“Acá se respira liberalismo”: una primera aproximación a lo “popular” en las militancias libertarias.

SP.19: Interrogando la política y las políticas desde abordajes etnográficos. Desafíos para la construcción de conocimiento antropológico

Ponentes

Nombre Pertenencia Institucional
Juan Ignacio de Andrade Bertello Facultad de Filosofía y Letras - Universidad de Buenos Aires

INTRODUCCIÓN

El camino de Javier Milei a la presidencia de la nación para el período 2023-2027 ya resulta conocido: un economista que irrumpe en la escena pública hace unos seis o siete años, desarrollando –mayormente en medios televisivos- duras críticas a la gestión económica tanto del gobierno de Mauricio Macri como de Cristina Fernández de Kirchner; críticas que tenían como fundamento teórico una visión liberal de la economía, ligada a la Escuela Austríaca de Economía; la posterior “viralización” de estas intervenciones mediante redes sociales o sitios de videos como Youtube, lo cual amplía el universo de gente que empieza a ser familiar tanto con la persona como con sus ideas; el protagonismo aún más acentuado de Milei en la pandemia, cuando su acción empieza a complementarse con otras cosas más allá de la habitual participación en programas de actualidad política –y a veces de actualidad en general-, como la participación en las llamadas marchas “anticuarentena”, en las que se exponían una amplia gama de reclamos hacia el gobierno de Alberto Fernández, la apertura de sus opiniones hacia no sólo la economía sino temas políticos, sociales y culturales y los primeros indicios de un “salto” a la política; el salto en sí mismo hacia la política, ya en 2021, con la construcción de una coalición, La Libertad Avanza, en su estado embrionario sólo de ámbito distrital en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en la provincia de La Rioja; su muy buena performance en esa elección, logrando entrar a la Cámara de Diputados a partir de un tercer lugar con el 17% de los votos válidos; y su emprendimiento, casi instantáneo, de una candidatura presidencial que, en el camino, sufrió varios traspiés tanto en su constitución a partir de las alianzas con otros partidos y ciertas figuras públicas como en el revuelo causado por ciertas declaraciones de Milei que si bien en general no eran nada que no hubiese dicho antes, tomaban otro cariz al estar tratándose de un pre-candidato presidencial; el tramo final de su campaña, su victoria inesperada en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), su magro resultado en las elecciones generales y finalmente su victoria amplia e inapelable, por más de diez puntos, en la segunda vuelta o ballotage; y los primeros días de su gobierno, aplicando su programa de gobierno liberalizador y desregulador a una velocidad inusitada, no sin encontrar varios obstáculos que preanuncian un ciclo político incierto.

Hasta ahí, el recuento general que, para cualquiera que haya estado siguiendo la política argentina en los últimos años, no resultará para nada ajeno; es un enfoque que centra la mirada en la figura de Milei y, sólo secundariamente, en quienes lo acompañan –su actual vicepresidenta, Victoria Villarruel, los demás partidos que conforman su frente político y las figuras que los componen, etc.- y en quienes, por acción u omisión, serían hipotéticamente responsables, culpables o cómplices de su ascenso: los gobiernos de Mauricio Macri y Alberto Fernández con su malos resultados económicos, los medios de comunicación dándole voz y espacio durante años, o incluso, potencialmente, los votantes “equivocados”, “engañados” o “confundidos”.

Si bien poner el foco sobre su figura resulta algo lógico dada su centralidad, el carácter personalista de su estructura de cara a las elecciones y, sobre todo, su apariencia excéntrica e histriónica y sus posiciones políticas que en un primer momento resultaban disruptivas y marginales, esto puede opacar el trabajo sobre aquellos que militaron activamente la candidatura de Milei y, en general, se identifican bajo el nombre de “libertarios” o, en relativa menor medida, de “liberales” y, ocasionalmente, “de derecha”. O, paralelamente, puede generar que ciertos acercamientos a tratar de entenderlos deriven -ya sea en publicaciones académicas como en distintos medios de comunicación- en visiones reduccionistas, extremadamente escandalizadas, condenatorias antes que reflexivas o, en algún punto, incluso denigrantes.

Por suerte un buen número de trabajos, sobre todo a lo largo de los últimos dos o tres años, lograron echar luz sobre como se ha ido construyendo una identidad asociada a las ideas que representa Milei y La Libertad Avanza. Tanto a través de instancias como manifestaciones callejeras (Morresi, Vicente y Saferstein, 2022) o desde su involucramiento en diversos espacios políticos, más o menos formales (Vázquez, 2023), como desde la entrada a ese mundo a partir de “seguir”, además de Milei, a ciertas figuras que comúnmente se asocian con él, mediante determinados consumos culturales (Saferstein y Goldentul, 2022). Adicionalmente, si bien no se centran tanto en la militancia propiamente dicha, otros estudios observan que la adhesión a las ideas propias de este espacio no están necesariamente confinadas a un “núcleo duro” de gente que milita activamente por una causa, sino que también ha permeado al votante de a pie, que no ve con demasiado interés involucrarse de manera plena en un espacio claramente definido (Semán y Welschinger, 2023)

En este trabajo voy a retomar, a partir de mi labor etnográfica, este foco puesto en las militancias libertarias con el objetivo de ensayar una primera aproximación a un tema puntual que tiene que ver con la aproximación a un posicionamiento “popular” que genera (¿generó?) en primera instancia una cierta perplejidad entre sectores progresistas pero que también significa una ruptura con ciertas formas pasadas adoptadas por el liberalismo en la Argentina.


¿Qué tipo de derecha representa Milei?


Morresi (2021) plantea un esquema de clasificación de lo que denomina “familias” de derechas, que consiste en dividirlas primariamente en “nacionalistas” y “liberales-conservadoras”, subdividiendo ambas en dos y tres ramas respectivamente: en la primera clasificación, una derecha nacionalista reaccionaria y otra derecha nacionalista popular. Si bien en general en la construcción política llevada adelante por Milei y La Libertad Avanza desde 2021 –e incluso antes, mediante ciertos encuentros comunes con determinadas figuras políticas intelectuales- es posible encontrar ejemplos –bastante minoritarios- de estas ramas, no vienen al caso en este momento para mi objeto de estudio particular. Para la segunda familia, el autor identifica las siguientes ramas, y considero que estas sí van a ser relevantes: en primer lugar, un “conservadurismo popular”, que aceptaría una inclusión gradual de los sectores subalternos, sin afectar jerarquías ya instituidas, y con una “postura ambivalente sobre la aplicación de las leyes del mercado” (Morresi, 2021: 49). En segundo lugar, un liberalismo conservador doctrinario, que rechaza la inclusión de los sectores populares, sobre todo cuando esta se da mediante el accionar del estado; y se reivindica como “mito fundante” la Constitución Nacional de 1853. Y en tercer lugar, una derecha neoliberal que admite limitadamente la inclusión de sectores populares y utiliza al estado con el fin de mercantilizar ciertos espacios para llegar a un “mercado real” que se aproxime al “mercado ideal”.

El ideal de Milei parece tomar y rechazar, al mismo tiempo, características de estos tres modelos: para el primero, adopta la idea de incluir y tener una mirada “positiva” hacia ciertos sectores populares, pero nada en sus exposiciones públicas ni en sus aún incipientes planes de gobierno hace suponer una postura “ambivalente” sobre el mercado, más bien todo lo contrario. Para el segundo caso, levanta la Constitución “liberal” –como la denomina- de 1853, pero no responde a ciertos principios elitistas del liberalismo conservador más doctrinario. Y sobre el último, son inciertos aún sus planes concretos en lo que tiene que ver con las políticas sociales dirigidas a sectores populares, pero ciertos cambios iniciales –como renombrar al Ministerio de Desarrollo Social como Ministerio de Capital Humano- hacen suponer que en esos ámbitos se puede llegar  identificar una idea inicial que vaya en el sentido que se plantea para esta tercera clasificación.

Con todo, las ideas de Milei no son enteramente homologables a las que sostienen los espacios políticos que lo siguen y militaron activamente sus exitosas candidaturas a diputado primero y a presidente después. Algunas de sus intervenciones más controversiales –como reivindicar a la ex primer ministra británica Margaret Thatcher, negar la existencia del cambio climático, la idea de legalizar la venta de órganos o de quitar restricciones a la venta de armas, o su posición algo ambigua sobre la venta de niños- cosecharon rechazos tanto en sus potenciales votantes ocasionales como en sus militantes más fieles, que o bien se mostraban cerradamente reacios a esas ideas o bien las imputaban en el sentido de que resultaban inoportunas para alguien que estaba encarando una campaña presidencial[1]. Es por esta razón que considero de vital importancia no emparentar de manera automática las opiniones de Milei y las de sus militantes, incluso de los grupos más activos.

De la misma manera, es también cierto que más allá de estas posiciones divergentes en cuestiones de carácter controversial –pero que considero que no resultan ajenas en la medida en que permiten ver como el presidente comprende ciertos procesos sociales-, el posicionamiento militante en lo que tiene que ver con las cuestiones medulares del programa de Milei (baja de impuestos, dolarización, reforma del Estado, desregulaciones varias) se traduce en un apoyo casi cerrado a sus iniciativas, con sólo algunas pequeñas diferencias y/o matices, que en muchos casos tienen más que ver con los tiempos y las formas que con el fondo de esas propuestas.

El PL-CABA en acción

Teniendo esto en cuenta, en estas líneas me voy a enfocar puntualmente en esta militancia activa y movilizada, que buscará profundizar en cómo algunas formas de construir una identidad liberal y libertaria[2] se combinan con una atención puesta en el aspecto “popular” que, de manera a veces discursiva pero más frecuentemente práctica, buscan reivindicar e integrar a su acción política.

El Partido Libertario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (PL-CABA) se fundó en Junio de 2018. Milei no fue parte de esa fundación, pero empezaría a mostrarse cercano al partido un tiempo después; de hecho, si bien en ese momento ya era una figura pública relevante, rechazaba la idea de meterse en política (Milei y Giacomini, 2019), priorizando lo que el entendía como la “batalla cultural”, una instancia particular a la que distintos miembros de diferentes familias de las derechas han vuelto una y otra vez en los últimos años (Coto, 2022; Saferstein y Stefanoni, 2023; Laje, 2023). En las elecciones de 2019, y aún sin la personería jurídica correspondiente para presentar candidatos por su cuenta o formar parte oficial de una coalición, el partido apoyó la candidatura del economista José Luis Espert. Durante 2020 fueron uno de los espacios políticos más activos en las llamadas marchas “anticuarentena”, que desafiaban las restricciones sanitarias llevadas adelante por el gobierno nacional pero también por la administración porteña –de distintos signos políticos-. En 2021, y aún sin la representación legal en el ámbito de la ciudad, los militantes del PL-CABA ocuparon un importante rol en la campaña a diputado nacional de Milei, haciéndose presente en las recorridas y actos masivos proselitistas, en los que no sólo sumaban gente y se identificaban con los símbolos del partido, sino que también buscaban afiliar a las personas que asistían a esos eventos; de hecho, de acuerdo a varios testimonios de actuales militantes, muchos se sumaron en esa instancia.

De la misma manera, ocuparon un lugar relevante en las listas tanto a diputados nacionales como en la de legisladores de la Ciudad de Buenos Aires. Dado que gran parte de las listas de La Libertad Avanza (LLA) estaban compuestas por candidatos que respondían a partidos comúnmente denominados “sellos de goma”[3] o simplemente eran independientes de cualquier espacio político, creo que es bastante preciso decir que al menos conformaban la primera minoría en las listas.
Su actividad siguió durante 2022, apoyando activamente la prematura candidatura de Milei, y en 2023 lograron conseguir la personería jurídica definitiva en la CABA –así como también lo hicieron los PLs de otras provincias-. No obstante, una serie de desacuerdos y conflictos internos con otros espacios –y principalmente, con algunas figuras públicas- ocasionaron que quedaran afuera de la alianza tanto en CABA como a nivel nacional. De cualquier forma, continuaron apoyando la candidatura presidencial de Milei. Luego de las elecciones, un grupo importante de militantes, principalmente jóvenes, se abrió –al menos parcialmente- del partido para formar una agrupación juvenil libertaria a nivel nacional.

Principalmente durante 2022 y en los meses previos a las elecciones de 2023, el PL-CABA se mostró particularmente activo con respecto a sus actividades en el “territorio”, bajo las que se englobaban principalmente “mesas” (llamadas alternativa o conjuntamente “de afiliación” y/o “de difusión”) que los militantes colocaban en distintos lugares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el objetivo de conseguir afiliados o de simplemente difundir las ideas del partido. Otras actividades incluyeron, ya en 2023, “caminatas” por distintas comunas de la ciudad, de las que participaban militantes de todas las comunas, donde se hablaba con los vecinos, se hacía “ruido” con bombos y cánticos y, eventualmente, se aprovechaba para realizar demostraciones de fuerza no sólo hacia otros actores del escenario político sino también hacia los propios –hasta ese momento- compañeros de coalición.

En estas actividades existía una identificación implícita con las ideas liberales y libertarias, expresada tanto en la adopción de ciertos postulados como en el posicionamiento relativo ante otros espacios políticos, reconocidos como adversarios tanto externos como internos. Lo que me interesa tratar en esta ponencia se va a reflejar de tres formas diferentes, que de ninguna manera agotan las maneras en que estas militancias se sitúan en el escenario político, pero sí aparecen como las más relevantes a los efectos de este trabajo: primero, como una forma de posicionarse en una disputa interna; segundo, mostrándose como alternativa a los espacios políticos que el propio Milei califica como “la casta”; y tercero, buscando de manera directa explicar de qué manera las políticas que ellos defienden mejorarían la vida de ciertos sectores sociales –en este caso, los sectores populares-.

Por último, creo que la idea de “lo popular”, cuando tiene que ver con el análisis de ciertas prácticas en una determinada coyuntura política, es particularmente amplia; de manera que, para este caso –siendo consciente de que es necesaria una profundización de este concepto-, voy a entenderla de manera acotada y para este caso en particular. Por tanto, lo que entiendo bajo este rótulo en el presente trabajo consiste en una aproximación política que, rompiendo con ciertas tradiciones previas y posicionándose frente a espacios que definen como “elitistas” y desconectados de las preocupaciones de la gente, busca generar una identificación con sectores de ingresos bajos y medios-bajos, trazando un diagnóstico de situación que ubica a dichos espacios como culpables del descenso en la calidad de vida registrado en la Argentina en los últimos años, buscando consolidar así un electorado que se vuelque a lo que tanto Milei como otros referentes liberales y libertarios denominan “las ideas de la libertad”.

Experiencias en el liberalismo y libertarianismo actual

A principios de Noviembre de 2022 se realizó, en un hotel céntrico de la Ciudad de Buenos Aires y a sólo pasos del obelisco, lo que se dio en llamar la primera “Feria del Libro Liberal”. Consistiendo en la venta de libros relacionados a la ideología liberal, libertaria e incluso conservadora –y sus respectivas ramificaciones-, y en las charlas y conversaciones de referentes ubicados en estas líneas ideológicas –ya fueran intelectuales, filósofos, economistas, dirigentes políticos o alguna combinación de todas las anteriores-, el evento, organizado por un grupo de fundaciones y think tanks, atrajo a un número relativamente reducido de personas interesadas en escuchar y participar del mismo.
Al mismo tiempo, los militantes de la Comuna 1 del PL-CABA ubicaron en la puerta del hotel una de sus mesas de afiliación y difusión, buscando aprovechar la feria para conseguir afiliados o, simplemente, “hacer presencia”. En esta comuna, probablemente la más heterogénea en su composición social, participa, como en todas las otras, un grupo de militantes jóvenes que, en consonancia con aquellos de otras comunas, componen la juventud del partido. El más activo –en la comuna- de estos jóvenes es Ezequiel. A pesar de que en ese momento ya llevaba un buen tiempo haciendo trabajo de campo, por distintas razones nunca había podido dialogar con él. Mientras se coloca el puesto (atendiendo a las consideraciones de la seguridad del hotel), se espera a los que dijeron que iban a venir, se acomodan los folletos y las fichas de afiliaciones, aprovecho el pie que me da haber leído, hace unos días, una nota con él en el portal ElDiarioAr (De Masi, 2021); la nota data del año anterior, en plena campaña para las elecciones legislativas, y cuando empezaba a crecer la curiosidad académica y periodística por Milei y sus seguidores. Ante mi mención de esa nota, responde con naturalidad que sí, que lo habían ido a entrevistar; porque, remarca de manera firme, “Yo soy del Barrio Padre Mugica, la ex villa 31” (Notas de Campo, 5/11/22).

Unos minutos después, dentro del hotel, transcurre sin mayores novedades la feria. Entre las disertaciones que ponderan las virtudes del libre mercado, critican la intervención estatal y elaboran visiones sobre los distintos andamiajes teóricos del liberalismo y el libertarianismo, se destaca la de Eduardo Marty, contador público y economista. Marty, que se identifica principalmente con el objetivismo[4] de la filósofa autodidacta y novelista ruso-estadounidense Ayn Rand, elabora un discurso un tanto más abstracto que los anteriores: su punto central es revalorizar el papel de la filosofía y su utilidad para pensar el presente. Luego, ensaya un repaso por ciertos postulados de tinte evolucionista bastante comunes al liberalismo y, buscando “bajar a tierra” sus conceptos, explica que la apreciación de ciertas formas –artísticas, por ejemplo- va a depender del nivel de desarrollo cerebral que tenga una persona. Para terminar su alocución, plantea una pregunta retórica a su auditorio, seguida inmediatamente por una respuesta: “¿Quieren una Argentina distinta o quieren una villa 31 y llegar a Retiro de noche sin saber si salen vivos? Si no quieren hacer el esfuerzo intelectual de entender los fundamentos y los principios filosóficos que hacen que convivamos en una sociedad de seres humanos y no de cucarachas o de abejas, tienen que estudiar.” (Marty, 2022)

No creo que entre Ezequiel y Eduardo Marty haya, cuando uno va al fondo de la cuestión, grandes diferencias ideológicas. En la nota que cito previamente, y en las ocasiones que pude hablar con él, el esqueleto de las ideas es el mismo: se necesita una economía abierta y liberal, hay que bajar impuestos, la respuesta a los problemas es el mercado, no el Estado. Al profundizar se aprecian las distintas líneas de pensamiento al interior del liberalismo/libertarianismo, pero en lo fundamental coinciden.

En “Javier Milei: la Revolución Liberal”, documental dirigido por el cineasta y militante Santiago Oría, que fue estrenado durante la campaña presidencial de Milei, el propio realizador, al inicio de la película, sostiene mirando a cámara que: “Antes que todo esto arranque, el liberalismo era mala palabra. Estaba refugiado, escondido, muerto de miedo en fundaciones y pequeñas academias. Eran como clubes de élite. En teoría estaban abiertos pero eran socialmente cerrados. Vos ibas a una conferencia de una fundación liberal y realmente parecía que la ideología ya estaba tramitando la jubilación. Parecía, literalmente, que el liberalismo se estaba muriendo”. El documental en sí mismo le dedica varios minutos a la recorrida de Milei por el Barrio Padre Mugica, en su campaña a diputado de 2021, a lo que voy a volver más adelante.

Algo similar plantea Coto (2022), detallando un conflicto en particular que se produjo en torno a la realización de un congreso que incluía tanto a intelectuales liberales tradicionales como a algunos comunicadores –lo que el autor, recurriendo a Hayek, denomina second-hand dealers- que expresan ideas liberales por medios como Youtube o Twitter, por fuera de los espacios académicos o del ámbito de las ONGs. La disputa en este caso tenía que ver con la “llegada” y el alcance de unos y de otros, y por la pertenencia o no a las ideas liberales que estos tendrían.

Los casos trabajados arriba, tanto desde experiencias analizadas desde un punto de vista antropológico como aquellas elaboradas conscientemente por propios militantes liberales y libertarios, dan cuenta de que la diferencia sustancial no está en el fondo de la ideología, sino en las formas y los caminos elegidos para acercarse a un público más o menos masivo.
Esto último es justamente lo que la feria del libro liberal no hacía: se realizaba en un hotel, con muy poca publicidad, realizada a través de medios a los cuales uno, salvo que forme parte de este mundo –o, por caso, esté estudiándolos-, no llega. La concurrencia era sumamente chica: habría unas cuarenta, cincuenta personas, un número neto probablemente menor a la cantidad de personas que pasaban cada fin de semana por cada mesa del PL-CABA y agarraban un folleto, daban un mensaje de aliento, se quedaban hablando o se afiliaban.


Esta cerrazón, marcada tanto por alguien “nativo” como Oría como por quiénes estudiamos distintos espacios políticos podría, desde un punto de vista progresista, verse como algo “lógico”: el liberalismo vendría a ser una idea política que beneficia a los ricos, por lo cual es normal que sus actividades y eventos atraigan a un público elitista. Sin entrar en un análisis pormenorizado de esta idea, es interesante que incluso dentro del liberalismo/libertarianismo, así como también en otras expresiones de las derechas, se elabore una concepción de ciertos espacios que guarda semejanzas con esta.

El PL-CABA ante lo externo

Esta mirada anti-elitista va a aparecer cotidianamente en la militancia del PL-CABA, no solamente con respecto a otros espacios del campo del liberalismo y el libertarianismo, sino también, invariablemente, hacia espacios políticos externos a ellos, que serán en última instancia sus adversarios electorales. Las apelaciones a, por ejemplo, la noción de que las actividades del partido son hechas “a pulmón”, o el constante interés por remarcar que los militantes son “gente de trabajo”, no sólo tiene que ver con una forma de validarse ante ese ciudadano común que quieren captar para el voto, la adhesión o la afiliación; también sirve para proyectar una imagen opuesta a lo que ellos entienden como una elite –la “casta”, en los términos ya popularizados por Milei-, asociada principalmente a los partidos políticos ya establecidos que desarrollarían su militancia no por una voluntad nacida de las ganas de querer que el país cambie, sino por el interés de percibir un beneficio monetario (en el caso del peronismo en general); no a partir de gente “genuina”, sino con empleados públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires enviados para hacer presencia (en el caso del PRO o de la Unión Cívica Radical). 

La figura de hacer las cosas “a pulmón” es particularmente interesante por cómo se va repitiendo a lo largo del tiempo, y por cómo busca apoyarse, al mismo tiempo, en ejemplos tangibles. Era común la observación, por ejemplo –principalmente durante 2022- de que “todavía” tenían que repartir los folletos de la campaña del año anterior–que, efectivamente, decían cosas que ya habían quedado viejas, tales como “Milei Diputado” o “Milei 2021”, porque no tenían demasiados fondos como para mandar a hacer nuevos, o que debían reutilizar puestos que tenían el logo de “La Libertad Avanza” y no de su propio partido, los cuales transformaban de manera bastante artesanal, pegando calcomanías y carteles hechos por computadora –o directamente a mano- sobre el nombre de dicha coalición.

Por supuesto, el acercamiento no estaría completo si desde el liberalismo y el libertarianismo no se buscara explicar por qué sus ideas serían beneficiosas para los sectores populares.

Durante la campaña de 2021, Milei visitó el Barrio Padre Mugica, antes –y aún hoy, coloquial y peyorativamente- llamada Villa 31, uno de los asentamientos informales más grandes y poblados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La visita tuvo bastante repercusión mediática, en parte por la atracción en sí que generaba la figura de Milei pero también por la supuesta distancia entre sus ideas y el bienestar y el progreso de ciertos barrios populares y de la gente que vive en ellos; al mismo tiempo, por la percepción general de que la militancia política en las villas está más fuertemente relacionada al peronismo y/o a sectores de izquierda. El propio Milei y su campaña le dio una alta importancia a esta visita, publicitándola vía redes sociales, filmándola detalladamente, haciendo que el candidato no sólo recorra sino que además interactúe con la gente y, además, añadiéndole el carácter de “visita espontánea”, con lo cual buscaban resaltar las diferencias entre él y los políticos tradicionales más proclives, a su juicio, a desarrollar actos políticos mucho más armados y menos auténticos; de la misma manera, la recorrida ocupa un lugar importante en el documental de campaña citado previamente, y era algo común proyectar partes de ella en las pantallas del escenario de ciertos actos de Milei, mientras se esperaba que él saliera a hablar.
Sin embargo, lo interesante no es sólo la presencia –que en sí no duró mucho más de media hora- sino el ida y vuelta de Milei con la gente: desde un vendedor ambulante que se autodefine como “libertario” porque “yo no me pongo una correa para que me mande un político”, hasta la charla suya con un joven en la que ambos coinciden en su oposición a las ideas de la “izquierda”. Asimismo, en declaraciones a un canal de noticias, sostenía que “Acá se respira mucho más liberalismo de lo que en determinados “estratos” se imaginan. Lo que ha llevado a cabo el aniquilamiento de la pobreza en el mundo es el liberalismo”.

Esta idea general de Milei, relacionada al espíritu “liberal” que reina en las villas y en los más vulnerables, también es replicado por militantes. En una mesa ubicada en el Parque Chacabuco, Comuna 7 de la CABA, el referente reparte volantes y habla con la gente. Estamos ya a pocos días de las elecciones generales, y en general el tema de conversación es el debate presidencial que se realizó la noche anterior. En un momento, se pone a conversar con una señora, que le expresa tanto su apoyo y como ciertas reservas a algunas ideas de Milei. Luego de un rato hablando, le comenta que hace poco pusieron la mesa en la entrada de la Villa 1-11-14, que se ubica en esta misma comuna. La señora parece ligeramente horrorizada, y hace un comentario sobre lo mal que la habrán pasado, pero él le responde que no, que todo lo contrario: que la gente se “abalanzaba” sobre ellos para que les den volantes; que “Ellos no dependen de los planes. Ahí en la villa hay ferias, hay mercado”. Y que el problema es que las “organizaciones sociales” toman de rehenes a las personas que viven ahí; y que por eso lo que Milei va a ser no es sacar los planes sociales, sino sacárselo a esas organizaciones.

De la misma manera, el referente de la Comuna 1 sostenía, durante una entrevista realizada en Diciembre de 2022, algo similar, partiendo desde el percibido carácter elitista que ya marqué antes sobre el liberalismo; al preguntarle sobre sí las características de la comuna, con la presencia de militantes como Ezequiel, implicaba darle una importancia especial a “lo popular”:

Si, absolutamente. Yo creo que en eso la UCEDE hizo mucho daño, sobre todo Alsogaray (…) La gente piensa que los liberales son tipos de derecha, ricos, millonarios… entonces la gente piensa que el liberalismo beneficia a los ricos y perjudica a los pobres, cuando en realidad es al revés: esto no es una suma cero donde algunos se benefician y otros se perjudican. Cuando vos tenés países libres, y hay libre comercio, los países prosperan, se crea riqueza y eso beneficia a todos. Sobre todo al que menos tiene, porque es el que más tiene para crecer. El que tiene plata, tendrá un poco más. Pero el que no tenía una casa, o un auto… eso se vivió en los 90, un poquito. Sin ser Menem liberal ni mucho menos, la economía se liberó un poco y la gente pudo comprar en cuotas su departamento, su auto. Normalmente, los que más se benefician con lo liberal, o lo libertario, son los que menos tienen. De hecho, en los países que son más libres, la pobreza casi no existe. (Entrevista con referente del Partido Libertario de CABA, 2/12/22)


Discusión



En un párrafo al inicio de este texto puse el foco en los trabajos que abordaron y abordan los procesos políticos y las distintas características que hacen al crecimiento de las derechas y a las distintas formas de adhesión, participación y/o militancia en los espacios políticos que de alguna manera u otra se encuentran inmersos en el campo de las derechas y, principalmente, en lo que hace a las derechas liberales y libertarias.
La cuestión de lo popular en las derechas presenta algunas aproximaciones en “Está entre nosotros: ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir?”, compilación coordinada por Pablo Semán que cuenta con cuatro textos que analizan desde diferentes ópticas distintos aspectos de estas derechas. Para este texto en particular resulta útil tomar los textos de Vázquez (2023) y del propio Semán junto a Nicolás Welschinger (2023), que se van a acercar a esta noción de lo popular; el primero de ellos a partir de las militancias juveniles en el liberalismo y libertarianismo, y el segundo en lo que tiene que ver ya no con personas que militan activamente en algún espacio, sino con votantes pertenecientes a sectores medios bajos, generalmente residentes en zonas relativamente desfavorecidas del conurbano bonaerense, la mayoría de ellos empleados en trabajos informales y precarios. En ambos puedo advertir puntos en común y diferencias en relación a mi experiencia con los militantes del PL-CABA.

Vázquez va a poner el énfasis en la falta de “complejos” de estos militantes, que reivindican de manera abierta sus pertenencias ideológicas y contraponen sus inquietudes populares al carácter más elitista de otros sectores del liberalismo y el libertarianismo y no sólo a espacios políticos externos; algo que los pone en una posición común con el espacio puntual con el cual realicé trabajo de campo[5]. Sin embargo, se pueden encontrar diferencias con el PL-CABA: por un lado, en varias –no en todas- de las agrupaciones con las que la autora realiza trabajo de campo y entrevistas, sus integrantes se auto identifican como “de derecha”, algo que no es del todo común entre los militantes libertarios con los que realicé mi labor etnográfica. De la misma manera, no observé, al menos por el momento, ni en el PL-CABA ni en su agrupación juvenil una intención, como si existe en otros de los espacios que Vázquez releva, de intentar “reapropiarse” banderas como el feminismo o el sindicalismo.

Por otro lado, el trabajo de Semán y Welschinger tiene una diferencia de origen con el mío, que es buscar como sujetos no necesariamente a militantes activos de Milei o a personas que necesariamente se auto identifiquen como “liberales” o “libertarios”, sino a votantes; personas desconfiadas de o decepcionadas con la política, que coinciden con la acusación de Milei contra “la casta”, y ven en esa élite, en ese establishment, la razón –parcial o total- de los problemas de la Argentina. Sin embargo, los autores en este caso van más allá y plantean que no es sólo eso, sino que hay una adhesión que incluye una cierta valoración y una forma de entender la realidad que, aunque no parta necesariamente desde fuentes doctrinarias del liberalismo y libertarianismo, encuentra un punto de llegada similar.

Volviendo específicamente al partido, creo que tanto los puntos en común como las divergencias aportan a la idea de cierta heterogeneidad dentro de distintos espacios de las derechas liberales y libertarias; el PL-CABA aparecería, entonces, como un espacio que busca despegarse de cierto elitismo –como lo hacen los sujetos que aborda Vázquez- y que, probablemente al ir ampliando su base militante, va diluyendo un poco el apego más claro a las teorías –sin en ningún momento abandonarlo-, incorporando un carácter más heterogéneo entre aquellos que adscriben a las ideas de manera más doctrinaria y aquellos que, aún decidiendo involucrarse en un espacio formal, y haciéndolo de una manera muy activa, las encarnan a partir de formas más ad hoc –cómo muestran Semán y Welschinger-.

Sin embargo, una característica por fuera de estas aparece, en mi experiencia, en relación a las formas que adopta el PL-CABA, y que aparecen de manera más implícita en su actividad y menos declarada abiertamente; más centrada en ciertas actividades, y en “mostrar” antes que en “decir”. Así, por ejemplo, creo que pueden entenderse el énfasis puesto en la “presencia”, que se da tanto en las mesas de afiliación y difusión como en otras actividades, tales como las caminatas. De hecho, la plataforma del partido, presente en sus folletos y en sus redes sociales y páginas de internet se muestra como un programa relativamente corriente a la ideología liberal, sin hacer mención por ejemplo a las iniciativas más controversiales de Milei o, incluso, de algunos de los propios militantes del partido.

Considero, en esta primera aproximación, que en el PL-CABA el acercamiento a lo popular se da, entonces, de una manera similar a cómo se adoptan los postulados ideológicos: de una manera más naturalizada y centrada en las prácticas políticas antes que en lo declamativo; lo cual, en algún punto, parece estar reflejado en la postura del propio Milei o del referente de la Comuna 7: no hace falta llevar el liberalismo o el libertarianismo a los barrios populares, porque en esos lugares ya existe un espíritu que se orienta hacia esa concepción, lo cual convierte a la actividad política llevada a cabo por ellos en esos barrios en algo normal y natural.

Para profundizar en este foco puesto en las acciones, me parece pertinente seguir, en este sentido, lo que plantea Quirós (2014), cuando sostiene que:

(…) podemos –desde luego, cómo no- estudiar “sentidos de religión”, pero resulta que tenemos la posibilidad de estudiar las formas en que la religión se vive, hace y transforma (…) Podemos estudiar “significados de la política”, sí, pero mediante la etnografía tenemos la posibilidad de estudiar los modos en que la política funciona, cómo se produce y qué produce. (Quirós, 2014: 51).

Al tomar en cuenta esta forma de observar lo qué hacen los liberales y libertarios del PL-CABA, también creo necesario tener en cuenta que estas acciones se encuentran situadas dentro de un escenario político en el cual se da una situación análoga a lo que plantea Gaztañaga (2008) sobre las evaluaciones negativas que se producen sobre la actividad política, específicamente en un ámbito partidario. La crisis a la que refiere la autora, en ese caso es, por supuesto, una crisis que tiene similitudes y diferencias respecto a la actual, pero en las cuales estas evaluaciones parecen aflorar nuevamente[6]; sin embargo, una diferencia importante –quizás la más importante- radica en que en este caso son los propios militantes los que elaboran esas ideas y buscan contrarrestarlas mediante sus actividades: si otros partidos sólo realizan mesas de afiliación o caminatas en épocas electorales, ellos las llevan a cabo desde mucho antes; si en otros espacios se está “por el cargo”, o para hacer una carrera en la política, los militantes del PL-CABA llegan para ayudar, dedicando una parte de su tiempo –aquel en el que no trabajan, no estudian, o no se ocupan de su familia-. El carácter propio de esta construcción, por la cual se autoimponen no sólo una forma de hacer las cosas, sino ciertas constricciones morales, no es, de todas maneras, sólo propio; cómo marqué al principio del texto, el surgimiento de Milei, de sus ideas y de sus seguidores, que aquí represento siempre parcialmente a través de un solo espacio político, también está precedido de consideraciones comunes y extendidas sobre estos espacios políticos, de las cuales los militantes en general son totalmente conscientes y también obran en consecuencia.

Alguna de estas consideraciones están plasmadas en general en los textos antes citados de Semán y Vázquez, y encuentro también un correlato en lo que, nuevamente, expone Quirós (2011) en otro de sus trabajos sobre agrupaciones piqueteras en el Gran Buenos Aires; si bien los sujetos políticos de ese trabajo y los del mío, así como también el contexto espacio-temporal, son bastante diferentes, creo que lo que plantea puede servir como disparador tanto en este trabajo como a futuro. De esta manera, lo que la autora plantea como “porqués” de parte de diferentes actores que observan las formas de hacer política y de involucrarse, subyace también en la mayoría de los análisis sobre lo que, muchas veces de manera intercambiable, dan en llamar “liberales”, “libertarios”, “nuevas derechas”, “ultraderecha”, entre otros calificativos. Y, de la misma manera, esas preguntas y respuestas forman parte, como plantea la autora, del “presente cotidiano” de los militantes.

Ante esas preguntas, ante esa mirada tanto autoconstruida como externa, considero que los militantes liberales y libertarios en general, y, a efectos de este trabajo los del PL-CABA en particular, buscan operar en ese contexto mediante posiciones y acciones políticas que alejen a sus espacios y  a la ideología que representan de un lugar de elitismo e indolencia para con aquellos sectores de la sociedad de ingresos más bajos que, de acuerdo con sus adversarios políticos –y a veces, inadvertidamente, de acuerdo a lo que dicen figuras y referentes propios-, podrían verse (aún más) perjudicados por sus políticas.


CONCLUSIÓN

Esta es sólo una primera aproximación, bastante general, a las formas en que sectores liberales y libertarios buscan acercarse a sectores populares, y postularse como un “liberalismo/libertarianismo/derecha popular”. La velocidad que le ha imprimido Milei y La Libertad Avanza a su gobierno –característica que ha generado que, en el proceso de escritura, esta misma ponencia haya tenido que ser modificada en algunos puntos, aunque el fondo de la misma no se vea modificada- torna incierta esta relación con los sectores antes citados, y expone dudas sobre la resiliencia del apoyo popular, incluso en estratos medios bajos, que Milei cosechó en las tres instancias electorales (PASO, Generales y Ballotage).

Con todo, creo que lo que tendríamos que tener en cuenta es que, incluso en el hipotético caso de que su gobierno fracase –qué constituiría un fracaso para el gobierno de Milei es también materia de discusión-, las ideas que llevaron a que varios de estos sujetos crean en él como la mejor opción para gobernar la Argentina van a seguir estando ahí –como en parte ya lo estaban antes-. De igual forma, también considero poco probable que, llegado el caso, las distintas familias de las “derechas” que cité en el arranque de este trabajo desistan en sus aspiraciones de construir nuevas formas de aproximación a “lo popular”.




Notas de la ponencia:

Las citas bibilográficas fueron realizadas de acuerdo al sistema APA.

[1] Un número reducido de militantes con los que pude hablar apoyaba y coincidía con algunas de estas ideas, principalmente las que tenían que ver con la venta de órganos y el acceso más flexible a las armas de fuego. Sin embargo, son más pasibles de ser vistas como posiciones personales; el partido en general, de manera institucional, no tiene en su plataforma esas ideas ni las defendió públicamente cuando Milei lo planteó.

[2] Dado que en el partido –en línea con la forma en la que Milei generalmente se define políticamente- algunos se denominan “liberales” y otros “libertarios” –sin que esto necesariamente se traduzca en la existencia de facciones o espacios diferenciados internos-, cuando me refiera a la autodenominación nativa voy a utilizar ambos términos.

[3] Coloquialmente, se denomina de esta manera a partidos políticos que conservan su representación legal durante varios años pero no tienen vida política interna ni una ideología particularmente definida, y sólo sirven para que candidatos sin demasiado recorrido político o una base sólida puedan presentarse. En algunos casos los partidos funcionan así desde su origen, en otros son espacios que en el pasado tuvieron un rol bastante más activo en la vida política argentina pero fueron quedando relegados; el caso del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) y el Partido Demócrata Nacional (PDN), ambos actuales integrantes de La Libertad Avanza, responde a este segundo tipo.

[4] De acuerdo a Morresi, esta corriente de pensamiento está fundada en “un modelo teórico endeble (…) una mixtura extraña de teleología y deontología, de racionalismo y empirismo, de intuicionismo y nominalismo, de Aristóteles y Hobbes y de Locke y de Hume. No se trata de un compuesto bien logrado, sino de una yuxtaposición de ideas disímiles que no acaban de encajar unas en otras” (Morresi, 2008: 30)

[5] De hecho, Vázquez entrevista a jóvenes de distintas agrupaciones y partidos; entre esos espacios aparece la juventud del PL-CABA.

[6] Ejemplos de esto son los cantos pidiendo “Que se vayan todos/Que no quede ni uno solo”, que se popularizó en las protestas de Diciembre de 2001 y se repitió en distintos actos de campaña de La Libertad Avanza; así como también la adopción de cierta música referente a la crisis de aquellos años.

Bibliografía de la ponencia

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Gaztañaga, J. (2008). ¿Qué es el trabajo político?: Notas etnográficas acerca de militantes y profesionales de la política. Cuadernos de Antropología Social, (27), 133-153.
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Vázquez, M. (2023). Los picantes del liberalismo. Jóvenes militantes de Milei y “nuevas derechas”. En: Semán, P. (coord.): Está entre nosotros. ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir? Siglo XXI Editores.

Fuentes de la ponencia

FUENTES AUDIOVISUALES

Instituto Amagi para la Libertad (25/11/22). Eduardo Marty. Introducción a la fiolosfía de Ayn Rand. [Archivo de video] Youtube.
https://www.youtube.com/watch?v=PjD2qdGwKz8
Oría, S. (2023). Javier Milei: la Revolución Liberal. Documental. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=7VJE05otwo8&t=3699s