamado “Cuatro Kwa’ yab lab” (Cuatro bastones de mando) es anual. Recibe diversos nombres, de acuerdo con la historia de cada comunidad: “cuatro esquinas”, “cuatro puntos cardinales”, “ce’ esquina”, “huetox lab”. Es uno de los más importantes entre las comunidades teenek que habitan los municipios de Tamuin, San Vicente Tancuayalab y Tanlajás (Huasteca potosina). Su objetivo es pedir que haya salud, trabajo, que no mueran los animales y, sobre todo, que la cosecha del maíz se logre. El trazo de este ritual dibuja un “quincunce” (Medina 2000, Dehouve, 2010, 2012, 2015), cuya representación espacial es característica en los pueblos de Mesoamérica y es considerado uno de los ritos agrícolas. Está dedicado a la familia, a los animales, a la tierra, incluida el agua, el viento; y al maíz. Entre las comunidades hay ciertas diferencias sutiles en el uso de algunos elementos rituales, de modo que también se dedica a los vehículos, a los negocios familiares y muy sentidamente para aquellos parientes que habitan en alguna ciudad distante.

Por otro lado, las genealogías6 estuvieron encaminadas a organizar la siguiente información: (1) la condición agraria del jefe de familia, es decir, saber si fue nombrado sucesor de tierras ejidales, o si regularizó la titularidad de la documentación. Será notorio que la mayoría de los jóvenes mujeres y hombres no permanecerán en su tierra natal, ya sea porque decidan irse mediante el consentimiento de sus padres, o bien, porque algunos de ellos no son designados por sus padres para mantenerse en la tierra natal para trabajarla, en los casos en que el padre o madre del joven es designado sucesor de tierras (personas nacidas en los años de 1960 a 1980) o porque posea el documento agrario de ejidatario o de comunero (generación de personas nacidas entre antes de 1960). Si el padre o madre del joven no posee dicho documento agrario, es más probable todavía que todos los hijos se vayan a una ciudad. Este último aspecto es relevante para constatar el proceso de desposesión de sus tierras y del tiempo futuro o futuridad que viven los jóvenes. (2) Quién fue la primera persona que se fue a vivir y a trabajar a una ciudad, (3) quién fue la persona que, una vez instalada en la ciudad, recibió en su casa a familiares que procedían de la comunidad de origen; (4) el cambio en el perfil laboral y escolar de las familias. (5) El cambio en el uso de la lengua materna.



Genealogía 1. De San Francisco Cuayalab a Santa Catarina (Nuevo León)

Clemencia, una mujer nacida en 1962 es la jefa de una familia en San Francisco Cuayalab, con cinco hijos (3 mujeres y 2 hombres). El teenek fue la lengua materna de todos, por lo tanto, son bilingües. En Nuevo León, ninguno de los 5 hijos de Clemencia habla el teenek con su pareja. Tampoco lo enseñaron a sus hijos (nietos de Clemencia), cuya lengua materna es el español; en cambio, los hijos de Clemencia hablan la lengua materna reunidos en la última semana de diciembre en San Francisco Cuayalab. Desde que murió la madre de Clemencia (1971), ella habitó en la casa de su abuelo materno, y finalmente, en 2017 logró regularizar su documentación como sucesora de las tierras ejidales (parcelas). Esta demora en la titularidad fue un obstáculo administrativo para que ella pudiera solicitar subsidio de programas gubernamentales para el campo. Es decir, por restricciones en la gestión de política agraria, nunca ha sido incluida en dichos programas. Actualmente, ella puede gestionar el programa “Sembrando vida”, o “Producción al campo”, sin embargo, necesita acudir al auxilio de un hombre que trabaje la modalidad de jornal, y a su vez, ella acordar con él, la forma en que distribuirán la cosecha. El hijo número 4 de Clemencia (nacido en 1997) es quien ha permanecido en la comunidad natal, alternando el trabajo de corte de caña (actividad económica predominante en la región Huasteca), con el empleo como obrero en una conocida empresa empacadora de carne en Tamuín, y en el trabajo de la milpa. Esta persona formó su familia en 2016 mediante acuerdo verbal con la familia de la pareja, sin concertar propiamente un ritual.

Justina (nacida en 1986, marcada en rojo y recuadro amarillo en el genograma 1) es la segunda hija de Clemencia, y a los 19 años de edad fue la primera en irse a una ciudad (Monterrey, Nuevo León) para establecerse en ella como obrera en una fábrica de alimentos, y continuar recibiendo en su casa a familiares originarios de su comunidad natal. A los 12 años, Justina obtuvo su primer empleo en la cabecera municipal de San Vicente Tancuayalab, desempeñándose en el servicio doméstico en la casa de una mujer que, mediante relación abusiva, le suministraba alimentos y casa (Diario de campo, diciembre de 2018). A los 21 años (2007), Justina se unió con su pareja en el municipio de Santa Catarina, Nuevo León, donde rentaron una casa. Él es originario de Ponciano Arriaga, Mpio. de Ébano (nacido en 1988) y se desempeña como obrero calificado en una empresa automotriz. Establecidos como familia, en 2008 recibieron en su casa durante un año, al hermano de Justina, nacido en 1992. Este hermano pidió la mano de su actual esposa en San Francisco Cuayalab y desde 2009 viven como familia aparte en García. Él trabaja en una empresa automotriz, en 2014 empezó sus estudios en mecatrónica en una universidad particular y en 2015 nació su único hijo.

En 2011, Justina y su esposo compran una casa en la misma colonia, Santa Catarina. Cuando ella tenía 26 años (2012), nació su única hija, cuyo bautismo y primera comunión (2023) se realizaron en el pueblo natal de Justina (San Francisco Cuayalab). En ese mismo 2012, el suegro de Justina, quien enviudó en 2001, se queda a vivir con ellos, después de hacer visitas esporádicas desde su tierra natal Ponciano Arriaga. Desde entonces, el suegro habita con ellos formando un grupo residencial (ver genograma 1, continuación). Él trabaja como empleado de limpieza en diferentes tiendas corporativas. El suegro de Justina es ejidatario, sin embargo, renta sus tierras a una persona de la tierra natal, y tanto él como sus hijos se movieron a Nuevo León. Llama Cada uno de sus hijos e hijas cumplieron con la realización de los rituales del ciclo vital, con especial cuidado en la petición de la novia.

En 2013 se agrega a este grupo parental el segundo hermano del esposo de Justina (nacido en 1991), junto con su esposa, quienes construyeron cuartos aparte, dentro del solar de Justina, y desde entonces formaron un grupo residencial (sus dos hijos nacieron en 2016 y 2018). Es decir, dos familias comparten un predio mediante un acuerdo verbal de cuidados a una niña y una pequeña cantidad mensual, a cambio de una vivienda: la hija de Justina recibió cuidados de la cuñada de ésta, mientras Justina trabajaba como obrera en una fábrica (donde laboró por 15 años).

En 2016 Justina celebró su boda en su comunidad natal, donde con seis meses de anticipación se realizó la petición de su mano. Al año siguiente (2017) empezó sus estudios universitarios de administración de empresas en una universidad particular, cuyo pago fue desembolsado principalmente por la liquidación inducida como consecuencia de un accidente laboral. En ese mismo 2017, Justina y su esposo reciben a un sobrino de ella (nacido en 1996), quien es el primer hijo de su primera hermana (1981). Este joven co-habitó con estos tíos durante poco más de seis meses, para formar una pareja en 2018, en el municipio de Zuazua, y en ese año nació su hija. Se empleó como obrero en diferentes industrias acereras hasta 2020. En 2021 se separa de su esposa y se va a trabajar como jornalero a un rancho particular en el municipio de Guadalcázar. En marzo de 2022, por vía telefónica, Clemencia, la abuela materna de este joven pide ayuda a quien escribe, para localizarlo, pues desde entonces él está desaparecido.

En 2020, Justina concluyó sus estudios y en 2022 ingresó a laborar como profesional contable en otra empresa. Nunca ha dejado de enviar dinero a su madre, así como proveerle de mobiliario para la casa. En la tierra tierra natal ha sido madrina de primera comunión y bautizo de unos diez niños, a quienes lleva regalos, así como ropa y juguetes que logra reunir desde la ciudad, por lo menos dos veces al año.

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enograma 1. Grupos residenciales en San Francisco Cuayalab y en Nuevo León.

G enograma 1 (continuación). Todo el grupo parental de Ponciano Arriaga se mueve a Nuevo León.





Genealogía 2. De Malilijá (Tanlajás) a Escobedo (Nuevo León)

Nicandro, un hombre nacido en 1967 es el jefe de familia y sucesor de tierras (marcado en verde en el genograma 2), por lo tanto, también expresa una preocupación y planeación porque alguno de sus hijos las trabaje. Él y su esposa Concepción (nacida en 1973) tuvieron 10 hijos (4 mujeres y 6 hombres). La lengua materna de todos los hijos es el teenek, por lo tanto, son bilingües, y en la ciudad solo hablan el español. El hijo número 5 de Nicandro y Concepción es Jorge (nacido en 1999, resaltado en color amarillo, genograma 2), quien se desempeña con gran sensibilidad en varios saberes de su tierra, los cuales le confieren una valía especial en la consideración de su padre, quien decidió que se quedara a ayudarle en el intenso trabajo de las parcelas. Dichos saberes son: el cuidado de sus hermanos menores, un conocimiento de la gramática teenek, el uso de diversidad de plantas, el cuidado de los animales del solar y la cautela hacia los animales del monte, así como la observación del clima. Aparte, Jorge sale a trabajar a un rancho particular hacia la cabecera municipal, alternando con otros trabajos de albañilería, a los que es convocado desde otras comunidades, y se va al corte de caña en tiempo de zafra7 (se unió en 2018, mismo año en que nació su primera hija).

Ricardo es el tercer hijo (nacido en 1993, destacado en rojo en el genograma 2), fue el primero en irse a trabajar a Nuevo León con el propósito de instalarse en el municipio de Escobedo en 2014. En él recayó la función de recibir en su casa a sus hermanos varones procedentes de Malilijá (comunidad natal). Él ha trabajado como mesero en un restaurante de mariscos y se unió en pareja en 2015, año en que nace su hijo. Ricardo y su esposa recibieron a Donato (hijo número 6 de Nicandro y Concepción, nacido en 2001), quien al concluir el bachillerato se movió a Nuevo León en 2018. Ambos trabajan en el mismo restaurante, Donato es ayudante de cocina y en 2023 inició estudios de contaduría en una universidad particular, cuyos gastos son cubiertos por él mismo.

En septiembre de 2020, Marco (nacido en 2003, hijo número 7 de Nicandro y Concepción) se agregó al empleo de mesero en el mismo establecimiento que sus hermanos y residiendo con ellos. En 2021 se aparta para unirse en pareja (sin realizar rituales) y hasta el momento no tienen hijos. El costo alto de la vida en Nuevo León no ha permitido a los hermanos varones enviar dinero a sus padres.

La hija número 2 (nacida en 1992, unida en 2011 y su única hija nacida en 2013) vive y se desempeña como artesana en el bordado de los textiles desde 2016, junto con su esposo en la comunidad teenek donde se casó con él (Tanjasnek). Ellos, como grupo familiar formaron un grupo con dos de sus cuñadas, y tres mujeres de la misma comunidad y municipio. Venden sus artesanías en distintos espacios que les gestionan las autoridades municipales de Ciudad Valles o en el Fondo de las Artes, en la ciudad de San Luis Potosí.

Por su parte, Carmen, la hija número 4 (nacida en 1997), al concluir sus estudios de bachillerato en 2016, se fue a trabajar como mesera en un restaurante corporativo en la cabecera municipal de Ciudad Valles, donde alquiló un cuarto ella sola (donde ha recibido por pocos días a sus hermanos menores y padres en calidad de visita). En 2017 inició sus estudios de enfermería en la Universidad Intercultural de ese municipio, en 2020 se graduó, y en marzo de 2021 empezó a ejercer su nueva profesión en una clínica particular en Ciudad Valles. Se mudó a otra vivienda y desde 2022 envía dinero a su madre, así como dulces para sus últimos tres hermanos (nacidos en 2009, 2007 y 2005), quienes continúan estudiando y viven con sus padres en un mismo grupo residencial en Malilijá, municipio de Tanlajás.

G enograma 2. Grupos residenciales en Malilijá (Tanlajás), Matamoros, Ciudad Valles y Nuevo León.





Genealogía 3. De Carranza (Tamuín) a Estanzuela (Nuevo León)

Luz es una viuda nacida en 1964, La Cebadilla, municipio de Tanlajás y jefa de familia (destacada en verde en el genograma 3). Ella es bilingüe y su lengua materna es el teenek, mientras que la de sus 8 hijos (2 mujeres y 6 hombres) es el español. Enviudó en 2001 y actualmente es ejidataria en la comunidad llamada Venustiano Carranza, municipio de Tamuín (Huasteca potosina). Planea que uno de sus hijos trabaje la tierra, y ella misma chapulea sus parcelas (retira la hierba que interfiere en el crecimiento óptimo de la milpa). Agustín, su hijo número 4 (nacido en 1993) y el último (Raúl, nacido en 2002) son quienes trabajan las parcelas, alternando dichas labores con su desempeño como vaqueros en ranchos particulares de la zona.

Tomando en cuenta que en esta genealogía hay más hombres que mujeres, a Joel (hijo número 3, nacido en 1990), Rodolfo (hijo número 5, nacido en 1994) y a Damiano (hijo número 6, nacido en 1996, con bachillerato concluido en 2015) les ha tocado recibir a hermanos y familiares, una vez que se han ido estableciendo en distintos puntos del municipio de Escobedo, Nuevo León. Joel (destacado en color rojo en el genograma 3) fue el primero en irse, después de concluir la secundaria, en 2010, año en que se unió y tuvo a su primer hijo. Él, junto con su esposa, recibieron en su casa a su hermano Rodolfo en 2011, quien se unió el mismo año, y al siguiente nació su primer hijo, tiempo en que Rodolfo se aparta para formar otro grupo residencial junto con su nueva familia. En 2016, Joel recibe en su casa a Damiano, quien en 2017 formó una familia y se aparta para rentar en otra casa. En 2022, Damiano adquirió un préstamo hipotecario para vivienda por parte de la empresa que labora, y continúa pagándola. Los tres hermanos han alternado el oficio de albañilería con el de obrero, y empleados en tiendas corporativas. El costo alto de la vida en Nuevo León no les posibilitó enviar dinero a su madre.

En 2016, Alma (hija número 7, nacida en 1998, secundaria concluida) se fue por primera vez a Monterrey para instalarse en la casa de sus empleadores en el servicio doméstico. Durante ese año regresó por lapsos de dos meses a su tierra natal (Venustiano Carranza) para tratarse un mal de sombra. En 2017 regresa a dicha ciudad en el servicio doméstico. En 2018, ella formó una familia, la cual fue recibida en casa de Damiano. En 2019, ella se aparta de su pareja, y junto con su hijo se fueron a vivir a la casa de su hermano Joel, desempeñándose como obrera. Desde 2020 labora en la sección de panadería en una tienda corporativa. En 2021 se unió con otra pareja, en el mismo año nace su segundo hijo y forman otro grupo residencial aparte desde entonces.

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enograma 3. Grupos residenciales en Matamoros, Estanzuela (Nuevo León) y Carranza (Tamuín)





Reflexión final


El concepto juventud no es abordado explícitamente por los interlocutores, sino que, de acuerdo con los planes de organización de sus padres, incluyendo la importancia de los rituales del ciclo vital, y con base en las expectativas vertidas en el cuestionario aplicado en 2016, el período de juventud es largo porque comprende por un lado, las edades en las que ellos expresan su deseo o plan de irse a una ciudad, hasta ciertos eventos que ellos esperan cumplir en dicho espacio, especialmente trabajar para enviar dinero a sus padres, o bien, trabajar y estudiar. La unión conyugal o la formación de una familia no es verbalizada o anotada en los cuestionarios como un plan dentro de dicho período, pues su acontecer varía, ya que puede presentarse antes de irse a la ciudad o estando allá. El punto relevante es que el evento se sella mediante rituales.

Las mujeres teenek han cursado su primera relación con la ciudad en el servicio doméstico, en el que no todas pueden aspirar a escalar en una mejor opción laboral y de realizar estudios, tal como lo desean antes de irse, de acuerdo con las respuestas en los cuestionarios. Tanto los hombres como las mujeres extienden su lapso de juventud de los 12 a los 35 años, porque durante ese periodo hacen planes desde su tierra natal, junto a sus padres y hermanos, también forman a sus familias, es decir, tienen hijos.

Es una mujer la persona de referencia en la primera genealogía, quien une a parientes de San Francisco Cuayalab (línea parental de la esposa) y de Ponciano Arriaga (línea parental del esposo) en la ciudad. La descripción se presenta como una historia de vida nodal en la que converge la incursión de parientes que por lapsos con distintas duraciones forman grupos residenciales.

En la segunda genealogía, tres hermanos varones logran formar un grupo residencial. En dicho núcleo, uno de ellos continúa con sus estudios, mientras que la hija nacida en 1997 logra continuarlos y hacer un cambio laboral. Todos ellos iniciaron como empleados de cocina en restaurantes. La organización del padre de familia en cuanto a las salidas y permanencias de cada uno de sus hijos influyó favorablemente en su destino en la ciudad, a pesar de que son diez hijos. El óptimo desempeño ritual con la tierra y con los animales, tanto del monte como del solar fue clave para que el hijo nacido en 1998 fuera el elegido para continuar con dichos cuidados.

En la tercera genealogía, la jefa de familia viuda se ve tan afectada en la tierra natal (Venustiano Caranza en municipio Tamuín) como su hija nacida en 1998, viviendo en Estanzuela, Nuevo León, quien durante sus primeros cinco años de estadía no lograba consolidarse en un grupo residencial, a pesar de que ella reconoce la ayuda que le brindó su hermano nacido en 1990.

Con sus prácticas de reorganización familiar desde la ciudad, los jóvenes teenek expresan un contra-argumento a la economía estructural dominante que los estigmatiza como migrantes y pobres, a pesar del proceso mediante el cual sufren una doble desposesión: en primer lugar, de su tierra, por el hecho de que el campo mismo es desvalorizado en términos productivos y culturales, ya que los rituales dedicados a la tierra y al ciclo de vida no son tomados en serio. Y aún así, el ritual “Cuatro Kwa’ yab lab”, así como los del ciclo vital son los actos mediante los cuales se sella el vínculo irrompible entre los hijos que viven en las distintas ciudades a donde estos se mueven. Los rituales otorgan relevancia a dichas relaciones, indistintamente de la distancia.

En segundo lugar, por el hecho de transitar hacia un espacio en una ciudad, cuyos alcances globales de incertidumbre e injusticia laboral también les despojará de su tiempo futuro. Es urgente gestionar una política agraria con perspectiva de género, con la finalidad de que las mujeres con jefatura de familia y las viudas puedan acceder de manera expedita a programas gubernamentales para fortalecer la producción en el campo, pues al fortalecer la jefatura de ellas, también se fortalecen sus hijos e hijas en las ciudades a las que se dirigen.



Notas de la ponencia:

1Séverine Durin, et al. (2007:33) explican: “La migración indígena resultaba significativa a partir de 1970 y, según un patrón migratorio tradicional, resultaba mayormente masculina. Esta tendencia se invierte en 1990 cuando, además de aumentar la migración indígena en general, las mujeres son sobrerrepresentadas dejando entrever la existencia de una migración femenina. Es importante destacar el hecho de que se trata de mujeres jóvenes: del total de mujeres HLI registradas en el censo del 2000, 64.99% tienen entre 15 y 29 años de edad”. Séverine Durin (2014:27) destaca el término servicio doméstico para enfatizar la carencia de derechos laborales de la población indígena migrante: “a diferencia del empleo doméstico, hablar de servicio doméstico nos remite a relaciones interpersonales que tienen lugar en el seno de un hogar donde habita una familia y a las asimetrías entre los trabajadores domésticos y sus integrantes, las cuales se ven reforzadas por la ausencia de derechos laborales”.

2 Los ritos vitales celebrados entre las comunidades de origen en la Huasteca potosina y las ciudades de Nuevo León son: el hecho de nacer, el bautizo, la primera comunión, la petición de la novia para formalizar una unión, el proceso mismo en la formación de las parejas y la boda, si es que ésta se realiza. Los rituales dedicados a la tierra son conocidos como agrícolas, son anuales, comunitarios, de purificación, para expulsar males, petición de salud y bonanza laboral para quienes están en la ciudad.

3 1.- ¿Qué es lo que más te gusta de tu comunidad? 2.- ¿Qué es lo que menos te gusta de tu comunidad? 3.- ¿Qué es lo que no te gusta de tu país? 4.- ¿Cuál es tu mayor anhelo? 5.-Escribe lo que quieras sobre tus miedos. 6.- ¿Qué entiendes por patrimonio? 7.- ¿Consideras necesario irte a Monterrey o a otra ciudad en el futuro? 8.- ¿Conoces otros tipos de riqueza? Menciona ejemplos. 9.- Imaginando el futuro, ¿qué te gustaría dejarle a tus hijos? 10.- Dibuja lo que imaginas o piensas del patrimonio cultural.

4 En 2016, los 998 escolares estaban matriculados en planteles de educación secundaria y bachillerato localizados en los ejidos de Venustiano Carranza, Tampacoy, La Fortaleza, La Primavera (municipio de Tamuín); La Cebadilla y Malilijá (municipio de Tanlajás); San Francisco Cuayalab (municipio de San Vicente Tancuayalab) y en la cabecera municipal de Tanlajás.

5 Realizada en julio de 2016, a 45 alumnos del Colegio de Bachilleres, plantel del municipio Tanquián, mediante preguntas abiertas agrupadas en bloques temáticos. Las declaraciones textuales recurrentes de los escolares en dicha prueba piloto fueron planteadas en los 998 cuestionarios, con la intencionalidad de que subrayaran como “falsa” o “verdadera” la aseveración, acorde con su percepción.

6 Los nombres de los interlocutores han sido cambiados con la finalidad de proteger su anonimato. Por motivos de espacio, no se describirá la historia laboral y escolar de todos los hijos, sino solo del jefe o jefa de familia, del hijo o hija que se instaló en una ciudad para alojar en su casa a otros integrantes que se incorporaron a esa misma ciudad, y datos sobre el cambio ocupacional entre hombres y mujeres de cada genealogía.

7 La zafra es una de las fases de producción cañera que consiste en el corte, mismo que puede ejecutarse mediante maquinaria o por el trabajo de cortadores, quienes son remunerados a destajo. El pago recibido por cada manojo es de quince pesos (2018), tomando en cuenta que cada uno abarca aproximadamente un centenar, el ingreso es muy precario y el trabajo exhaustivo. El periodo comprende de noviembre a marzo. La producción cañera es distintiva en la región Huasteca potosina.

Bibliografía de la ponencia

Dehouve, Danièle (2012). “Los ritos de expulsión entre los tlapanecos”, Dimensión Antropológica; año 19, Vol. 56; septiembre-diciembre; pp.67-98.


_________________ (2010). “La polisemia del sacrificio tlapaneco” en López Luján y G. Olivier (coordinadores): El sacrificio humano en la tradición religiosa mesoamericana; México, INAH-UNAM, p. 499-518.


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